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» » » » El Principio del Individualismo Metodológico

A la hora de estudiar los acontecimientos sociales y el devenir humano, hace tiempo que las posturas están enfrentadas cuando se trata de qué método es el más idóneo para su estudio. Este tema tan importante es el que trata Ludwig von Mises en su libro “La Acción Humana”, concretamente en el capítulo “Problemas epistemológicos de la ciencia de la acción humana”. Seguidamente expongo uno de los apartados de dicho capítulo.


La praxeología se ocupa de las acción del hombre individualmente. Sólo en el curso posterior de sus investigaciones se enfrenta al conocimiento de la cooperación humana, tratando la acción social como un caso especial dentro de la categoría más universal que es la acción humana.

Este individualismo metodológico ha sido atacado con vehemencia por varias escuelas metafísicas y menospreciado como una falacia nominalista. La noción de individuo, dicen los críticos, es una vacua abstracción. El hombre auténtico siempre se concibe como miembro de un todo social. Incluso es imposible imaginar la existencia de un hombre separado del resto de la humanidad y que no esté conectado con la sociedad. El hombre, como tal, es el producto de la evolución social. Su rasgo más destacado, la razón, sólo puede surgir en el marco de la reciprocidad social. No hay pensamiento que no dependa de los conceptos y nociones del lenguaje. Así pues, el discurso es manifiestamente un fenómeno social. El hombre siempre es miembro de un colectivo. En la medida que el conjunto es a su vez lógica y temporalmente previo a sus miembros o partes, el estudio del individuo es posterior al estudio de la sociedad. El único método, por tanto, adecuado para el tratamiento científico de los problemas humanos es el método del universalismo o colectivismo .

Ahora bien, la controversia sobre si la totalidad o sus partes son de manera lógica anterior la una a la otra, es vana. Lógicamente, la noción del todo y de sus partes son correlativas. Son conceptos lógicos que están al margen del tiempo.

Aun menos apropiada respecto a nuestro problema es la referencia antagónica entre realismo y nominalismo, según se entienden ambos términos y que nos legó la escolástica medieval. Es indiscutible que en la esfera de la acción humana las entidades sociales tienen una existencia real. Nadie se aventura a negar que las naciones, estados, municipios, partidos, comunidades religiosas, son realidades que determinan el curso de los acontecimientos humanos. El individualismo metodológico, lejos de cuestionar la importancia de tales colectivos, los considera como una de sus principales tareas a la hora de describir y analizar su devenir y disolución, sus cambiantes estructuras y su funcionamiento. Para ello, elige el único método adecuado para resolver este problema de manera satisfactoria.

En primer lugar debemos darnos cuenta de que todas las acciones son realizadas por individuos. Un colectivo opera siempre a través de la intermediación de uno o varios individuos cuyas acciones están relacionadas con el colectivo como fuente secundaria. Esto significa que los individuos actúan y que todos ellos tienen la atribución para la acción, lo cual determina su carácter. Esto significa que al indicar una acción, se tenga en cuenta como la acción de un individuo o como la de un Estado o un municipio. Es el verdugo y no el Estado quien ejecuta físicamente a un criminal. Sólo el significado atribuido al acto transforma la acción del verdugo en acción estatal. Si un grupo de hombres armados ocupa un lugar. Depende de la intención el que tal ocupación sea atribuida a la nación y no a los oficiales y soldados allí presentes. Si examinamos el significado de las distintas acciones realizadas por los individuos aprenderemos necesariamente todo lo que está relacionado con las acciones de los colectivos. Un colectivo social no tiene ninguna existencia ni realidad alguna al margen de las acciones de sus miembros individuales. La vida de un colectivo se constata por las acciones de los individuos que lo constituyen. No es concebible la operatividad de un colectivo social sino es gracias a las acciones de los individuos. La realidad de una organización social consiste en su capacidad de dirección e impulso para las acciones concretas por parte de los individuos. Así pues, la forma de obtener un conocimiento global de los colectivos es a través de un análisis de las acciones de los individuos.

De igual manera que un ser humano en su pensar y actuar emerge como un ser social desde su existencia prehumana. La evolución de la razón, el lenguaje y la cooperación es el resultado de un mismo proceso, ambos están inseparable y necesariamente vinculados entre sí. Sin embargo, este proceso que se produce en los individuos, está compuesto de cambios en el comportamiento de los individuos. No hay ninguna otra cosa en la que esto ocurra salvo en los individuos. No existe ningún sustrato de la sociedad que las acciones de los individuos.

El que existan naciones, estados e iglesias, incluso la cooperación social bajo la división del trabajo, todo ello es algo que se vuelve discernible solamente por las acciones de determinados individuos. Nadie percibe una nación sin percibir a sus miembros. En este sentido se puede decir que un colectivo social viene a la existencia a través de las acciones de los individuos. Esto no quiere decir que el individuo sea anterior en el tiempo, simplemente significa que las acciones concretas de los individuos constituyen el colectivo.

No hay necesidad de discutir si un colectivo es la suma resultante de la adición o de algo más de sus integrantes, o si se trata de un ser sui generis, o si es razonable o no hablar de su voluntad, planes, objetivos, o de las acciones supuestamente atribuidas de un "alma" diferenciada. Esta forma de hablar es tan pedante como ociosa. El ente colectivo es un aspecto particular de las acciones de distintos individuos que, como tales, determinan realmente el curso de los acontecimientos.

Es ilusorio creer que es posible visualizar los colectivos, ya que nunca son visibles, el conocimiento de ellos es siempre el resultado de la comprensión del significado que los hombres actuantes atribuyen a sus actos. Podemos ver mucha gente, o sea, una multitud de personas. Si esta gente es una mera reunión o una masa (en el sentido que utiliza este término la psicología contemporánea), o un cuerpo organizado o cualquier otro tipo de entidad social, es una cuestión que sólo puede ser contestada mediante la comprensión del significado que ellos mismos le dan a su presencia. Y este significado es siempre el significado de esos individuos. No son nuestros sentidos, sino el proceso mental de la comprensión, lo que nos hace conscientes de las entidades sociales.

Aquellos que quieran iniciar el estudio de la acción humana desde las unidades colectivas se encuentran con un obstáculo insalvable que resulta del hecho de que una persona puede pertenecer a la vez (a excepción de los miembros de las tribus más primitivas) a diversas entidades colectivas. Los problemas planteados por la multiplicidad y coexistencia de unidades sociales distintas y sus mutuos antagonismos pueden ser resueltos sólo por el individualismo metodológico.

El Yo y el Nosotros

El Yo es la unidad del ser actuante. Esto es algo incuestionable que no se puede resolver por ningún tipo de razonamiento ni sofisma.

El Nosotros es siempre el resultado de la actuación conjunta de dos o más Yoes. Si alguien dice yo, no es preciso más argumento a fin de esclarecer su significado. Lo mismo vale respecto al Tú, indicando a la persona bajo este punto de vista, y con igual consideración respecto a Él. Pero si un hombre dice Nosotros, se necesita más información para saber quiénes son los Yoes que están comprendidos en ese Nosotros. Siempre es un solo individuo quien dice Nosotros, incluso, aunque lo digan varios sigue siendo la declaración de individuos solos.

El Nosotros no puede actuar de otra manera que cada uno de ellos actuando en su propio nombre. Ellos pueden actuar en acuerdo o uno de ellos puede actuar por todos. En último término, la cooperación con los demás consiste en la consecución de una situación que hace que la acción de un hombre sea eficaz para ellos también. Sólo así tiene sentido la representatividad de una entidad social; los miembros individuales causan o consienten los resultados de dicha representatividad.

Los vanos empeños de la psicología por disolver el Yo y presentarlo como una ilusión, son estériles. Praxeológicamente, el Yo está más allá de cualquier duda. No importa lo que un hombre haya sido ni lo que será, en el mismo acto de elegir y actuar se constata que es un Yo.

Tanto del pluralis logicus [1] (y del meramente ceremonial pluralis majestaticus [2]) debemos distinguir el pluralis gloriosus [3]. Si un canadiense que nunca ha patinado dice: "somos los jugadores de hockey sobre hielo más importantes del mundo", o si un paleto italiano sostiene con orgullo, "somos los pintores más eminentes del mundo", nadie se deja engañar. Sin embargo, cuando se trata de problemas políticos y económicos el pluralis gloriosus se transforma en pluralis imperialis [4], y como tal, juega un papel importante en la propagación de doctrinas que inciden gravemente en las políticas económicas internacionales.


- Adaptación del original “The Principle of Methodological Individualism”, por Pedro Donaire, y del libro “La Acción Humana” en versión española. ed. décima, de Unión Editorial .
- Instituto Ludwig von Mises. Human Action.
- Notas glosario:
[1] - Pluralis logicus (latín). Literalmente, plural lógico. El uso del plural "nosotros" para una combinación de personas que tienen una identidad lógica.
[2] - Pluralis majestaticus (latín). Literalmente, plural majestuoso. El uso del plural "nosotros" por un monarca en su calidad de representante oficial de la misma manera que un editor utiliza el nosotros en su editorial.
[3] - Pluralis gloriosus (latín). Literalmente, plural glorioso. El uso del plural "nosotros" de modo que el usuario insinúa una identidad personal falsa de sí mismo con personas famosas o distinguidas.
[4] - Pluralis imperialis (latín). Literalmente, plural imperial. El uso del plural "nosotros" de manera que el usuario insinua una identidad personal falsa de sí mismo con los poderes dominantes de su gobierno.

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