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» » » » El más famoso experimento de Renta Básica


Referencia: Motherboard.vice.com .
“The Town Where Everyone Got Free Money”
por Whitney Mallett, 4 de febrero 2015
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El lema de Dauphin, Manitoba, una pequeña ciudad agrícola en el centro de Canadá, es "todo lo que te mereces". Lo que se merece un ciudadano, y qué efectos tienen tales merecimientos, fue la cuestión central de un experimento de hace 40 años, que se ha convertido últimamente en el punto focal de un debate sobre la asistencia social desde Suiza a Silicon Valley.

Entre 1974 y 1979, el gobierno canadiense puso a prueba la idea de una renta básica garantizada (RBG) a todo una ciudad, dando a la gente el dinero suficiente para sobrevivir de una manera que en ningún otro lugar de América del Norte se ha dado antes ni después. Durante cuatro años, hasta que el proyecto fue cancelado, y sus conclusiones fueron selladas, los residentes más pobres de la ciudad obtuvieron mensualmente cheques que complementaban modestamente su existencia, además de estar más recompensados ​​al trabajar. Durante ese tiempo, los efectos de la pobreza comenzaron a desaparecer. Las visitas a médicos y a hospitales bajaron, la salud mental pareció mejorar, y más adolescentes completaron la escuela secundaria.

"¿Hemos de comportarnos de alguna manera particular para justificar la compasión y el apoyo?" me preguntó retóricamente Evelyn Forget, una socióloga canadiense que reveló algunos de los resultados del experimento en Dauphin. "¿O simplemente se trata de dignidad humana?"

Los críticos a la renta básica garantizada siempre han insistido en que dar a los pobres un dinero valdría para desincentivar el trabajo, y apuntan a estudios que muestran una caída en la voluntad de la gente a trabajar bajo los programas piloto. Sin embargo, en Dauphin, pensado para ser el experimento más grande llevado a cabo en América del Norte, los experimentadores descubrieron que pese a que el recibir tales estipendios era el principal sostén de unas familias, ellas no estaban, de hecho, menos motivadas para trabajar que antes. Aunque hubo cierta reducción en el esfuerzo laboral de las madres de niños pequeños y de adolescentes en la escuela secundaria, las madres querían permanecer más tiempo en casa con sus hijos recién nacidos y los adolescentes no tenían que soportar tanta presión por mantener a sus familias; la reducción no era ni de lejos desastrosa, como los escépticos habían predicho.

"La gente trabaja duro y que todavía no es suficiente", dijo Doreen Henderson, que ahora tiene 70 años y fue un participante en el experimento, en Winnipeg Free Press en 2009. Su marido Hugh, de 73 años, trabajó como conserje mientras ella se quedaba en casa con sus dos hijos. Juntos cuidaron gallinas y crecieron mucho con las sobras de su propia comida. "Deberían haberla mantenido", dijo acerca del programa de renta mínima. "Marcó una diferencia real".

Los datos recuperados de "Mincome", tal como era conocido el experimento Dauphin, dio un mayor impulso a esa demanda cada vez mayor de algún tipo de ingreso garantizado. Este año, el Swis​s Parliament votará sobre si se debe extender un estipendio mensual a todos los residentes y el gobierno indio ha comenzado ya unos programas de sustitución de las ayudas por transferencias directas de efectivo. El ex secretario de Trabajo de Estados Unidos, Robert Reich, lo ha llamado la “casi inevitable” RBG. En EE.UU., Canadá, y gran parte de Europa Occidental, donde el debate en torno a la adaptación de la seguridad social sigue siendo mayormente hipotética, las lecciones de Dauphin pueden ser especialmente relevantes para ayudar a que estas ideas se materialicen más pronto que tarde.

Hay ahora otros argumentos de peso para un ingreso garantizado. A pesar del récord de los beneficios empresariales, la mayoría de las personas no se están beneficiando. Los salarios están estancados, el desempleo es alto, los costos de la deuda de los estudiantes y del cuidado de la salud se han disparado, y el mercado de trabajo no está recompensando a los que ya están empleados con el dinero suficiente para un estilo de vida digna. La así llamada Uberización de la fuerza laboral, donde a los trabajadores se les paga por la tarea y no por un sueldo o bajo horario establecido, aumentando así la precariedad del trabajo. (Y eso por no mencionar los empleos que quitan los robots y la inteligencia artificial). Conforme el concepto del cuidado de salud universal y el salario mínimo amplían el debate, las conversaciones en torno a reconsiderar o ampliar la seguridad social van creciendo.

"En un principio, el interés principal era la preocupación de que este sistema de asistencia desalentaba a la gente para trabajar", Ron Hikel, que coordinó el programa Mincome, según comentó a la televisión holandesa el último año. Hoy, dice, la motivación para la renta garantizada es un aumento de la desigualdad. "En algún momento, la desigualdad de ingresos empieza a interferir en la capacidad de las personas para tener una educación, y también para atender el cuidado de su propia salud. En la medida en que los que va afectando a las relaciones sociales, comienzan a acentuarse las divisiones y diferencias, se obtiene un aumento de patologías sociales, adicción al alcohol, uso de drogas, aumento de las enfermedades mentales, disminución en la prevención de ofertas educativas y un aumento en las tasas de delincuencia."

En EE.UU., el apoyo a la renta básica no ha tenido apoyos sólo por la izquierda, sino, tal vez sorprendentemente, por la derecha, y en especial por los libertarios.

"Siempre ha habido un cierto apoyo a la renta básica universal desde la derecha política, porque el régimen es menos intrusivo que la mayoría de programas sociales", explicó Forget. Thomas Paine y Martin Luther King, Jr,. pidieron algo parecido a una renta básica, pero también lo hicieron los economistas libertarios seminales como F. A. Hayek y Milton Friedman (Friedman lo llamó un "impuesto por ingreso negativo"). El representante de Wisconsin, Paul Ryan, ha propuesto una combinación de diversas formas de asistencia federal para combatir la pobreza de un solo fondo de financiación, reconociendo que los efectos que los ricos son cada vez más ricos y, por tanto, más difíciles de ignorar.

Sus defensores han argumentado que un único programa coordinado que proporcione un renta básica es más eficiente que la panoplia actual de los programas de asistencia, seguridad social, y de la burocracia necesaria para su mantenimiento (en EE.UU. en la actualidad hay 79 programas de asistencia social, sin incluir el Medicare o Medicaid). "Los programas de asistencia social existentes están plagados de superposiciones y lagunas que permitían a algunas familias estar calificados en dos o más programas, mientras que otros no entraban en ninguno", señala Forget.

Cuando fue concebido el Mincome, a principios de los años 70 con la reforma de la asistencia social, algunos pensaron que el experimento en Dauphin podría ser el preludio de un programa que podría ser introducido en todo Canadá. Al sur de la frontera, también hubo un amplio apoyo a la renta mínima. Una encuesta de Harris en 1969 para la revista Life, descubrió que el 79 por ciento de los encuestados apoyaba el programa federal que el presidente Nixon había propuesto, llamado Plan Family Assi​stance Plan(FAP), que garantizaba a una familia de cuatro un ingreso anual de $ 1.600, lo que sería actualmente unos $ 10.000. El FAP de Nixon (no era una renta garantizada, insistía él, aunque lo era) fue llevado a cabo en la Cámara antes de que fuera asesinado en el Senado, y votado por los demócratas. Sin embargo, seguía teniendo un sentido de experimentación en el aire. Se produjeron cuatro ensayos de rentas mínimas en los EE.UU. entre 1968 y 1975, y lo que parecía mostrar era que las horas de trabajo de los perceptores de ingresos básicos caían más bruscamente de lo esperado.

Sin embargo, estos experimentos se realizaron con pequeños tamaños de muestra; el experimento en Dauphin era inusual, ya que abarcaba toda la ciudad. Forget, ahora profesora de salud comunitaria en la Universidad de Manitoba, donde estudia una serie de programas de asistencia social, vio en los datos de Mincome una rara oportunidad de examinar los efectos de la RBG (renta básica garantizada) en una escala más amplia.

La opción de Toronto en aquel momento fue el primero en realizar el experimento, recuerda ella al oír hablar de ella en clase. "Mi profesora nos diría que este maravilloso e importante experimento revolucionaría la forma en que desarrollamos los programas sociales. "

Años después, cuando terminó, ella misma comenzó juntando la información que pudo encontrar sobre Dauphin. Después de una lucha de cinco años, Forget, con acceso seguro a todos los 51 m3 de datos del experimento, perdidos dentro de un almacén que pertenecían a los archivos del gobierno provincial en Winnipeg. Desde 2005, ha estado analizándolo a fondo, comparando cuidadosamente las encuestas de residentes a Dauphin con los recogidos en los pueblos vecinos de aquel tiempo.

El análisis de los datos Forget reveló que tener una renta mínima provista puede tener un impacto positivo muy importante en una comunidad, más allá de la reducción de la pobreza por sí sola. "El contactos de los participantes con los médicos disminuyeron, especialmente en salud mental, y más adolescentes continuaron hasta último grado", concluye en su artículo, "La ciudad sin pobreza", publicado en Políticas Públicas de Canadá en 2011. Forget también documentó un 8,5 por ciento de reducción en la tasa de hospitalizaciones, lo que sugiere que la renta mínima podría ahorrar costes en la atención de salud. (Su investigación fue incapaz de fundamentar las demandas de los investigadores estadounidenses que mostraban aumentos en las tasas de fertilidad, mejoraron a su vez los resultados neonatales o el aumento de la ratio de disolución de la familia de los receptores de ingresos garantizados.)

El experimento Dauphin nació en un momento particularmente izquierdista en la política canadiense, cuando irrumpió en escena el progresivo y provincial New Democratic Party (NDP), y Pierre Trudeau fue elegido primer ministro. El plan, elaborado en 1973, reclamaba que dos tercios del programa lo pagara el gobierno federal con $ 17 millones y el resto por la provincia.

Cualquier persona o familia que cayera en el grupo de ingresos más bajo era elegible para participar, con la cantidad variable según el tamaño de la familia, año y otras fuentes de ingresos. Las familias de dos padres y dos hijos que ganaban más de $ 13,000 no eran elegibles. Para 1978, según Forget, las familias que no recibían ingresos de ninguna otra fuente habrían recibido entre 3.800 y 5.800 dólares canadienses por año; aquellos con ingresos de otras fuentes recibían menos, a veces tan poco como 100 dólares al mes.

El mercado de trabajo temía que la gente dejaría de trabajar, pero eso no pasó. En parte fue por su diseño, dice Forget. "Mincome fue diseñado de tal manera que siempre había un incentivo para trabajar más horas y no menos", porque cada dólar recibido de otras fuentes reduciría beneficios en sólo cincuenta centavos, mientras que los programas de asistencia típicos no proporcionan beneficios adicionales cuando los destinatarios ganan dinero de fuentes adicionales. "Si trabajabas una hora más, conseguías mantener el 50 por ciento del beneficio que habrías obtenido de todos modos, por lo que era mejor trabajar que no."

Algunos receptores utilizaban el dinero para pagar lo esencial; otros lo utilizaron como ingreso complementario para comprar las cosas que podrían ayudarles a aumentar su potencial de ingresos, como vehículos nuevos. Una ventaja importante del programa fue la sensación de seguridad, que contrarresta la preocupación que pesa tanto en las mentes de cualquier pobre.

"Lo más importante para un pueblo que depende de la agricultura, con una gran cantidad de trabajo por cuenta propia", escribe Forget en su estudio, "es que Mincome ofrecía estabilidad y previsibilidad; las familias sabían que podían contar con al menos un poco de apoyo, no importa lo que pasara con los precios agrícolas o el clima. Ellos sabían que una enfermedad repentina, alguna discapacidad o imprevisibles acontecimientos económicos ya no serían financieramente devastadores."

Mientras que todas las familias en Dauphin era elegibles para participar en el experimento, únicamente alrededor de un tercio tenía ingresos suficientemente bajos para recibirlo. En algunos casos, los efectos sobre la ciudad parecieron extenderse más allá del tercio que participaba. Al mirar las tasas de graduación, por ejemplo, Forget anota que era probable un efecto de "multiplicador social" en el trabajo. Un estudiante podría haberse dado la posibilidad de continuar en la escuela debido a esta renta mínima, y entonces sus amigos, cuya familia no estaba participando en el programa, podían verse influenciados a permanecer también en la escuela.

"No podemos separar los efectos directos de los efectos indirectos que pueden operar a través de las redes sociales o en otros mercados o en mecanismos ajenos al mercado", explica Forget en su estudio. "Irónicamente, la incapacidad para aleatorizar en un sitio saturado, lejos de ser una carga, podría generar una respuesta que sería invisible en otro sitio experimental aleatorizado clásico."

Dauphin no ha sido el único experimento de renta mínima en América del Norte, en la década de 1960, se realizaron estudios en Nueva Jersey, Pennsylvania, Seattle y Denver, pero Mincome fue único, ya que fue el único experimento que tuvo un ingreso disponible garantizado a disposición para toda la ciudad, en lugar de sólo una muestra seleccionada al azar de la población. Esta era la forma, escribe Forget, "de responder a preguntas sobre cuestiones administrativas y de la comunidad en un entorno menos artificial."

Sin embargo, el proyecto se topó con problemas financieros. La economía en América del Norte cambió drásticamente, una recesión y una estanflación más alta de lo esperado hizo que el proyecto no pudiera seguir adelante. Después de dos años, se tomó la decisión de archivar los datos, dado que los investigadores ya no tenían el presupuesto para pagar por su análisis.


Más tarde, pasados cuatro años, las nuevas realidades económicas como las crisis del petróleo habían alterado el clima político; nuevos partidos llegaron al poder, con perspectivas ideológicas que rechazaban la idea de una renta mínima. Mientras que Mincome fue inicialmente un proyecto piloto para un programa universal nacional, el nuevo gobierno tenía otras preocupaciones más urgentes y abandonó la idea. Los hallazgos de los experimentos fueron archivados.

En 2005, después de Forget descubriera las 1.800 cajas de registros de Mincome, ella trató de llenar los espacios en blanco hablando con las familias que habían participado realmente en el programa. Para evitar romper las reglas éticas que prohibían entrar en contacto con cualquiera de ellos directamente, Forget planteó historias en la prensa local y en la radio, invitando a los participantes a llamarla. Muchos lo hicieron.

"Ellos recordaron que fue una cosa muy positiva y pensaban que debía ser reintroducida de nuevo porque lo veían como una cosa muy positiva. Lo encontraron útil, y señalaron que sin duda había mejorado la calidad de vida", cuenta Forget. "Por otra parte", añadió, "si aquello fuera apenas una muestra aleatoria. Si la gente tuviera recuerdos negativos probablemente no me habrían llamado."

La investigación metódica de Forget, nos ofrece una prueba más sustancial que estos recuerdos y anécdotas. "Yo soy una científica social, por lo que siempre tengo una gran esperanza de que la gente preste atención a la evidencia", decía. "Siempre hay un temor de que si se introduce un programa así al final no funcionará. Tenemos una buena cantidad de evidencias de que ese no es el caso, y la gente todavía piensa en aquello. Así que creo que, a veces se necesita más que la evidencia para cambiar la opinión pública."

James Manzi, investigador principal en el Instituto Manhattan, cree que establecer una renta mínima sería "una colina bastante difícil de escalar". En general, algún tipo de ingreso garantízado o el impuesto negativo que se había propuesto como sustitución de todo o parte del sistema de asistencia actual, y mientras los libertarios están a favor de esa idea porque significa menos burocracia gubernamental, Manzi señaló que los grupos de intereses especiales se verían afectados negativamente.

"Las organizaciones de proveedores para el programa entero de asistencia se resistirían porque está esencialmente describiendo la eliminación de todos sus puestos de trabajo", señaló. Y también que el costo del programa sería otro reto a superar. "Cualquier análisis presupuestario serio que he visto afirma que va a requerir de un aumento neto en los pagos de impuestos; Incluso si fuera gratis, ¿podría obtener el electorado apoyar esta idea? Entonces, no lo es, el impuesto del contribuyente medio iba a subir."

Manzi también señaló que en los años 90, cuando se estaba debatiendo la reforma de la asistencia, el electorado estaba a favor de más requerimientos de trabajo, no de menos. "La principal característica distintiva de TANF [Asistencia Temporal para Familias Necesitadas, introducido en 1997], en comparación con la AFDC [Ayuda a Familias con Hijos Dependientes, que se desarrolló desde 1935 hasta 1996] es la introducción de un requisito de trabajo", dice.

A pesar de los datos Dauphin, los efectos negativos y positivos en la voluntad de las personas para el trabajo y de otros aspectos de sus vidas bajo la RBG y programas similares sigue sin resolverse. Incluso los estudios que parecían mostrar una caída en los incentivos laborales con la renta garantizada pueden haber exagerado el caso. Tal como Dylan Matthews apunta en Vox, la evidencia muestra que la plena retirada de la fuerza de trabajo era una rareza relativa. En cambio, los trabajadores pasaron largos periodos de tiempo en busca de mejores puestos de trabajo. Otros pueden haber pasado más tiempo en la escuela. Forget vio este efecto en Dauphin, y los experimentadores en los ensayos de Nueva Jersey y Seattle-Denver mostraron unos ++aumentos en los adolescentes por completar la escuela secundaria, de un 25 a un 30 por ciento y de un 11 por ciento, respectivamente.

Cuando Forget mira la política, la cultura y la economía ahora, puede ver que las fuerzas convergen para crear un clima más hospitalario para los experimentos de rentas mínimas en una escala mayor que antes.

"Este es un momento interesante", dijo. "Muchos de nuestros servicios sociales se basan en la idea de que hay por ahí una gran cantidad de puestos de trabajo de 40 horas por semana, trabajos a tiempo completo, y que sólo es cuestión de conectar a las personas con los puestos de trabajo y todo vuelve a estar bien. Por supuesto, una de las cosas que sabemos es que, desde luego, ese no es el caso, sobre todo para los jóvenes que a menudo se encuentran trabajando en empleos precarios, trabajando en contratos durante largos períodos de tiempo sin beneficios y sin el apoyo a largo plazo que muchos de nosotros que durante más tiempo han dado por sentado."

En el contexto canadiense, por lo menos, dijo, "Soy lo suficientemente optimista para creer que en algún momento terminaremos con una renta garantizada."

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Imagen: Renta básica incondicional.

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