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» » » Cuando dos virus terminan siendo el mismo

Referencia: Madri+d.org .
por Miguel Ángel Jiménez Clavero, 7 abril 2014

Puede que no lo crean, pero en el post que viene a continuación se habla de Crimea, de Samarcanda, de la ruta de la seda, de la 2ª Guerra Mundial, de la Guerra Civil Española, de garrapatas, de focas, del ejercito rojo, de Israel, de la India, del Congo Belga (sin rumberos, esos son del “combo” no del “Congo”), de la Fundación Rockefeller, de perdices, de mosquitos,  de pavos … y todo ello sin apartarnos de nuestro ámbito, el de los virus emergentes ¿que no es posible? Sigan leyendo y verán.

Rotavirus. de Wikipedia
Que el asunto de los nombres de los virus tiene tirón  es algo que noté desde que publiqué en este blog un post titulado El virus “Sin Nombre” y los nombres de los virus, que fue muy bien recibido por los lectores. En aquella ocasión terminé con la promesa de seguir hablando de los nombres de los virus asi:
Nos dejamos quizá para otra ocasión casos igualmente interesantes de problemas en la denominación de los virus. Dos me parecen destacables: por un lado, los virus “sinónimos” (aquellos que han recibido distintos nombres pese a acabar demostrándose que eran el mismo virus), y por otro, las traducciones de los nombres de los virus que toman como denominación un topónimo.
En el post de hoy voy a cumplir con la primera parte: hablaré de cuando nos damos cuenta que dos virus son en realidad el mismo, y por tanto, los nombres con que eran conocidos se convierten en “sinónimos“, y en ocasiones, se unifican ambos nombres en uno solo.

Virus para los que Crimea no está tan lejos del Congo

En 1944-45 se produjo un brote de una enfermedad hemorrágica en unos 200 militares soviéticos sirviendo en la península de Crimea, devastada por la 2ª Guerra Mundial. El agente causal de esta enfermedad, que recibió el nombre de “fiebre hemorrágica de Crimea“, no fue identificado hasta mucho más tarde, cuando en 1967 el virólogo soviético Mijail Chumakov logró aislar el virus de un paciente que murió a causa de la enfermedad cerca de Samarcanda, la legendaria ciudad, enclave central de la antigua ruta de la seda entre Europa y Asia.

Mientras tanto, a unos 7.000 kilómetros de allí, ocurría algo que en principio no guardaba relación alguna con el episodio anterior: En 1956, un médico llamado Courtois aisló un virus de un paciente en el Hospital provincial de Stanleyville (hoy Kisangani), en lo que entonces era el Congo Belga, hoy República Democrática del Congo. El virus se envió al Laboratorio de Virus de la Fundación Rockefeller en Nueva York. Esta fundación había puesto en marcha en 1950 un ambicioso programa de investigación sobre virus dañinos para el hombre, montando laboratorios de virología en la India, Sudáfrica, Brasil, Colombia, Trinidad, Egipto y Nigeria, y financiando estudios dirigidos a identificar y clasificar virus  por todo el mundo. Fue en esa época cuando se desarrollaron los métodos “clásicos”, esencialmente inmunológicos, que permitían caracterizar las cepas víricas y compararlas entre sí, estableciéndose los primeros grupos por afinidades serológicas, llamados “serogrupos“. Este era el motivo de que recibieran el virus aislado en el Congo por Courtois. En una primera instancia, al compararlo con los demás virus recogidos en la colección hasta el momento, solo se halló parecido con otro virus procedente de Uganda. Hasta ahí todo normal.

Hyalomma marginatum, una de las especies
de garrapatas que transmiten el virus de la fiebre
 de Crimea-Congo (Fuente: Wikimedia Commons)
Pero en 1967 Chumakov tuvo la ocurrencia de enviar  aquél virus que había aislado de un paciente con “fiebre hemorrágica de Crimea” al mismo laboratorio de la Fundación Rockefeller, donde cayó en manos del Dr. Jordi Casals. Este extraordinario virólogo de origen español (nació en Gerona en 1911, completó sus estudios de medicina en Barcelona en 1934, pero la Guerra Civil Española le hizo salir del país, como a muchos otros, desarrollando una brillantísima carrera en Estados Unidos). Casals examinó la muestra de Chumakov, la comparó con los demás virus de la colección y…¡sorpresa! resultó ser prácticamente idéntico al virus hallado en el Congo en 1956 por Courtois. Ello condujo a unificar los dos nombres en uno: “virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo” (iniciales en inglés: CCHFV). Así fue como dos virus acabaron siendo el mismo. El CCHFV es un virus extremadamente patogénico para el hombre, en el cual causa una grave enfermedad hemorrágica con un elevado índice de mortalidad, que puede llegar a alcanzar el 50% de los casos clínicos. El CCHFV es transmitido por picadura de garrapatas, principalmente de la familia Ixodidae, género Hyalomma.

El CCHFV presenta una distribución geográfica que abarca amplias zonas de África, Asia y Europa, como se puede observar en la siguiente imagen de la web de la Organización Mundial de la Salud.
Distribución geográfica del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (CCHFV). Fuente: OMS

Cada año se registran alrededor de 1.000 casos de infección por CCHFV en Europa de Este, los Balcanes y Turquía, y esta cifra va aumentando en los últimos años, probablemente con el incremento de la presencia de su principal vector, las garrapatas de género Hyalomma. Se trata de un patógeno emergente que causa preocupación en Europa por el alto indice de mortalidad que produce y por no existir vacunas ni tratamientos eficaces, además de que es capaz de contagiarse de persona a persona, y el riesgo de  transmisión entre el personal sanitario al cuidado de los enfermos es elevado si no se toman medidas de bioseguridad específicas. Es precisamente este aspecto de la bioseguridad el que dificulta el progreso en la investigación sobre el CCHFV, pues se trata de un patógeno de nivel 4, es decir,se requieren instalaciones del máximo nivel de biocontención (P4) para manejarlo en condiciones adecuadas de bioseguridad, y esas instalaciones son escasas: Hay 42 instalaciones de este tipo en el mundo. En Europa hay unas 15, casi la mitad están en Alemania. Países como España,  donde no existen instalaciones P4, dependen de la buena voluntad y colaboración con otros países que si cuentan con estas instalaciones en caso de necesitar investigar brotes o emergencias sanitarias producidas por patógenos P4 como el CCHFV. Por razones obvias, sin embargo, sería muy razonable poder contar con este tipo de instalaciones en nuestro país, pues nos permitirían no sólo investigar sobre este tipo de agentes (entre los que se incluyen los virus más patógenos para el hombre, como son los virus ébola, Marburg y lassa, además del propio CCHFV), sino, sobre todo, realizar con la debida independencia las actuaciones necesarias en materia de salud pública en el caso de que producirse alertas sanitarias por estos patógenos en nuestro territorio. Como no tengo espacio para extenderme más sobre este tema aquí, prometo dedicar un futuro post en este blog a la bioseguridad y la biocontención en los laboratorios que manejan agentes infecciosos.

 De porcinos y leones marinos

En 1932 se detectó en una granja de cerdos del Sur de California lo que parecía un brote atípico de fiebre aftosa (una enfermedad de efectos devastadores sobre el ganado de pezuña hendida). Mientras se sucedían los brotes en más granjas porcinas, incluso muy distantes de la primera, se concluyó que el causante no era el virus de la fiebre aftosa, sino un virus distinto, que recibió el nombre del virus del exantema vesicular porcino (VESV por sus iniciales en inglés). Las medidas de control implementadas en aquel entonces, y que no han variado mucho hasta ahora (esencialmente el sacrificio obligatorio de los animales afectados, la desinfección de las granjas afectadas, y la restricción de movimientos de ganado y de productos animales de las zonas afectadas) lograron controlar estos brotes, aunque siguieron produciendose esporádicamente en granjas porcinas de California (llegó a llamarse “la enfermedad de California”). Pero 20 años después hubo un gran brote de exantema vesicular porcino en Nebraska, a unos cuantos miles de kilómetros de California. Las investigaciones efectuadas condujeron a otra granja en Cheyenne, Wyoming, que había alimentado a los animales con desperdicios de un tren procedente de California. La enfermedad se extendió rápidamente hacia el Este. Se declaró emergencia nacional y se establecieron medidas para su erradicación, que rindieron su fruto, ya que el último vestigio de la enfermedad se observó en 1956, y tras un período adicional de 3 años sin ocurrir nuevos brotes, fue declarada erradicada de los Estados Unidos.

En 1972, es decir, trece años después de la “erradicación” del exantema vesicular porcino de los EE.UU., ocurrió un hecho notable e inesperado: en el curso de la investigación de una enfermedad que afectaba a una colonia de leones marinos californianos (Zalophus californianus) de la Isla de San Miguel, del grupo de islas del Canal de California, se aisló un virus, que fue denominado -en un alarde de imaginación, hay que decir- “virus del león marino de San Miguel” (SMSV por sus iniciales en inglés) y que resultó idéntico al causante del exantema vesicular porcino. Se inoculó el SMSV experimentalmente en cerdos comprobándose que causaba una enfermedad indistinguible del exantema vesicular porcino en esta especie animal. Se han producido desde entonces nuevos brotes de esta enfermedad vírica en los leones marinos de California, aislándose el virus SMSV repetidamente. Nunca más se ha aislado el virus a partir de cerdos, pero en los textos de virología todavía se conservan los dos nombres, VESV y SMSV, como miembros de la familia de los calicivirus (virus “con forma de cáliz”). Forman parte de un grupo más numeroso de calicivirus que afectan a mamíferos marinos. Su reservorio natural podrían ser distintas especies de mamíferos marinos, y del salto de una especie a otra podría surgir cierto grado de patogenicidad, puesta de manifiesto en los leones marinos y eventualmente en el cerdo. Es este un caso curioso de virus “emergente” casi literal, desde las profundidades marinas a tierra firme. Los estudios epidemiológicos y moleculares sugieren que hubo varias introducciones distintas (varias “emergencias”) en la especie porcina en California durante las décadas en que esta enfermedad fue activa en aquel territorio.

León Marino californiano. (Fuente: Wikimedia commons).
Bagaza y meningoencefalomielitis de los pavos de Israel

El ultimo de los tres casos de virus “sinónimos” que voy a contar conlleva cierto atrevimiento por mi parte, y me explico: hasta hora he intentado evitar contar cosas de mi propio trabajo en este blog, más que nada porque pienso que no tienen un interés especial, no más que otros muchos trabajos que hacemos a diario los virólogos. Pienso que una tentación muy fuerte que tenemos los que trabajamos investigando y queremos además divulgar la ciencia es acabar “divulgando” nuestro trabajo. Y hay que ser honesto y reconocer que el  interés sesgado que tenemos por nuestro trabajo no tiene por qué estar presente en el público que nos lee. En otras palabras, que podemos acabar aburriendo al más empedernido de nuestros lectores. Sin embargo, voy a hacer una excepción y a contar un caso en primera persona por primera vez aqui, en este blog, porque creo que este caso puede resultar entretenido e ilustra perfectamente el tema de hoy. Espero que me perdonen los lectores el atrevimiento y sobre todo espero que no se aburran mucho

El virus Bagaza (abreviado: BAGV) es un miembro poco conocido de la familia de los flavivirus (que incluye, entre otros, a los virus del dengue, la fiebre amarilla, o el virus West Nile). Fue descrito por primera vez en 1966 en mosquitos de la localidad de Bagaza (de donde toma el nombre, otra vez esa imaginación…) en la República Centroafricana. Desde entonces se ha aislado en distintas ocasiones a partir de mosquitos de diversas localidades del África subsahariana y, curiosamente, de la India. No se conocía si este virus podría afectar a vertebrados, ni se conocía(n) su(s) hospedador(es) natural(es). Esto era así hasta que en 2010 este virus se detectó en perdices y faisanes enfermos en la provincia de Cádiz (si, si, Cádiz, España). En verano de 2010 se habían registrado los primeros casos en España de encefalitis equina por virus West Nile (acompañados por algunos casos humanos), que ocurrieron en Andalucía (sobre todo en Cádiz). Al tiempo se detectaron casos de una enfermedad grave, con una elevada mortalidad, en perdices rojas y faisanes comunes en libertad en la misma provincia, por lo que en seguida se pensó que podrían tener que ver con la circulación del virus West Nile en la zona. Sin embargo, los análisis efectuados en el Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete, del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, dieron como resultado la identificación de otro flavivirus distinto del esperado West Nile: el virus Bagaza, un virus bastante desconocido, por cierto. Estábamos ante un típico episodio de enfermedad emergente en un nuevo territorio: España, y por ende, Europa. Los parientes más cercanos de este virus se habían detectado en Centroáfrica y en la Índia…

Perdiz roja (arriba)
y faisan común (abajo)
El virus fue rápidamente aislado y secuenciado completamente en un trabajo en colaboración entre el grupo del LCV y el nuestro en el CISA (Centro de Investigación en Sanidad Animal, del INIA) lo cual, entre otras cosas, confirmó la relación estrecha que podía haber entre nuestro virus y otro flavivirus muy patógeno en pavos de granja, endémico en Israel, y conocido como virus de la meningoencefelomielitis de los pavos de Israel (abreviado: ITV), en otro alarde de imaginación. Inciso: he dicho “confirmó” la relación, porque ésta ya había sido sugerida en trabajos previos realizados con un número muy limitado de secuencias nucleotídicas parciales disponibles. Esta disponibilidad limitada de secuencias era el principal problema a la hora de asignar una relación entre ambos virus, que se establece por comparación a nivel genético, método que se emplea actualmente para estos fines (recordemos el caso del CCHFV relatado antes, donde se utilizaban métodos serológicos para establecer parecidos/identidades entre virus).

Esa limitada disponibilidad de secuencias tenía arreglo, pero para ello debíamos ponernos en contacto con colegas israelíes que tuvieran acceso a los virus ITV aislados en su país, donde el virus se describió por primera vez a finales de los años 50 del siglo pasado, y la enfermedad que produce es de sobra conocida por los criadores de pavos. En Israel se desarrolló una vacuna que sigue empleándose en la actualidad para proteger a los pavos de la enfermedad. Fuera de Israel, la meningoencefalomielitis de los pavos  solo se ha descrito en otro lugar: Sudáfrica, en los años 80.

Fruto de la colaboración con investigadores del Instituto Veterinario Kimron, de Israel, que nos enviaron las muestras necesarias, pudimos realizar un análisis completo de la secuencia de cinco aislados de ITV israelíes. El resultado no dejaba lugar a dudas: el virus Bagaza era la misma especie vírica que el virus de la meningoencefalomieitis de los pavos de Israel. De nuevo, dos virus considerados hasta entonces diferentes terminaban siendo el mismo. En este caso, que ha sido publicado recientemente como suele hacerse con este tipo de hallazgos (véase el siguiente enlace)  el nombre aún no ha sufrido modificaciones, aunque en la publicación hemos propuesto reunir los dos nombres en uno: virus de la meningoencefalomieitis aviar, pero para cambiar los nombres de los virus hay que seguir un procedimiento que establece el ICTV (Comité Internacional para la Taxonomía de los Virus), y que estamos iniciando, y cuyos pasos previos, los estudios que se han relatado aqui, y que han sido publicados recientemente, ya se han dado.

El asunto de los nombres de los virus puede parecer baladí, pero como se ilustra muy bien en este último ejemplo, tiene una vertiente muy útil, porque se trata de establecer la identidad de los virus. Por ejemplo, ha sido muy útil establecer la identidad existente entre el BAGV y el ITV porque sabiendo que hay una vacuna ya desarrollada para uno de ellos, es evidente que ésta protegerá igualmente frente al otro virus, y que esta situación es más favorable que si no existiera vacuna. También hemos aprendido algo sobre los hospedadores naturales del virus Bagaza: son determinadas especies de aves, en particular fasiánidos (perdices, faisanes, pavos, etc). También hemos completado un poco más el rango geográfico de este virus, que no solo abarca el África Subsahariana y la India, sino también Israel, Sudáfrica y recientemente el Sur de España (aunque hay que decir que de 2010 acá la situación ha ido mejorando. No obstante, se sigue vigilando la zona para detectar el virus o señales de su circulación).


- Bibliografía de interés:
- Whitehouse, C.A. Crimean-Congo Haemorrhagic fever. Antiviral Research 64 (2004) 145–160. (Revisión sobre la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo).
- Bankowsli, R.A., Sawyer, J.C. Vesicular exanthema of swine and marine calicivirus infections. In Beran, J.W. (ed.) Handbook of zoonoses (Section B, Viral zoonoses), 2nd ed. CRC Press, Boca Ratón, Florida, 1994. (Historia del virus del exantema vesicular porcino y su relación con el virus del león marino de San Miguel).
- Agüero M, Fernández-Pinero J, Buitrago D, Sánchez A, Elizalde M, San Miguel E, Villalba R, Llorente F, Jiménez-Clavero MA.Bagaza virus in partridges and pheasants, Spain, 2010. Emerg Infect Dis. 2011, 17(8):1498-501. doi: 10.3201/eid1708.110077 (Primera descripción del virus Bagaza en España).
- Fernández-Pinero J, Davidson I, Elizalde M, Perk S, Khinich Y, Jiménez-Clavero MA. Bagaza virus and Israel turkey meningoencephalomyelitis virus are a single virus species. J Gen Virol. 2014, 95(Pt 4):883-7. doi: 10.1099/vir.0.061465-0. (Estudio sobre la identidad genética de los virus BAGV e ITV).
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