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Referencia: Papeles del Psicólogo, 2012. Vol. 33(3), pp. 183-201 .
por Marino Pérez-Álvarez .

Marino Pérez-Álvarez es Psicólogo clínico y Catedrático de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos en la Universidad de Oviedo.

La Psicología Positiva: Magia Simpática, por Marino Pérez-Álvarez
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La Psicología Positiva (PsP) es probablemente el mayor movimiento dentro de la psicología en lo que va del siglo XXI. Sin embargo, a pesar  de su enorme éxito y del atractivo que, sin duda,  tienen sus temas estrella (felicidad, bienestar,  optimismo), carece  de bases científicas y filosóficas sobre las que pudiera  sostenerse con solidez. Se empieza  por señalar  que la PsP tiene un origen más acorde con un movimiento religioso que con el desarrollo  de una ciencia. Más importante, se argumenta que la PsP sufre de ciertas falacias como son una supuesta ecuación de la felicidad y el carácter inherentemente  positivo de ciertas características  psicológicas. Se argumenta, asimismo, que la eficacia  atribuida a la PsP no cuadra  con la evidencia  disponible, con particular  referencia al cáncer.  En cuanto a la psicoterapia positiva para  aumentar la felicidad y disminuir la depresión, no parece  diferenciarse  del placebo. Por más que la PsP exhibe el lado positivo, no deja de tener su lado negativo, como la división de la psicología, la tiranía de la actitud positiva y un optimismo sin escrúpulos. Con todo, la cuestión de fondo es que la felicidad no es un principio de la vida sobre el que pueda establecerse una ciencia, de acuerdo con el argumento filosófico final.


Si Adán  y Eva permanecieran en el Paraíso  serían inmensamente  felices pero  morirían  de aburrimiento, dice Kant. Lo que Kant dijo es, en realidad,  todavía  mejor:  “Es falso asimismo,  creer  que  de haber  permanecido Adán y Eva en el Paraíso,  no hubieran hecho más que estar juntos, cantar  canciones pastoriles y contemplar  las bellezas  de  la Naturaleza. En tal estado les hubiera  atormentado el aburrimiento,  lo mismo que a los demás hombres.” (Kant, 1803/2003, p. 63). Hacernos  felices es algo  que  parece  proponernos la PsP, como  pretendida ciencia  de  la felicidad  o ciencia del bienestar  (Lyubomirsky, 2008; Vázquez  y Hervás, 2009a). Sin embargo, la PsP deja mucho que desear  como ciencia  y no deja  de  tener su lado  negativo  tras su aparente inocencia.  Su pretendido  carácter  científico puede  que  sea  más  que  nada un marchamo  cientifista. Una  manera  de  encubrir  su carácter  ideológico  dentro del pensamiento  positivo tradicional  y del capitalismo consumista  actual  (Becker y Marecek,  2008; Binkley, 2011; Cabanas y Sánchez,  2012; Christopher y Hickin- bottom, 2008). Respecto a su lado negativo,  se ha seña- lado  la tiranía  que  la actitud  positiva ha  llegado  a  ser (Ehrenreich, 2011; Held, 2002; 2004). Una  legión  de “hapiólogos”,  no sólo psicólogos positivos, sino también coaches,  oradores motivacionales  y emprendedores de la industria de la autoayuda, predican  esta nueva psicología que tal parece  que estuvieran promoviendo  un tipo de religión (Larazus, 2003a).

Ser positivo y pensar  en positivo parecen  eslóganes  de buena  educación, según  ya  son lugares  comunes en las conversaciones  y disertaciones  acerca  de  cómo hay  que estar en la vida. Estos mantras  recuerdan una especie de magia  simpática de la que nos habla  James Frazer en Lrama  dorada, consistente en creer que “lo semejante produce lo semejante”  (Frazer,  1922/1981, p. 34),  para  el caso,  lo positivo como atracción  para  cosas  positivas. El éxito de ventas de El secreto de Rhonda Byrne viene a ser hoy una versión de la atracción  secreta  o simpatía  oculta entre lo semejante,  que Frazer encontraba propio de pueblos —como dice—primitivos, bárbaros y salvajes. El libro El secreto tiene su base en la “ley de la atracción”,  una su- puesta “ley de la naturaleza”, según la cual, “te conviertes en lo que más piensas”  (El secreto, p. 23 y p. 27;  Byrne, 2007). Tal pareciera que “el secreto” de nuestra felicidad estuviera en el pensamiento  positivo.

La objeción  a la PsP no implica defender  la psicología negativa,  sino la psicología,  sin necesidad  de  dividirla en positiva y negativa.  La declaración de alta  e incluso de  independencia de  la PsP dentro  de  la psicología  es ella misma otro de  sus aspectos  negativos.  El  presente artículo aborda estas cuestiones en seis partes.  La primera  recuerda  el alumbramiento  de  la PsP, por  lo que  el nacimiento  puede  decir de la criatura.  La segunda  confronta su calidad  científica y la tercera  su utilidad práctica.  La cuarta  destaca  algunos  aspectos  negativos  y la quinta cuestiona lo que tiene de positivo. La sexta muestra la insolvencia de la felicidad como para  ser principio de la vida y de la psicología.

EPIFANÍA DE LA PsP

La PsP es probablemente el mayor movimiento dentro de la psicología en lo que va del siglo XXI. Lanzada  en 2000 como un nuevo enfoque de la psicología para  el estudio de la experiencia  subjetiva positiva, de los rasgos  individuales positivos y de las instituciones positivas, para  el caso, de la felicidad y del bienestar,  la PsP se ha establecido en la academia y en la formación posgraduada, así como en la psicología popular.  De esta manera, ha dado  lugar a todo un género  literario entre científico y de autoayuda en torno a la felicidad  (“industria de la felicidad”). La justificación y razón de ser de la PsP está en promover los aspectos positivos sobre  una  base  científica, supuesto  que  la psicología tradicional  se había  centrado  en lo negativo,  señaladamente, la patología  y el sufrimiento. El estudio científico de la felicidad y del bienestar  sería la gran  novedad. Sin embargo, la PsP no es nueva  y más  que  ciencia  parece  un movimiento religioso: una epifanía.

Cuatro  revelaciones

La PsP tiene una  curiosa  historia interna,  con dos versiones, contadas  por su fundador,  Martin Seligman: una infantil y otra secreta.

La historia infantil tiene lugar en el jardín de la casa  de Seligman,  cuando  su hija de cinco años  le recrimina  al padre  lo gruñón  que es. “Esto fue para  mí una epifanía, nada menos”,  dice  Seligman  (Seligman  y Csikszent- mihalyi, 2000, p. 6). Esta epifanía  no supuso una,  sino tres revelaciones.  Seligman se dio cuenta de que criar niños es también  identificar y cultivar sus cualidades  más fuertes. También se dio  cuenta  de  que  era  un gruñón. Pero la revelación  más  importante  estaba  en  las ense- ñanzas  para  la psicología como ciencia y profesión. Por su parte,  Mihaly Csikszentmihalyi ya  había  tenido  su propia  epifanía  positiva en la Europa  de postguerra, al ver que la gente mantenía  su integridad  y sentido a pesar  del caos  alrededor (Seligman  y Csikszentmihalyi, 2000, p. 6). Previamente a la epifanía  de Seligman pero después  de la de Csikszentmihalyi ya se había  dado  la feliz coincidencia  de  ambos,  una  suerte de  serendipity, cuando  coinciden en el mismo lugar de vacaciones  en el invierno de  1997, como  revela  en  este caso  Csikszentmihalyi. Ambos “sintieron que la psicología  había  llega- do a ser un tanto aburrida y miopemente centrada en la patología.” (Csikszentmihalyi, 2003, p. 113).  El resto ya fue la PsP que florece en nuestros días.

La historia secreta,  el “verdadero motivo por el que se inició la psicología  positiva se ha  mantenido  en secreto hasta  ahora”, que  lo desvela  el propio  Seligman  en 2011, en  el primer  capítulo  de  La vida  que  florece. Cuando  fue elegido presidente  de la APA en 1997, entre los muchos correos recibidos, recibió uno misterioso que decía:  “¿por qué no vienes a verme a Nueva York?”, firmado  con unas  iniciales. Resultó ser un abogado de  la fundación Atlantic Philantropies, establecida  por el billonario Charles Feeney para  financiar proyectos filantrópicos. La fundación estaba interesada en ganadores, como Seligman,  quien  aprovechó  para  contarles  la iniciativa de la PsP. “Al cabo  de un mes recibí —dice Seligman— un cheque de 1,5  millones de dólares”  con lo que empezó a avanzar” (La vida que florece, p. 22). Pensar en la PsP y recibir un cheque  millonario parece  un ejemplo de la ley de la atracción  en la que tiene su base  El secreto y un testimonio del tipo de los que figuran en este libro.

Además de desvelar el secreto de este filántropo anónimo,  nos  cuenta  lo que  podría  parecer  una  revelación más: el nacimiento de una nueva teoría. Ahora en 2011, en La vida que florece, la PsP ya no tiene como centro la felicidad, como había  promulgado  que era en el libro de 2002  La auténtica  felicidad.  En el lugar  de la felicidad, en La vida que florece pone  la teoría del bienestar,  centrada  en el crecimiento personal. El “constructo del bienestar,  no la entidad  de la satisfacción con la vida, es el tema central de la psicología positiva” (La vida que flore- ce, pp.  30-31). Y los elementos del bienestar  son cinco: la emoción positiva (la vida placentera), la entrega  (fluir, estar entregado al momento presente),  el sentido (el significado para  la vida de uno), los logros (consecuciones buscadas por  su “valor intrínseco”) y las relaciones (los demás).  Como si de una  encíclica del Papa se tratara, Seligman proclama ahora con toda  solemnidad que  ha desarrollado una nueva teoría del bienestar: “Ahora considero  que el núcleo de la psicología positiva es el bienestar, que el patrón  de oro para medir el bienestar es el crecimiento personal y que el objetivo de la psicología  positiva es aumentar  dicho  crecimiento.”  (La vida que florece, p. 28).

La vida  que  florece cuenta  el florecimiento de  la PsP, cómo se ha  extendido  a  la educación, a  la salud,  a  la política y al ejército. Podría  sorprender  la aplicación  de la PsP (felicidad y bienestar)  al entrenamiento  del ejército, pero es uno de sus últimos florecimientos. Aprovecha Seligman en este libro para  “justificarse” por el “maltrato” de animales  sobre  el que desarrolló  y floreció en su día  la teoría  de la indefensión  aprendida. “Me costaba lo indecible  infligir sufrimiento a  los animales,”  dice (La vida que florece, p. 220).

Vino viejo en odres  nuevos

Más allá de esta historia personal,  lo cierto es que la PsP no es nueva: ni su doctrina ni su nombre, sino “vino viejo en odres nuevos” (Kristjánsson, 2012). De hecho, el éxito de la PsP para  calar tan pronto es que llueve sobre moja- do. El terreno propicio sobre el que impregna  la PsP no es otro que la cultura religiosa tradicional estadounidense secularizada como “pensamiento  positivo” y propagada co- mo literatura de autoayuda (Cabanas y Sánchez,  2012). El propio nombre  “psicología positiva” surgió en el con- texto de la psicología humanista, en un libro de Abraham Maslow de 1954, en un capítulo titulado “Toward a Positive Psychology” (Froh, 2004). Lo que ocurre es que los psicólogos  positivos no se quieren identificar, ni que  los identifiquen, con esta tradición: ni con el movimiento del pensamiento  positivo, ni con la psicología  humanista. La PsP es una nueva ciencia, tal es el marchamo  que exhiben. Ya en la carta fundacional de la PsP, Seligman y Csikszentmihalyi, si bien reconocen un antecedente  en la psicología humanista, lamentan, sin embargo, que ésta “no se ocupó mucho de su base empírica y se desperdigó en una miríada de movimientos de autoayuda” (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000, p. 7).

Reconocidos seguidores de la PsP en España se desmarcan también de esta  tradición.  Así, por  ejemplo, Gonzalo  Hervás dice que la PsP “no tiene nada que ver con el extendido  movimiento de  “pensamiento  positivo” en Norteamérica” (Hervás, 2009, p.  25). Beatriz Vera Poseck poco menos que jura que “La psicología  positiva no es … un movimiento filosófico ni espiritual, no pretende promover el crecimiento espiritual ni humano  a través de métodos dudosamente establecidos. No es un ejercicio de autoayuda ni un método mágico para  alcanzar la felicidad.” (Vera Poseck, 2006, p. 4, cursiva en el original). Lo  cierto es,  sin embargo,como muestran Edgar Cabanas y José Carlos Sánchez, en este mismo número, que la PsP tiene sus raíces en lo que estos autores llaman individualismo “positivo”, desarrollo de un proceso de secularización  de la metafísica post-calvinista estadounidense que se abre  paso  a través de la literatura de auto- ayuda  y alcanza hoy la floreciente industria  de  la felicidad (Cabanas y Sánchez,  2012; véanse  en el mismo sentido Becker y Marecek, 2008; Christopher  y Hic- kinbottom, 2008; Ehrenreich,  2011; Fernández-Ríos  y Novo, 2012).

No es de extrañar  que la teología pastoral  haya  encontrado afinidad  con la PsP, por ejemplo, en el ejercicio de la  gratitud,  de  estirpe  bíblica.  “Daré  gracias  al  Señor con todo mi corazón;  contaré  todas tus maravillas”, dice el Libro de  los Salmos  (Moschella, 2011, p.  7).  Otros ejercicios,  además  de  la gratitud,  como  el perdón  y el escrutinio de pensamientos  negativos,  derivan  del movi- miento de  la cura  mental de  origen  religioso.  Donde  el calvinista combate  pensamientos  pecaminosos,  el pensador positivo combate  pensamientos  negativos.  Todas es- tas  practicas,  dice  Catherine  Albanese,  se basaban en una  idea  que,  sin duda,  “guarda mucha relacion con el pensamiento  magico [medieval], segun el cual, una imaginacion entrenada y controlada  permitia actuar  e influir sobre  el mundo,  actividad  que  se mostraba  como  una forma efectiva de atraer  deseados y milagrosos cambios hacia  uno mismo” (citada por Cabanas, 2011, p. 26). Por sus contenidos, pero también por su defensa  ante los críticos, “parecen  estar  promoviendo  una  religión”,  dice Lazarus, “una visión desde lo alto, que está falsamente revestida de una llamada  a la ciencia que nunca se materializa.” (Lazarus, 2003a, p. 176). “Puede ser ilustrativo —dice en este caso  Prieto-Ursúa— que  una  de las fundaciones  que más promueve y sufraga  los estudios sobre psicología positiva, The John Templeton Foundation, fue fundada  para  ‘promover la apreciación de la importancia crítica […] de las dimensiones moral y espiritual de la vida […] ¿qué puede  la investigación contarnos  sobre Dios, sobre la naturaleza de la acción divina en el mundo, sobre su significado y propósito? ¿Qué insight espiritual se puede  obtener del modo en que la ciencia desvela aspec- tos de la naturaleza y de la creatividad humana?‘” (Prieto- Ursúa, 2006, p. 325).  Importante para  la John Templeton Foundation debe ser la investigación  de  Seligman  para que le ofreciera  recientemente 6.000.000 millones de dólares (Binkley, 2011, p. 374).

Por otro lado, tampoco es de extrañar  la deriva en literatura de autoayuda que ha tomado la PsP. Los propios líderes  escriben  libros de  autoayuda, empezando por Seligman, con La auténtica felicidad de 2002, cuyo subtítulo-reclamo ya es autodeclarativo: “La nueva psicologia positiva revoluciona  el concepto  de  felicidad  y señala  el camino para  conseguirla.”  y La vida que florece, cuya primera línea dice, “Este libro le ayudará a crecer a nivel per- sonal.” (p. 15). Csikszentmihalyi ya había  escrito en 1990 Fluir (Flow), subtitulado en español  “Una psicología  de la felicidad”,  donde  explica  cómo conseguir  la experiencia óptima (Csikszentmihalyi, 2005). Sonja Lyubomirsky en La ciencia  de  la felicidad  ofrece “un método  probado para conseguir la felicidad” (Lyubomirsky, 2008).

Si los propios  líderes están en el negocio,  ni que decir tiene de la ingente “literatura basura”  que vive de la “industria de la felicidad”, no importa que la escriban  célebres  psiquiatras,  psicólogos  o economistas.  De hecho, resulta difícil diferenciar  la literatura de autoayuda de la supuesta  literatura  científica de la PsP (Cabanas, 2011), tanto por las estrategias  narrativas,  como por la doctrina de la felicidad  que  predican. 

La estrategia  narrativa  de los líderes científicos de la PsP citados, no desdice de las “estrategias narrativas para promesas terapéuticas” características del género  de autoayuda: el lector protagonista,  la  estructura  apelativa  del  texto buscando  su complicidad  como “amigo  invisible”, etc. (Viñas Piquer, 2012). Tocante a la doctrina  propagada, no es tan fácil distinguir lo que dice, por ejemplo, el Dalai Lama (1999) en El arte de la felicidad de lo que dice Seligman en La auténtica felicidad, al margen  de que el expresidente  de la APA pueda  estar encantado con la comparación con el líder del Tibet, de gurú a  gurú (Tabla 1). La solución en Cabanas (2011, p. 67).



- Artículo relacionado sobre Marino Pérez-Álvarez en este blog.
- Los libros referenciados en el texto ocupan demasiado para el formato de este blog, así que indico al lector interesado vaya al final del artículo original para tal información.
- imagen.1. autor anónimo, combinada.
- imagen.2. tabla 1, extraída del original.
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