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El ser humano, desde la más remota antigüedad siempre ha tratado de explicar la realidad de los fenómenos naturales que le rodeaban, los cuáles cuando están desatados conducen al pánico y cuando plácidos pueden provocar impresiones de belleza y calidez. El acto de explicarlo de una forma globalmente coherente conforma lo que llamamos una cosmovisión.

Las primeras explicaciones, dado los escasos conocimientos sobre cómo funcionaba el mundo natural, fueron las mítico-religiosas, la idea de que uno o varios dioses son los creaban y dominaban el mundo. Por ejemplo, los antiguos griegos llamaron Poseidón (Neptuno para los romanos) al dios que regía los designios de los océanos, las tormentas y lo referente al clima, y si acontecía una tormenta, era porque Poseidón tenía un mal día y andaba realmente furioso y a la greña con los demás dioses.

  • «En su aspecto benigno, Poseidón se concebía creando nuevas islas y ofreciendo mares en calma. Cuando se enfadaba o era ignorado, hendía el suelo con su tridente y provocaba manantiales caóticos, terremotos, hundimientos y naufragios. En la Odisea, su rencor hacia Odiseo impidió a éste regresar a su hogar en Ítaca. Los marineros oraban a Poseidón para tener un viaje seguro, a veces ahogando caballos como sacrificio» (Poseidón, Wikipedia)

Esto significa que la gente tenía una visión del mundo o cosmovisión, un mapa conceptual donde ellos integraban y consecuentemente explicaban los fenómenos de la naturaleza, se correspondía con personajes de una ficción mítico-religiosa. Los dioses representaban las condiciones naturales, sustituyendo la ignorancia de las causas materiales o naturales por los rifirrafes entre dioses, como causas de los fenómenos del mundo, es decir, los dioses eran los causantes de dichos fenómenos naturales. Posteriormente, la multitud de dioses fue paulatinamente sustituida por un solo dios, lo que no cambió mucho el susodicho mecanismo conceptual que hacía depender su explicación del mundo de un personaje mítico, mágico y, en suma, irracional.

Al correr del tiempo, entró en juego la filosofía, que fue aprovechando los avances más realistas en el conocimiento de los fenómenos naturales, aunque también evidenció que los hechos podían ser percibidos e interpretados de distintas maneras. Así que promovió un mapa conceptual hacia el conocimiento basado en la razón humana, ofreciendo una idea más o menos coherente y lógica del mundo. Tan lógica pretendía ser esa cosmovisión, que le bastaba con las premisas lógicas que estructuraban la teoría para poder asegurar su verdad, sin tan siquiera tener que contrastarlo con los hechos empíricos. El corolario subyacente a esta visión es que se había sustituido a dios por la teoría, y el problema que se planteaba era, ¿qué ocurre cuando hay varios sistemas filosóficos en pugna y todos ellos son igualmente lógicos y coherentes en sí mismos? De las consecuencias de esta visión racionalista surgió la contestataria frase: «Los sueños de la razón producen monstruos».

Sin embargo, una corriente llamada filosofía natural, que más tarde tomó su nombre definitivo como ciencia, fue desarrollándose paralelamente y adquiriendo cada vez más peso específico, por su capacidad de predecir y explicar sucesos naturales, investigarlos, probar su funcionamiento y creando la tecnología adecuada para aprovecharlos. Esta conducta operante implicaba además que, un más profundo conocimiento del medio natural proclive a mejorar el bienestar humano, y también ha dado lugar a nuevos desafíos teóricos y prácticos.

Hoy día, la filosofía actual ha ido recogiendo de nuevo todos los conocimientos desarrollados por las distintas ciencias naturales y sociales, y ha ido evolucionando hacia modelos cuya cosmovisión monista (la superación de las visiones dualistas del pasado entre mente y cuerpo, conciencia y conducta, etc.) y materialista, que permite centrarse en explicar lo material sin necesidad de recurrir a conceptos sobrenaturales para explicar el mundo.

Lo extraordinario del asunto es que las distintas cosmovisiones anteriores no han desaparecido, sino que se han ido solapado en el tiempo, de tal forma que en la actualidad sobreviven todas ellas, dando lugar a curiosas amalgamas de ideas. Personas que se atañen a lo material en cuanto al funcionar del mundo, pero mantienen una visión dualista para concebir al ser humano; otros que siguen dando prioridad al racionalismo aplicando la lógica de su modelo, y toda observación material que no encaje en su análisis es que está equivocada; también sigue habiendo otros que aún conservan creencias mitológicas para dar sentido a su mundo ...

La creatividad promete seguir en marcha, a pesar de lo bueno y malo que conlleva ser, simplemente, humanos.

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por Pedro Donaire
- Imagen: Poseidón portando su tridente. Placa de cerámica corintia procedente de Penteskouphia, 550-525 a. C., Museo del Louvre. Imagen de Wikipedia.

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