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» » » La fructosa es más tóxica que el azúcar de mesa en ratones

Referencia: EurekAlert.org , 5 de enero 2015
"Fructose more toxic than table sugar in mice"
.

Cuando los biólogos de la Universidad de Utah alimentaron ratones con azúcar en dosis proporcionales a lo que mucha gente come, la mezcla de fructosa y glucosa del jarabe de maíz, descubrieron que el alto nivel de fructosa resultó ser más tóxico que la sacarosa o el azúcar de mesa, reduciendo tanto la reproducción como la vida útil de las hembras roedores.

‘Graneros de ratones’. Las cubas azules y verdes son cajas de anidación, protegidas y no, respectivamente. Las estaciones de alimentación (cubas verticales) tienen  sensores anillados alrededor de ellos para detectar los chips transmisores implantados en los ratones machos, una forma de determinar cómo los machos mantienen sus territorios.
Crédito. Douglas Cornwall, University of Utah.
"Este es el estudio más sólida que muestra que hay una diferencia entre el +jarabe de maíz de alta fructosa y el azúcar de mesa en dosis relevantes humanas", declara el profesor de biología, Wayne Potts, autor principal de un nuevo estudio programado para su publicación en la edición de marzo 2015 del journal of Nutrition.

El estudio no encontró diferencias en la supervivencia, reproducción o la territorialidad de los ratones machos entre las dietas de alta fructosa y las de sacarosa. Los investigadores dicen que puede deberse a que ambos azúcares son igualmente tóxicos para los ratones machos.

Tanto el jarabe de maíz de alta fructosa se encuentra en muchos alimentos procesados, y el azúcar de mesa se encuentra en productos horneados que contienen cantidades aproximadamente iguales de fructosa y glucosa. En tanto que en el jarabe de maíz, están las moléculas separadas, llamadas monosacáridos. En la sacarosa o azúcar de mesa es un disacárido compuesto, formado por los enlaces químicos de la fructosa y glucosa.

Potts aduce que el debate sobre la importancia de los peligros relacionados con la fructosa y la sacarosa "porque cuando comenzó la epidemia del síndrome metabólico de diabetes-obesidad, a mediados de la década de 1970, se correspondía tanto por un aumento general en el consumo de azúcar y la transición de la sacarosa, el principal azúcar de la dieta estadounidense, al jarabe de maíz de alta fructosa que constituye la mitad de nuestro consumo de azúcar."

James Ruff, el primer autor del estudio y profesor de posdoctorado en biología, señala que, "en nuestro anterior trabajo, y un montón de otros estudios, han demostrado que la adición de azúcar en general es malo para su salud. Así que, primero, debería reducirse el azúcar añadido en todos los ámbitos. Y luego centrarse sobre el tipo de azúcar, y disminuir el consumo de productos con jarabe de maíz de alta fructosa."

El nuevo estudio es el último de una serie que utiliza un nuevo test de ‘toxicidad sensible’ desarrollada por Potts y sus colegas. Permite a los ratones caseros competir en en entorno seminatural del tamaño de un granero". Los estudios anteriores con ratones encontraron efectos nocivos de consanguinidad, y el año pasado, junto al antidepresivo Paxil y con una dieta de azúcar añadida con fructosa y glucosa en cantidades proporcionales a una dieta humana sana más tres latas de refresco al día. Estos efectos sobre la salud se pierden en las pruebas convencionales.

Potts y Ruff llevaron a cabo el nuevo estudio con los ex-estudiantes universitarios de Utah, Sara Hugentobler, Amanda Suchy, Mirtha Sosa, Ruth Tanner y Megumi Hite, y la jefe de laboratorio Linda Morrison. Los otros coautores eran los investigadores nutricionales Sin Gieng y Mark Shigenaga en el Children's Hospital Oakland Research Institute in California.

La investigación fue financiada por los Institutos Nacionales de Salud y la Fundación Nacional de Ciencia. Los nuevos hallazgos se basan en el Estudio de la Toxicidad del Azúcar, en 2013.

Este estudio de 2013, encontró que cuando los ratones fueron alimentados con una dieta con un 25 por ciento de calorías en forma de fructosa añadida y monosacáridos de glucosa o un 25 por ciento de calorías de almidón, las hembras murieron al doble de la proporción normal y los machos eran un cuarto menos de probabilidades de ocupar el territorio y reproducirse.

El nuevo estudio comparó dos grupos de ratones que fueron alimentados con una dieta saludable, con un 25 por ciento de calorías provenientes de azúcares procesados. Un grupo comió una mezcla de monosacáridos de fructosa-glucosa, como los del jarabe de maíz de alta fructosa. El otro grupo comió sacarosa.

Las ratonas de la dieta de fructosa-glucosa tenían tasas de mortalidad 1,87 veces mayor que en las hembras que siguieron la dieta de sacarosa. También produjeron un 26,4 por ciento menos descendencia.

El nuevo estudio no encontró diferencias en los machos en las dos dietas en términos de supervivencia, reproducción o capacidad de competir por el territorio. Pero Potts dijo que el estudio de 2013 demostró que los ratones tenían un cuarto menos probabilidades de ocupar territorio y reproducirse con la mezcla de fructosa y glucosa en comparación con los de almidón. Todo eso, combinado con los nuevos hallazgos, "sugiere que la sacarosa es tan mala para los machos como el jarabe de maíz alto en fructosa," subraya.

Ruff dice que también es posible que "otros factores sean más importantes que las diferencias entre estas dos dietas para los machos", posiblemente diferencias de herencia en la capacidad de mantener territorio.

Potts dice que las ratonas que se comieron la mezcla de fructosa y glucosa serían más propensas a morir que los ratones, porque se someten a un metabolismo mayor de "crisis energética" durante este tipo de estudios: en el día dan a luz, se aparean y conciben la próxima camada, por lo que están amamantando a su primera camada mientras gestan una segunda camada.

Independientemente del sexo, los investigadores también encontraron diferencias entre los ratones en las dos dietas cuando se trataba de la ingesta de alimentos, aumento de peso o de tolerancia a la glucosa. La sacarosa se divide en los monosacáridos fructosa y glucosa antes de que el cuerpo los absorba. Así que, lo que fuere que causara la diferente mortalidad y reproducción de las hembras en los dos tipos de dietas de azúcar, "ha de ocurrir en el punto de absorción o antes, no una vez que está en la sangre, el hígado o el cerebro", dice Ruff.

"Especulamos que los diferentes azúcares podrían favorecer diferentes microbios en los intestinos de los ratones. Otras investigaciones han mostrado diferencias en las comunidades bacterianas en el intestino, que se han asociado con enfermedades metabólicas en roedores y en seres humanos. Es posible que una forma de azúcar origine que haya más bacterias atravesando su intestino que otro forma".

La azucarada dieta americana

Se estima que de un 13 a un 25 por ciento de los estadounidenses comen una dieta que incluye el 25 por ciento o más de calorías en forma de azúcares añadidos, el mismo porcentaje de azúcares añadidos consumido por los ratones en el nuevo estudio. Los "azúcares añadidos" son azúcares agregados durante el procesamiento o preparación de alimentos y no vienen de forma natural en los alimentos, como en una pieza de fruta.

Ruff dice que en la dieta estadounidenses, el 44 por ciento del azúcar añadido es sacarosa, el 42 por ciento es el jarabe de maíz de alta fructosa, y el 14 por ciento restante incluye miel, melaza, concentrados de jugos y agave, todos estos combinan la fructosa y la glucosa (también conocida como dextrosa). Sin embargo, en todo el mundo, el jarabe de maíz de alta fructosa representa sólo el 8 por ciento del consumo de azúcar añadido.

Ruff añade que una serie de estudios previos en roedores y con personas relacionaron el consumo de fructosa pura a problemas metabólicos como la resistencia a la insulina, la obesidad y los niveles anormales de colesterol y triglicéridos. Y que esos estudios concluyeron que el jarabe de maíz de alta fructosa era peor que la sacarosa, aunque la mayoría de ellos compararon la sacarosa solamente con la fructosa, en lugar de una combinación más realista fructosa-glucosa.

Y "unos pocos estudios usaron dosis mucho más altas de azúcares, que no resultaron particularmente relevantes para los seres humanos, y cuyos efectos fueron leves", dice Potts.

¿Cómo se realizó el estudio?

Los ratones del nuevo estudio no estaban relacionados, ratones de tipo casa, en lugar de ratones puros de laboratorio, porque los primero compiten entre sí de forma natural. Alrededor de 40 semanas, los ratones fueron alimentados con la dieta saludable o con el 25 por ciento de las calorías totales en forma de monosacáridos de fructosa y glucosa o con sacarosa.

Entonces 160 ratones fueron puestos en libertad en seis graneros para ratones a fin de competir por la comida, por el territorio y por sus parejas durante 32 semanas. Cada uno de los graneros tiene unos 377 metros cuadrados, con unos ocho a 10 machos y de 14 a 20 hembras.

Cada granero está dividido en seis territorios por una rejilla metálica, cada uno, con una caja de anidación abierta o protegido. Los machos competían por los mejores territorios y los nidos protegidos. Les implantaron unos chips y antenas en alimentadores de radio para mantener el seguimiento de dónde se alimentaban los ratones y, de esta manera, los territorios que ocupaban. Los investigadores los examinaban periódicamente y eliminaban los ratones muertos, así como a los cachorros para que no se reprodujeran.

Después de comer diferentes dietas de azúcar antes de entrar en los graneros, todos los ratones comían la dieta monosacárida de fructosa-glucosa mientras competían en los graneros, donde vagaban juntos y no podían ser mantenidos con diferentes dietas. Si hubo efectos nocivos de la dieta de fructosa-glucosa antes de entrar en los graneros, podrían quedar ocultas si todos los ratones comieron la dieta de sacarosa vez en los graneros.


- Imagen: ‘Graneros de ratones’. Las cubas azules y verdes son cajas de anidación, protegidas y no, respectivamente. Las estaciones de alimentación (cubas verticales) tienen  sensores anillados alrededor de ellos para detectar los chips transmisores implantados en los ratones machos, una forma de determinar cómo los machos mantienen sus territorios. Crédito. Douglas Cornwall, University of Utah.
- Fuente: Cornwall, University of Utah. Universidad de Utah Comunicaciones

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