Ads-728

Ads-728

Psicología

Astrofísica

Genética

Neurociencia

» » » Preparados para la armonía

Referencia: news.Science.org .
Por Elizabeth Norton, 12 noviembre de 2012

¡No al ruido! Muchas criaturas, como los bebés humanos, los de chimpancés y los polluelos, reaccionan negativamente a las disonancias, a los sonidos fuertes, variables y chirriantes. Desde la época de los antiguos griegos, los científicos se han preguntado por qué el oído prefiere la armonía. Ahora, los científicos sugieren que la razón puede ser más profunda que la simple aversión a la forma en que chocan las notas erosionando los nervios auditivos, más bien puede estar en la misma estructura del oído y el cerebro, que parecen estar diseñados para responder a una elegante estructura espacial de armonioso sonido.

"Durante el siglo pasado, los investigadores trataron de relacionar la percepción de la disonancia en la acústica subyacente de las señales", dice la psicoacústica Marion Cousineau, de la Universidad de Montreal en Canadá. En un acorde musical, por ejemplo, varias notas se combinan para producir una onda de sonido que contiene todas las frecuencias individuales que componen cada tono. Concretamente, la onda contiene la base, o frecuencia "fundamental" de cada nota más otras frecuencias que se conocen como armónicos. Al llegar al oído, estas frecuencias son transportadas por el nervio auditivo al cerebro. Si el acorde es armónico, o "consonante", las notas están espaciadas nítidamente lo suficiente para que las fibras individuales del nervio auditivo lleven las frecuencias específicas al cerebro. Al percibir tanto las partes como el todo en armonía, el cerebro responde a lo que los científicos llaman armonicidad.

En un acorde disonante, algunas de las notas y sus armónicos están tan próximos entre sí que dos notas estimularán el mismo conjunto de fibras nerviosas auditivas. Este choque le da al sonido una calidad áspera conocido como batimiento, en las que las frecuencias casi iguales interfieren para crear un sonido de gorjeo. La mayoría de los investigadores pensaban que dicho fenómeno representaba el disgusto por una disonancia.

Pero Cousineau y sus colegas, sospechaban que el batimiento no podía ser toda la historia. En un artículo anterior, el neurocientífico cognitivo, Josh McDermott, de la Universidad de Nueva York, aisló los factores acústicos de armonicidad y el batimiento, y los pusieron a prueba con las preferencias de unos sujetos. Encontró que estas personas se sintieron atraídas por la armonicidad, por los sonidos consonantes más que por el desagradable batimiento.

Para someter la hipótesis del batimiento a una prueba aún más rigurosa, Cousineau y McDermott, se unieron para estudiar a un grupo de pacientes con una enfermedad llamada amusia, una incapacidad hereditaria que impide a quien lo padece distinguir el tono, reconocer la melodía o cantar en sintonía, tampoco puede distinguir la consonancia de la disonancia. Los investigadores razonaron que si el abatimiento explica realmente por qué a la gente no le gusta la disonancia, y si los amusíacos no se conmueven por la disonancia, entonces, probablemente tampoco responderían a los batimientos.

En el nuevo estudio, publicado en línea en Proceedings of the National Academy of Sciences,, los participantes, con y sin amusia, escucharon a través de los auriculares una amplia gama de sonidos, tanto cantados como generados electrónicamente. Los estímulos incluían sonidos armónicos e inarmónicos (producidos al cambiar algunas frecuencias del sonido armónico), y sonidos con y sin batimientos. (En el artículo original en inglés vienen unas muestras para escuchar, haga clic en los clips de audio anteriores, que deben ser escuchados con auriculares). Como era de esperar, los sujetos amusíacos no podían distinguir la consonancia de la disonancia; pero, sorprendentemente, tampoco les gustaba el sonido con batimiento, tan poco como a los sujetos de control sin amusia.

"El batimiento es la explicación de libro de por qué a la gente no le gusta la disonancia, por lo que nuestro estudio es la primera evidencia real que enfrenta la antigua hipótesis", señala Cousineau. "Esto sugiere que la consonancia descansa en la percepción de armonicidad, y que, al cuestionar la naturaleza innata de estas preferencias, se debe estudiar la armonicidad y no el batimiento".

En cuanto a disgusto por la disonancia, "los resultados descartan la idea que asunto del batimiento", confirma Laurent Demany, psicofísico en la Universidad de Burdeos en Francia, que dice que el estudio de sujetos amusíacos ha sido una idea espectacular. "La sensibilidad a la armonicidad es muy importante en la vida cotidiana, no sólo en la música", señala. Por ejemplo, la capacidad de detectar los componentes armónicos del sonido permite a las personas identificar diferentes sonidos vocálicos, y concentrarse en una conversación entre una multitud ruidosa. Dado que amusíacos no tienen problemas con estas tareas, a pesar de no distinguir la consonancia, una mayor investigación de los sujetos con dicha condición, podría proporcionar información valiosa sobre el papel de armonicidad en la comunicación y la percepción, señala Demany.


- Imagen: Sonido off. Un intervalo consonante (izquierda) envía una onda de sonido normal al cerebro. A la derecha, la consecuencia de la disonancia en un espectro inarmónico y la produción del "batimiento". Crédito: M. Cousineau et al., PNAS Early Edition (2012)
.

,

«
Next
Entrada más reciente
»
Previous
Entrada antigua
Editor del blog Pedro Donaire

Filosofía

Educación

Deporte

Tecnología

Materiales