Ads-728

Ads-728

Psicología

Astrofísica

Genética

Neurociencia

» » » » El Libro de la Naturaleza y la Naturaleza de los Libros

Referencia: Thunderbolts.info .
por Mel Acheson, 21 de enero 2015

* * * *
"El Libro de la Naturaleza" es una metáfora.
- Metáfora -
RAE (acepción 2. f.)
Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; p. ej., el átomo es un sistema solar en miniatura.


En ciencia, las metáforas son generalmente pasadas por alto como simples adornos del lenguaje. La metáfora se amplía cuando se dice dentro que "el Libro de la Naturaleza está escrito en el lenguaje de las matemáticas", entonces los científicos se apartan de los adornos y se someten al serio asunto de leer y escribir sobre "lo que realmente está ahí".

Ellos escriben un montón de ecuaciones, las traducen en simulaciones por ordenador, y luego afirman que entienden la naturaleza. Ellos quieren que usted también entienda la naturaleza de esa manera. (Y, por supuesto, que luego paguen por ello, por las actividades auxiliares que trae consigo, por ejemplo el Large Hadron Colliders).

Pero la naturaleza de la metáfora es también la naturaleza del lenguaje: Una idea se "asigna" a otra, y las similitudes nos dan una sensación de comprensión; así la idea menos familiar llega a sentirse más familiar. Ponemos la palabra abstracta "naturaleza" en el sitio de las muchas sensaciones específicas que seleccionamos para ese lugar. Podemos definir la palabra de manera exacta; podemos dibujar sus líneas de asignación donde mejor se adapte a nuestros propósitos. Las sensaciones tienen disimilitudes particulares, así como similitudes con lo de fuera, y sólo tenemos cinco limitados sentidos para suministrarlas. La palabra no es idéntica a las sensaciones. La palabra es analógica. Las descripciones no son "lo que hay ahí", sino particulares interpretaciones léxicas de actividades sensoriales que se eligen en respuesta a un contexto u objetivo.

Una función que a menudo se pasa por alto de la metáfora, es que ésta no sólo subraya las similitudes, también esconde disimilitudes. Así que, en la metáfora matemática de el Libro de la Naturaleza, si la gente lo mira, hay muchas ecuaciones derivadas que no tienen similitud con las condiciones físicas. Éstas, simplemente, se ignoran. Incluso aquellas que describen las sensaciones seleccionadas de alguna condición física, lo hacen sólo aproximada e idealmente. Deben ser ajustadas, modificadas con otras metáforas, para adaptarse mejor a los datos sensoriales seleccionados. O, como suele ser el caso, los datos son deseleccionados: las anomalías se colocan en un estante para poder explicarse "después" (es decir, nunca). La sensación no ofrece ni un "qué" ni un "ahí", sólo un "es". El lenguaje añade el "qué" y su estructura gramatical añade el "ahí" desde objeto distintivo del sujeto ("aquí"). El lenguaje tiene una función creadora que se suma a la abstracción, la selección y la coherencia a lo que de otro modo sería un hormigueo ambiguo en algunos nervios. Y es lo que se añade a la sensación tan familiar que afirma "Yo entiendo."

Los lectores y escritores de ecuaciones tienden a subestimar la naturaleza metafórica del lenguaje; su demanda para comprender la naturaleza se remite solamente a una comprensión de su metáfora. Fallan al entender que la condición física que describen es similar tan sólo a esas partes de las matemáticas. Es válido únicamente en tanto que la metáfora matemática siga esas sensaciones seleccionadas (datos) que llamamos realidad física. Y dado que las sensaciones son transitorias, las metáforas son provisionales.

Decir que la realidad física "obedece" a las matemáticas es poner las cosas al revés. Más bien sería que, las matemáticas generan sensaciones virtuales --números y relaciones-- que imitan dichas sensaciones físicas, al ver los mismos números o secuencias de números en los metros de un instrumento. Son las matemáticas las que siguen ("obedecen") a la realidad física.

Esto no es nada malo: Es la forma en la que llegamos a entender las cosas en el contexto de los objetivos actuales. Nos permite inventar artilugios para hacer nuestra vida más cómoda. Y nos permite adaptarnos a las condiciones y objetivos cambiantes.

Pero el malentendido de cómo entendemos las cosas puede generar confusión. Si pienso que las matemáticas ofrecen el "es", y que el "qué" y el "ahí" están dados por la sensación, necesitando tan sólo una mirada más cercana para entender, habrás disuelto el cemento, lo ambiguo, la existencia dinámica, en unas indudables y estáticas abstracciones de tu mente. Habrás transformado lo físico en una conceptualidad metafísica.

Si los astrónomos siguen las matemáticas en lugar de seguir la realidad física, entonces, las matemáticas saldrán de las páginas del Libro de la Naturaleza y se apresurarán a zambullirse en una caída libre intelectual. Terminarán entonces, como hoy, en una metáfora de un cosmos que es en un 96% insensible. El "qué" y el "ahí" se convierten en garabatos matemáticos en una pantalla de ordenador y el "es" habrá quedado oculto.

La biblioteca del cosmos es grande. Sus estantes puede almacenar otros libros de la naturaleza que se pueden escribir en otras lenguas, incluso en otros lenguajes matemáticos, por ejemplo, el lenguaje de las inestabilidades del plasma eléctrico, en lugar del lenguaje actualmente popular de la física estadística. Este libro sólo ahora está empezando a escribirse.

Para no dejarnos seducir por el seguimiento de las matemáticas, en lugar de seguir el fenómeno, tenemos que mantener nuestros ojos en los experimentos y observaciones y a nuestras interpretaciones metafóricas ante una pregunta "¿podría ser otra cosa?".

# # #
- Imagen: "El Libro de la Naturaleza" por Jakub Vitek

,

,

«
Next
Entrada más reciente
»
Previous
Entrada antigua
Editor del blog Pedro Donaire

Filosofía

Educación

Deporte

Tecnología

Materiales