Ads-728

Ads-728

Psicología

Astrofísica

Genética

Neurociencia

» » » » Henry George, de Progreso y miseria, cap.13

Referencia: Eumed.net (pdf)
George, Henry (1880) "Progreso y miseria".
* * * * * *
HENRY GEORGE (1839-1897) "PROGRESO Y MISERIA"
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.8 .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.13 .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.16 .

Capítulo 13.  CAUSA PRIMARIA DE LAS CRISIS ECONÓMICAS

Hay una causa, aún no tratada aquí, que se ha de tener en cuenta para explicar plenamente la influencia del progreso material en la distribución de la riqueza. Esta causa es la esperanza en el aumento del valor de las tierras, la cual en todos los países progresivos nace del constante aumento de la renta y conduce a la especulación o retención de tierra en busca de un precio más alto del que de otro modo tendría.

Hasta aquí hemos admitido, como suele admitirse al explicar la teoría de la renta, que el cultivo se extiende a puntos menos productivos, sólo en la medida en que las oportunidades de los puntos más productivos van siendo completamente utilizadas. Pero en las sociedades que progresan rápidamente, donde el constante aumento de la renta da confianza para contar con futuros aumentos, no ocurre así. La segura expectativa de precios mayores, produce, en mayor o menor escala, los efectos de una confabulación de los propietarios, y en espera de precios más altos, tiende a sustraer la tierra al uso, forzando de este modo el margen de cultivo más lejos de lo requerido por las exigencias de la producción.

Esto se puede ver en toda ciudad que crezca aprisa. Si la tierra de calidad superior en cuanto a situación, siempre se utilizase plenamente, antes de recurrirse a tierras de inferior calidad, no se dejarían solares vacantes a medida que la ciudad se extiende, ni encontraríamos desvencijados caserones en medio de espléndidos edificios. Estos solares, algunos de ellos extraordinariamente valiosos, se retienen fuera de uso o del pleno uso en que podrían emplearse, porque sus propietarios, no pudiendo o no queriendo explotarlos, prefieren, en espera del aumento del valor de la tierra, conservarlos para sacar un precio mayor del que ahora podrían sacar de los que desean explotarlos. Y a consecuencia de que esta dicha tierra fuera de uso o del pleno uso de que es capaz, se empuja el límite de la ciudad mucho más lejos del centro.

Pero cuando llegamos a los confines de la ciudad que crece, al límite efectivo de edificación, que vendría a ser como el margen de cultivo si se tratara de la agricultura, no hallamos que se pueda comprar la tierra por su valor para fines agrícolas, como ocurriría si la renta fuese determinada solamente por las actuales necesidades; sino que encontramos que, hasta una gran distancia más allá de la ciudad, la tierra tiene un valor especulativo fundado en la creencia de que en el futuro se necesitara para fines urbanos; encontramos que, para llegar al punto en que se pueda comprar tierra a un recio que no sea basado en la renta urbana, hemos de ir mucho más allá del verdadero margen de uso urbano.

Efectos de la Especulación en Tierras

Así, pues, en toda colectividad progresiva en la cual la población aumente y los perfeccionamientos se sucedan unos a otros, la tierra ha de aumentar constantemente de valor. Este continuo aumento conduce naturalmente a la especulación que anticipa el aumento futuro y sube el valor de la tierra más allá del punto en el cual, dadas las condiciones en que tiene lugar la producción, quedarían para el trabajo y el capital las ganancias habituales.

Entonces la producción empieza a detenerse. No es necesaria ni siquiera probable una disminución absoluta de la producción; pero ocurre lo que en una colectividad progresiva equivale a una disminución absoluta de la producción en una sociedad estacionaria, esto es, la producción no aumenta en proporción, porque los nuevos incrementos de trabajo y capital no hallan ocupación por su retribución habitual.

Este paro en algunos puntos de la producción, forzosamente se manifestará en otros como detención de la demanda, que refrenará también allí la producción, y así este freno se comunicará a través de toda la red de la industria y el comercio, provocando por doquier una parcial dislocación de la producción y el cambio, y dando lugar a los fenómenos que parecen indicar exceso de producción o exceso de consumo, según el punto de vista desde el cual se observan.

El período de depresión que así resulta continuará hasta que: 1) el alza especulativa de la renta se haya detenido; 2) gracias al aumento de población y al progreso de los perfeccionamientos, el aumento de la eficacia del trabajo permita que la línea de la renta normal alcance la línea de la renta especulativa; o 3) el trabajo y el capital se resignen a emprender la producción por ganancias menores. Lo más probable es que las tres citadas causas contribuyan a establecer un nuevo equilibrio, en el cual entrarán otra vez todas las fuerzas de la producción y seguirá un período de actividad; con lo cual la renta reemprenderá la subida, reaparecerá el alza especulativa, se volverá a frenar la producción y se repetirá el mismo ciclo.

Explicaciones Contradictorias

Estos períodos de crisis van siempre precedidos por períodos de actividad y especulación, y todos los criterios admiten la conexión entre ambos, pues se considera que la crisis es una reacción de la especulación, como la jaqueca de la mañana es la reacción de los excesos de la víspera. Pero respecto a como la crisis resulta de la especulación, hay dos opiniones o escuelas diferentes.

Una escuela dice que la especulación ha provocado la crisis por causar sobreproducción y señala los almacenes llenos de mercancías que no pueden venderse a precios remunerativos, las fábricas cerradas o trabajando a media jornada, las minas abandonadas, los vapores amarrados, el dinero inactivo en las cámaras de los bancos, y los obreros forzados al ocio y la privación. Señala estos hechos para indicar que la producción ha excedido a la demanda para el consumo y señala, además, que en tiempo de guerra, cuando el gobierno entra en campaña como un enorme consumidor, la actividad prevalece. La otra escuela dice que la especulación ha provocado la crisis al dar lugar a un exceso de consumo y señala los almacenes repletos, los vapores herrumbrosos y los obreros parados para demostrar que ha cesado la demanda efectiva, lo cual, dicen, resulta evidentemente de que la gente, habiéndose vuelto pródiga por una prosperidad ficticia, ha gastado más allá de sus medios, y ahora se ve obligada a reducirse, esto es, a consumir menos riqueza. Señala, además, el enorme consumo de riqueza por las guerras, por la construcción de ferrocarriles improductivos, por los préstamos a gobiernos en bancarrota, etc., como despilfarros que, aunque no se notan en seguida, como el derrochador no nota en seguida el bajón de su fortuna, han de repararse después con una temporada de consumo reducido.

Ni Sobreproducción ni Exceso de Consumo

Cada una de estas teorías evidentemente expresa un lado o fase de una verdad general, pero ninguna de ellas abarca toda la verdad. Como explicación de los fenómenos, ambas son por un igual y del todo descabelladas. Porque, mientras grandes masas de hombres necesitan más riqueza de la que pueden obtener, ¿cómo puede haber sobreproducción? Y, mientras la maquinaria de la producción se desperdicia y los productores están condenados al paro forzoso, ¿cómo puede haber exceso de consumo? Cuando, junto al deseo de consumir más, hay la aptitud y el deseo de producir más, las crisis industriales y comerciales no pueden ser achacadas a la sobreproducción ni al exceso de consumo. Indudablemente el trastorno consiste en que la producción y el consumo no pueden encontrarse y satisfacerse mutuamente.

¿De dónde procede esta imposibilidad? Evidentemente y según consentimiento general, es el resultado de la especulación. Pero, ¿de la especulación en qué?. Ciertamente no de la especulación en cosas que son producto del trabajo, en productos agrícolas o minerales o en mercancías fabricadas, porque el efecto de la especulación en estas cosas es simplemente equilibrar la oferta y la demanda y uniformar la recíproca influencia de la producción y el consumo, por una acción análoga a la del volante de una máquina.

Si la causa de las crisis económicas es la especulación, ha de ser la especulación en cosas que no son producidas por el trabajo y sin embargo se necesitan para ejercer el trabajo en la producción de riqueza; en cosas que están en cantidad fija, es decir, ha de ser la especulación en tierras.

El Freno a la Producción

Recordemos que todo comercio es un cambio de mercancías por mercancías y por esto, la detención de la demanda de alguna de ellas, que señala la crisis del comercio, es en realidad la detención de la oferta de otras. Que los comerciantes vean disminuir sus ventas y los fabricantes escasear los pedidos, mientras las cosas que tienen en venta o están dispuestos a fabricar son cosas que muchos desean, sencillamente demuestra que ha declinado la oferta de otras cosas, que, en el curso del comercio, se darían a cambio de ellas. En el lenguaje vulgar decimos que «dos compradores no tienen dinero» o que «el dinero se pone escaso», pero, hablando de este modo, olvidamos que el dinero no es sino el medio de cambio. Lo que en realidad les hace falta a los posibles compradores no es dinero, sino mercancías que puedan convertir en dinero; lo que realmente se pone escaso son productos de alguna clase. La disminución de la demanda efectiva de los consumidores es, por lo tanto, únicamente el resultado de la disminución de la producción.

Esto lo ven bien claro los tenderos de una ciudad industrial, cuando las fábricas se cierran y los obreros quedan sin trabajo. Es el paro de la producción lo que quita a los obreros el medio de hacer las compras que desean y deja así al tendero lo que respecto a la demanda disminuida es exceso de existencias, obligándole a despedir algunos de sus dependientes y, por otra parte, a reducir sus pedidos. Y la detención de la demanda (hablando, naturalmente, de casos generales y no de alteraciones de la demanda relativa debidas a causas tales como un cambio de modas), que ha dejado al fabricante un exceso de existencias y le ha obligado a despedir obreros, ha de tener lugar del mismo modo. En algún sitio, tal vez en el otro confín del mundo, una disminución de la producción ha mermado la demanda para el consumo. La disminución de la demanda sin que el deseo quede satisfecho demuestra que en algún sitio se ha frenado la producción.

La gente necesita igual que siempre las cosas que hace el fabricante, del mismo modo que los obreros necesitan las cosas que el tendero tiene en venta. Pero no tienen tanto para dar por ellas. En algún sitio se ha detenido la producción y esta reducción en la oferta de algunas cosas, se ha manifestado en el cese de la demanda de otras, propagándose el paro a través de todo el armazón de las industrias y el cambio.

El Obstáculo Real

La pirámide de la producción descansa, claro está, en la tierra. Las ocupaciones primarias y fundamentales, que crean una demanda de todas las demás, son evidentemente, las que extraen riqueza de la naturaleza; y, por esto, si seguimos desde un cambio a otro y desde una ocupación a otra, este entorpecimiento de la producción, que se manifiesta en el descenso del poder de compra, en último término hemos de encontrarlo en algún obstáculo que frena la aplicación del trabajo a la tierra. Y este obstáculo, claro está, es el aumento especulativo de la renta o del valor de la tierra, que produce los mismos efectos de un «lock-out» (de hecho lo es) impuesto por los propietarios al trabajo y al capital. Este freno de la producción, que empieza en la base de la red productora, se propaga de un punto a otro, convierte el cese de oferta en falta de demanda, hasta que, por decirlo así, se desconecta todo el engranaje, y en todas partes se presenta el espectáculo del trabajo que se malogra, mientras los trabajadores padecen necesidad, Aunque nos hayamos embotado, acostumbrándonos a ello, es una cosa extraña y antinatural el que hombres deseosos de trabajar para satisfacer sus deseos, no puedan hallar la oportunidad de hacerlo.

Hablamos de la oferta y la demanda de trabajo, pero evidentemente, estos solamente son términos relativos. La oferta de trabajo es en todas partes la misma, siempre vienen al mundo dos manos para cada boca; y la demanda de trabajo siempre ha de existir mientras el hombre desee cosas que sólo el trabajo puede obtener.

Decimos que «falta trabajo», pero evidentemente, no falta, mientras la necesidad continúa; la oferta de trabajo no puede ser demasiado grande, ni su demanda demasiado pequeña, cuando la gente sufre por falta de cosas que el trabajo produce. El verdadero trastorno ha de consistir en que de alguna manera se impide que la oferta satisfaga la demanda, en que en algún sitio hay un obstáculo que impide al trabajo producir las cosas que los trabajadores necesitan.

Negación de Acceso a la Tierra

Cuando decimos que el trabajo crea riqueza, hablamos metafóricamente. El hombre no crea nada. Toda la raza humana, aunque trabajase eternamente, no podría crear la más tenue mota que flota en un rayo de sol, no podría hacer ni un átomo más pesado o más ligera nuestro rodante planeta. El trabajo, al producir riqueza con auxilio de las fuerzas naturales, no hace sino elaborar materia preexistente, dándole las formas deseadas, y por consiguiente ha de tener acceso a estas materias y a estas fuerzas, es decir, a la tierra. La tierra es la fuente de toda riqueza. Es la mina de donde ha de ser extraído el mineral que el trabajo moldea. Es la sustancia a la cual el trabajo da forma. Y, por esto, si el trabajo no puede satisfacer sus deseos, ¿no podemos deducir con certeza que no puede ser por otra causa sino porque al trabajo se le ha negado acceso a la tierra?

Cuando en todos los oficios hay lo que llamamos escasez de ocupación, cuando en todas partes se disipa el trabajo, mientras el deseo queda insatisfecho, el obstáculo que impide al trabajo producir la riqueza que necesita ¿no ha de residir en los cimientos de la estructura de la producción? Estos cimientos son la tierra. No son modistas, constructores de óptica, doradores y pulidores los que fundan nuevas colonias. No iban mineros a California o a Australia porque allí hubiesen zapateros, sastres, maquinistas e impresores, sino que estos oficios siguieron a los mineros. No es el tendero la causa del labrador, sino el labrador el que hace venir al tendero. No es el crecimiento de la ciudad lo que desarrolla el campo; es el desarrollo del campo lo que hace crecer la ciudad.

Si a los actuales desocupados se les diera oportunidad para extraer riqueza de la tierra, no sólo se emplearían ellos, sino que darían ocupación a los mecánicos de la ciudad, clientela a los tenderos, negocio a los comerciantes, público a los teatros y subscriptores y anuncios a los periódicos. No quiero decir que cada desocupado podría hacerse labrador o construirse él mismo una casa, si tuviese tierra; sino que bastante de ellos podrían y querrían hacerlo, dando así empleo a los demás. ¿Qué impide, pues, al trabajo emplearse así mismo en esta tierra? Sencillamente, que ésta ha sido monopolizada y es retenida a precios especulativos que se fundan, no en su valor actual, sino en el valor que adquirirá con el futuro aumento de la población.

Recuerde el lector que son solamente las causas esenciales y marcha general de las crisis económicas lo que estamos procurando descubrir o que en realidad es posible descubrir con alguna exactitud. La Economía Política sólo puede tratar y sólo necesita tratar de tendencias generales. Las fuerzas derivadas son tan multiformes, las acciones y reacciones son tan variadas, que el carácter exacto de los fenómenos no se puede predecir. Sabemos que si se corta de parte a parte un árbol, caerá, pero la dirección precisa será determinada por la inclinación del tronco, la expansión de las ramas, el impacto de los golpes, la dirección y fuerza del viento; y ni siquiera un pájaro posado en una ramita o una asustada ardilla que salta de rama en rama dejarían de influir. Sabemos que una ofensa promoverá un resentimiento en el alma humana, pero para decir hasta qué punto y de qué modo este efecto se manifestará, se necesitaría una síntesis que abarcase todo el hombre y todo su ambiente pasado y presente.

Los fenómenos sociales que en todo el mundo civilizado asustan al filántropo y desconciertan al hombre de Estado, que anublan el futuro de los pueblos más adelantados y sugieren dudas sobre la realidad y el objetivo final de lo que, nos complace llamar progreso, quedan ahora explicados.

La razón por la cual, a pesar del aumento del poder productivo, los salarios tienden constantemente a un mínimum que sólo permite una mísera existencia, es que, con el aumento del poder productivo, la renta tiende a crecer aún más, produciendo de este modo una constante tendencia a la baja de los salarios. Esta explicación está de acuerdo con todos los hechos.

********************************
- Fundación Henry George .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.8 .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.13 .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.16 .

,

,

«
Next
Entrada más reciente
»
Previous
Entrada antigua
Editor del blog Pedro Donaire

Filosofía

Educación

Deporte

Tecnología

Materiales