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» » Un safari por el ecosistema de la piel

Referencia: NewScientist.com .
por Rowan Hooper,13 de marzo 2013

La sabana de la piel humana es un ecosistema tan exótico como cualquier otro de la Tierra. Si os parece podemos hacer un recorrido fantástico por sus terribles y exóticos habitantes.

Bienvenidos al safari del cuerpo. Nuestro destino es una mujer adulta, un paisaje humano tan variado y rico en biodiversidad como cualquier otro que puedas encontrar. Hay mucho más para explorar que en un hombre adulto. Después de aterrizar en la cabeza, seguiremos nuestro camino hasta los pies. El tour durará seis días, con parada en lugares de especial interés, permitiéndonos explorar los tres principales tipos de hábitat humano, el graso, el seco y el húmedo. La fauna local incluye hongos, virus y ácaros, pero los habitantes más comunes son las bacterias. Son cientos de especies que dominan el microbioma de la piel, todos los microbios y sus secreciones viven en la superficie. Hay mil millones de bacterias por centímetro cuadrado, más de 1,6 billones por cada 1,8 metros cuadrados de superficie de una persona media, así que en nuestro recorrido echarles un vistazo es algo que está garantizado.

Una nota de precaución. Para cualquier liliputiense micro-viajero, los peligros son considerables. Nos enfrentaremos al peligro en todo momento, desde pantanos mortales llenos de bacterias tóxicas hasta enormes depredadores nómadas, los ácaros. Incluso cuando hayamos pasado estos horrores de la región anal-genital, no bajes la guardia. Los peligros de la parte posterior de la rodilla y los reinos de hongos de los pies no deben ser subestimados. Obedece a tu guía en todo momento, y no te salgas del camino.

Día 1 - La zona norte de la cara

Nuestra primera parada es un oleoso oasis para bacterias, la glabela, o el espacio entre las cejas. Aquí nos encontramos con uno de los pilares del microbioma de la piel, el Propionibacterium acnes. Esta criatura con forma de bastoncillo tiene su hogar en la bolsa caliente formada por los folículos pilosos, alimentándose de sebo, un producto céreo y oleoso, secretado por las glándulas sebáceas que ayuda a proteger a la piel del agua.

Del Propionibacterium acnes se pensó una vez que eran los responsables de la aparición de los puntos rojos que azotan la piel de muchos adolescentes. Un reciente muestreo y secuenciación de bacterias de estas lesiones por acné demuestra lo contrario. De hecho, los folículos prosperan sanamente, mientras que los inflamados por acné tienen una mezcla de bacterias (Journal of Clinical Microbiology, vol 46, p 3355). Aquí, entonces, tenemos evidencias del papel protector que las bacterias pueden proveer a su anfitrión, con en el llenado del nicho realizado en el folículo piloso, el P. acnes evita el acceso de otras bacterias más malévolas.

Acampamos por la noche en la punta de la nariz, con vistas panorámicas a los valles de lágrimas esparcidas debajo de los ojos. No vamos a aventurarnos dentro de las cejas o las pestañas, pero observamos desde una distancia segura a los ácaros trepando por la base de los pelos. De hábito nocturnos, estos monstruos de ocho patas con forma de babosa son los ácaros Demodex, un pariente de las arañas. Hay dos especies que viven en el rostro humano, atrincherados en los folículos, se alimenta de sebo, y copula y pone sus huevos en las grietas. Crece hasta 0,4 milímetros de largo, tienen piezas bucales agudas y también se alimenta de nuestro amiga P. acnes.

Las últimas Investigaciones sugieren que los ácaros Demodex pueden contribuir a la rosácea, en la que la piel de la cara se pone roja y se inflama. El pretendido mecanismo no es para los débiles de corazón. Cuando mueren, los ácaros se desintegran y sus heces, almacenadas durante toda su vida, se esparcen entre los poros.

Día 2 - La zona de guerra de la ventanas nasales

Sea como sea, no hay que aventurarse demasiado cerca del borde de la ventana de la nariz: el riesgo es ser inhalado o expulsado al olvido por un soplo de aire caliente. Las fosas nasales forman un nicho ecológico húmedo completamente distinto a los oleosos bajíos de la frente. También son sitios de importancia estratégica de la colonización bacteriana y donde se localizan implacables guerras bacterianas, el resultado de ellas puede tener consecuencias fatales para el huésped humano.

La fauna de las fosas nasales está dominada por la romboidal Corynebacterium, junto con varias especies de Staphylococcus, que se agrupan en racimos como las uvas. Estos últimos incluyen el S. aureus y su famosa cepa resistente a los antibióticos, MRSA. En circunstancias normales, el establecimiento del S. aureus lo impide una residente benigna de la cavidad nasal, el S. epidermidis. Si hay un descenso del número, pueden invadir pero no sin una cruenta lucha. El S. epidermidis tiene un arma química capaz de secretar una enzima especial que impide el crecimiento del intruso (Nature, vol 465, p 346).

Batallas similares ayudan a mantener a otros patógenos lejos de las fosas nasales, entre ellos la cepa del estafilococo que causa la neumonía. En efecto, este tipo de conflictos es moneda corriente a lo largo de toda la superficie de la piel humana, con ejércitos de bacterias coordinando sus actividades a través de una forma de comunicación conocida como detección de quórum.

Día 3 - El monte del pezón y el valle de la axila

Hoy subiremos hacia el pecho y luego bajaremos a las oscuras profundidades de la axila. Desde la cima del pecho podremos divisar los famosos espectáculos de la parte superior del cuerpo: las “estrellas fugaces" biológicas, conocidas técnicamente como la caspa. Formada por placas de piel muerta que cae del cuero cabelludo, son producto del trabajo de un hongo llamado Malassezia, que se atiborra del sebo producido por la piel. La Malassezia habita en todos los seres humanos, pero en algunos crece fuera de control y el subproducto de su fiesta de ácidos grasos oleicos, irrita el cuero cabelludo provocando que se seque y se descame.

La areola y el pezón forman otro hábitat especializado. Su riqueza en glándulas apocrinas sudoríparas segregan un fluido viscoso que contiene proteínas y lípidos, este es el hogar de una variedad de bacterias, incluyendo especies de estafilococos y Corynebacterium. Otros mamíferos tienen glándulas apocrinas por todo su cuerpo, pero los seres humanos las tienen sólo en unos pocos lugares, como los pezones, las axilas y la ingle. Las glándulas sudoríparas de cualquier otra parte producen sólo agua salada.

A medida que descendemos hacia una axila iremos notando el olor. ¡No se alarme! Está generado por la rica fauna microbiana local, que igualmente se lo pasan de miedo con los fluidos apocrinos. Se rumorea que hace atractivos a algunos, sin embargo, los humanos hacen todo lo posible por borrar estos olores, y la aplicación regular de desodorantes, antitranspirantes y jabones anti-bacterianos lo conviertn en uno de los ecosistemas más dinámicos del cuerpo.

Día 4 - Rappel en el ombligo

Nuestro siguiente punto del recorrido es ese traicionero foso formado por el ombligo, un oasis cálido y húmedo que por lo general escapa a los estragos del jabón. Haremos un corto rapel a la cueva umbilical con cuerdas de seda de araña. Podemos observar las innumerables bacterias que forman hermosos crecimientos en las paredes de la caverna. El Belly Button Biodiversity project, que surgió en North Carolina State University en Raleigh, tomó muestras de cientos de personas y aunque luego analizaron sólo las primeras 60 muestras, hallaron más de 2.300 tipos de bacterias, muchas de las cuales son únicas de su anfitrión. ¡Cuidado! Algunas personas tienen incluso la Clostridium, la familia que incluye a las bacterias responsables de la gangrena y el botulismo.

Acampamos por la noche en el ligero tejido de una cicatriz dejada por una cesárea. Mañana averiguaremos cómo los bebés adquieren su flora en la piel y cómo se siembra su ecosistema de superficie.

Día 5 - El territorio ano-genital

Como turistas no tenemos el equipo especializado necesario para una incursión en la vagina, pero vamos a aventurarnos lo más cerca posible. Un encuentro con un piojo púbico sería temible, afortunadamente, son raros en estos días, aunque la misma vagina está densamente poblada y alberga algunos de los microbios más importantes del cuerpo humano.

Las especies clave de este ecosistema son bacterias que tienen forma de bastoncillo, llamadas Lactobacillus, y no es casual que puedan digerir la leche. Al pasar a través de la vagina, el recién nacido recibe su primera inoculación de fauna de la piel. Los bebés que nacen por vía vaginal tienen bacterias de la piel similares a los que viven en la vagina de la madre, mientras que los bebés nacidos por cesárea están inoculados de bacterias del medio ambiente (PNAS, vol 107, p 11971). Esto puede ayudar a explicar por qué los bebés por cesárea tienen más altos niveles de asma, eccemas y obesidad que los bebés nacidos por vía vaginal.

No nos vamos a aventurar por la parte trasera ya que los últimos informes indican que ha estallado una guerra entre dos sempiternas poblaciones de bacterias rivales de la nalga izquierda contra la derecha.

Día 6 -El tramo final

Conforme nos movemos hacia abajo, hacia el tramo final del viaje, observamos la inflamación en la base de los pelos de las piernas afeitadas, Las culpables de esas infecciones son hongos y bacterias y notamos también la extraña pústula de hongos.

Habrá que tener cuidado de no caer en esas grietas rojas de la parte posterior de la rodilla: son lesiones formadas por el eczema. Puede ocurrir en cualquier parte de la piel, pero ama los pliegues en los codos y las rodillas. Aunque no se conoce la causa del eczema, la presencia del S. aureus en la piel agrietada es una huella inconfundible. Alrededor de la mitad de las personas con eczema tienen una mutación en el gen que produce una proteína llamada filagrina, la cual predispone a la sequedad de la piel. El resto no, así que debe haber algo más que anima al S. aureus a "florecer", tal vez una disminución repentina de otras bacterias protectoras. Hay mucho donde elegir. La parte posterior de la rodilla alberga algunas de las más diversas colecciones de bacterias de la superficie de la piel, así como el talón. En ambos sitios son inestables, sufriendo constantes invasiones y colonizaciones.

Y así llegamos a nuestro punto final de los dedos de los pies. Aquí la piel escamosa, con un rubor rojo furioso, indica la presencia del hongo Trichophyton rubrum, el pie legendario de atleta. El mismo hongo también se puede encontrar en la ingle, donde su tarea se conoce con el poco atractivo nombre de picazón inguinal. Se desarrolla en los espacios húmedos entre los dedos más pequeños, así que para que un paso más seguro vamos a evitar estas áreas.

Como ya termina nuestro safari, nos gustaría darle las gracias por estar con nosotros. Esperamos que el viaje le haya servido para una mejor apreciación de la diversidad de la vida en la sabana humana.


- Este artículo apareció en la prensa bajo el título "Skin safari"
- Serie de artículos dedicados en NewScientist.com, "Los secretos del cuerpo".
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