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» » » Alan Watts, el pionero

«El hombre está fijado a la naturaleza a la naturaleza tanto como un árbol. Si examinamos una simple célula de su cuerpo, encontraremos el universo, porque el sol, la luna y las estrellas están continuamente preservándolo. Si exploramos las profundidades de nuestra mente, también encontraremos los principios de la naturaleza, pues existen en ella todos los viejos ímpetus de la vida primera, tanto humana como animal, y si pudiésemos ser aún más hondos, descubriríamos parentescos con plantas y rocas; el hombre es un lugar de encuentro para la interacción de fuerzas de todas las vertientes del universo, que lo atraviesan mediante un flujo que constituye la fuerza de nuestros pensamientos y acciones.»

Esto fue escrito por Alan Watts a la edad de veinticuatro años, y publicado en la primavera de 1940, mientras la Segunda Guerra Mundial eclosionaba en toda su virulencia. Nacido el 6 de enero de 1915, en Kent, Inglaterra, con sus diecisiete años ya sorprendió a versados y reconocidos orientalistas, demostrando ser una de las mayores autoridades occidentales en el campo del budismo zen. Dos años después escribe "El espíritu del Zen", libro aún considerado como uno de los textos más esclarecedores que un occidental haya escrito sobre el tema. Ese mismo año es nombrado director de "The Middle Way", una publicación inclesa de estudios búdicos, y a los veintitrés años es director adjunto de las series británicas "Wisdom at the East". A su llegada a San Francisco, con sólo treinta y cinco años ya había publicado siete libros sobre zen y religión mística, convirtiéndose, a través de sus conferencias televisadas, sus libros y clases privadas, en el mayor popularizador del zen en EEUU.
«Los credos, los dogmas y los sistemas filosóficos son solamente ideas acerca de la verddad, del mismo  modo que las palabras no son hechos sino que hablan acerca de los hechos; mientras que el zen es una vigorosa tentativa de ponerse en contacto directo con la  verdad misma, sin permitir que teorías o símbolos se yergan entre el conocedor y la cosa conocida. En cierto sentido, el zen es sentir la vida en lugar de sentir algo acerca de la vida; no muestra ninguna paciencia hacia la sabiduría de segunda mano, hacia la descripción que haga cualquier persona sobre una experiencia espiritual, o las meras concepciones o creencias ... Por eso los maestros enseñan a sus discípulos a olvidar todo lo que hayan aprendido antes de dedicarse a la práctica del zen, a olvidar hasta el conocimiento del budismo; pues el mismo Buda declaró que su enseñanza no era más que una balsa para cruzar un río, cuando se ha alcanzado la orilla opuesta debe ser abandonada; pero muchos de sus adeptos confundieron la balsa con la orilla opuesta. Este aspecto negativo del  zen, esta forma de abandonar, no es más que otra forma de expresar el hecho positivo de que abandonar todo es ganarlo todo [no aferrarse]. Aquel que pierda su vida la encontrará.» (El Espíritu del del Zen)

«Los aspectos más alarmantes y destructivos de la civilización occidental no debieran cegarnos ante el hecho de que este mismo momento es también uno de sus períodos más creadores. En algunos de los nuevos campos de la ciencia occidental --en psicología y psicoterapia, en lógica y filosofía de la ciencia, en semántica y teoría de la comunicación-- surgen ideas e intuiciones fascinantes. Algunas de ellas podían deberse a las sugestivas influencias de la filosofía asiática, pero en general me inclino a creer que existe más un paralelismo que una influencia directa. Estamos tomando conciencia de ese paralelismo, que promete un intercambio de ideas sumamente estimulante. No apoyo la idea de "importar" el zen del Lejano Oriente, porque está profundamente ligado a instituciones culturales que nos son muy extrañas. Pero no hay duda de que hay cosas que podemos aprender, o desaprender, del zen, y poner en práctica a nuestra manera. En lo más íntimo del zen hay una gran compasión, nada sentimental, por los seres humanos que sufren y perecen debido a los intentos mismos que hacen por salvarse.» (El Camino del Zen)

Como buen taoísta, Watts experimentó el cambio muchas veces a lo largo de su vida. El 18 de mayo de 1944 es ordenado pastor episcopalista, y como tal escribe "The Supreme Identity"; en lo profundo de su obra se pueden vislumbrar las influencias del budismo mahayana, el taoísmo, el vedanta, la iglesia ortodoxa de Europa oriental y los caminos de la psicoterapia occidental de vanguardia. Como solía referir Jung "nada de lo humano le era ajeno", entusiasmado en desentrañar aquello que guió toda su enérgica y original trayectoria espiritual e intelectual: la experiencia mística.

Esta gran autoridad en filosofía y religiones comparadas, fue teórico contracultural de los años sesenta, que celebraba bodas sin procedimientos rígidos sino con un verdadero espíritu de amor y unión, o improvisaba equipos para el ritual de la ceremonia del té, y también el primer hippie que experimentaba cosas nuevas en su barcaza anclada en la bahía de San Francisco. El mismo se definía como "un hombre sedentario y contemplativo, un intelectual, un brahman, un místico; pero también una especie de epicúreo no demasiado honorable". En su libro "Beyond Theology", con un espíritu de reverente impiedad, señala que nuestros sistemas teológicos, al interpretar las verdades con respecto a Dios, tienen el peligro de hacernos perder de vista al Dios que está más allá de la teología. Así, tanto cristianos como judíos o musulmanes, están seguros que sus teologías revelan las cosas tal y como son, olvidando que nuestra visión habitual de la persona como una isla solitaria en el vasto océano de la conciencia, es una ilusión.
«Para descubrir la Realidad última de la vida --lo absoluto, lo eterno, Dios-- hay que cesar de intentar comprenderla en las formas de los ídolos. Estos ídolos no son sólo imágenes toscas como la imagen mental de Dos que lo representa en  forma de un anciano caballero sentado en un trono de oro. Son nuestras creencias, nuestras estimadas ideas preconcebidas de la verdad, las que bloquean la apertura mental sin reservas y el corazón de la realidad. El uso legítimo de las imágenes estriba en expresar la verdad, no en poseerla.» (La Sabiduría de la Inseguridad)
«Los locos pretenden que experimentan cosas que, para ellos, son tan ciertas que no admiten duda alguna. Así, se dice que la comprensión de la Suprema Identidad es simplemente otra forma de ilusión o de obsesión psíquica debida a una excesiva introspección. A esto basta dar la vieja respuesta de que mientras las ilusiones de la locura hacen que a sus víctimas les resulte imposible vivir con ellas, descubrimos que el conocimiento de la Suprema Identidad, de la relación del hombre con su verdadero fin, es algo sin lo cual no podemos vivir.» (The Supreme Identity)

Este paradójico sacerdote, que definía a la "creencia como la antítesis de la fe, como una ansiedad más que una confianza, como una retención en vez de algo que facilita la libertad", descubrió que la principal dificultad de la religión occidental era su linealidad temporal, tan distinta de los patrones orgánicos de los sistemas naturales.

En agosto de 1950, siendo capellán anglicano en la Universidad Northwestern en Evanston,  Illinois, llega a la conclusión de que no puede continuar en el ministerio ni en la comunión de la Iglesia Episcopaliana.

En la costa californiana, lejos de su conservadora tierra natal, Watts no sólo encontró un terreno fértil para impulsar el turno on (giro, cambio) espiritual; también abonado por el 'Aullido' (1955) de Allen Ginsberg o 'Los Vagabundos del Dharma' (1958) de Jack Kerouac, sino para encauzar toda una corriente de transformación global, liderada por todos aquellos que pretendían trascender los aspectos meramente teóricos del conocimiento. Así nace, encabezada por Alan, una contracultura subterránea (underground) que comienza a buscar introspectivamente su naturaleza espiritual.

Dos de sus discípulos de la Escuela de Estudios Asiáticos de San Frncisco, Michael Murphy y Richard Price, crean el Esalen Institute en Big Sur, cerca de Carmel, en la costa del Pacífico, entre San Franciso y Los Ángeles.

El primer seminario que se organizó en este centro, bajo el nombre de 'The Expanding Vision', fue dictado por Alan Watts, secundado por su amigo Aldous Huxley, en enero de 1962. El Instituto Esalen (nombre indio de aquellas tierras), provisto de cálidas aguas termales que brotan de un bosque de secuoyas milenarias hacia el vasto océano Pacífico, ha albergado nombres de la talla de Bateson, Perls, Capra, Grof, Naranjo, Leonard, Selver, Dychrwald, Jean Houston, Lilly, Roszak, Rollo May, Sam Keen, Feldenkrais, Ram Dass, Margaret Mead, Mitchell, Campbell, Sheldrake, Anagarika Govinda, Ferguson ...

«El punto débil de la psicoterapia occidental está en que comparte los mismos presupuestos que trata de curar». Presupuestos socioculturales que generalmente remiten a una concepción dualista del hombre y la realidad; la idea de que el hombre es un ego que cabalga sobre los demonios del pantano original, una concepción que desde Platón hasta Freud, ha alimentado una falsa conciencia problemática. A diferencia de la psicoterapia del Oeste, los caminos orientales de liberación son, ante todo, críticas culturales. Su objetivo es, precisamente, diluir la falsa conciencia problemática, lo que Watts llamada la gran mentira social.
«El arte de la meditación es una manera de ponerse en contacto con la realidad; y la razón para meditar es que la mayoría de las personas civilizadas han perdido el contacto con la realidad. Confunden el mundo tal como es con el tal como ellos lo piensan, tal como hablan de él y lo describen.» (Nueve Meditaciones)

Después de largos años de escribir lo que paradójicamente era imposible escribir, Watts abandona finalmente este quehacer, dejando que su escritura simplemente fluyera. Deseaba alcanzar la armonía total del cuerpo y mente con el movimiento del Tao en el tai chi. (Dejó de hablar de ello y se dedicó a vivirlo.)
«Cuando me detengo junto al río y lo contemplo, estoy relativamente inmóvil y la corriente traza un sendero en mi memoria, de modo que establezco su movilidad en comparación con mi quietud. Desde luego, esto constituye una ilusión, pues también yo soy una corriente, y carezco igualmentte de destino final. En  efecto: ¿quién puede imaginar que la finalidad constituya una forma de vida? Mi muerte será la desaparición de un determinado remolino en el agua.» (El Futuro del Éxtasis)

En California, el Centro Zen de San Francisco le dio el título oriental póstumo, el de ancestro, privilegio hasta ese momento nunca reciido por un occidental. La mayoría de quienes hoy participan en mayor o menor medida de la nueva visión y naciente paradigma espiritual, le debemos a Alan el inestimable mérito de traducir la sabiduria de Oriente al lenguaje occidental de nuestro tiempo, proponiéndonos un nuevo arte de vivir.

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- Extractado del artículo de Carlos Fregtman, en la revista Nueva Conciencia, extra monográfico nº 22 de Integral (1991)

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