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por Paul Gottfried, 8 de diciembre 2011

Kenneth Minogue es una figura distinguida para estudiantes serios del pensamiento político. Un veterano profesor (ahora emérito) de la London School of Economics, presidente de la Sociedad Mont Pelerin, y autor de obras provocativas sobre el nacionalismo, la ideología y la democracia igualitaria, Minogue es uno de los más ilustres representantes de la superviviente tradición liberal clásica europea.

Como Michael Oakeshott, incisivo crítico de la administración pública, Minogue, ha querido expresar sus puntos de vista desde que dejó su Nueva Zelanda natal, primero hacia Australia y luego a Inglaterra. Él escribe para todos los socialdemócratas que están en contra de la cultura burguesa, de la economía de libre mercado y la tan estricta separación posible entre el estado administrativo y la sociedad civil.

En “The Servile Mind” (2010) [La Mente Servil], Minogue deja claro cuál es su posición. No considera que el experimento democrático, haya sido un salto hacia delante en su vida, nació en 1930, que pueda entenderse como favorable a la libertad. Él piensa que nuestra política actual está impulsada por una demanda popular, alimentada por intelectuales y políticos, por la imposición de una cada vez mayor igualdad. Y esta demanda de "justicia" o "justicia social" alimenta el totalitarismo suave de la corrección política y las políticas redistributivas.

El mayor problema de los estados de bienestar democráticos, según Minogue, es que convierte a los ciudadanos en esclavos. Producen lo que se considera "mentes serviles" que encajan en lo que hace cien años Hilaire Belloc describió como el "estado servil". Los Estados modernos manipulan y transforman a los antaño miembros de familias y de comunidades en sujetos fragmentados adictos al control del Estado. En nombre de la igualdad, las autoridades políticas remodelan el desarrollo moral de los individuos cada vez más aislados.

Claramente, Minogue no alaba a la democracia en su forma contemporánea como la bendición más grande de la humanidad. Tampoco desea imponer este régimen moderno tardío en el mundo entero. Más bien, estaría de acuerdo con el juicio que Milton Friedman expresó en una entrevista a Liberty Fund poco antes de su muerte, que la libertad económica y la civil, por lo general sufren con el avance de la libertad política. Al extender dicha franquicia demasiado lejos y crear demasiados manejos humanos, sujetos a "lo que la gente quiere", o "lo que creen que es justo", destruimos nuestras libertades económicas y el derecho de libre asociación. Minogue da a su obra el sugerente subtítulo de “How Democracy Erodes the Moral Life” (Cómo la democracia erosiona la vida moral).

Él está a favor de la libertad bien ordenada, pero no necesariamente de esa democracia que tan a menudo se ha vinculado tendenciosamente con la libertad. Minogue es más sobrio en sus juicios acerca de los regímenes democráticos que dos de sus héroes de la economía austriaca, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. Estos economistas, en líneas generales, asumían que la democracia era la única forma de gobierno que protegía las libertades económicas y cívicas. Cuando Hayek constató que no funcionaba tan bien como se esperaba, atribuyó este fracaso a no tener el tipo adecuado de democracia. Si únicamente los países democráticos tomaran el modelo republicano de Suiza en su mejor momento, entonces, según Hayek,, nuestras libertades estarían seguras.

Minogue, por el contrario, no asumió sus ejemplos. Él se ha ocupado de ver mayormente, cómo se ha desarrollado la democracia en el último siglo. La colonización de la familia por los funcionarios del Estado y los educadores públicos, las incursiones del gobierno en nuestras ganancias y empresas comerciales, y el culto a los grupos víctimas patrocinados por el Estado son para Minogue los previsibles resultados del gobierno democrático moderno. Son intentos del Estado de satisfacer la demanda de que sea el gobierno quien incite a una mayor igualdad de condiciones.

Este proceso se inició, dice, con un cambio en el tamaño del electorado, el último efecto de los cuales era convertir "la democracia que denotaba una suerte de disposición política" en una democracia como "ideal moral, social y político". En el siglo XX, un "relativamente ligero cambio en la práctica electoral" dio lugar a una "amplia crítica y, en muchos casos, un rechazo de las costumbres heredadas de los Estados europeos."

Todo esto se hizo más agudo cuando el partido laborista y otras fuerzas socialdemócratas entraron en la escena. Los laboristas ingleses a menudo comenzaban con "un pequeño cambio técnico en la constitución" y terminaban su ley con la "notoria idea de la democracia como crítica de toda la civilización." La democracia de masas avanzaba hacia la socialdemocracia,

orden, clase y formalidad, formas de relación, hábitos de ropa y muchas otras cosas se dejaron de lado en lo que en retrospectiva se podría llamar una "orgía de la informalidad", y las elecciones se convirtieron en formas de seducción de los votantes, donde se prometía a tipos específicos de votantes beneficios derivados de la utilización del poder político, a fin de redistribuir la riqueza de aquellos que la habían adquirido de la economía.

Quizás la contribución más notable de Minogue en el análisis político, aunque sea uno que va en contra de lo que a los conservadores estadounidenses se les ha enseñado a aceptar, es la comprensión de que la izquierda tiene fuertes valores morales. El problema no es que la izquierda esté dirigido por relativistas morales, sino que está impulsada por un anhelo de justicia social. A diferencia de los operativos republicanos, la izquierda cree con mucha pasión en lo que dice. De hecho, está tratando de "politizarlo todo". Los "fanáticos de la justicia" de la izquierda multicultural ven todas las interacciones humanas como oportunidades para la manipulación. Lo que pasa es que su proyecto les requiere deshacerse de la civilización burguesa para limpiar el campo e imponer su visión. Pero esto ciertamente no significa que estos reformadores carezcan de toda convicción. Tal como Minogue explica en un trabajo anterior, “Politics”:

Con esta nueva sensibilidad política, ya no hay límites: allí donde la gente corte las muñecas o los niños sean golpeados, o las lesbianas no sean aceptadas, la acción política debe ser tomada, y lo que se requiere entonces, es que las actitudes sean cambiadas a fin de que, por fin, la armonía prevalezca. La política se convierte así en la conocida fórmula de la ciencia política, "la asignación autoritaria de valores."

En ese mismo trabajo, Minogue evoca una imagen de pesadilla en el cual la vida política normal se convierte en imposible, debido al convincente poder de la izquierda demandando la justicia social en todos los aspectos de nuestra existencia. En “The Servile Mind” se centra de modo particular en el "gran proyecto" que informa de la transformación de izquierdas de la política:

El idealista político-moral claramente ordena nuestros principios morales ... Las preocupaciones humanas ordinarias para hacer frente al fin de mes y a las dificultades humanas asociadas parecen insignificantes en comparación. Algunos exponentes del gran proyecto de estos días criticarán las vacaciones en el extranjero o el indulgente premio de una botella extra de vino en una elaborada cena como mero egoísmo.

En comparación con el proyecto de acabar con la pobreza y la discriminación, a costa de las triviales libertades burguesas, ¿qué pueden los oponentes de la izquierda presentar que muestre un grado comparable de "seriedad moral"? De esta manera, cualquier persona común y corriente, atraído por el estado democrático, cómo puede si no estar convencido de que debe sacrificar su interés, "moralmente frívolo", por el bien de los pobres y de los grupos que aún siguen marginados. En este chantaje moral, que viene a envolver la vida civil y, finalmente, las relaciones internacionales, la gente se apresura a creer que esa es la forma correcta de hablar y actuar: "¿Cómo pueden pasar como éticos a menos que ellos le digan qué palabras pueden o no pueden utilizar para describir a sus conciudadanos, o la forma en que sus hijos deben ser educados, o la distribución étnica de los amigos que debieran tener y la benevolencia necesaria para con ellos?"

Minogue puntualiza que los planificadores y ejecutores del Gran Proyecto nunca tendrán que decir que lo sienten. La pureza de intención es suficiente para justificar cualquier experimento social que haya ido mal: "Nuestra civilización ha sido durante mucho tiempo más bien suave al tratar con las buenas intenciones, a pesar de que la mayoría de nosotros sabemos que allanan el camino hacia el infierno." Igualmente relevante, ve la aceptación de la pura intención relacionada con la creencia de que el "idealista político-moral" tiene la "superioridad moral". Dada su supuesta preocupación por objetivos igualitarios, este reformador se percibe tan puro como la nieve. De hecho, no es de buen gusto hacer hincapié en los fracasos bien intencionados, al igual que es injusto señalar a las víctimas de sus felonías.

Sin embargo, hay tres pequeños puntos en el trabajo de Minogue que requieren aclaración. ¿Fue realmente un pequeño paso el que condujo desde el sufragio restringido al universal (madurez), una reforma ampliamente celebrada que luego fue extendiéndose a las mujeres en los países occidentales? Una voluminosa y polémica literatura entre los conservadores del siglo XIX y los liberales clásicos, entre ellos el primer ministro francés de los años de 1840, Francois Guizot, y muchos de los temas (realmente liberales) de “The Conservative Mind” de Russell Kirk, advirtieron en contra de este salto a la oscuridad.

La otra cuestión es terminológica y puede no tener presta solución, dada la pobreza de nuestro vocabulario político de moda. Minogue se refiere al gobierno de Gran Bretaña, antes de que la extensión del electorado pasara a ser "democrático", aunque menos ideologizado y programado de lo que más tarde llegaría a ser. Describir una monarquía con una representación popular limitada y un componente aristocrático como una "democracia", puede ser un poco exagerado. Por otro lado, llamar a la forma de gobierno que eso fue como un régimen pre-democrático equilibrado, y verlo bien, pueden ser algo inimaginable para muchos lectores.

Minogue también ofrece un panegírico a la "democracia liberal" desde la página 121 a la 124, y uno se pregunta por qué se ha insertado. Ciertamente, a la vista de todo lo demás que escribe en este libro sobre la democracia creando sujetos serviles, es difícil contextualizar sus declaraciones sobre cómo hemos visto el "triunfo de la libertad personal" sin comparación en la historia humana. Además, con la frase "la gente ha escapado por fin de la tutela de sus gobiernos". ¿Estamos hablando aquí acerca de la "democracia" antes de que se cayera en la dimensión político-moralista y de continua ingeniería social? ¿O lo que esto pretende es ser una descripción del régimen anglo-americano existente, que los neoconservadores ven como el mejor de los mundos posibles? Quizás estas páginas están destinadas a suavizar el tono duro de una obra que no es probable que atraiga a turistas. En cualquier caso, no se relaciona con el resto del espléndido trabajo de Minogue.


- Nota: El artículo original "" fue escrito en 2011, Kenneth Minogue murió en 2013.
- Imagen del libro “The Servile Mind” (2010)
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