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Referencia: NewScientist.com .
Por Catherine Brahic, 26 de noviembre 2012

La argumentación sobre que nuestro linaje escindido del de los chimpancés está a punto de resolverse, con colosales consecuencias para la prehistoria.

Alineando, generación tras generación de antepasados, remontándonos en el tiempo a través de las civilizaciones, las edades de hielo, a la épica migración fuera de África, hasta el origen mismo de nuestra especie. Y por otro lado, cogiendo la línea del chimpancé y alineando sus antepasados. ¿Cuánto tiempo hay que ir hacia atrás, y cuántas generaciones deben pasar, antes de que se encuentren las dos líneas?

Esta es una de las cuestiones más importantes y más fuertes de la evolución humana. Sabemos que en algún momento compartimos un ancestro común con los chimpancés, pero el momento exacto, y cómo era ese antepasado, ha sido exasperadamente difícil de precisar. Los paleontólogos han buscado restos fósiles y los genetistas han hurgado en la documentación histórica que supone el ADN humano y el del chimpancé. Ambas disciplinas hicieron descubrimientos, pero no terminaban de llegar a un acuerdo.

Las nuevas estimaciones en cuanto a la separación de nuestro linaje y el de los chimpancés sugieren que algunas de nuestras ideas establecidas están asombrosamente equivocadas. Si son correctas, exigen una reescritura de la prehistoria humana, empezando desde el principio.

Pero, ¿cuándo fue ese principio? El primer lugar, obviamente, para buscar respuestas será en el registro fósil. Pero los fósiles humanos, o más estrictamente homínidos, que es el grupo que nos incluye tanto a nosotros como a todos nuestros parientes extintos desde que se produjo la escisión, son francamente pocos sobre la tierra, además de difíciles de interpretar.

Los genetistas tienen que trabajar más. El ADN contiene trazos delatores de eventos del pasado de la especie, incluyendo información sobre la ascendencia común y la especiación. En teoría, el cálculo de temporización de un evento de especiación debería ser sencillo. Conforme dos especies divergen de un ancestro común, su ADN se vuelve cada vez más diferente, en gran parte debido a la acumulación de mutaciones aleatorias. La cantidad de diferencia genética entre dos especies relacionadas es proporcional a la longitud en el tiempo desde que se separaron. Para estimar cuándo se produjo la separación entre humano y chimpancé, los genetistas pueden, simplemente, contar las diferencias en los tramos coincidentes de ADN del chimpancé y el humano, se divide después por la velocidad a la que se acumulan las mutaciones. Esto se conoce como el método del reloj molecular.

Pero hay trampa. Para llegar a esa respuesta debemos saber lo rápido que surgen las mutaciones. Y eso nos lleva de nuevo al punto de partida: primero necesitamos saber cuánto tiempo hace que nos separamos de los chimpancés.

Para evitar este ‘catch-22', los genetistas volvieron su vista hacia los orangutanes. Los fósiles sugieren que la separación de nuestro linaje ocurrió hace 10 ó 20 millones de años. Usando este dulce dato, los genetistas llegaron a una tasa de unas 75 mutaciones por genoma y por generación. En otras palabras, la descendencia humana y la de chimpancés tiene, cada una, 75 nuevas mutaciones que no heredan de sus padres.

Fósiles o ADN

Este número se basa en varios supuestos importantes, igual de fiables que los registros fósiles del orangután, o sea, que no lo son. Pese a ello, se llevó a cabo la suposición de que los ancestros humanos se separaron de los chimpancés entre 4 a 6 millones de años atrás.

Cuando los cazadores de fósiles oyen este número, lloran por el error. El extremo inferior de la estimación es particularmente difícil de tragar. El Australopithecus afarensis, un homínido temprano desde del este de África, que ya tiene características específicas humanas según nuestros datos se remonta por lo menos a 3,85 millones de años. Sus caninos eran pequeños, por ejemplo. Y caminaban erguidos.

Ambos rasgos se consideran homínidos, lo que significa que desarrollaron nuestro linaje después de la escisión y no aparecen al lado del chimpancé. Sin embargo, es difícil ver cómo podrían haber evolucionado tan rápidamente, en tan sólo 150.000 años después de la separación.

"Los genetistas ignoraron por completo a los paleontólogos", señala Owen Lovejoy de la Universidad Estatal de Kent, en Ohio. "Nos gustaría obtener estimaciones de hace alrededor de 4 millones de años; no obstante hay homínidos inconfundibles y altamente evolucionados que se remontan a casi 4 millones de años. Pero indicar una fecha para la divergencia de 4 millones años es, simplemente, una tontería."

Incluso en 5 ó 6 millones de años, la separación fue recibida con escepticismo. Esto es debido en gran parte a tres fósiles recientemente descubiertos en África que datan de la misma época. Los tres Australopithecus son anteriores, pero portaban las marcas inconfundibles de la humanidad. Aunque la interpretación de los restos es controvertido, muchos los consideran como post-escisión.

Dicho de otra manera, los paleontólogos estaban seguros de que había pocas probabilidades de exactitud de los resultados de ADN. La humanidad, afirmaron, tenía que ser más vieja de lo que los genetistas clamaban.

La historia parece haberles dado la razón. En los últimos tres años, los investigadores que estudian las poblaciones humanas, por primera vez han podido observar mutaciones casi a medida de que ocurrieran. Y eso crea toda una diferencia. En lugar de depender de una estimación basada en los fósiles raros, ahora podemos ver el tic-tac del reloj molecular en tiempo real. "Hasta que no fueron capaces de comparar los genomas de los niños con sus padres, no pudieron estimar la tasa de mutación de los humanos", añadió Aylwyn Scally, del Wellcome Trust Sanger Institute de Cambridge, Reino Unido.

En septiembre, Augustine Kong, de Decode Genetics en Reykjavik, Islandia, y sus colegas, publicaron un innovador estudio. Después de escanear los genomas de 78 niños y sus padres, para contar el número de nuevas mutaciones en el genoma de cada niño, hallaron que cada niño portaba un promedio de 36 nuevas mutaciones (Nature, vol 488, p 471). Es crucial entender que es la mitad de lo que se suponía anteriormente, es decir, el reloj molecular es más lento de lo que pensábamos, reajustando la división humano-chimpancé más atrás en el tiempo (ver diagrama).



Pero, ¿cuánto tiempo atrás exactamente? A principios de este año, Kevin Langergraber, de la Universidad de Boston y sus colegas, resolvieron otra pieza del rompecabezas. Las tasas de mutación en estudios como los de A. Kong se miden por generación. Para convertir esto en una estimación de la separación de los chimpancés, lo que necesitamos saber es cuánto tiempo dura una generación, en otras palabras, la edad media de reproducción. Tenemos un buen control sobre esto para los humanos, pero no en otros primates. Para los chimpancés, las estimaciones oscilaron entre 15 a 25 años.

Utilizando datos de 226 crías nacidas en ocho poblaciones de chimpancés salvajes, Langergraber encontró que, de media, los chimpancés se reproducían con 24 años y medio (PNAS, vol 109, p 15716). Basándose en estas nuevas cifras, el equipo estimó que el linaje humano siguió su camino por separado hace al menos 7 millones de años, y posiblemente una fecha tan lejana como 13 millones de años.

"Está claro que si esto es correcto, la mayoría de los libros de texto que tratan de la historia de nuestra especie tendrán que reescribirse", apunta Klaus Zuberbühler, de la Universidad de St Andrews, Reino Unido, que ayudó a la recopilación de datos para el estudio. "La importancia de esto apenas puede sobreestimarse".

John Hawks, de la Universidad de Wisconsin-Madison, está de acuerdo. "Creo que esto afectará a prácticamente todos los acontecimientos de la evolución humana, desde la divergencia inicial de nuestro linaje a la dispersión fuera de África."

Quizás la consecuencia más significativa la hallemos en la búsqueda de los primeros miembros de una tribu humana. Por ahora, el Australopithecus es el más antiguo homínido aceptada, aunque una división anterior nos trae a escena a otras especies.

- Precisando nuestros orígenes (1) .
- Precisando nuestros orígenes (2).

- Artículo original: "Our true dawn: Pinning down human origins"
- Imagen y diagrama: Istockphoto y New.Scientist.com
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