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LA CIENCIA ECONÓMICA VS. LA ECONOMÍA MATEMÁTICA
por Juan Carlos Cachanosky

Si bien J. B. Say, N. W. Senior, J. S. Mill, J. E. Cairnes y C.Menger (108) ya habían señalado el carácter apriorístico de la ciencia económica, la fundamentación más sistemática y concisa fue dada por L. von Mises. (109) Este economista ha demostrado que la economía pertenece a una ciencia más amplia: la praxeología, y que todos los teoremas praxeológicos, y por lo tanto económicos, pueden deducirse de la categoría de acción. “Todos los conceptos y teoremas de la praxeología están implicados en la categoría de acción humana. El primer paso es extraerlos y deducirlos, exponer sus implicaciones y definir las condiciones universales de la acción como tal.”(110). Pero como el propósito de toda teoría es conocer la realidad, el segundo paso consiste en restringir la investigación al estudio de la acción en aquellas condiciones que la realidad le impone al hombre. Por ejemplo:
"La desutilidad del trabajo no es una realidad categórica y apriorística. Podemos, sin contradicción, pensar en un mundo en el que el trabajo no cause molestia, y podemos describir la situación que prevalecería en ese mundo. Pero el mundo real está condicionado por la desutilidad del trabajo. Sólo los teoremas basados en el supuesto de que el trabajo es una fuente de malestar son aplicables para la comprensión de lo que ocurre en este mundo".(111)
Esta apelación a la experiencia no cambia el carácter apriorístico de la economía. Su función es simplemente restringir el campo de estudio de la acción humana a aquellos problemas que se consideran de interés por razones prácticas.

Si los teoremas económicos no pudieran reducirse a últimos fundamentos, i.e., a proposiciones a priori, entonces la teoría económica sería imposible, ya que la falta de regularidad y de control de las variables hace imposible su contrastación empírica. Los modelos económicos matemáticos no sólo parten de supuestos o premisas que no son apriorísticos, sino que además son irreales. Si el modelo parte de premisas realistas pero probables, o sea que puede haber otras premisas igualmente realistas que den lugar a otros modelos, entonces se necesitará de la contrastación empírica para decidir entre dos modelos alternativos pero, como vimos, esto es imposible en las ciencias sociales.

De esta manera, los modelos de economía matemática no pasan de ser hipótesis no contrastables; jamás se puede decidir entre un modelo u otro. Vale la pena reiterar que aun cuando se obtenga un alto grado de correlación estadística entre las variables del modelo esto no prueba que las relaciones causales sean las reales. Para lograr construir un modelo económico matemático realista y verdadero al mismo tiempo, las premisas de las que parta deben ser necesariamente ciertas, i.e., a priori.

Sin embargo, el economista matemático, al formular su modelo, se ve forzado a introducir supuestos irrealistas que le exige el mismo uso de las herramientas matemáticas. Esto se debe a que las proposiciones verbales no son siempre traducibles a proposiciones matemáticas a menos que se cambien el significado y naturaleza de la proposición. Hay economistas para los cuales la introducción de supuestos irrealistas no es un problema si éstos permiten desarrollar teoremas con capacidad de predicción. (112)

No parece haber mucha diferencia entre las explicaciones teóricas que pretende dar esta posición epistemológica y aquellos que consultan a una gitana para que les diga el futuro tirando las cartas o leyéndoles las manos ; o con la astrología que pronostica el futuro de las personas estudiando la situación y aspecto de los planetas. El objetivo de la ciencia es estudiar las relaciones "reales" de los fenómenos y no hacer predicciones. Obviamente, en la medida en que se conozcan las causas de un suceso será posible, aunque no en todos los casos, predecir. Pero decir que lo importante es predecir bien sin importar el medio que se utilice, i.e., aunque éste sea irreal, implica reducir la teoría a nivel de mito.

Al respecto vale la pena citar a M. J. Moroney:
"Las modas no cambian menos en los absurdos y supersticiones que en los sombreros de damas. Había un tiempo en que los papas y reyes tenían astrólogos en la corte para ayudarlos a planificar el futuro. Hoy los departamentos de gobierno tienen estadísticos para el mismo propósito. Algún día ellos serán relegados a los periódicos del domingo para desplazar a los astrólogos de su último refugio. Puedo comprender el culto al astrólogo en la corte. Después de todo, el astrólogo era un astrónomo, y si un hombre ha tenido éxito en predecir eclipses mirando las estrellas ¿por qué no debería tener igual éxito en predecir el curso de temas más mundanos tomando conocimiento de la disposición de los cuerpos celestes? Pero para la mayor parte de los trabajos estadísticos de los departamentos del gobierno puedo ver muy pocas excusas." (113)
El desprestigio que han alcanzado las predicciones económicas a través de modelos econométricos es en nuestros días bastante grande y ha sido admitido por los mismos partidarios de la predicción. Así, Martin Feldestein, de Harvard, que fuera presidente del Council of Economic Advises de R. Reagan, dijo que: "Uno de los grandes errores de la política económica en los últimos 30 años ha sido la excesiva creencia en la capacidad de predecir". (114)

El mismo M. Friedman concede: "Hemos pretendido más de lo que podemos hacer". (115) Otro importante economista, Wassily Leontief, se queja de que : "las revistas de economía están llenas de fórmulas matemáticas que llevan al lector de un conjunto de supuestos más o menos plausibles pero completamente arbitrarios a conclusiones teóricas irrelevantes aunque precisamente expuestas". (116)

L. R. Klein, coautor con R. M. Young del libro An Introduction to Econometric Forecasting and Forecasting Models, se puso a la defensiva al decir: "Al menos los modelos econométricos pueden brindar respuesta inmediata a cualquier gran evento como un embargo o un cambio en la política fiscal y monetaria". (117) Debería ser lo suficientemente claro que para predecir grandes cambios no hace falta un modelo econométrico. Por ejemplo, los grandes cambios de política fiscal y monetaria responden a acciones concretas de quienes regulan estas variables y la única manera de predecirlos es conociendo o tratando de adivinar qué es lo que, el burócrata de turno piensa sobre el tema y qué chances tiene de que el parlamento apruebe reformas impositivas. Un modelo econométrico tiene poco o nada que decir al respecto.

Por su parte R. E. Lucas, conocido representante de la escuela de Expectativas Racionales, ha dicho que los grandes modelos econométricos utilizados para hacer simulaciones "[... ] no pueden brindar información útil acerca de las consecuencias reales de políticas económicas alternativas". (118)

Este reconocimiento del fracaso en las predicciones no se debe, como piensa G. J. Stigler, a que "la economía sea aún una disciplina primitiva en comparación con las avanzadas ciencias naturales [... ]". (119) La incapacidad de predecir se debe a que los sucesos sociales son consecuencia de las acciones de los individuos, y estas acciones, como ya dijimos, son indeterminadas, no están en "función matemática" de nada. La buena predicción consiste en anticipar las acciones de los individuos, pero la teoría económica no nos dice nada acerca de esto; lo que sí nos permite conocer son las consecuencias de las acciones.

La teoría económica nos dice que si la acción es A las consecuencias serán Al, A2, A3,...An , que si la acción es B, las consecuencias serán Bl, B2, B3,...Bn , etcétera.. El problema crucial es saber cuál será la acción concreta y cómo, a su vez, las consecuencias de esa acción influirán en las acciones futuras de los otros individuos. Debemos recordar que cuanto más grande sea una sociedad tanto más complejo será el fenómeno resultante ya que, digamos, en el momento 1 y, habrá millones de acciones indeterminadas cuyas consecuencias estarán influyendo también en forma indeterminada sobre millones de acciones en el momento 2 y así sucesivamente.

La actividad empresarial consiste justamente en tratar de anticipar y cuantificar aquellas acciones individuales que se traducen en precios. Pero esta actividad es un arte, ya que se basan en juicios subjetivos de relevancia. (120) El carácter indeterminado de las acciones es lo que hace imposible una modelización racional de las expectativas, y por lo tanto de las acciones. Cualquier modelización de expectativas es necesariamente arbitraria, se basa en apreciaciones subjetivas que reciben el nombre de “comprensión”. (121)

El error en las predicciones económicas lo podemos agrupar en dos categorías: 1) error de comprensión y 2) error de teoría. En el primer caso la falla en la predicción se debe a que los juicios subjetivos del que predijo eran falsos, e.g., pensaba que los individuos relevantes iban a seguir la acción A pero siguieron la B; las consecuencias lógicas (o sea teóricas) en cada caso fueron distintas y por lo tanto la predicción había fallado. En el segundo caso el juicio subjetivo puede ser correcto pero se puede tener una idea errónea acerca de las consecuencias de la acción.

El primer tipo de error, que es característico de las ciencias sociales, introduce un problema adicional de contrastación ya que una predicción falsa se puede deber a juicios subjetivos erróneos y no a que la teoría sea mala. Pero entonces no es posible decidir con necesidad lógica si el error se debe a un error en los juicios subjetivos o a un error teórico. Si no existe control de las variables y es imposible controlar las valoraciones y conductas individuales, tampoco hay manera de tomar una decisión, cualquier explicación puede resultar lógicamente posible. Por lo tanto la predicción no es un medio idóneo para decidir entre teorías alternativas. Es imposible aplicar el método hipotético deductivo en las ciencias sociales, y en consecuencia en la economía.

Es importante agregar que además de este problema de naturaleza existe una serie de problemas prácticos que están relacionados con la veracidad y exactitud de las estadísticas sociales y económicas. (122) La manera en que se elaboran índices de precios, series de producto bruto, etc., no responde a los requerimientos mínimos de la teoría de la medición.
"[...] debería estar en claro, a priori", dice Morgenstern, "que la mayoría de las estadísticas económicas no deben expresarse de la manera en que normalmente se hace, pretendiendo una exactitud que puede estar completamente fuera del alcance y que no se exige para la mayoría [...]. Las cifras de paro de varios millones se dan hasta el último 1.000 (p.' ej. ¡una centésima del uno por ciento de 'exactitud'!) cuando, en realidad, los 100.000, y en algunos casos quizás incluso los millones están en duda." (123)
También la mentira desempeña un papel relevante; así, nos recuerda Morgenstern :
"Cuando se implantó el Plan Marshall una de las primeras figuras europeas encargadas de su administración (cuyo nombre no revelamos), me dijo: 'Realizaremos cualquier estadística que creamos nos ayude a sacar a los Estados Unidos tanto dinero como podamos. Las estadísticas que no tengamos, pero que necesitemos para justificar nuestras demandas, las fabricaremos, simplemente'. Estas estadísticas 'probando' la necesidad de ciertas clases de ayudas se incluirán en los informes históricos del período como verdaderas descripciones económicas de ese tiempo. ¡También puede que lleguen a emplearse en el trabajo econométrico!" (124) (Las cursivas son mías.)
M. J. Moroney parece muy acertado cuando refiriéndose al cálculo estadístico dice: "Las predicciones económicas, como las predicciones del clima en Inglaterra, sólo son válidas para aproximadamente les siguientes seis horas. Más allá de esto es simple adivinanza." (125)

Para evitar confusiones es importante distinguir claramente entre teoría económica y hechos económicos. La teoría económica es un conjunto de teoremas que parten de premisas necesariamente ciertas y, por lo tanto, si no hay error en los silogismos, estos teoremas no sólo son verdaderos sino que además son exactos. El hecho de que los teoremas económicos sean exactos no implica capacidad de predicción, ya que estos teoremas nos explican las consecuencias lógicas de distintos tipos de acciones pero no nos dicen nada (ni lo pueden hacer) acerca de cuáles serán concretamente las acciones que llevarán a cabo los individuos, ni de cómo repercutirán esas consecuencias en el comportamiento de los demás individuos. Tampoco estos teoremas nos dicen nada acerca de las magnitudes de las consecuencias.

La utilidad de los teoremas económicos es muy limitada para fines predictivos, pero en cambio es de gran importancia para saber a qué medios se debe recurrir para lograr una eficiente asignación de recursos. Por medio de los teoremas económicos se puede saber, por ejemplo, que una política proteccionista, los impuestos progresivos y los controles de precios producen una ineficiente asignación de recursos. El carácter apriorístico de la ciencia económica nos permite concluir que esto es necesariamente así aun cuando no se pueda demostrar en forma empírica.

Podríamos resumir lo expuesto en este punto de la siguiente manera: 1) cuando una ciencia parte de premisas probables es hipotético deductiva; 2) puesto que la premisa es probable o sea no necesaria, la contrastación empírica se convierte en un factor imprescindible para someter a prueba la hipótesis; 3) la hipótesis nunca puede ser probada, sólo refutada; en este sentido cabe afirmar que aun cuando la hipótesis haya pasado muchas pruebas empíricas no por ello está definitivamente establecida; 4) la contrastación empírica es posible en las ciencias naturales debido a que las relaciones entre sus elementos están determinadas i.e., en idénticas circunstancias, un cierto estímulo provoca siempre la misma respuesta, por lo tanto en estas ciencias hay regularidad; 5) puesto que el hombre es libre de elegir su comportamiento, en las ciencias sociales no hay determinismo y en consecuencia tampoco hay regularidad ; 6) la ausencia de regularidad hace imposible contrastar empíricamente hipótesis, ya que los hechos sociales se caracterizan por ser únicos, o sea no repetibles; 7) los modelos económicos matemáticos parten de premisas no necesarias, y en la mayoría de los casos irreales, por lo tanto, son hipótesis; la imposibilidad de contrastar hipótesis en las ciencias sociales hace, por lo tanto, que los modelos matemáticos sean también incontrastables; 9) cuando una hipótesis es incontrastable, entonces no es científica; 10) la economía, sin embargo, puede ser ciencia porque sus teoremas pueden reducirse a una premisa que es de carácter necesario y no de carácter probable. En este sentido la economía es como la matemática y la lógica una ciencia a priori. Los teoremas económicos son por lo tanto necesariamente verdaderos y no precisan de verificación empírica.


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- Las referencias, aludidas entre paréntesis, dada su extensión, están expuestas en el documento original en .pdf que aquí se enlaza .
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