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» » » Las terapias para gay no funcionan, pero su prohibición tampoco ayuda a nadie

Referencia: NewScientist.com .
Por Christopher J. Ferguson, 29 de octubre 2012

Las terapias que pretenden corregir a la gente gay son odiosas y peligrosas, pero con su prohibición no se va a ganar a sus partidarios.

¿Puede la terapia corregir la orientación sexual de la gente gay? Puede parecer extraño hacer esta pregunta a estas alturas de siglo, pero la terapia reparativa (o de conversión), está de vuelta en las noticias. El mes pasado, el gobernador de California, Jerry Brown, firmó una ley que prohíbe la terapia reparativa para los menores. A los pocos días, un grupo cristiano legal, el Pacific Justice Institute, interpuso una demanda ante su ejecución, basándose tanto en la libertad de expresión como de intrusión en la intimidad de las relaciones entre los terapeutas y las familias.

La terapia reparativa se utiliza principalmente en las comunidades religiosas conservadoras porque estiman que el comportamiento homosexual es un pecado. Se basan en la suposición errónea de que la homosexualidad es un trastorno mental, una posición que ya fue rechazada ampliamente por la psiquiatría convencional en 1973.

Por eso, la prohibición en California puede parecer algo bueno. Aunque no necesariamente. El caso plantea importantes cuestiones sobre el papel del gobierno en la promoción de la igualdad de las minorías reprimidas.

En primer lugar, permítanme aclarar que no estoy defendiendo la terapia reparativa. Lejos de ello. La American Psychological Association ha advertido de que es lo mejor entre lo inútil, y en lo peor de lo potencialmente dañino, la estigmatización no cambia la orientación sexual. Los estudios citados por la APA sugiere que dicha terapia puede conducir a la ansiedad, la depresión y, en algunas personas, a un riesgo elevado de suicidio.

La principal evidencia a favor de la terapia reparativa vino de un informe de 2003 publicado en la revista Archives of Sexual Behavior (vol 32, p 403) por Robert Spitzer, del New York State Psychiatric Institute. Donde se informaba que algunos participantes se auto-identificaron como heterosexuales después de la terapia. Sin embargo, el estudio no analizaba las inclinaciones sexuales reales o las fantasías eróticas, y la muestra consistió fundamentalmente de conservadores religiosos deseosos de identificarse como heterosexuales. El estudio de Spitzer fue objeto de severas críticas y él mismo lo desautorizó en 2012, pidiendo disculpas a la comunidad gay.

En pocas palabras, las evidencias actuales sugieren que la terapia reparativa es inútil e incluso peligrosa. Sin embargo, eso no significa que necesariamente deba ser prohibida.

En primer lugar, cabe señalar que muchas formas de psicoterapia son perjudiciales. En un informe clásico en Perspectives on Psychological Science (vol 2, p 53), Scott Lilienfeld, de la Universidad de Emory en Atlanta, Georgia, detalla una serie de terapias, donde las evidencias sugieren que son perjudiciales. Entre ellas, la terapia de renacimiento (rebirthing therapy), la terapia de recuperación de memoria (recovered memory therapy) y la comunicación facilitada (facilitated communication), que supuestamente permite a los niños con graves trastornos del desarrollo poder comunicarse.

Pero también se incluyen enfoques convencionales, como los campos de entrenamiento para jóvenes con problemas de conducta, Abuso de Drogas y Resistencia Educativa (DARE, Drug Abuse and Resistance Education), y el Scared Straight, cuyo objetivo es asustar a los adolescentes ante una vida de delincuencia exponiéndolos a prisión. Si la intención de la prohibición en California es la eliminación de tratamientos potencialmente dañinos, ¿por qué no prohibir estos también? De estos tratamientos nocivos, enumerados por Lilienfeld, sólo la terapia de Renacimiento se ha prohibido, y únicamente en dos estados. Incluso la lobotomía no está prohibida en EE.UU. Los campos de entrenamiento y los programas DARE son exigidos por el sistema judicial o en escuelas para algunos niños. Como tal, su impacto negativo potencial es tan grande como el de la terapia reparativa.

Por supuesto, el tema de la terapia reparativa encaja con una narrativa más amplia de los derechos de los homosexuales y la truculencia de los conservadores religiosos en el reconocimiento de la igualdad para los homosexuales. Tal vez la terapia reparativa parece, simplemente, más odiosa y por tanto, particularmente desagradable. Sin embargo, los programas como Scared Straight y los campos de entrenamiento, dirigidos a los adolescentes, son igualmente odiosos, como señala el sociólogo Mike Males, del Centro de Justicia Juvenil y Criminal en San Francisco, los adolescentes tienden a ser el perenne saco de boxeo de la sociedad.

Aunque la terapia reparativa pueda, de hecho, ser una cosa horrible, no estoy convencido de que una regulación gubernamental sea la mejor manera de hacerle frente. El corazón de este problema es la terquedad de algunas personas en aceptar el hecho de que los adultos consienten en llevar una vida sexual diferente a la suya. Y dudo que dicha regulación afronte este problema fundamental. Incluso podría ser contraproducente, además de convencer a los conservadores religiosos de que están bajo el fuego de una cultura cada vez más secular y liberalizada. Parece poco probable que las familias y los terapeutas que no han escuchado las advertencias de la APA acerca de la terapia reparativa, vayan ahora a dejarse influenciar por el estado de California.

En un plano más general, creo que el gobierno debería tener cuidado al afrontar los asuntos sociales, en especial cuando se utilizan datos de las ciencias sociales. El estudio de Spitzer es, quizá, un ejemplo de ello, pero cada vez más en este campo, reconocemos que tenemos un problema con una metodología flexible, es decir que nuestros procedimientos de análisis de datos son muy endebles, y no es posible "probar" nada.

El consenso en cualquier punto o momento es en gran medida irrelevante. Hoy día, algo seguro y científico es una deseada ciencia de futuro. Eso resultó evidene el año pasado, en un caso de la Corte Suprema de EE.UU., cuando en un (nuevo) intento por California de prohibir las ventas de videojuegos violentos a menores de edad fue derribado, en parte porque el caso científico pudo desenredarse. Hace diez años, los académicos estaban seguros de los juegos de video violentos originaban la ​​agresión, y poco a poco se fue haciendo más claro que nunca hubo evidencia de ello. Dudo mucho que la terapia reparativa sea igualmente redimida, pero me preocupa que las ciencias sociales se convierta en la base de esa política.

Los hombres las mujeres gay y se han beneficiado de una liberalización general de nuestra cultura. Tampoco creo que esto pueda ser algo que tenga que ser reforzado a través de la legislación. La campaña para prohibir la terapia reparativa es comprensible, pero, aparte de una simbólica victoria, me preocupa el hecho de si tendrá un efecto no deseado.


Autor: Christopher J. Ferguson es profesor asociado de psicología y justicia criminal en la Texas A&M International University en Laredo.
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