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» » Pensar en un idioma extranjero podría influir en su juicio moral

Referencia: Wired.com .
por Brandon Keim, 19 mayo 2014

¿Matarías a una persona para salvar a cinco?

Este cruel dilema enfrenta el principio moral de no matar contra la simple matemática: Cinco es mayor que uno. Pero, presumiblemente, este es un dilema que cada persona resuelve de la misma manera sin verse afectado por cosas superficiales como el idioma en el que se le presenta. Después de todo, nos gusta pensar que nos regimos por un código moral consistente.


Sin embargo, los psicólogos dicen que eso no siempre es así. En una serie de experimentos, encontraron que las personas que se enfrentan a este dilema de uno-por-cinco, eran mucho más tendentes a hacer una elección utilitaria a la hora de contemplarlo en una lengua extranjera.

"Tendemos a pensar que nuestras decisiones éticas reflejan algo fundamental acerca de quiénes somos", apuntaba el psicólogo Boaz Keysar de la Universidad de Chicago, co-autor del nuevo estudio publicado el 23 de abril en la Biblioteca Pública de la Ciencia ONE. "Seguramente pienses que de ninguna manera dependerá de una cosa tan aparentemente irrelevante como si se está utilizando su lengua materna, o no. Pero sí que importa."

Los resultados se ajustan a un creciente cuerpo de investigación que cuestiona la toma de decisiones, ya que implica la interacción de diversos mecanismos psicológicos: uno que es instintivo y emocional, y otro que es deliberativo y calculador.

Hace dos años, los investigadores dirigidos por Keysar, encontraron que la gente que piensa en una segunda lengua tienden a ser más desapasionados respecto a la toma de riesgos. Una cierta falta de fluidez parecía alentar a la deliberación, amortiguando las reacciones emocionales ante la idea de perderse .

En el nuevo estudio, volvieron su elección hacia decisiones morales, en particular, a una variación del clásico experimento mental llamado el dilema del tranvía [wiki]. En la formulación original, se les pide a los examinados imaginar que un tranvía fuera de control se dirige hacia cinco personas atadas a la vía. ¿Sería mejor mover una palanca que desviara el tranvía hacia otra vía, donde hay sólo una persona atada a la vía, en lugar de que mate a cinco?

En la formulación utilizada por Kesyar, ese dilema se hace aún más visceral: Se preguntó a los sujetos si empujarían a un hombre por un puente-pasarela sobre las vías para hacerlo descarrilar y así detener la marcha del tranvía. Esta es una elección muy influida por las emociones. Las personas que dicen que tomarían la utilitaria decisión de mover la palanca a menudo se oponen a lo del puente. Si el lenguaje afecta de hecho al procesamiento emocional, razonaba Keysar y sus colegas, eso entonces influiría en la decisión.

Decisión utilitaria ante los dilemas del tranvía (izquierda) y la pasarela (derecha), dada su presentación en su lengua materna (gris oscuro) o segunda lengua (gris claro). Imagen. Costa et al / PLoS ONE.
Y eso es precisamente lo que encontraron. Entre los 317 estudiantes, hombres y mujeres, había quienes hablaban inglés como primera lengua y español como segunda, así como hablantes de coreano/inglés, inglés/francés e inglés/hebreo, de todos ellos un 20% tomó la decisión utilitarista cuando leyeron el dilema en su lengua materna, pero la cifra se elevó al 33% cuando lo leyeron en su segundo idioma .

"La gente reacciona visceralmente ante la idea de usar a alguien como una herramienta para salvar a otros", señaló Keysar. "Y si tenemos en cuenta la diferencia en un idioma extranjero, la reacción tiene tintes menos viscerales"

El coautor del estudio, Albert Costa, científico cognitivo de la Universidad Pompeu Fabra, en España, realizó el mismo experimento con independencia de Keysar, y decidieron co-publicar después de enterarse de cada trabajo, junto a 725 estudiantes que hablaban inglés y español, descubriendo un efecto aún más pronunciado. Un total del 44% de los estudiantes empujaría a un hombre a la muerte cuando se le preguntó en una lengua extranjera, en comparación con sólo el 18 por ciento en su lengua materna.

Las ciencias sociales han sido a veces criticadas por exagerar los hallazgos que no han podido ser reproducidos más tarde, pero este estudio es sólido, afirmó Fiery Cushman, psicólogo de la Universidad de Brown, especializado en las decisiones morales y que no participó en el estudio. Que los efectos sean tan robustos, y que lo descubrieran de forma independiente en dos grandes grupos de personas, sugiere que son reales.

Cushman enmarca el estudio como una ventana dentro de la dinámica de la toma de decisiones. Para el futuro, dijo, queda saber si estos efectos lingüísticos reflejan algo más profundo acerca de los enfoques que toma la gente para hacer juicios morales en circunstancias más ordinarias.

Los investigadores todavía no saben exactamente por qué los examinados reaccionaron de esta manera. Algo en el pensamiento de un segundo idioma puede haber reducido la excitación emocional, o tal vez el reto de comunicarse en una lengua menos familiar alienta más la deliberación.

"Llegados a este punto sólo podemos especular", dijo Keysar. Pero otro experimento en el estudio parece más consistente con la interpretación  reductora de las emociones. El grupo de Costa presentó a los estudiantes el clásico dilema del maldito cambio de palanca. Independientemente de la lengua, sus elecciones fueron casi idénticas. Si una lengua extranjera promueve la deliberación, se habría esperado que más estudiantes hicieran la calculada elección utilitaria.

Cathleen Caldwell-Harris, psicóloga de la Universidad de Boston que se especializa en el bilingüismo y actualmente está llevando a cabo su propio estudio sobre la toma de decisiones, señaló que tanto la evidencia anecdótica como la investigación previa apoyan la idea de que los segundos idiomas tienden a tener menos resonancia emocional.

Algunos estudios han encontrado que las palabras soeces en un idioma extranjero parecen menos ofensivas, y que las frases cargadas de emoción evocan menos excitación fisiológica. En la terapia, la gente informa a veces que usan una lengua extranjera cuando quieren mantener una distancia deliberativa, apuntaban Caldwell-Harris, y que cambian a su primera lengua cuando la emoción les cautiva.

No importa lo que es el lenguaje, dijo Caldwell-Harris: Es una consecuencia de la forma en que aprendemos. Nuestra lengua materna es aquella en la que nuestras emociones guardan su forma básica, en la que solemos tener nuestras primeras interacciones, argumentos y amores. Sus palabras simplemente tienen una mayor asociación emocional. Y conforme nos afianzamos con verdadera fluidez en otra lengua, dice, con el tiempo llegará también a ser más emocional.

Un análisis más detallado de los nuevos hallazgos parecen apoyar esta interpretación. Las personas con un alto dominio de su segunda lengua son menos propensos a elegir la opción utilitaria de empujar al hombre de la pasarela, que los de dominio menos fluido. Aún así, Keysar advirtió frente a las conclusiones.

También queda por ver cómo este efecto podría desarrollarse en otros tipos de decisiones morales, o en diferentes situaciones, dice Sayuri Hayakawa, otro psicólogo de la Universidad de Chicago y coautor del estudio. "¿Cómo afecta a la toma de decisiones jurídicas? ¿Y a las médicas?"

De momento, dijo Keysar, "es realmente importante que, incluso si la gente no sabe exactamente qué esperar del uso de un idioma extranjero, por lo pronto se dan cuenta que puede afectar a sus decisiones."


- Imagen.1. Esquema del dilema del tranvía y su variante la pasarela .
- Imagen.2. Decisión utilitaria ante los dilemas del tranvía (izquierda) y la pasarela (derecha), dada su presentación en su lengua materna (gris oscuro) o segunda lengua (gris claro). Imagen. Costa et al / PLoS ONE.
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