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» » » » Un método rápido de enfoque para el estado de flujo

Referencia: NewScientist.com .
Por Sally Adee, 6 de febrero 2012 

Si usted quiere dar un golpe de derecha como Federer, o simplemente ser un héroe de la Xbox, hay un impactante atajo para conseguir la misma excelencia cerebral de un experto en la materia.


Estoy a punto de llorar detrás de mi delgada protección de sacos de arena y 20 hombres enmascarados gritando, corriendo hacia mí a toda velocidad, pertrechados con chalecos con bombas suicidas y rifles cargados. Por cada uno que mato, tres nuevos aparecen de la nada. Está claro que no disparo lo suficientemente rápido, y el pánico y la incompetencia están saturando mi rifle.

Mi salvación descansa en el hecho de que mis atacantes son solamente un vídeo, proyectado sobre la pantalla frontal y las laterales. Es la misma simulación que entrena a las tropas estadounidenses para dar sus primeros pasos con un rifle, y todo ha sido diseñado para sentirse abrumado en el asalto. Pero estoy fallando miserablemente. De hecho, estoy tan desmoralizada que estoy tentada de dejar el fusil y largarme.

Entonces me colocan los electrodos

Estoy en un laboratorio en Carlsbad, San Diego, en California, buscando ese elusivo estado mental conocido como "flujo", ese sentido de concentración sin esfuerzo que caracteriza a un excelente rendimiento en todo tipo de habilidades.

El flujo ha sido exasperantemente difícil de precisar, cuando no de aprovechar, pero un abanico de nuevas tecnologías pronto nos permitirán evocar este estado. El plan consiste en proporcionar un atajo al virtuosismo, reduciendo la cantidad de tiempo que se necesita para dominar una nueva habilidad, ya sea el tenis, tocar el piano o la puntería.

Eso será una buena noticia para cualquier persona que emprenda el tortuoso camino de la pericia. De acuerdo con una investigación pionera de Anders Ericsson en la Universidad estatal de Florida, en Tallahassee, normalmente supone unas 10.000 horas de práctica el convertirse en experto en cualquier disciplina. Durante ese tiempo, tu cerebro teje una gran cantidad de nuevos circuitos que dado el caso te permitan ejecutar esta destreza de forma automática, sin considerar conscientemente cada acción. Piense en el campeón de tenis Roger Federer, después de años de entrenamiento puede combinar con gracia una complicada serie de acciones, mantener un ojo en la pelota y el otro sobre su oponente, mientras alinea su tiro y luego despacha un revés paralizante, toda una coreografía en un deslumbrante segundo.

El flujo suele acompañar estas acciones. Es algo parecido al sentido de intensa concentración del Zen, donde el tiempo parece detenerse cuando te encuentras completamente centrado en la actividad que llevas entre manos. Los expertos describen que cultivar la pericia en repetidas ocasiones es que les hace sentir que están en la cima de su juego, y con años de práctica, entrar en ese estado se convierte en una segunda naturaleza. Sin embargo, no hace falta ser un profesional para experimentarlo, algunas personas reportan esa misma capacidad de concentración en una etapa mucho más temprana de su formación, lo que sugiere que tienen mayor predisposición natural para el estado de flujo que otros. Esta concentración sin esfuerzo debería acelerar el progreso, en tanto que los sentimientos de gozo que vienen con el estado de flujo deberían ayudar a restar importancia a la práctica ulterior en el establecimiento de tales personas hacia el éxito futuro, señala Mihaly Csikszentmihalyi en la Claremont Graduate University de California. Por el contrario, su investigación sobre el estado de flujo en los niños demostró que, como él mismo dice, "los jóvenes que estaban dotados pero no gozaban con la búsqueda de este pericia, ya sea en matemáticas o la música, el desarrollo de sus habilidades se detenía y volvían a la mediocridad."

A pesar de su potencial en el desarrollo del talento, muchos investigadores consideraban el estado de flujo un concepto demasiado resbaladizo, además de estar repleto de connotaciones místicas y meditativas. A finales de 1970, Csikszentmihalyi, entonces psicólogo de la Universidad de Chicago, ayudó a cambiar este punto de vista, mostrando que dicho estado podría ser definido y estudiado empíricamente. En un estudio pionero, entrevistó a unos cientos de personas con talento, incluyendo atletas, artistas, jugadores de ajedrez, escaladores y cirujanos, lo que le permitió precisar cuatro características clave que caracterizan el flujo.

· La primera es una absorción intensa y enfocada que te hace perder la noción del tiempo.
· La segunda se conoce como autoteleocidad, el sentido de que el objetivo propio es gratificante en sí mismo.
· La tercera es encontrar el "punto dulce", el sentimiento de que tus habilidades se adaptan perfectamente a la tarea en cuestión, apartando la frustración y el aburrimiento.
· Y, finalmente, el flujo se caracteriza por la automaticidad, el sentido de que "el piano está tocando solo", por así decirlo.

Exactamente lo que ocurre en el cerebro durante el flujo ha sido siempre de especial interés, pero harto difícil de medir. Csikszentmihalyi tomó un buen atajo para ello, usando la electroencefalografía (EEG) para medir las ondas cerebrales de los jugadores de ajedrez de expertos durante un juego. Descubrió que los jugadores más expertos mostraban una menor actividad en la corteza prefrontal, que normalmente está asociada con altos procesos cognitivos, como la memoria de trabajo y la verbalización. Esto puede parecer contra-intuitivo, pero al silenciar los pensamientos de autocrítica se permite que los procesos más automáticos puedan afianzarse, lo que a su vez produce esa sensación sin esfuerzo del flujo.


En estudios posteriores han confirmado estos resultados y se han revelado otras firmas neurales del flujo. Chris Berka y sus colegas, de Advanced Brain Control en Carlsbad, California, por ejemplo, estudiaron las ondas cerebrales de los arqueros olímpicos y jugadores de golf profesionales. Unos segundos antes de que los arqueros dispararan una flecha o que los golfistas golpearan la pelota, el equipo descubrió un pequeño aumento en lo que se conoce como la ‘banda alfa’, una de las frecuencias que emergen de la interferencia eléctrica de todas las neuronas del cerebro (The International Journal del Deporte y Sociedad, vol 1, p 87). Este aumento de las ondas alfa, dice Berka, se asocia con reducción de la activación de la corteza, y siempre es más evidente en los expertos que en los novicios. "Creemos que esto representa la atención centrada en el objetivo, mientras que otros estímulos sensoriales están suprimidos", añadió. Ella encontró que estos cambios mentales van acompañados de una respiración más lenta y una menor frecuencia de pulso, tal como podría esperarse de una concentración relajada.

Definir y caracterizar el estado de flujo está muy bien, pero ¿podría un principiante aprender a apagar sus facultades críticas y centrar su atención de esta manera, a voluntad? Y si es así, ¿aumentaría eso el rendimiento? Gabriele Wulf, una kinesióloga de la Universidad de Nevada en Las Vegas, ayudó a responder a esta pregunta en 1998, cuando ella y sus colegas examinaron la forma en que ciertos atletas se mueven (Journal of Motor Behavior, vol 30, p 169).

En ese momento, ella no tenía ningún interés particular en el estado de flujo. Pero Wulf y sus colegas hallaron que rápidamente podría mejorar las habilidades de una persona, pidiéndoles que centraran su atención en un punto externo fuera de su cuerpo. A los aspirantes a esquiadores se les pidió que hicieran movimientos de tipo slalom en un simulador, y estos aprendieron más rápido si se centraban en un lugar marcado por delante de ellos. Los golfistas que se centraban en el balanceo del palo (club) eran un 20 por ciento más precisos que los que se centraron en sus propios brazos.

Wulf y sus colegas descubrieron más tarde que las acciones físicas de un experto requieren menos movimientos musculares que los de un principiante, como puede verse en los movimientos ajustados de los atletas de alto rendimiento. También experimentan menos tensión mental, una frecuencia cardíaca más baja y una respiración más superficial, todas las características del estado de flujo (Ciencias del Movimiento Humano, vol 29, p 440).

Estos hallazgos fueron confirmados en estudios posteriores con nadadores expertos y novatos. Los novatos que se concentraron en un foco externo, como el movimiento del agua alrededor de sus extremidades, mostraron la misma gracia sin esfuerzo que los que tenían más experiencia, nadaron más rápido y con una técnica más eficiente. Por el contrario, cuando los nadadores expertos se centraban en sus extremidades, su rendimiento disminuía (Revista Internacional de Ciencias del Deporte y Coaching, Vol. 6, p 99).

Estos hallazgos de Wulf encajan bien con la idea de que el flujo, y un óptimo aprendizaje, vienen cuando se apaga el pensamiento consciente. "Cuando tienes un foco externo, consigues un tipo de control más automático", apunta ella. "Uno no piensa en lo que está haciendo, sólo está centrado en el resultado".

Berka ha estado tomando un enfoque distinto para evocar el estado de flujo, su grupo está formando a marcadores principiantes para usar neurofeedback. Cada persona está conectada a electrodos que desentrañan y muestran unas ondas cerebrales específicas, junto con un monitor que mide su ritmo cardíaco. Mediante el control de la respiración y aprendiendo a manipular deliberadamente las formas de onda en la pantalla frente a ellos, los novicios lograron producir las ondas alfa características del estado de flujo. Esto, a su vez, ayudó a mejorar su precisión en golpear los objetivos. De hecho, el tiempo que se tardaron en disparar como un profesional se redujo en más de la mitad (The International Journal of Sport and Society, vol 1, p 87).

Pero como ya encontré cuando intenté este método, incluso neurofeedback tiene truco. Se necesita tiempo y esfuerzo para producir realmente esta sintonización de ondas alfa. Justo cuando pensaba que lo había logrado, se evaporaba y perdía mi concentración. ¿Habría una manera más rápida para obligar a mi cerebro a fluir? La buena noticia es que la respuesta parece ser afirmativa.

Es por eso que estoy ahora permitiendo que Michael Weisend, que trabaja en la Red de Investigación de la Mente en Albuquerque, Nuevo México, conecte mi cerebro hasta a una batería de 9 voltios. Él pega el ánodo positivo de la batería a mi sien, y el cátodo negativo a mi brazo izquierdo. "Vas a sentir un cosquilleo leve", me avisa, y me advierte que si me quito un electrodo y rompo la conexión, el voltaje que pasa a través de mi cerebro me cegará la voluntad unos cuantos segundos.

Weisend, que está trabajando en un programa de EE.UU., Defense Advanced Research Projects Agency, para acelerar el aprendizaje, ha estado utilizando esta forma de estimulación transcraneal de corriente directa (tDCS), para reducir el tiempo que se necesita para entrenar a los francotiradores. Desde los electrodos, una corriente de 2 miliamperios recorrerán la parte de mi cerebro asociada con el reconocimiento de objetos, una importante habilidad cuando se combina visualmente una escena con asaltantes.

Este choque eléctrico leve pretende despolarizar las membranas neuronales de la región, haciendo que las células sean más excitables y sensible a cualquier entrada. Es muy parecido a lo que muchos otros neurocientíficos trabajan con la tDCS, Weisend piensa que, esto acelera la formación de nuevas vías neurales durante el tiempo que alguien practica una habilidad. El método que se utiliza conmigo fue el mismo que impulsó la velocidad con la que los francotiradores aprendices podína detectar una amenaza con un factor de 2,3 (Experimental Brain Research, vol 213, p 9).

Misteriosamente, estos cambios a largo plazo también parecen estar precedidos por la sensación que surge tan pronto como la corriente se enciende y resulta notablemente similar al estado de flujo. "La primera cosa que escuchas decir a la gente después de la tDCS es que el tiempo pasó excesivamente rápido", explica Weisend. Sus movimientos también parecen ser más automáticos, informan de una concentración tranquila y enfocada, y su rendimiento mejora de inmediato.

Todavía no está claro por qué algunas formas de la tDCS pueden ocasionar el estado de flujo. Después de todo, si la tDCS servía solamente sobre escribir nuevos recuerdos, era difícil explicar la mejora que se manifiesta tan pronto como la corriente comienza a fluir.

Una posibilidad es que los electrodos, de alguna manera, reduzcan la actividad en la corteza prefrontal, esa superficie utilizada para el pensamiento crítico, que según Csikszentmihalyi descubrió debía estar silenciada durante el flujo. Roy Hamilton, un neurocientífico de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia, cree que esto puede ocurrir como efecto secundario de algunas formas de tDCS. "Las tDCS puede tener efectos mucho más amplios de lo que pensamos", señala. Se apunta a que algunas neuronas pueden silenciar las señales de otras células de su red, por lo que es posible que la estimulación de un área del cerebro pueda inducir la reducción de actividad en otra.

Efecto incierto

Otros son más escépticos. Arne Dietrich, de la Universidad Americana en Beirut, Líbano, sospecha que el aprendizaje se vería afectado por la corteza frontal que no está en principio comprometida en esta tarea. Es más, él cree que se necesitaría un tipo especializado de tDCS para amortiguar la actividad de la corteza prefrontal. "Pero de nuevo, no está tan claro qué tipo de efecto tDCS tiene globalmente", reconoce, "independientemente de a qué área del cerebro está dirigido."

En cualquier caso, es evidente que no todas las formas de la tDCS hacen posibles el flujo. Roi Cohen Kadosh, de la Universidad de Oxford, ciertamente no vio señal alguna de ello cuando el ánodo es colocado en las regiones del cerebro utilizadas para el razonamiento espacial.

Este debate sólo se resolverá con mucha más investigación. Por ahora, estoy intrigada por lo que voy a experimentar, así que le pido a Weisend que encienda la corriente. Al principio, siento un leve cosquilleo, de repente, mi boca sabe metálica, como a una lata de aluminio. Yo no noté ningún otro efecto. Simplemente comienzo a tumbar atacante tras atacante. Como veinte de ellos corren hacia mí blandiendo sus armas, con calma alineo mi rifle, tomo un momento para respirar profundamente, y derribo al más cercano, antes de evaluar tranquilamente mi próximo objetivo.

En lo que parece ser muy poco tiempo, oigo una voz gritar: "Vale, eso es todo." Las luces se encienden en la sala de simulación, y uno de los asistentes del Advanced Brain Monitoring, una joven recién salida de la universidad, entra indecisa en la oscura habitación.

En el repentino silencio en medio de los cuerpos a mi alrededor, yo estaba realmente esperando más asaltantes, y me siento un poco decepcionada cuando el equipo comienza a quitarme electrodos. Miro hacia arriba y me pregunto si alguien a estado adelantando los relojes. Inexplicablemente, acababan de pasar 20 minutos. "¿Cuánto he conseguido?" Le pregunto al asistente.

Ella me mira con curiosidad. "Te has cargado a todos".


Anexo: El ‘hazlo tú mismo’, mejora el cerebro 
Cambiar tu cerebro con una pequeña corriente parece mejorarlo todo, desde las habilidades matemáticas a la puntería, pero por ahora, la mejor oportunidad de experienciar esta mejora es apuntarte en un experimento de laboratorio. Las máquinas que proporcionan la estimulación transcraneal de corriente directa (tDCS) cuesta de £ 5000 para arriba, y sus fabricantes suelen venderlo sólo a investigadores. 
Eso no ha impedido que una vibrante comunidad de entusiastas del bricolaje tDCS se extienda. Sus foros de Internet están llenos de relatos de experimentos caseros, incluyendo descripciones que te ponen los pelos de punta, en uno de los casos, alguien se quedó temporalmente ciego. 
¿Qué impulsa a la gente a tomar riesgos? Roy Hamilton, un neurocientífico de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia, piensa que es parte de una tendencia general que denomina neurociencia cosmética, en el que las personas tratan de adaptar sus cerebros a las exigencias de un mundo cada vez más agitado. "En una sociedad donde estudiantes y profesores toman estimulantes para satisfacer sus expectativas académicas", advierte, "la presión potencial para el uso de tecnologías de optimización cognitiva de todo tipo es cada vez más real".


- Imagen 1) Roger Federer gana la Copa de Maestros. GETTY
- Imagen 2) Máxima concentración en torneo de ajedrez.
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