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» » Reflexiones de una psiquiatra

por Brian Mossop

Si Juana de Arco viviera hoy, probablemente no sería proclamada como una santa. La campesina francesa del siglo XV pese a ser institucionalizada, con duros medicamentos antipsicóticos anunciaba visiones divinas que la instaban a derrocar al gobierno inglés. A medida que nuestro conocimiento del cerebro ha avanzado desde aquellos días, también lo ha hecho nuestra aproximación al tratamiento de la enfermedad mental. Sin embargo, todavía nos enfrentamos a importantes lagunas en el conocimiento.

Falling into the Fire:
A Psychiatrist's Encounters
with the Mind in Crisis
por Christine Montross
Penguin Press HC, 2013
En "Falling into the Fire", la psiquiatra Montross describe su experiencia como médico residente en una planta del hospital. Su historia revela los increíble desafíos que enfrentan los psiquiatras cuando se trata de comprender, diagnosticar y tratar a los pacientes con enfermedades mentales graves.

Considerando a Eddie, un hombre que soportó 25 procedimientos cosméticos electivos en un intento de eliminar su piel del acné, a pesar de no tener imperfecciones. Montross diagnosticó a Eddie con el trastorno dismórfico corporal, un trastorno en el cual los pacientes se obsesionan con un aspecto de su cuerpo, a menudo revisan sus imaginarias aflicciones cientos de veces al día. Eddie negó los tratamientos propuestos por Montross, creyendo que sería mejor ahorrar el dinero para otra cirugía plástica. El episodio hizo que Montross se sintiera impotente. Ella no tenía las herramientas para ayudar a esos pacientes difíciles que rechazan la sana crítica y un tratamiento que pueda salvar sus vidas.

Eddie no fue el único caso desconcertante. Un día, un paciente llamado Colin entró con calma a la clínica diciendo que era Jesús. Las personas que afirman estar poseídas por entidades divinas o demoníacas no son tan raros como se podría pensar. Él mostraba muchos síntomas de un extraño trastorno conocido como síndrome de Jerusalén, que se manifiesta con más frecuencia en los viajeros que visitan aquella Tierra Santa y, de repente, empiezan a envolverse con túnicas y a predicar las Escrituras.

Cuando Montross lo vio, Colin parecía inofensivo y feliz, pero su novia dijo que se había estado comportando de manera extraña, como orinar en botellas de soda. La euforia a menudo abre las puertas de la psicosis, así que ella terminó antes de su turno, envió a Colin a su casa con la orden de tomar un antipsicótico. Pero el tiempo tan limitado de estar con él para comprender su enfermedad le impidió evaluar el mejor curso de tratamiento, o determinar si era una amenaza para sí mismo o para los demás. Montross abandonó el hospital esa noche sintiéndose incómoda, pensando que quizás había subestimado la enfermedad mental de Colin.

Al reflexionar sobre sus experiencias, Montross escribe: "Como psiquiatras, vemos la mente mientras están preparadas, pero no siempre estamos seguros de hasta dónde es lo correcto. ¿Hasta qué punto responder al sufrimiento de un paciente puede generar un malestar insoportable al paciente y a nosotros mismos?"

Muchos de los estudios de caso deja al lector colgado. Un psiquiatra, como médico, puede ver a los pacientes una vez durante su estancia y nunca sabe qué ocurre con ellos más tarde. La incertidumbre viene con el territorio. En psiquiatría, como en la vida cotidiana, no hay soluciones o curas fáciles. A veces, escribe Montross, la empatía es la mejor o la única herramienta a nuestra disposición.


- Artículo original bajo el título "Illusive Brain" Cerebro Ilusorio.
- Imagen: de Penguin Press HC
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Editor del blog Pedro Donaire

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