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» » » » Esa naturaleza mecánica

por Philip Ball, 16 de septiembre 2013


Cuando se trata de ingeniería, es posible tener la sensación de que uno está por detrás de la genialidad de la naturaleza.

¿Existe algún mecanismo que la naturaleza no haya inventado antes que nosotros? Parece que las ruedas no han tenido mucho uso, sin embargo, muchas bacterias usan diminutos motores rotativos, hechos a partir de conjuntos de moléculas de proteínas, para conducir a los llamados flagelos que los impulsan a través de los fluidos. El tornillo y la tuerca parecen un mecanismo muy artificial, pero hace dos años unos investigadores de Alemania encontraron grupos de gorgojos que se mantienen unidos de esta forma.

Los engranajes, sin embargo, con sus hileras de dientes entrelazados, ¿sería el caso de que no? Pues va a ser que no: Los dientes perfectamente formados y cada uno a tan sólo 20 milésimas de milímetro de largo, engranados por arriba de las patas traseras de un insecto llamado un saltamontes, que avanza hasta un metro de un solo salto. Estos engranajes fueron descubiertos por los zoólogos Malcolm Burrows y Gregory Sutton, de la Universidad de Cambridge, como se informó en la revista Science.

¿Por qué necesitan engranajes las patas del saltamontes? Ellos deben moverse en perfecta sincronía cuando saltan, de lo contrario, el impulso les haría girar a lo loco. Lo curioso es que sólo las ninfas (crías) de estos insectos lo tienen de esta manera: los adultos carecen de esto engranajes, de hecho utilizan una simple fricción para sincronizar sus patas. No está claro por qué. Tal vez las ninfas, que con el crecimiento van cambiando partes del cuerpo en las sucesivas etapas de muda, pueden reemplazar fácilmente los dientes rotos, algo negado a los adultos.

Entonces, ¿se adelanta realmente la naturaleza al ingeniero? El biólogo Steven Vogel, de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, un especialista en la imitación "biomimética" de la naturaleza en ingeniería, dice que probablemente estamos viendo el asunto desde el ángulo equivocado. En general, tendemos a reconocer la maquinaria natural para aquello que sólo los ingenieros nos han dado un análogo humano, de lo contrario, es probable que no entendiéramos lo que estamos viendo.

Esta insistencia en ver la naturaleza en términos de nuestras propias máquinas y dispositivos (el cerebro como computadora, ojo, lente, y así sucesivamente) tiene una larga historia, que se remonta a los “filósofos mecanicistas", como Descartes en el siglo XVII. Los primeros microscopistas, como Robert Hooke, por lo general compartían la opinión de Descartes de que toda la naturaleza era solamente mecánica: todas las fuerzas se efectuaban por medio de ganchos y poleas de tamaño atómico y, sí, también con dientes. Al no encontrarlos, se desanimaron y los microscopios se convirtieron en meros juguetes para los diletantes Qué pena que Hooke no incluyera al saltamontes entre sus especímenes de moscas, pulgas y ácaros. Para él y sus contemporáneos, la complejidad microscópica de la naturaleza era una prueba de la artesanía de Dios. En cuanto a la extraordinaria delicadeza de estos diminutos engranajes, no se puede dejar de compartir el asombro ante lo que la naturaleza y la selección natural, ha sido capaz de forjar.


- Imagen: www.fondoimagenes.com .
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