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» » » La salud de los niños obesos mejora rápidamente con la reducción de azúcar

Referencia: Eurek Alert.org, 27 octubre de 2015
"Obese children's health rapidly improves with sugar reduction unrelated to calories"
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El estudio indica que no todas las calorías son iguales, el azúcar y la fructosa son peligrosos. . Reducir el consumo de azúcar añadido, incluso sin reducir calorías o perder peso, tiene el poder para revertir un grupo de enfermedades metabólicas crónicas, incluyendo el colesterol alto y la presión arterial, en niños de tan sólo 10 días, según un estudio realizado por investigadores de la UC San Francisco y la Touro University California.

"Este estudio muestra definitivamente que el azúcar es metabólicamente perjudicial, no a causa de sus calorías o sus efectos sobre el peso, sino sólo porque es azúcar", afirmaba el autor principal, Robert Lustig, endocrinólogo pediátrico en en Hospital infantil de la UCSF Benioff en San Francisco. "Este estudio de intervención controlado internamente es una indicación sólida de que el azúcar contribuye al síndrome metabólico, y es la evidencia más fuerte hasta la fecha de que los efectos negativos del azúcar no son por causa de las calorías o la obesidad."

Jean-Marc Schwarz, PhD de la Facultad de Medicina Osteopática en la Universidad Touro de California, y autor principal del artículo, añadió: "Nunca he visto resultados tan sorprendentes o significativos en nuestros estudios en humanos, después de tan sólo nueve días de restricción de la fructosa, los resultados son drásticos y consistentes de un sujeto a otro. Estos hallazgos apoyan la idea de que es esencial para los padres evaluar el consumo de azúcar y ser conscientes de los efectos sobre la salud para sus hijos."

El documento aparecerá en línea el 27 de octubre, y en la edición de febrero de 2016 en el journal Obesity.

Restricción del consumo de azúcar
El síndrome metabólico es un conjunto de trastornos, aumento de la presión arterial, alto nivel de glucosa en sangre, exceso de grasa corporal alrededor de la cintura y niveles anormales de colesterol, que concurren juntos y aumentan el riesgo de enfermedades del corazón, derrames cerebrales y diabetes. Otras enfermedades asociadas con el síndrome metabólico, como la enfermedad del hígado graso no alcohólico y la diabetes tipo 2, que ahora incluso aparece en los niños; trastornos anteriormente desconocidos en la población pediátrica.
Los participantes fueron identificados mediante una Weight Assessment for Teen and Child Health Clinic (WATCH) en el Hospital Infantil de San Francisco, una clínica interdisciplinaria de la obesidad dedicada a la orientación para la disfunción metabólica, en lugar de a la pérdida de peso. El reclutamiento de sujetos se limitó los jóvenes latinos y afro-americanos, debido a su mayor riesgo por ciertas condiciones asociadas con el síndrome metabólico, como la presión arterial alta y la diabetes tipo 2.

En el estudio, a los 43 niños, entre las edades de 9 y 18 años, que eran obesos y tenían al menos otro trastorno metabólico crónico, como la hipertensión, niveles altos de triglicéridos o un marcador de hígado graso, se les ofreció nueve días de comida, incluyendo todos los aperitivos y bebidas, que restringían el azúcar, pero sustituidos por almidón, para mantener las mismas grasas, proteínas, hidratos de carbono, y los mismos niveles de calorías que en sus dietas caseras ya informadas anteriormente.

Se evaluó los niveles en sangre en ayuno, la presión arterial, y la tolerancia a la glucosa fueron evaluadas antes de la adopción del nuevo plan de menú. El menú del estudio restringió el azúcar añadido (mientras permitía la fruta), pero sustituida por otros hidratos de carbono, como el pan, cereales y pasta para que los niños consumieran todavía la misma cantidad de calorías de carbohidratos como antes, aunque el azúcar dietético total se redujo de un 28 a un 10 por ciento, y la fructosa de 12 al 4 por ciento, de las calorías totales respectivamente. Las opciones de comida fueron diseñadas como "menú infantil", salchichas de pavo, papas fritas y pizza, todo comprado en los supermercados locales, en lugar de cereales altos en azúcar, pasteles y yogur edulcorado.

Los niños recibieron una escala y se les indicó que se pesaran todos los días, con el objetivo de mantener la estabilidad de peso, no la pérdida de peso. Cuando ocurría la pérdida de peso (una disminución de promedio de un 1 por ciento durante el período de 10 días, pero sin cambios en la grasa corporal), se les daba más alimentos bajos en azúcar.

"Cuando tomábamos el azúcar de fuera, los niños empezaron a responder a sus señales de saciedad", resaltó Schwarz. "Nos dijeron que sentían mucho más los alimentos, a pesar de que estaban consumiendo la misma cantidad de calorías que antes, sólo que con mucho menos azúcar. Algunos dijeron que ellos estaban abrumados con los alimentos."

Reducir los nocivos efectos metabólicos de la obesidad

Después de tan sólo 9 días con la dieta restringida de azúcar, prácticamente todos los aspectos de salud metabólica de los participantes mejoró, sin cambio en el peso. La presión arterial diastólica disminuyó en 5 puntos, los triglicéridos en 33 puntos, el colesterol LDL (conocido como colesterol "malo") en 10 puntos, y las pruebas de función hepática mejoraron. Las mediciones de glucosa en sangre en ayuno se redujeron en 5 puntos, y los niveles de insulina también se redujeron en un tercio.

"Todas las medidas de salud metabólica tendieron a mejor, simplemente sustituyendo por almidón el azúcar de los alimentos procesados, y todo ello sin cambiar las calorías ni el peso ni el ejercicio", subrayoó Lustig. "Este estudio demuestra que una caloría no sólo una caloría; sino que dependiendo de dónde provienen determina a qué parte del cuerpo van. Las calorías de azúcar son los peores, porque se convierten en grasa en el hígado, conducen a la resistencia a la insulina provocando un riesgo de diabetes, del corazón y de enfermedad hepática. Esto tiene enormes implicaciones para el industria alimentaria, para las enfermedades crónicas y para los costos en el cuidado de la salud."

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- Otros autores del estudio: Susan Noworolski, PhD, Viva Tai, RD, MPH, Michael Wen, MS and Ayca Erkin-Cakmak, MD, MPH of UCSF, Alejandro Gugliucci MD, PhD of Touro University and Kathleen Mulligan, PhD of UCSF and Touro University.
- Financiación de: National Institutes of Health (NIH), UCSF Clinical Translational Science Institute (CTSI) and Touro University. None of the authors report any conflicts of interest.
- Fuente: UCSF Medical Center and UCSF Benioff Children's Hospitals.

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Editor del blog Pedro Donaire

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