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» » » » Políticas globales e indefensión del ciudadano


por Pedro Donaire

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Dos modelos políticos básicos contrastan en el devenir de la actual era de Estados liberales. Pero en el fondo, bajo su aparente antagonismo, se complementan y reproducen una y otra vez los mismos modelos de organización política del Estado.

Por un lado, el liberalismo que atomiza a las personas, y al tratarlas de forma aislada las sitúa como simples individuos frente al Estado. Su gran error consiste en no tener ningún sentido de comunidad, salvo algunos referentes nacionales y tradicionales, su único requisito es el de un Estado más pequeño. Al carecer de opciones políticas definidas, suelen apoyar al conservadurismo, y sus soluciones se basan en trasladar a la política una serie de principios funcionales de economía. Esta defensa a ultranza de la empresarialidad frente a la intervención del Estado les lleva a defender toda actuación de cualesquiera empresas, sin caer en la cuenta de que éstas buscan su interés, precisamente, a través del Estado, en una histórica y sui géneris relación oligárquica que les ha permitido ser mastodónticamente grandes, influyentes y condicionantes. Las consecuencias de este modelo redunda tan sólo en perpetuar una dinámica continuista del estatus corporativista establecido.

Por otra parte, las ideologías consideradas de izquierda tratan a la persona como miembro integrado de una gran comunidad nacional, de ahí que siempre planteen soluciones políticas de Estado desde donde acometer regulaciones para el conjunto de la comunidad. Su gran error consiste en no darse cuenta de que existen muchas y diversas comunidades cuyas diferencias no son respetadas, o más bien atropelladas, por la dominación de ese conjunto mayoritario. Las consecuencias de este modelo dan lugar a la imposición regulatoria estatal de unas comunidades sobre otras y, obviamente, sobre todos sus miembros.

En la práctica, ambos modelos reproducen de una manera u otra el modelo de Estado liberal, basado en las políticas de Estado y en la representación democrática mayoritaria.

Ahora bien, desde hace algún tiempo, se puede observar que la tendencia principal del conjunto de Estados en el mundo continúa su ascendente carrera hacia la creación de bloques cada vez mayores, hacia Estados supranacionales más grandes, de crecientes intereses corporativos y oligárquicos con mayor poder de influencia y decisión. Si tal y como puede verse hoy día, el maremágnum de regulaciones estatales y de convenios y tratados supranacionales ponen en tela de juicio la capacidad de los ciudadanos para decidir sobre las políticas de sus gobiernos, conforme se vaya culminando la integración de los Estados en dichos bloques supraestatales, los principios de representatividad democrática, aun continuando presentes, importarán cada vez menos, ya que los votos individuales se irán diluyendo frente a una gigantesca burocratización y las grandes líneas políticas preconfiguradas, provocando así la indefensión de los ciudadanos; por otro lado, el modelo de comunidad nacional típico de la izquierda, también quedará igualmente eclipsado por las mayorías aplastantes de los superestados a los que esta convergencia de modelos han ido dando lugar.


Estas grandes líneas de políticas supraestatales van a ir convirtiendo las políticas nacionales en meras comparsas de obediencia de estas líneas macro-político-económicas, de hecho ya lo están haciendo, y los políticos nacionales pasarán a ser meros tecnócratas, cuyos márgenes de acción no podrán ir más allá de encontrar la forma de adoptar dichas macropolíticas en su propio país.

Burocratización

Lo que estoy planteando no se trata del producto de una planificación consciente de nadie, ni políticos ni corporaciones ni sociedad civil. Es la dinámica propia del modelo de organización de los Estados e instituciones establecidas. Toda institución social tiende a reproducirse, todos sus miembros tienden a justificar su labor y existencia para mantenerse y seguir extendiéndose en lo posible. Un Estado es una enorme institución que sigue estos mismos principios, con la característica especial de que tiene el poder para imponer a todos los miembros e instituciones que lo integran sus propias reglas, y donde todos y cada uno de los ciudadanos, agentes sociales e instituciones, reproducen de una forma u otra el mismo sistema.

Sin embargo, unos Estados tan independientes y soberanos creaban a su vez otra suerte de problemas referentes a la convergencia y las relaciones de unos Estados con otros, por lo que no tardaron en aparecer dentro de ese marco organizaciones internacionales de carácter global, pactos, tratados y convenios, y por fin, surgen las ideas políticas de unión supranacional bajo estándares homogeneizantes, primero de tipo monetario, luego vendrían circulares políticas más o menos vinculantes, normalizaciones fiscales, los todavía discutidos tratados de libre comercio, y otras muchas cosas que prometen ir saliendo a fin de consolidar estas líneas de políticas globales y las gigantescas instituciones supranacionales.

El avance, en apariencia imparable, de esta tendencia que nos ofrece una panorámica orwelliana del mundo, no tiene nada de política ficción, dado que hay suficientes indicios que así evidencian estas grandes corrientes de dominación político-económica.

Soluciones propuestas

Esta omníabarcante y homogeneizadora burocratización política que irá produciendo ineludiblemente la indefensión de los ciudadanos frente al poder, no tiene fácil solución.

Se pueden ver en el horizonte nuevas formas de organización del Estado, como es el caso de la Panarquía, donde se plantea una estructura descentralizada del poder, dividida por comunidades políticas diferentes, de tal manera que cada una de ellas puedan tener sus propios gobiernos y fines. La Panarquía resuelve los dilemas enfrentados de los dos modelos antes descritos. Pero, claro, esto va en una dirección completamente opuesta hacia donde camina el mundo actual, y es difícil que todos queden persuadidos de la bondades de tal propuesta, sobre todo para que llegue a convencer a los políticos, cuyas líneas de actuación son siempre muy pragmáticas. No obstante, me parece una opción no desechable de futuro, una exploración de sus virtudes y posibles defectos que dependerá de la gente para su puesta en marcha.

Ahora, como medida a corto/medio plazo, ante la indefensión sobrevenida de los ciudadanos, debido a que el mundo camina hacia situaciones donde los ciudadanos ya no van a decidir más allá del puro formulismo electoral, y siendo estas situaciones cada vez más complejas y difíciles de alterar. Se hace más necesario que nunca establecer un nuevo derecho fundamental que proteja a cada ciudadano frente a las inclemencias manipuladoras de todo el macroaparato político-económico. Como ya he señalado y esbozado argumentos en otro artículo de este blog, este derecho fundamental debe ser la Renta Básica Universal. Una forma de obligar a los poderes establecidos a proteger a cada individuo con una renta que pueda cubrir la escasez, el hambre y la miseria inherente a ellas, sin que esto signifique ningún tipo de caridad por parte del Estado ni agentes privados. Esto no es más que la reivindicación de un derecho por la dignidad de las personas. Una forma de independencia de los ciudadanos frente a las poderosas y grandes líneas político-económicas que ya están presentes y serán cada vez más poderosas e inaccesibles.

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- Relacionados: 
- Bitnavegantes: "La Renta Básica Universal como Derecho Fundamental" .
. Bitnavegantes: "Panarquía, una olvidada idea de 1860".
. Búsqueda por Panarquía en el blog Bitnavegantes.
. Web Panarquía.org .
- Imágenes de autores sin definir.

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