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» » » » » ​Caminos hacia la Servidumbre

por Pedro Donaire

Hace ya tiempo que las obras cumbre de dos excelentes escritores, a su manera visionarios, nos contaron acerca de las posibles zancadillas que nos podía deparar nuestro futuro. Y ha pasado el suficiente tiempo para que la cultura social haya quedado impregnada, pese a su mala memoria, de sus controvertidas advertencias y mensajes.
George Orwell
Ambos escritores, George Orwell y Aldous Huxley, plasmaron en sus respectivas novelas "1984" y "Un mundo feliz", sus apocalípticas visiones de un futuro de la humanidad, tamizado por el control social ejercido por el poder omnímodo de un superlativo aparato estatal.



Aldous Huxley
En el primer caso, la ficción distópica de "1984", de George Orwell, nos ofrece una sociedad hipertrofiada, manipulada y controlada por un Estado que, a modo de un 'Gran Hermano' impone un determinado estilo de vida y un modo "correcto" de lenguaje y pensamiento, donde la libertad de los individuos no es tan siquiera tenida en cuenta, de hecho, a los "disidentes", aquellos que se atreven a pensar de manera diferente al resto establecido, se les hace pasar por la "habitación 101" donde serán torturados hasta hacerles cambiar su línea de pensamiento y renieguen de pensar por sí mismos, es decir, lo que suele llamarse un "lavado de cerebro".


La idea es que todos somos "hermanos" y debemos estar en función de ese conjunto global auspiciado por el Estado. Su máxima es "el Estado somos todos, y es el Estado el que piensa por todos y sabe lo que es bueno para todos".

En la práctica, esta deplorable y anquilosante dinámica redunda en un despótico totalitarismo que convierte al individuo en una marioneta con número de serie y/o un mero borrego guiado por los designios marcados por un Dios-Estado.

En el segundo caso, la ficción utópica de "Un mundo feliz", de Aldous Huxley, nos propone un futuro aún más peligroso, si cabe: la utopía de la felicidad. Describe una sociedad en paz, avanzada tecnológicamente, superficial y aparentemente feliz. Sin embargo, los mismos mecanismos estatales que hacen a todos 'igualmente felices' son los que se requieren para la manipulación de la propia libertad de elección de cada individuo, negando cualesquiera otros pensamientos o sentimientos distintos a lo establecido. Cuando estos aparecen, en un laboratorio de acondicionamiento dan cumplida cuenta de tales disidencias.


La visión de Orwell es la de un Estado totalitario, fácilmente rechazable por la mayoría de la gente, dada la claridad meridiana de su control político-social. Sin embargo, la visión de Huxley, aun siendo igualmente una sociedad totalitaria, se viste de la mejor promesa de fraternidad, igualdad y felicidad y, esta es la gran trampa, ¿quién en su sano juicio puede rechazar una tan bienintencionada felicidad? Por supuesto, todo ello a cambio de, subrepticiamente, obtener la renuncia de los ciudadanos a la libertad.

Si uno mira la realidad política y socio-económica de hoy día, no es posible abstraerse de ver determinados indicios y efectos que corroboran unas formas de gobernar con similares características autoritarias de intromisión por parte del Estado en la vida del ciudadano, que afectan tanto a su propiedad como a su capacidad de decisión, es decir, a su libertad. Un Estado sobredimensionado y acaparador socio económicamente, el establecimiento de un lenguaje "políticamente correcto", son características que nos sitúan cercanos al mundo orwelliano.

Empero el patrón de similitudes no se detiene ahí, me temo que existen otras características ideáticas que pululan por el mundo político-cultural que se están llevando a cabo con el beneplácito de toda la sociedad y que parangonan el universo huxleyiano, las premisas para el establecimiento de un 'estado del bienestar' (¿utopía de la felicidad?) cuyas promesas de benevolencia del Estado, basadas en la solidaridad y la igualdad, justifican toda una serie de regulaciones político-económcas cada vez más restrictivas para la libertad del ciudadano. La manipulación educativa en manos del Estado supone el adoctrinamiento de las masas hacia un modelo unívoco y acrítico con el sistema estatal. La imposición de una más que cuestionable moral basada en un reinterpretable concepto de igualdad que impunemente viola la libertad y la propiedad de unos por la felicidad de otros, se lleva a cabo con la aquiescencia impasible de una sociedad domesticada.

El resultado de todo esto da lugar a que todos los movimientos de base social que aparecen en escena, como Democracia Ya, el movimiento del 15M, los indignados, el movimiento feminista, los ecologistas, movimientos antiglobalización, etc., ninguno de ellos llega tan siquiera a cuestionarse el papel ideológico del Estado en esta orquestación nacional y mundial, apareciendo éste como el 'gran benefactor'. Por el contrario, todas las manifestaciones de estos mencionados movimientos exigen que el Estado asuma más y más preponderancia y dominio en sus vidas, y cómo no, más intromisión. Esto, sin duda, es el producto de muchos años de adoctrinación en la autoridad y en el criterio de la función social de los colectivos, cuyo puesto de arbitraje y dirección le atribuyen al Estado; una postura que, obviamente, se contrapone a los más fundamentales derechos y principios de orden individual.

Este no tan nuevo modelo por el que camina la sociedad moderna, que justifica la renuncia voluntaria de los ciudadanos a sus derechos fundamentales, por mor de ideas colectivas que prometen bienintencionadas causas, como el interés general y el supuesto estado de bienestar, da lugar a un vasallaje ideológico que está produciendo un nuevo tipo de sumisión, la servidumbre voluntaria.


- Autor: Pedro Donaire. 
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