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» » » Separación de Poderes, el flagrante engaño de la Constitución de 1978

por Pedro Donaire

Cuando se aprobó la Constitución de 1978 violaron flagrantemente la teoría de la Separación de Poderes. Se dijo en su momento, y continúan repitiéndolo, cosas grandilocuentes respecto a la independencia de uno u otro poder, pero objetivamente, no es que se esté politizando los diversos ámbitos (que también), sino que tal y como está elaborada la Constitución no existe una separación real y, por tanto, hace imposible tal independencia.

Como decía el autor francés, Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, en su famosa obra "El espíritu de las leyes", los poderes ejecutivo, legislativo y judicial no deben estar concentrados en las mismas manos. Esto es muy importante, pues se trata de una teoría de contrapesos, donde cada poder contrarresta y equilibra a los otros. Esta formulación fue aceptada prácticamente por todas las corrientes políticas, pero en la práctica el mismo Estado no la respeta, simplemente, porque en la misma Constitución, como norma fundamental, tampoco se ha respetado.

En cuanto a la separación del poder ejecutivo (Gobierno) y el poder legislativo (Congreso y Senado), tal como se puede comprobar en el Título IV de la Constitución, la cuestión se convierte en una mera distinción que decide quién es el presidente, es decir, en el Congreso le dan la confianza al nuevo Presidente del ejecutivo, prácticamente ya deducido por la mayoría legislativa que, de facto, proviene de las elecciones, luego es el Presidente quien decide los integrantes de 'su equipo' de Gobierno. Da igual que en el Congreso no voten al Presidente por mayoría absoluta, porque en la siguiente ronda con la mayoría simple ya vale. El caso es que, el Gobierno se deduce del Congreso. Todo, eso sí, ello expuesto en un glorioso, serio y elegante articulado. Por cierto, valga como detalle histórico, que fue un Real Decreto Ley 20/1977, de 18 de marzo, el que reguló el procedimiento para la elección de las Cortes, recogiendo el nefasto, injusto y nada proporcional sistema D'Hondt y la financiación estatal de los distintos partidos políticos.

Del Senado tampoco vale la pena hablar sobre el 'papel mojado' de sus funciones: Diga lo que diga, y plantee los inconvenientes que quiera, el Congreso lo acepta o no lo acepta, no es vinculante, por lo tanto no sirve para nada, salvo para perder el tiempo y pagarle bonitos sueldos a los enchufados de los partidos colocándolos en el Senado.

En otros países se hacen distintas rondas que eligen al Ejecutivo por una parte y al Parlamento por otra, o eligen al Congreso y al Senado en rondas distintas, en fin, de variados modos se manifiesta una clara opción por su separación y una composición distinta que haga la función de contrapeso. En el caso español esto no es así, tenemos un sistema electoral que de una sola ronda puede con todo. Se elige el Congreso, el Senado, el Gobierno y el poder judicial también. Todo en uno. Logrando con ello la máxima expresión de la concentración de poderes, todo lo contrario de lo que pregona y dice recoger sobre la separación de poderes de Monstequieu.

Montesquieu

El poder judicial es otro de los poderes que no paran de clamar a los cuatros vientos su independencia. Pero esto no deja de ser un ejemplo más de pura retórica. Lo vemos regulado en el Título VI de la Constitución, donde se estipula como máximo órgano el Consejo General del Poder Judicial, pero si nos preguntamos quién pone ahí a sus 20 miembros, resulta que todos están seleccionados y nombrados en un reparto equitativo por el Congreso y el Senado. O sea, por los mismos políticos, obviamente eligiendo a sus afines ideológicos.

También se regula otra figura, el Ministerio Fiscal, con la respetable función de promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público. Aunque, claro está, en última instancia depende jerárquicamente del Fiscal General del Estado. Y adivinen quién elige al Fiscal General, bien, volvemos a lo mismo, en efecto lo elige el Gobierno.

Ya se sabe, "pan y circo" y que el mundo siga su curso. Mas no contentos con ello, la susodicha Constitución también engendró otro órgano llamado Tribunal Constitucional, de observancia jurisdiccional, independiente y garante de los Derechos Fundamentales frente a los poderes públicos, regulado en el Título IX. Y de nuevo nos encontramos con más de lo mismo, los 12 miembros que lo componen son propuestos por ... ¿lo adivinamos? Pues claro, se lo reparten entre el Congreso, el Senado, el Gobierno y el Consejo Gral. del poder Judicial.

Y después de todo esto, que alguien me diga dónde está la tan cacareada Separación de Poderes.


Las consecuencias de todo ello, es una enorme concentración de poder en la clase política, un dominio sobre los estamentos jurídicos y socio-políticos; el privilegio del ejecutivo de legislar a base de reales decretos, porque tiene la misma composición de mayoría en el Congreso que puede ratificarlo; una pérdida de garantías de los derechos fundamentales del ciudadano frente al poder de los grupos sociales o políticos que pueden cambiar los asientos jurídicos en pos de la presión social. Una pérdida real del contrapeso judicial ante la irresponsabilidad del legislativo, lo que provoca una inseguridad jurídica ante la ciudadanía y el sistema económico de mercado, dada la facilidad de un omnímodo poder del Gobierno para regular cuales leyes quiera que pisoteen de manera franca los más fundamentales derechos de los ciudadanos.
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