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» » » Objetividad, Relativismo y Verdad, de Richard Rorty

por Jaime Ernesto Vargas Mendoza (2007)
México: Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C.

Pragmatismo, ciencia y sociedad: 
Una revisión del libro de Richard Rorty
“Objectivity, Relativism, and Truth : Philosophical Papers, vol. 1”
por Sam Leigland, Journal of the Experimental Analysis of Behavior (1999)
* * * *

El libro de Richard Rorty “Objectivity, Relativism, and Truth: Philosophical Papers, Volume 1”, es una colección de documentos que exploran las implicaciones del pragmatismo filosófico sobre diversas áreas, incluyendo la ciencia natural, los tópicos filosóficos sobre la dicotomía mente-cuerpo, y las perspectivas sobre la democracia liberal y el cambio social.

"El Pensador" en la "Puerta al Infierno", en el Musée Rodin, París. Wikipedia
En esta revisión se buscan las semejanzas entre el pragmatismo de Rorty y el conductismo radical de Skinner, dentro de las tres áreas que comprenden el libro del primero. También, se indican diferencias importantes e interesantes respecto al papel de la ciencia en el cambio social, aunque en buena parte se observan marcadas semejanzas entre las dos perspectivas sistemáticas.

Aparecen menciones al pragmatismo en la literatura del análisis conductual, en parte debido a que queda claro que el enfoque de Skinner sobre las metas de la ciencia, así como su visión general sobre la verdad, pueden ser descritas como poseedoras de un carácter fuertemente pragmático (e.g., Day, 1980, 1983; Hayes & Brownstein, 1986; Zuriff, 1980). Recientemente, el término pragmatismo se ha presentado en discusiones de la ciencia del análisis de la conducta como una panorámica (worldview) contextualista (e.g., Hayes, Hayes & Reese, 1988; Morris, 1993, 1997). De acuerdo con la taxonomía de las panorámicas descrita por Pepper (e.g., 1942), una característica del contextualismo es su criterio pragmático de veracidad basado en el trabajo exitoso, que podría contrastarse, por ejemplo, con la panorámica mecanicista de la correspondencia como su criterio de veracidad. Se ha descrito al contextualismo como el fundamento filosófico del análisis conductual (al menos en el contexto de la taxonomía de Pepper; e.g., Hayes et al, 1988), aunque la distinción que hace Pepper entre mecanicismo y contextualismo también ha sido motivo de crítica (e.g., Marr, 1993). A pesar de todo, el contextualismo ha sido y continúa siendo una forma útil de resumir algunas de las características sobresalientes de la ciencia que analiza la conducta.

Si vamos más allá, el pragmatismo no es una filosofía de la ciencia ni una filosofía de la psicología, sino que es una perspectiva filosófica que se desarrolla en el contexto de y en respuesta ante, una variedad de tópicos tradicionales de la filosofía académica.

En los años recientes, el mas sobresaliente defensor del pragmatismo filosófico ha sido Richard Rorty. Su libro publicado en 1979 “Philosophy and the Mirror of Nature”, así como subsecuentes escritos, han resultado capitales para la discusión filosófica contemporánea respecto a las implicaciones del pragmatismo.

Richard Rorty
El propósito de esta revisión se centra en el libro de Rorty publicado en 1991 “Objetivity, Relativism, and Truth: Philosophical Papers Volume 1”, un libro que enfatiza tópicos sobre pragmatismo y ciancia natural, y nos revela diversas e importantes semejanzas temáticas entre el pragmatismo de Rorty y el conductismo radical de Skinner. El libro es una colección de textos filosóficos escritos en los 1980’s, y está organizado en tres secciones. La primera parte se refiere a la perspectiva pragmática de la ciencia natural y su relación con el resto de la cultura. La segunda parte explora y extiende algunos temas pragmáticos que surgen del trabajo de Donald Davidson, un filósofo contemporáneo que ha sido interpretado por Rorty y otros, por sus contribución al pragmatismo, si no de nombre si de sustancia. La tercera sección examina tópicos relativos a la democracia liberal desde una perspectiva pragmática.

ANTIRREPRESENTACIONALISMO
-Posiblemente la mejor manera de caracterizar al pragmatismo, de acuerdo con Rorty, es ponerlo como un enfoque que cuestiona la legitimidad de un grupo particular de problemas o tópicos tradicionalmente filosóficos. Mediante la influencia de Locke, Descartes y Kant, estos problemas han sido centrales en la agenda de la filosofía académica y pueden considerarse como pivotes de las preocupaciones epistemológicas y áreas conexas. Con un carácter representacionalista, estos problemas asumen como base que la mente (o el lenguaje, según la filosofía analítica posterior), tiene procesos o propiedades especiales que le permiten una representación fiel de la realidad. De manera que las pretensiones de conocimiento deberían evaluarse tomando en cuenta lo preciso de la representación.

La literatura del pragmatismo se ha esforzado en mostrar como esta visión de “la mente como un espejo de la naturaleza” puede desestimarse y así hacer irrelevantes tales distinciones como la mente y el cuerpo, la apariencia y la realidad, el lenguaje y los hechos. Así es que, dentro de la tradición pragmatista, tales problemas y diferencias son vistos como carentes de sentido.

Consecuentemente, los filósofos pragmáticos tienen ante sí dos importantes tareas: primero, mostrar de qué forma pueden plantearse los problemas tradicionales como inútiles artilugios lingüísticos, y segundo, explorar las implicaciones en la filosofía, la ciencia, la política democrática y la cultura, de la ausencia de la perspectiva que proporcionó a aquellos problemas tradicionales, tanta importancia. Por ello es que el pragmatismo se ha descrito como una filosofía que es edificante mas que sistemática, y terapéutica mas que constructiva (e.g., Rorty, 1979, 1991).

Rorty(1991) resume su crítica epistemológica de la siguiente forma: “Cuando hablo de un enfoque antirepresentacionalista quiero decir, uno que no vea al conocimiento como una cuestión de alcanzar correctamente la realidad, sino como una cuestión de adquirir hábitos de acción para lidiar con la realidad” (p.1). La noción de un mundo físico en el que los humanos y otros organismos interactúan directamente, no se pone en duda. En lugar de ello, Rorty cuestiona si en algún caso tiene sentido hablar de la mente, el lenguaje o de algún vocabulario en particular, ... como recurso para que en mayor o en menor grado representemos al mundo. Al extender la tradición pragmatista, Rorty nos hace ver, por ejemplo, que ningún vocabulario puede decirse que de manera mas exacta represente la realidad en comparación con cualquier otro. Al contrario, existen diferentes vocabularios que cumplen diferentes propósitos humanos.

El pragmatismo como antirrepresentacionalismo tiene muchas implicaciones sobre cómo es que hablamos respecto de la ciencia. Por ejemplo, en las formas estándar del realismo científico, es frecuente sostener que el éxito científico se ejemplifica por un método y un vocabulario que, de manera mas exacta describe al mundo, comparado con discursos alternativos.

... la importancia de la ciencia no se encuentra en duda (aunque Rorty argumentaría que el éxito de la ciencia se define con respecto a solo ciertas metas humanas, llamándolas por su nombre, metas relacionadas con lo que llamamos “predicción y control”). Lo que si se discute es que si la importancia de la ciencia se debe a que ésta está en mayor contacto con la realidad o con la forma en que es el mundo ...

El pragmatismo de Rorty no puede reducirse solo a un “antirrealismo” ... el mismo Rorty nos demuestra que la distinción realismo-antirrealismo es inútil en la filosofía.

"El Pensador"
Lo que es cierto es que necesitamos aclarar la relación entre la ciencia y los “hechos”. Hay quien diría que la ciencia produce hechos, mientras que otras actividades humanas producen diferentes tipos de artilugios que podrían ubicarse en algún punto entre los extremos de la argumentación inútil y la información comprimida ... Entre mas estrictos (harder) los hechos, mas estricta
la ciencia.

Para Rorty, los hechos son proposiciones verbales, lo que no quiere decir que se trate de artilugios o convenciones sociales, sean estos estrictos o no. Por ejemplo, la descripción de un hecho dado, puede relacionarse con, o estar influenciado por, una interacción ambiente-conducta específica o por una clase de interacciones, pero la descripción del hecho, como un evento verbal, necesariamente involucra las complejidades de una historia, en una comunidad verbal particular, además de todos los otros factores y contingencias que afectan a quien hace la descripción (Skinner, 1957). La metáfora que se refiere a lo estricto de un hecho, puede interpretarse en términos de lo restrictivo de las contingencias verbales que funcionan en una comunidad verbal en particular.

Podemos comparar lo anterior con el siguiente pasaje del libro de Skinner (1957) “Verbal Behavior”, en el que se ofrece una breve interpretación del estudio de la metodología científica: “La secuencia del trabajo metódico en ciencia sería como sigue: (1) respuestas relativamente abstractas, especificando propiedades particulares de estímulos, probando su utilidad, (2) arreglo de contingencias de reforzamiento por parte de la comunidad de científicos, restringiendo al orador para que responda ante propiedades aisladas, y (3) las reglas y cánones del pensamiento científico que gobiernan la clasificación y la abstracción se estudian para explicar la efectividad de (1) y (2) y posiblemente sugerir un comportamiento y una práctica mejorados (p.430)”. Aquí, el negocio de la ciencia se interpreta en términos de procesos conductuales y contingencias de reforzamiento.

Tanto el conductismo radical como el pragmatismo se manejan sin principios filosóficos iniciales, en el sentido de que no existen fundamentos metafísicos en un conjunto de hechos, suposiciones racionalistas, compromisos ontológicos o cosas por el estilo. Las diferentes descripciones de los hechos, como las diferentes explicaciones de los mismos, sirven para diferentes propósitos o traducido a los términos del análisis de la conducta: diferentes tactos ocasionados por un arreglo determinado de eventos, pueden producirse a partir de diferentes tipos de contingencias, afectando el comportamiento humano que interactúa con el resto del ambiente.

Rorty (1991) comenta sobre los enfoques de otros filósofos sobre este tema: “La imagen de Wittgenstein sobre la relación del lenguaje con el mundo es muy parecida a la de Davidson. Ambos quieren que veamos esta relación como meramente causal y no como representacional ... Desde el punto de vista de Wittgenstein, Davidson o Dewey, no hay tal cosa como “la mejor explicación” de nada. Solo hay la explicación que mejor se acopla al propósito de alguien que la ofrece. La explicación es, como diría Davidson, siempre una descripción y las descripciones alternativas del mismo proceso causal pueden ser útiles para diferentes propósitos”(p.60).

La conducta de un pichón en una caja operante estándar puede describirse y explicarse de diferentes maneras ... y tales descripciones y explicaciones se pueden interpretar por el conductista radical, como el producto de una extensa historia dentro de una comunidad verbal particular, además de las interacciones que se dan durante la observación (e.g., Leigland, 1989).

Habrá que notar que la tarea de la ciencia involucra prácticas verbales y no verbales y es probable que existan ventajas al desarrollar prácticas verbales científicas que reduzcan las acciones inefectivas y las discusiones estériles. Dentro de la crítica de las agendas de la filosofía tradicional, esta ha sido la principal función del pragmatismo con respecto a las prácticas verbales de la filosofía. Puede ser útil al interés de extender y adaptar las practicas verbales de la ciencia del análisis de la conducta, el comprender tanto la agenda filosófica tradicional como las interesantes estrategias verbales de los filósofos pragmatistas para desactivar esta agenda.

El Antirepresentacionalismo y Skinner.
- El enfoque de Skinner sobre la ciencia ha sido influido enormemente por el trabajo de (1) Francis Bacon, (2) Ernst Mach, y (3) Jacques Loeb. A estos tres puntos habría que agregar un cuarto para la tradición americana del funcionalismo pragmatista en la psicología. Aunque se ha documentado el carácter funcionalista y pragmatista del conductismo radical de Skinner, la fuente de tal influencia ha sido difícil de especificar (a pesar de que John Dewey y William James se han citado como influencias durante el entrenamiento de Skinner en Harvard) ... Dada esta mezcla de influencias, no es de sorprenderse que el conductismo radical de Skinner se haya descrito frecuentemente en términos tanto del positivismo de Mach, como del pragmatismo.

Murphy (1990) hace notar que ...: “Por supuesto, el pragmatismo siempre ha sido anti-positivista” (p.82). Lo que significa que, básicamente el pragmatismo se opone a cualquier variedad de positivismo, en la medida en que este asuma que existen hechos que provienen de la investigación científica, que podrían servir como fundamento del conocimiento o de la verdad. Como hemos visto, el pragmatismo ha asumido la tarea de combatir semejantes fundacionismos, de donde quiera que provengan y del tipo que sean, conduciendo todos los términos, hechos y fundamentos hacia el lenguaje humano, la cultura y la historia.

Pero, ¿cómo podemos reconciliar el conflicto positivismo-pragmatismo en el caso de Skinner? ... bueno, pues si buscamos en los escritos científicos de Skinner, será difícil encontrar cualquier énfasis sobre los fundamentos del conocimiento, además de la referencia ocasional de Skinner a la importancia de los datos. El conductismo radical, como el pragmatismo filosófico, valora los hechos científicos no porque sean fundamentos incuestionables del conocimiento debido a su privilegiado estatus en la ciencia como una ventana a la realidad, sino por el contrario, debido a que los hechos pueden derivar en reglas que permitan una interacción mas eficiente con el mundo.

Se pueden encontrar ejemplos del carácter pragmático del conductismo radical. Primero, en la visión pragmática de Skinner sobre la verdad: “El conocimiento científico es conducta verbal ... Es un conjunto de reglas para actuar efectivamente y tiene un sentido especial en el que puede ser “verdadero”, si conduce a la acción mas efectiva posible ... Una proposición es “verdadera” en la medida en que con su ayuda, el oyente responda con eficiencia ante la situación que esta describa (Skinner, 1974, p.235)”. Segundo, en la demarcación de la ciencia ... la ciencia no es vista como una ventana privilegiada que nos abre la realidad verdadera del mundo, sino como otra forma de comportamiento humano en interacción con el mundo; un tipo de comportamiento humano que es valioso no por sus implicaciones metafísicas, sino por sus productos adaptativos, restringidos como estos son, por el lenguaje humano, la cultura y el contexto. Tercero, por el antirrepresentacionalismo de Skinner: “ ... resulta una suposición innecesaria afirmar que existe un reflejo de flexión independiente de nuestras observaciones .. que mediante métodos de investigación apropiados podamos descubrir ...” (Skinner, 1931, p.452)... “Así nunca se llegará a la forma que realmente es”(p.101).

FISICALISMO NO REDUCCIONISTA.
- Otra de las áreas que toca la publicación de Rorty (1991) es la que se refiere a los problemas “mente-cuerpo”. Por supuesto, estos problemas tienen una larga historia dentro de la filosofía y han tomado diversas formas. La permanencia de la controversia mente-cuerpo se puede observar en una reciente, influyente y también controversial publicación de Chalmers (1996), en la que presenta extensos y detallados argumentos para sustentar una variante dualista de las propiedades. De manera general, en el conductismo radical tales problemas se manejan como problemas de la conducta verbal, como se ve en Skinner (1974).

En un documento titulado “Non-Reductive Physicalism”, Rorty (1991) construye sobre el trabajo del filósofo Donald Davidson una edificación de las controversias mente-cuerpo en términos que resultan completamente “naturalizados”, así como desgranados del marco tradicional ontológico, donde tales problemas normalmente se ubican. Esto se hace mostrando como los juegos de lenguaje respectivos (e.g., Day, 1969a; Wittgenstein, 1953) involucrados con el cuerpo y la mente, implican metas y reglas diferentes y por ello, no necesitan que se les otorgue la importancia metafísica que estos problemas típicamente han demandado en el discurso filosófico tradicional. Todo esto resulta completamente compatible con el énfasis sobre el comportamiento verbal dentro del conductismo radical (e.g., Leigland, 1996; Skinner, 1945, 1957).

Por otro lado, el reduccionismo es en sí mismo un tema complejo y controvertido en la filosofía, por diversas razones, además de que éste término posee diversos significados. No obstante, en su forma mas común se refiere a la cuestión de ver si fenómenos de “alto nivel” pueden ser explicados completamente en términos de procesos de “bajo nivel”. Si los fenómenos “mentales” pueden tener una completa explicación en términos de procesos biológicos (los que a su vez serían explicados mediante procesos químicos y físicos), si eso ocurre, podría decirse que lo mental es “reducido” o “no es nada mas que” cuestiones físicas y se resuelve el problema.

Sin embargo, la complejidad de semejantes estrategias reduccionistas podríamos ilustrarla con un ejemplo tomado del análisis conductual. Advirtiendo, claro, que si consideramos a lo físico como principio epistemológico u ontológico fundamental, nos meteríamos en un enredo metafísico innecesario. Más aún, los términos técnicos y los conceptos del análisis de la conducta (como reforzamiento y función de estímulo discriminativo), no son reductibles al lenguaje de la física, debido a que tales términos se definen con respecto a las funciones observadas y no a la especificación física de estas (e.g., Catania, 1998; Day, 1980; Leigland, 1993, 1996).

Así como con el conductismo radical, la clave para entender estos problemas, como la relación mente-cuerpo, se encuentra en la conducta verbal. En el caso que nos ocupa, Rorty (1991) propone que para hacer predicciones sobre el comportamiento, nos enfrentamos (al menos en principio), con dos vocabularios diferentes, sin forma posible de traducción entre uno y otro. El vocabulario fisiológico-biológico (cuerpo) implica una clase de interacciones y consecuencias, mientras que el vocabulario propositivo-mentalista (mente) del lenguaje coloquial, tiene implicaciones diferentes. Generalmente, la imposibilidad de traducción entre uno y otro se ha manejado en el discurso filosófico mediante el lenguaje de las “categorías ontológicas”, mientras que el pragmatismo y el conductismo radical consideran a estas como una confusión innecesaria.

Rorty (1991) también se adentra en el inevitable tema de la conciencia: “El hecho de que el ser humano pueda estar conciente de algunos de sus estados fisiológicos no es, desde mi punto de vista, en nada mas misterioso que el que él pueda ser entrenado para reportar la presencia de adrenalina en su torrente sanguíneo o su temperatura corporal o la falta de circulación en sus extremidades. La habilidad para reportar no es una cuestión de “estar conciente”, sino simplemente de enseñar el uso de las palabras. El hacer uso de expresiones como “Me parece que p” se enseña de la misma manera que el uso de oraciones como “Tengo calentura”. De tal manera que no hay razón de vincularles “estados mentales” a los “estados físicos” como si tuvieran una relación metafísica íntima con una entidad denominada “conciencia”. Aceptar esto, de una vez por todas, permite eliminar buena parte de los problemas de la filosofía post-Kantiana” (p.121).

Rorty y el “Mentalismo”.
- ... desde la perspectiva del conductismo radical ... el término mentalismo generalmente significa considerar a los procesos y estados internos como causas de la conducta, al tiempo que por conducta nos queremos referir a cualquiera o a todas las actividades de un organismo (públicas o privadas) y por causa queremos hacer alusión simplemente a una correlación observada (en la tradición Mach-Skinner). La objeción a este tipo de mentalismo es de tipo pragmática y en ella, la palabra causa se reserva para aquellas variables que pueden ser, al menos en principio, observadas y manipuladas directamente, por lo que los eventos privados o la experiencia caerían mas dentro del juego del lenguaje de la conducta y no de la causa, aún cuando tales eventos puedan tener una relación controladora (junto con un millar de otras variables) con respecto a la conducta.

El materialismo no reductivo de Rorty siempre trata de ser capaz de relacionar los eventos privados con eventos históricos y ambientales, diferentes condiciones y contextos. El siguiente pasaje resulta ilustrativo: “Pero una vez que uno se deshace de la noción de ‘conciencia’ no hay empacho en pasar a hablar de otra entidad llamada ‘el self’ que consiste de estados mentales de los seres humanos: sus creencias, deseos, estados de ánimo, etc. Lo importante aquí es pensar que esta colección de cosas son el self y no que el self las tiene” (Rorty, 1991, p.123)

... Vemos aquí una noción descriptiva del self, como un agente autónomo. Esta es muy parecida a la caracterización que hace Skinner del concepto del self como “representando por un sistema de respuestas funcionalmente unificado” (Skinner, 1953, p.285).

En cualquier caso, no se habla de una fuerza mental autónoma, originaria o causal ... Rorty (1991), siguiendo a Davidson, convierte la agenda tradicional de la mente contra el cuerpo, en un tópico no metafísico, sino meramente verbal. Una cuestión de un estado dado de cosas manejado por dos tipos de descripciones, dos vocabularios, dos repertorios de conducta verbal no substituibles. Uno de estos repertorios sirve para comunicarse de manera cotidiana con una amplia comunidad verbal, mientras el otro sirve a las funciones y las metas de la comunidad verbal científica. De estos dos, los analistas conductuales pueden apelar a un tercer vocabulario, un vocabulario técnico científico que mantenga relación sin resultar equivalente, con los otros dos (Leigland, 1996), pero que haya mostrado en sí mismo ser mas efectivo que el lenguaje ordinario en situaciones donde la predicción y el control sean de primordial importancia.

DEMOCRACIA LIBERAL, CIENCIA CONDUCTUAL Y CAMBIO SOCIAL
-El primero de los ensayos en esta sección del libro, titulado “The Priority of Democracy to Philosophy” nos dice que la política liberal democrática puede esgrimirse sin necesidad de apelar (1) a una justificación filosófica en términos de principios metafísicos fundamentales como los valores universales, o (2) a teorías metafísicas de la naturaleza del hombre, la racionalidad o el self. Se ve pues, el rechazo a una visión metafísica de los seres humanos como base para justificar prácticas políticas en particular.

Sin embargo, tal falta de fundamento, frecuentemente sirve para que se le acuse de relativismo, cuestión que se toca en varias partes dl libro. Las acusaciones de relativismo se dan en varias formas, algunas de ellas se describen y comparan en uno de los primeros ensayos titulado “Solidarity or Objectivity”. Una de las acusaciones mas frecuentes indica que el pragmatismo quiere decir que todas las creencias son igualmente buenas, tanto creer una cosa como creer todo lo contrario (lo que resulta absurdo), por lo que hay que creer ciertas cosas y no otras, como si pudiéramos distinguir esto “con una visión divina”, que es exactamente lo que el pragmatismo rechaza.

En lugar de un relativismo, Rorty (1991) describe el pragmatismo en términos de un etnocentrismo ... Esto es, que el etnocentrismo simplemente hace alusión al hecho de que dado lo contingente e histórico de los seres humanos, según lo plantea el pragmatismo (y es compartido completamente por el conductismo radical), resulta imposible escapar o trascender las perspectivas culturales que uno ha adquirido ... sin embargo, uno puede argumentar a favor de ciertas prácticas culturales, por ejemplo, comparándolas en sus procedimientos y productos con otros puntos de vista alternativos.

Otro concepto discutido por Rorty (1991) y de interés para el conductismo radical, es el concepto de la libertad. El documento final de esta serie se titula “Cosmopolitanism without Emancipation: A response to Jean-Francois Lyotard”. Al referirse a algunos tópicos surgidos de la filosofía post moderna de Lyotard, Rorty elabora el argumento en contra de los supuestos filosóficos que llevan a pensar que el progreso social involucra una liberación del self o de alguna naturaleza humana intrínseca. Rorty substituye esta concepción metafísica de la libertad humana con una idea de “libertad”, en el sentido de “discutir libre y abiertamente” entre individuos o culturas, donde esa libertad y apertura se entiende en términos de “persuasión y no imposición” ... La idea de libertad construida en términos de interacciones caracterizadas como persuasivas, en lugar de forzadas, muestra semejanzas con la forma en que Skinner se refiere al mismo tema. Skinner, de la misma manera que Rorty, desconecta el término libertad de sus vínculos metafísicos tradicionales y maneja todo el asunto en términos psicológico conductuales. Como una propiedad de la conducta verbal, el término puede estar sujeto a un análisis funcional, al menos de manera provisional, como un esfuerzo por identificar algunas de las situaciones donde forma parte de las interacciones verbales. Como tal, libertad no es manejado como un estado ontológico, sino como “experiencia psicológica” o como un fenómeno.

Para Rorty, una “sociedad libre y democrática” sería una en la que el progreso social se alcance sin el uso del control aversivo, donde la evolución cultural se base en la contribución de sus miembros mediante apetitosos intercambios verbales entre ellos y con miembros de otras culturas. Ahora falta por examinar cuál sería el papel de la ciencia de la conducta humana en tal sociedad.

Rorty, Skinner y el “Cientificismo”.- A lo largo del libro Rorty critica el cienfificismo, considerándolo como una visión representacional de la ciencia, donde ésta es una ventana privilegiada para ver la realidad. De acuerdo con esta visión, la ciencia emplea un Método especial que proporciona información sobre la verdadera naturaleza de las cosas.

Ya que Rorty demarca la ciencia “en un sentido completamente Baconiano”, la ciencia es vista como epistemológicamente semejante con el arte, la religión, la crítica literaria y la política. Lo que hace diferente a la ciencia, como hemos visto, esta en su contribución última a la predicción y el control de los fenómenos.

Desde esta perspectiva, no tiene sentido que la ciencia tenga privilegios metafísicos, pues como Rorty nos dice: “¿Qué tiene de especial la predicción y el control? ¿Porqué deberíamos pensar que las explicaciones que tengan estos propósitos son las “mejores” explicaciones? ¿Porqué considerar que las herramientas que hacen posible alcanzar estos propósitos humanos son menos comunes y corrientes, que aquellas que hacen posible lograr la belleza o la justicia?” (Rorty, 1991, p.58).

Entonces, el pragmatismo de Rorty es anticientificista, en el sentido de que la ciencia no es una ventana a la Realidad o a la Verdad, sino una entre varias empresas humanas importantes.

Como también hemos visto, el conductismo radical de Skinner es consistente con este enfoque. Es posible describir en términos de actividades funcionales a la cultura, considerándola como interacción humana entre ambiente y conducta, sin encumbrarla con un ropaje metafísico.

Aunque el trabajo de Skinner es en buena parte considerado como cientificista, particularmente el de sus últimos años (e.g., Skinner, 1971), cuando enfáticamente promovía el uso de la ciencia como forma de resolver los problemas humanos, de lo personal a lo cultural y a lo global. Sin embargo, la clave para entender el cientificismo de Skinner no está en el representacionismo, en el realismo o en el reduccionismo, sino en la influencia histórica sobre él de la obra de Francis Bacon y de Ernest Mach. Siguiendo las tradiciones de Bacon y Mach, Skinner frecuentemente identificaba la tarea de la ciencia con términos tales como “predicción y control, acción efectiva” y otros parecidos, aunque dio un paso adicional e inesperado cuando promovió a la ciencia básica y aplicada en el contexto mismo de los asuntos humanos.

Parte de lo que resulta inusual en Skinner es la idea de aplicar las prácticas científicas a la conducta humana en sí misma, como objeto de estudio. Lo que esto podría acarrear son los productos típicos de la ciencia o de las “reglas para una acción efectiva”. Tales reglas no representan la realidad, simplemente proporcionan otro ejemplo de la ventaja histórica de la ciencia en aquéllas áreas donde se ha aplicado, es decir que, estas reglas ocasionan una interacción directa y un estudio de los fenómenos, que es en general mas efectivo, que el de las reglas derivadas de otras fuentes verbales, culturales o históricas.


- Libro: "Objetividad, relativismo y verdad : escritos filosóficos", en ISBN.
- Imagen: "El Pensador" en la "Puerta al Infierno", en el Musée Rodin, París. Wikipedia, autor dalbera.
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