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» » » » La importancia de la alimentación en la evolución de los humanos modernos

Referencia: news.Science.org .
“How modern humans ate their way to world dominance”
por Ann Gibbons, 6 de febrero 2015

* * * *
La diferencia entre los seres humanos y sus parientes más cercanos es, en parte, una cuestión de gusto. Los ñames y calabazas son tan sosas como las patatas a nuestros paladares de hoy, pero a un chimpancé y para nuestros antepasados, sus variedades silvestres eran amargas y asquerosas. Los científicos han identificado ahora, una serie de cambios genéticos que permitieron a nuestros antepasados diversificar sus paladares, dándoles la posibilidad de ampliar su gama de alimentos y conquistar el mundo.


Conforme los humanos se iban adaptando a los nuevos hábitats, tuvieron que ir abriéndose a nuevas experiencias culinarias. Comían raíces tuberosas más ricas en almidón, aprendieron a cocinar la carne y la raíz amarga de las verduras y con el tiempo domesticaron plantas y animales. Estas revoluciones dietéticas ayudaron a lo que nos hace humanos, dando a nuestros cuerpos las calorías adicionales que fueron ampliando nuestro cerebro, al tiempo que permitían a nuestros intestinos, mandíbulas y dientes poder reducir su tamaño, ya que se comían alimentos más blandos y de más fácil digestión.

Para averiguar cómo evolucionaron estos cambios, el genetista y antropólogo, George Perry, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, University Park, y sus colegas, compararon los genomas de humanos modernos y chimpancés con los recientemente publicados genomas de un Neandertal y uno de sus parientes cercanos, un misterioso ancestro humano conocido como Denisovan, conocido sólo por unos pocos huesos encontrados en una cueva de Rusia. Los tres grupos de humanos habían perdido dos genes del sabor amargo, TAS2R62 y TAS2R64, que aún están presentes en los chimpancés, según informa el equipo este mes en el Journal of Human Evolution.

Hace dos millones de años, nuestros primitivos antepasados, como el Australopithecus o los primeros del género Homo, probablemente encontraron ñames silvestres y otros tubérculos amargos. Pero a medida que los seres humanos empezaron a cocinar, podían asar verduras de raíz tuberosas el tiempo necesario para que no fuesen tan amargas. (Hoy día, los cazadores-recolectores todavía dependen de tubérculos asados como una fuente importante de calorías). Al mismo tiempo, los homininis (miembros de la familia humana) tambien perdiendo los dos genes de sabor amargo, así que, presumiblemente, fueron capaces de comer una gama más amplia de plantas tuberosas. Los humanos modernos, neandertales y denisovanos, todos perdieron esa capacidad de detectar el sabor amargo de algunas plantas silvestres y, eventualmente, las variedades modernas cultivadas de calabazas y de ñame, que son menos amargas que los tipos silvestres.

El equipo también encontró algunas diferencias interesantes entre los humanos modernos, aquellos que surgieron de África en los últimos 200.000 años, más o menos, y nuestros parientes humanos arcaicos, como los neandertales y denisovanos.

Nuestro linaje, por ejemplo, acarrea un promedio de seis copias, y unas 20 copias del gen de la amilasa salival, AMY1. Este gen produce la enzima amilasa de la saliva, cuyo objetivo es ayudar a digerir los azúcares de los alimentos con almidón, aunque su papel en la digestión humana aun sigue sin estar probada. Por el contrario, los chimpancés, neandertales y denisovanos, llevan tan sólo una o dos copias del gen de la amilasa salival, lo que sugiere que obtenian menos calorías de las verduras con almidón que los humanos modernos. Esto confirma el hallazgo anterior acerca de que los neandertales no tenía copias extra del gen de la amilasa, lo que es "definitivamente, una sorpresa", señala el antropólogo y biólogo, Richard Wrangham, de la Universidad de Harvard, que no ha sido co-autor de este estudio.

Wrangham ha propuesto que un ancestro humano fundamental, el H. erectus, se basó en la cocina de raíces tuberosas de almidón para obtener suficientes calorías que fueron ampliando su cerebro. Pero si esto es así, este antepasado lejano no estaba usando las copias adicionales del gen de la amilasa para extraer más calorías de estos alimentos de origen vegetal. Tanto Wrangham como Rachel Carmody, investigadora de Harvard, sugieren que las copias de amilasa pueden haber tenido otras funciones, como puede ser el ayudar a prevenir las caries.

Aunque se haya propuesto anteriormente que esta adaptación se llevó a cabo con la invención de la agricultura, Perry y sus colegas, han descubierto que los cazadores-recolectores también llevaban las copias extra del gen de la amilasa salival. Lo que sugiere que esta adaptación se llevó a cabo en los humanos modernos, después de la ruptura con el antepasado que compartieron con los neandertales, hace ya unos 600.000 años, pero antes de que las plantas fueron domesticadas hace unos 10.000 años. "Esto no significa que los homíninis anteriores no hubieran comido más almidón, sino que tal vez no estaban recibiendo los mismos beneficios que los humanos modernos", explicó Perry.

Un signo de que la cocción dio forma a los genomas de nuestros ancestros, es que nuestros intestinos de humanos, y de neandertales y denisovanos, todos han perdido el gen de la miosina masticatoria, MYH16, que ayuda a construir fuertes músculos de masticación en las mandíbulas de los chimpancés. Esta puede ser una consecuencia del aprender a cocinar, que ablanda los alimentos, dice Perry. Además, encaja con la evidencia de que algunos homíninis primitivos eran cocineros, el potaje de cebada de los neandertales de Oriente Medio, por ejemplo.

Ahora, Perry y sus colegas, están tratando de averiguar cuándo se perdió este gen en el linaje humano. La pérdida del gen de las mandíbulas musculares de los neandertales, denisovanos y humanos modernos, sugiere que la cocina surgió en algún momento de la existencia de su ancestro común, el Homo erectus.

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- Imagen: recreación combinada de imágenes de cueva y hominini.

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