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LA CIENCIA ECONÓMICA VS. LA ECONOMÍA MATEMÁTICA
por Juan Carlos Cachanosky

Dado que las hipótesis no son proposiciones necesarias sino probables, los métodos de contrastación se vuelven imprescindibles tanto para escoger entre hipótesis alternativas como para hacer avanzar la ciencia falsificando hipótesis ya establecidas. Sin contrastación empírica el método hipotético deductivo de las ciencias naturales sería imposible. Pero ¿por qué es posible contrastar hipótesis? La respuesta es: porque en los fenómenos de la naturaleza hay regularidad, i.e., la relación entre las variables es de carácter determinista. El investigador puede experimentar porque, cuando las condiciones relevantes se mantienen iguales, ante determinados estímulos o cambios, las cosas se comportan de la misma manera; o sea, reaccionan con regularidad. Sin regularidad no sólo sería imposible la experimentación, sino además la acción de todos los hombres. No habría manera de conocer relaciones entre los distintos sucesos; los hombres no podrían trazar ningún plan de acción. ya que no sabrían a qué medios recurrir para lograr sus fines. (98)

Si en idénticas circunstancias la misma causa no produjera siempre el mismo efecto, la verificación empírica sería imposible. La regularidad es esencial para contrastar hipótesis en las ciencias naturales. Es fácil ver cómo los métodos de experimentación expuestos se vuelven inútiles en el caso de ausencia de regularidad. Sería imposible sacar conclusiones de una observación como la siguiente:


El determinismo de las ciencias naturales fue puesto en duda a comienzos de este siglo con el surgimiento de la física moderna, i.e., la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. Algunos físicos importantes, como Werner Heisenberg y Niels Bohr, concluyeron que en la física subatómica existe indeterminación. (99)

Sin embargo, esto no es cierto. Una proposición causal puede tener tres formas : 1) proposición nula, o sea que no se sabe nada acerca de la causa del fenómeno, 2) proposición completa, que nos permite decir: "dadas ciertas condiciones, A produce B", y 3) proposición incompleta, que sólo nos permite afirmar: "dadas ciertas condiciones A produce B en el x % de los casos". En este último caso, el investigador conoce sólo una parte de los factores que determinan un suceso e ignora otra parte. Solamente cuando conozca la totalidad de los fenómenos estará en condiciones de realizar proposiciones completas. El hecho de que en la física subatómica existan interrelaciones entre el objeto observado y el observador y que no haya manera de aislarlos, no implica indeterminismo, sino ignorancia. Se está en un nivel de conocimiento en el cual no se sabe cómo observar sin afectar el resultado del experimento y tampoco se sabe en qué medida lo afecta el observador. (100) Si uno no concluye que el carácter probabilístico de un suceso se debe a que existen otros factores que desconocemos y qué están incidiendo en el resultado, entonces sólo cabe otra conclusión : que el objeto observado, e.g., un electrón, tiene capacidad de decidir, igual que un ser humano, acerca de su propio comportamiento.

Determinismo y comportamiento deliberado son conceptos mutuamente excluyentes, no hay nada entre ambos. Ahora bien, concluir que los objetos de la naturaleza tienen comportamiento deliberado implicaría un retroceso al primitivo animismo.

En cierta manera, cuando un suceso refuta una hipótesis largamente establecida la está convirtiendo en una proposición causal incompleta. A partir de este momento la hipótesis no explica el ciento por ciento de los casos, lo cual obliga a los científicos a buscar la falla y encontrar una hipótesis de carácter más general, o sea que pueda dar una. explicación completa.

Es justamente en este punto, determinismo vs. indeterminismo, donde aparece la diferencia de naturaleza entre las ciencias naturales y las sociales : mientras en las primeras hay determinismo en las segundas no. El descubrimiento de la teoría subjetiva del valor significó, "mucho más que sustituir una teoría del mercado menos satisfactoria por otra más satisfactoria". (101) Con la revolución marginalista no sólo quedó en claro que todos los fenómenos del mercado son las consecuencias lógicas de valoraciones subjetivas, sino que, además, también quedaron en claro los diferentes problemas epistemológicos que enfrentan las ciencias naturales y las sociales. Las ideas epistemológicas de J. B. Soy, N. W. Senior, J. E. Cairnes y J. S. Mill cobraron nuevo impulso y solidez.

El punto clave es que las valuaciones subjetivas, que son la base fundamental de la teoría económica, no están determinadas por factores externos a la mente. El hombre, a diferencia de las cosas y de los animales, puede decidir acerca de su propio comportamiento. Libre albedrío significa que las ideas que se generan en la mente humana no están determinadas de la manera en que lo están los fenómenos de la naturaleza. La presencia o ausencia de un cierto factor puede afectar de distintos modos las valoraciones de cada una de las personas y de una misma persona en distintos momentos. Obviamente lo anterior no quiere decir que los factores externos no influyan sobre el pensamiento y valoraciones, y por lo tanto sobre las acciones de los individuos; sin lugar a duda lo hacen. Lo que se quiere decir con indeterminismo del pensamiento es que esos factores externos no influyen de manera singular sobre el resultado de las ideas y valoraciones. (102) Así podemos concluir que, mientras los fenómenos de las ciencias naturales son causales, los de las ciencias sociales son teleológicos, (103) i.e., la conducta humana no está guiada por causas (pasado) sino por objetivos o finalidades (futuro). (104) Las "causas"de que los objetivos sean x o z son indeterminadas, dependen de la libre elección de los individuos.

El comportamiento de los hombres está influido, entonces, de manera indeterminada por las condiciones que los rodean en un determinado momento y lugar. Los hechos sociales son, por lo tanto, el resultado de fenómenos complejos; (105) reflejan solamente acontecimientos únicos que responden a determinado tiempo, lugar, circunstancias y valoraciones nunca repetibles. La revolución francesa, la bolchevique, la crisis de 1929, etcétera, son acontecimientos singulares, i.e., no repetibles.

El hecho de que los sucesos sociales sean fenómenos complejos y singulares hace imposible la contrastación empírica de hipótesis. Supongamos que alguien sostenga que el desarrollo industrial de los Estados Unidos se debió a un cierto grado de proteccionismo. Lo único que se puede hacer para rebatir este argumento es demostrar racionalmente, i.e., sin recurrir a la experiencia, que la industria estadounidense prosperó a pesar del proteccionismo y que de no haber existido esa protección habría prosperado una industria diferente y más eficiente. Pero no hay manera de repetir la historia para demostrar el error de la tesis proteccionista. El error tampoco se puede mostrar tomando como ejemplo a un país con mayor grado de protección que los Estados Unidos y menor potencial industrial, por ejemplo la Argentina. El proteccionista podría argüir que las condiciones no fueron las mismas, ya que en la Argentina hubo otros factores que hicieron más aun que anular el efecto de la protección. Por otra parte, un país totalmente liberal podría llegar a tener un volumen de producción inferior a otro intervencionista si los valores que predominan en las personas de la sociedad libre favorecen el ocio y la meditación frente a la producción de bienes y servicios "materiales". En resumen, sin una observación ceteris paribus, i.e., con variables controladas, es imposible refutar y mucho menos probar proposiciones. A su vez esto posibilita que surjan y se mantengan en el tiempo teorías falsas con mayor facilidad.

El desarrollo de teorías que incorporan la falacia lógica post hoc, ergo propter hoc es muy común. Así, por ejemplo, tenemos el caso de la teoría que sostiene que, en algunos casos, la inflación está causada por el aumento de salarios, combustibles o costos en general. Sin control de las variables es imposible demostrar empíricamente el error de la teoría de la inflación de costos.

Es por las razones expuestas que la historia está sujeta a múltiples interpretaciones. Cada historiador o economista explica los sucesos de un cierto período sobre la base de relaciones de causa-efecto distintas. Por ejemplo, J. M. Keynes, M. Friedman y B. M. Anderson atribuyen causas distintas a la crisis de los años treinta, y pasado más de medio siglo desde este acontecimiento sigue habiendo disparidad de interpretaciones. Estas diferencias se verían terminadas si fuese posible controlar las variables y si el comportamiento de los individuos estuviese determinado, o sea si hubiese regularidad en la relación estímulo-respuesta. De darse estas dos condiciones bastaría con recrear ciertos períodos históricos, cambiar las variables deseadas, controlar el resto y estudiar las consecuencias.

Ahora bien, si la experiencia y la observación de los hechos sociales no permiten probar ni refutar teorías económicas nos debemos preguntar : ¿ es la economía una ciencia? ¿cómo es posible saber cuál teoría es verdadera y cuál falsa? La respuesta es que las ciencias sociales, y por lo tanto la economía, son ciencias, pero a diferencia de las ciencias naturales, no son ciencias hipotético-deductivas sino apriorísticas. (106)

En efecto, como vimos, el científico de las ciencias naturales parte de hipótesis, i.e., premisas probables, para explicar un cierto suceso. Puesto que una hipótesis es una de las tantas explicaciones posibles de un suceso, la contrastación empírica, habíamos visto, se vuelve esencial. En economía, las premisas a partir de las cuales se comienza a deducir no son probables sino que son proposiciones a priori, i.e., necesariamente ciertas. Una proposición a priori es aquella cuya negación es impensable; a la mente humana se le aparece como un absurdo, e.g., es impensable que la parte sea mayor que el todo, o que A pueda ser al mismo tiempo no-A. La observación no puede probar ni refutar una proposición a priori ya que son categorías mentales evidentes en sí mismas. M. R. Cohen expone la idea de la siguiente forma: "[el a priori] denota proposiciones que deben ser absoluta e incondicionalmente verdaderas y jamás pueden ser refutadas por cualquier cosa que haya ocurrido o vaya a ocurrir en cualquier parte o en cualquier tiempo." (107)

Los teoremas deducidos de proposiciones a priori, si no hay errores en la cadena de razonamiento, son necesariamente verdaderos y no están sujetos a comprobación y refutación empírica. Cualquier diferencia entre la conclusión de los teoremas y la observación empírica debe ser atribuida a un error de observación. Por ejemplo, si un hombre sabe que tiene siete manzanas y también sabe que le han entregado cinco más, no es necesario que cuente las manzanas para saber que ahora tiene doce. Pero si decide contarlas y encuentra que no hay doce, nadie tomará esto como prueba de que 7 + 5 no es igual a 12, se tendrá que recurrir necesariamente a otro tipo de explicación para justificar la diferencia.


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- Las referencias, aludidas entre paréntesis, dada su extensión, están expuestas en el documento original en .pdf que aquí se enlaza .
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