Ads-728

Ads-728

Psicología

Astrofísica

Genética

Neurociencia

» » ¿Está bien que los psicólogos engañen a los sujetos de sus pruebas?


Referencia: Aeon Magazine, aeon.co .
por Antonio Melechi, 4 de septiembre 2015
********************************* 
Hace casi 50 años, un empleado de banca de 35 años, de Madrid, llamado Jordán Peña tuvo una idea diabólica: se pondría en contacto con seguidores observadores de ovnis por toda la ciudad, haciéndose pasar por el extraterrestre DEI 98, del planeta Ummo. Contando historias en un hilo audazmente enrevesado de cartas, Peña procedió a la crónica de turbulenta historia de un planeta ficticio, poco a poco fue contando información de platillos avistados y de la curiosa fisiología de los habitantes de Ummo, lo intrincado de su lengua y de su sistema de gobierno, y de una sobresaliente tecnología capaz de desplegar recientes misiones para recorrer los 14,6 años luz de Ummo a la tierra.

Varios cientos de cartas más tarde, la espacial broma de Peña corría frenéticamente. Las cartas de DEI 98 eran una propiedad muy valiosa. Los académicos comenzaron a prestarle una seria atención a la lengua de los Ummitas y a su constelación de fórmulas pseudocientíficas. Incluso se creó un culto espiritualista boliviano, "hijas de Ummo", que abrazó las enseñanzas ummitas con fervor mesiánico. "Ten fe, los Ummitas están llegando".

Cuando el señor Peña, finalmente, dio un paso adelante para revelarse a sí mismo como el autor de la correspondencia de Ummo, los ufólogos se armaron de razones para sospechar que su prodigiosamente elaborada broma fue, probablemente, un ejercicio patrocinado por el gobierno para desinformar. Peña se quedó con cara de póquer. Él había actuado solo. Estaba probando su teoría favorita de la paranoia generalizada, y que estaba usando una metodología ya testada por la psicología social. UMMO no era un engaño: era un experimento.

En muchos sentidos, este fue un tema de portada plausible. El alegado experimento de Peña fue ciertamente concebido en una época en la que toda clase de estratagemas arriesgadas e ilusiones cuestionables se consideraban juego limpio dentro de las ciencias sociales, especialmente en el campo de la psicología social.

Unos años antes, a fin de generar evidencias para la teoría de la disonancia cognitiva, el psicólogo estadounidense, Leon Festinger, organizó una operación encubierta al estilo de la CIA, la infiltración de la "Hermandad de los Siete Rayos", el culto Doomsday con sede en Chicago, estaba esperando con nerviosismo la llegada de un grupo de rescate extraterrestre, enviado para salvarlos del Gran Diluvio que estaba a punto, creían, de engullir Norteamérica.

Entre tanto, a fin de estudiar las causas y motivos de conflicto intergrupales, el psicólogo de origen turco, Muzafer Sherif, se vestía de cuidador, espiando y suscitando la enemistad entre los 22 niños en un fingido campamento de verano en Oklahoma. Y en el más polémico de todos los experimentos de psicología social, Stanley Milgram, en Yale, trató de arrojar nueva luz sobre el tipo de obediencia irreflexiva descubierto dentro de las filas del Tercer Reich, mediante un falso "experimento de aprendizaje", en el que pidía a los voluntarios que administraran descargas eléctricas en sus compañeros.

Con el descaro fanfarrón de artista timador y con el arte resbaladizo de un mago, Festinger, Sherif y Milgram, llevaron a una generación de psicólogos de la posguerra a que se las ingeniaran para reescribir las reglas de la investigación de laboratorio y de campo. Ya sea escondidos en los baños públicos, en la escena de accidentes salpicados de sangre, fingiendo locura para poder entrar en los hospitales psiquiátricos, o de actores comisionados de Hollywood para ofrecer charlas sin sentido sobre la teoría de juegos; estos embaucadores numerarios estaban convencidos de una cosa: el engaño era la única manera fiable de estudiar el comportamiento en la vida real.
--- [...] ---

Cuando, en 1969, Lawrence Stricker, Samuel Messick y Douglas Jackson intentaron evaluar la eficacia de la decepción psicológica en la Universidad de Princeton, dieron con una mala noticia para los embaucadores de laboratorio.
Al llevar a cabo una versión del estudio de grupos de presión de Asch, de 11º y 12º grado, 'el grupo presumía de tipificar al sujeto ingenuo', los investigadores informaron que más de la mitad de los niños y casi el 40 por ciento de las chicas, sospechaban del propósito del estudio. (Tal como intuyó un chico correctamente, 'el experimento estaba tratando de ver "cómo se ven influenciadas ideas y respuestas de alguien ... al escuchar las respuestas u opiniones de los demás"). Los altos niveles de desconfianza, sospecha y segundas suposiciones que Stricker, Messick y Jackson hallaron, sugieren que, el experimento psicológico se estaba convirtiendo en algo parecido a un ejercicio de engaño mutuo.

Los psicólogos de hoy tienden a no detenerse en la confusión metodológica que la enmarañada red de sus predecesores de engaño habían creado. Piden que la disciplina pueda seguir el ejemplo de la economía experimental, que mantiene una posición de tolerancia cero ante todos los subterfugios de laboratorio y reciben poca atención. Un psicólogo prominente ha argumentado recientemente que "la cuestión de si debe o no considerarse el engaño como un elemento aceptable del protocolo de investigación ya no es legítimo", sugiriendo que los trucos de la profesión no son diferentes de las "mentiras blancas" que abundan en la vida cotidiana.

Aunque los efectos secundarios de astutos juegos e ilusiones experimentales no pueden ser tan fácilmente dejadas de lado. El engaño de laboratorio es un secreto a voces que ha erosionado la validez del experimento de psicología social, la exposición de sus ideas seminales sobre el aprendizaje, la conformidad, la motivación y el cambio de actitud son un fárrago de artefactos estadísticos. Por tal razón, la broma de Ummo de Jordán Peña, de tan extravagante como fue, nos dice más acerca de los caprichos de la conducta humana que cualquier número de aventuras de laboratorio cuidadosamente planificadas.

**********************
Antonio Melechi es investigador visitante en el Instituto de Investigación Humanística de la Universidad de Leeds. Autor de Fugitive Minds [Mentes Fugitivas] (2003) y Servants of the Supernatural [Siervos del Sobrenatural] (2008).

«
Next
Entrada más reciente
»
Previous
Entrada antigua
Editor del blog Pedro Donaire

Filosofía

Educación

Deporte

Tecnología

Materiales