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Referencia: Eumed.net (pdf)
George, Henry (1880) "Progreso y miseria".
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HENRY GEORGE (1839-1897) "PROGRESO Y MISERIA"
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.8 .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.13 .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.16 .

Capítulo 16.  EL ENIGMA RESUELTO - LA PRIMERA GRAN REFORMA

Para suprimir un mal hay un solo medio, que es suprimir su causa. Para extirpar la pobreza, para convertir los salarios en lo que la justicia ordena que sean, la plena ganancia del trabajador, hemos de sustituir la propiedad individual de la tierra por la propiedad común de la misma. Ningún otro medio llegará hasta la causa del mal, en ningún otro medio radica la más leve esperanza.

Henry George
Pero esta es una verdad que, en el estado actual de la sociedad ha de despertar el más rudo antagonismo y que tendrá que luchar para abrirse paso palmo a palmo. Por esto será necesario salir al encuentro de las objeciones de quienes, aun viéndose obligados a admitir esta verdad, declararán que no puede ser aplicada a la práctica.

Al hacerlo así, someteremos nuestro anterior razonamiento a una nueva prueba definitiva. Del mismo modo que probamos la suma con la resta y la multiplicación con la división, al probar la suficiencia del remedio, podremos probar la corrección de nuestras conclusiones respecto a la causa del mal.

Las leyes del universo son armónicas. Y si el remedio a que hemos venido a parar es el verdadero, ha de estar conforme con la justicia; ha de ser posible aplicarlo en la práctica; ha de estar de acuerdo con las tendencias del desenvolvimiento social y ha de armonizar con otras reformas.

Me propongo demostrar que esta sencilla medida no solamente es fácil de aplicar, sino que es un remedio suficiente para todos los males que, a medida que el moderno progreso avanza, nacen de la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza; que substituirá la desigualdad por la igualdad, la penuria por la abundancia, la injusticia por la justicia, la debilidad social por el vigor social y que abrirá camino a mayores y más nobles adelantos de la civilización.

Pero queda una cuestión de método. ¿Cómo hemos de hacerlo?

Satisfaríamos la ley de la justicia, cumpliríamos todos los requisitos económicos, aboliendo de golpe todos los derechos de propiedad particular de tierra; declarando ésta de propiedad pública y arrendándola, en lotes al mejor postor, en condiciones que respetasen como sagrado el derecho de propiedad particular de las mejoras.

De esta manera aseguraríamos en una sociedad más compleja la misma igualdad de derechos que en una sociedad más tosca se aseguraba por repartos iguales del suelo y, al otorgar el uso del suelo a quienquiera le sacase el máximo producto, aseguraríamos la máxima producción.

Pero semejante plan, aunque completamente factible, no me parece el mejor. Hacer esto implicaría molestar sin necesidad las actuales costumbres y maneras de pensar, lo cual debe evitarse.

Hacer esto implicaría aumentar sin necesidad la maquinaria gubernamental, lo cual debe evitarse.

Es un axioma político, comprendido y aplicado por los fundadores afortunados de las tiranías, que los grandes cambios se pueden realizar mejor bajo las antiguas formas. Nosotros, que queremos libertar al hombre, hemos de fijarnos en esta verdad. Es el método natural. Cuando la naturaleza va a formar un tipo superior, toma otro inferior y lo desarrolla. Esta es también la ley del desarrollo social. Trabajemos conforme a la misma. Con la corriente nos deslizaremos aprisa y lejos. Contra ella hay que remar mucho y se avanza poco.

No propongo comprar ni confiscar la propiedad privada de la tierra. Lo primero sería injusto; lo segundo, innecesario. Dejad a los individuos que ahora la ocupan, conservar todavía, si gustan, la posesión de lo que les place llamar su tierra. Dejadles que sigan llamándola suya. Dejadles comprarla y venderla, donarla y legarla. No es necesario confiscar la tierra; hasta confiscarla renta.

Para tomar la renta para usos públicos, tampoco es necesario que el Estado cargue con la tarea de arrendar las tierras. No es necesario crear nuevos organismos oficiales. El organismo oficial ya existe. En vez de aumentarlo, todo lo que hemos de hacer es simplificarlo y reducirlo. Utilizando la organización actual, podemos, sin molestias ni trastornos, asegurar el derecho común a la tierra, tomando la renta para usos públicos.

Ya se cobra en impuestos algo de la renta. Para recaudarla toda bastaría hacer algunos cambios en nuestro sistema tributario.

Por esto lo que yo propongo es apropiarse la renta de la tierra por medio del impuesto.

En su forma, la posesión de la tierra quedaría tal como está ahora. No se necesita desposeer a ningún propietario ni restringir la cantidad de tierra que cualquiera puede tener. Porque, recaudando el Estado la renta en impuestos, la tierra, esté a nombre de quienquiera y parcelada como quiera, será realmente propiedad común y todos los individuos de la sociedad participarán de las ventajas de su propiedad.

Pues bien, como el impuesto sobre la renta o valor de la tierra ha de aumentarse necesariamente, así que suprimamos los demás impuestos, podemos dar al método una forma práctica proponiendo abolir todos los impuestos excepto el impuesto sobre el valor de la tierra.

Como hemos visto, el valor de la tierra en los comienzos de la sociedad es nulo, pero, a medida que ésta se desarrolla con el aumento de población y el avance de las artes, va aumentando cada vez más. Por esto no basta poner solamente todos los impuestos sobre el valor de la tierra. Donde la renta exceda a los actuales ingresos gubernamentales, será necesario aumentar, como corresponda, la cantidad exigida en impuestos y continuar este aumento a medida que la sociedad progrese y la renta suba. Pero esto es una cosa tan natural y fácil que puede considerarse implícita o por lo menos sobreentendida en la proposición de poner todos los impuestos sobre el valor de la tierra.

Dondequiera que la idea de concentrar todos los impuestos sobre el valor de la tierra halla atención suficiente para inducir a considerarla, invariablemente se abre paso. Pero, en las clases más beneficiadas por esa idea, son pocos los que, por lo menos al principio, o aún mucho tiempo después, ven toda su importancia y fuerza. Les es difícil a los obreros superar la creencia de que hay un verdadero antagonismo entre el capital y el trabajo. Les es difícil a los pequeños labradores y dueños de vivienda propia superar la creencia de que poner todos los impuestos sobre el valor de la tierra sería gravarles indebidamente. Les es difícil a ambas clases superar la creencia de que eximir de impuestos al capital sería hacer más rico al rico y más pobre al pobre. Estas creencias provienen de confusión en el pensamiento. Pero detrás de la ignorancia y el prejuicio hay unas conveniencias poderosas que hasta ahora han dominado la literatura, la enseñanza y la opinión. Una gran injusticia siempre tiene la muerte difícil y la gran injusticia que en todos los países civilizados condena las multitudes a la pobreza y la penuria no morirá sin un rudo forcejeo.

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-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.8 .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.13 .
-  George, Henry (1880) "Progreso y miseria". cap.16 .

- Autor: Henry George . Relacionado: Georgismo .
- Imagen: Henry George.
- Fundación Henry George .

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