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» » » ¿Qué hay de malo en las disecciones?

por Rob Dunn, 12 de mayo 2013

He aquí una historia que puede que encuentre un poco risueña. Al final de la Edad Media, en lo que hoy es Italia, cuando los conocimientos volvían a renacer, los anatomistas leían un antiguo texto griego, mientras sus asistentes diseccionaban un cuerpo humano y señalaban sus partes. Si el cuerpo se veía distinto a lo que describía el texto milenario se entendía que era mutante, desviado e incorrecto. Nada importaba si el antiguo conocimiento griego era deficiente y que muchas de las observaciones normales que se hacían habían mejorado drásticamente aquellos conocimientos. Esos primeros anatomistas eran idiotas. Se necesitó de una importante revolución científica para que los anatomistas comenzaran a observar la realidad y aprender de las disecciones. La simple idea de que se podía adquirir un mayor conocimiento fue ya un gran avance. ¿No es de locos pensar lo difícil que fue para esos primeros científicos averiguar cosas obvias? ¡Madre mía!


Un antiguo teatro de anatomía en la Universidad de Leiden

Pensaba en ello el otro día cuando pasé por un aula donde los estudiantes estaban diseccionando gatos. Alrededor del mundo, millones de gatos, perros, cerdos y otros mamíferos, incluidos miles y miles de seres humanos son diseccionados en las clases de anatomía. Se diseccionan con el fin de enseñar a los alumnos, a todos los que eventualmente van a operar sobre su cuerpo, alrededor de un promedio de un mamífero, anfibio u otro cuerpo.

Uno puede discutir los méritos de que estos alumnos realicen disecciones. También se puede discutir acerca de la moralidad de dichas disecciones. No voy a hacer ni una ni otra. Quiero llegar a otra cosa, la cuestión es si estos estudiantes están haciendo exactamente el mismo tipo de ciencia que se hacía a finales de la Edad Media.

En una clase media de anatomía, los animales muertos se entregan a los estudiantes. Un ayudante cansado, gruñón, sobredimensionado de trabajo o mal pagado explica cómo se debe hacer la disección. Los estudiantes realizan diversas formas de carnicería. Estudiantes etiquetan, apuntan o eliminan partes del cuerpo en las que el asistente ha dicho de enfocar. Al centrarse en estas partes del cuerpo, a los estudiantes se les explica cómo funcionan, al menos en general. Se diseccionan entonces más partes del cuerpo. Se proporciona más conocimiento. Los cuerpos son luego tirados en basureros especiales. El asistente se va a casa para trabajar en su tesis y se pregunta si alguna vez conseguirá un trabajo. Los estudiantes se van a casa a pensar en los demás estudiantes, en la cerveza o en otros/as estudiantes. El mismo proceso se repite con un nuevo grupo a la mañana siguiente.

No estoy haciendo una burla de la ardua labor de los estudiantes o los asistentes de enseñanza. Lo que quiero hacer ver es que lo que parece una burla es el hecho de que nos enseñen ahora la anatomía de la misma manera que se enseñaba a finales de la Edad Media. En concreto, los estudiantes observan los cuerpos de los animales, pero no se recomienda de ninguna manera que hagan observaciones por su cuenta; sino que se les anima a buscar lo que ya se sabe, y luego, si no se ve muy bien, se representa la manera que "debería" mirarse. Incluso cuando se observan las diferencias entre los cuerpos, rara vez se miden. Y cuando se toman medidas, rara vez se registran.

Ahora, me podrías decir, Rob, me estás contando cosas confusas. Al final de la Edad Media éramos unos ignorantes acerca del cuerpo. Unas simples medidas podían dar lugar a nuevos conocimientos. Ahora entendemos el cuerpo, y por supuesto, hay una diferencia, tienes razón, o sería una excepción el que todavía no entendiéramos los cuerpos de los animales tan bien. Resulta que la función del apéndice está bajo nuevo escrutinio. El estómago también. De hecho, cuando se trata de la morfología básica, el tipo de cosas que pueden ser medidas por los estudiantes en sus clases les preocupa, no hemos avanzado mucho en los últimos cien años (Aquí es donde entra usted, como lector, para señalar su favorita excepción a mi generalización, y mencionarla después en la sección de comentarios). ¿Cómo y por qué los intestinos varían entre los individuos? ¿Con qué frecuencia se dan las distintas deformaciones de órganos concretos? ¿Hay ventajas o desventajas entre la inversión en un órgano en otro? ¿Con qué frecuencia se dan esas mutaciones raras en los cuerpos de los gatos, cerdos o incluso en los humanos? Unas mutaciones que aún no entendemos muy bien del todo. Tales mutaciones son difíciles de estudiar debido a su rareza, pero al diseccionar tantos cerdos, gatos y otros animales, se podría saber si es sólo una entre un millón de animales o alguna en una clase cada año. ¿Qué otra cosa podría estudiarse? Seguro que se puede pensar en otras características obvias que me falten. La cuestión es que hay descubrimientos justo delante de los ojos de los estudiantes mientras ellos miran a sus asistentes o maestros; pero estamos entrenando para ignorarlos, para ver la historia en general, a expensas de la verdad.

¿Ahora qué? Tengo una idea, probablemente peque de excesivamente simple, inspirada en una obra de ciencia ciudadana. Me gustaría que los estudiantes tomaran medidas reales junto con imágenes digitales de alta resolución de los animales, incluso de los humanos que diseccionan. También podrían coger una muestra de una parte del tejido de cada animal (Esto debería ser antes de que los animales se hayan conservado lo que sería más difícil, pero posible). Las imágenes y las mediciones serían enviadas a una base de datos donde podrían ser comparadas con otras. La muestra de tejido se enviaría a un banco de tejidos. En la base de datos, cualquiera podría comparar las características de los animales para entender sus variaciones. En el banco de tejidos, los genes asociados a características inusuales, podrían ser analizados. En cada momento de la clase, a los estudiantes, centrados en la niña o el niño enfrente de ellos, se les podría recordar que el cuerpo que está viendo es, como el suyo propio, aún imperfecto. Esa fue la revelación que vino después de la Edad Media, en el Renacimiento tardío. Una revelación que haríamos bien en tener en cuenta para nuestra propia ciencia y educación que podría renacer, en su conjunto, y si no renace, que al menos permita a los estudiantes prestar un poco más de atención al cerdo muerto que tienen a mano, que según dicen, vale más que diez libros. Tal vez no sea exactamente eso, pero tú ya me entiendes.

La huella del duro trabajo de Miguel Ángel al prestar atención durante las disecciones que realizó.

Yo iba a terminar aquí, pero entonces me acordé de aquel lugar, el único lugar en el que a los estudiantes se les enseñaba a prestar atención a los cuerpos que había delante de ellos, las clases de arte. En las clases de dibujo figura de un hombre o una mujer desnuda se sitúa en un cuarto delante de los estudiantes y se observa, dibujando parte por parte. Podríamos aprender algo de esos estudiantes de arte y de sus maestros. Irónicamente, lo mismo también fue cierto al final de la Edad Media, cuando mucho antes de que los científicos empezaran a prestar atención a los cuerpos, ya lo estaban haciendo los artistas. Los artistas fueron instados ​​por sus instructores en la representación de la realidad que tenían delante, a diferencia de los estudiantes de ciencias, que eran (y son) instados a constatar solamente lo que ya se conoce.


- Autor: Rob Dunn es escritor de ciencia y biólogo en el Departamento de Biología de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Su último libro, “The Wild Life of Our Bodies”, explora cómo los cambios que se producen en nuestras interacciones con otras especies, ya se trate de bacterias, ácaros o tigres, y que afecten a nuestra salud y bienestar.
- Imagen 1 Teatro anatómico en Leiden. Scientific American.
- Imagen 2 David, de Miguel Angel. Wikipedia.
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Editor del blog Pedro Donaire

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