Ads-728

Ads-728

Psicología

Astrofísica

Genética

Neurociencia

» » Memoria: Cómo el cerebro teje la historia de tu vida

Referencia: NewScientist.com .
Por Kirsten Weir, 8 de octubre 2012

El día de su graduación. El primer concierto al que asistió. Su primer beso. Estos recuerdos personales se distinguen de recuerdos tales como la lista de la compra o las capitales del mundo. Los recuerdos autobiográficos nos definen, ellos son lo que somos.

Sin embargo, están lejos de ser completos, algunos períodos de nuestra vida producen muchos recuerdos mientras que otros reciben una cobertura relativamente irregular. ¿Qué fuerzas nos llevan a recordar un evento, y a olvidar otro? Hasta hace poco, el tema había sido mayormente una caja negra para los investigadores, pero han empezado a dar pasos agigantados hacia una comprensión de la forma en que nuestras mentes escriben la historia de nuestra vida.

Nuestro cerebro ciertamente empieza a recordar a una edad temprana, el simple aprendizaje de asociaciones antes de nacer. Un pequeño estudio descubrió que incluso los recién nacidos tienden a dejar de llorar al escuchar la melodía de un programa de televisión que la madre veía a menudo durante el embarazo, tal vez porque les recuerda el confort del útero. Pero no podemos recordar conscientemente acontecimientos especiales desde antes de los 2 ó 3 años de edad, que es cuando nuestra memoria autobiográfica comienza a desarrollarse. Aún así, nos metemos en apuros a la hora de recordar mucho antes de nuestro sexto cumpleaños.

Hasta ahora, han surgido tres factores diferentes que podrían explicar estos brumosos recuerdos. Una posibilidad es que las vías neuronales no están lo suficientemente maduras entre el hipocampo (donde se consolidan los recuerdos) y el resto del cerebro, por lo que nuestras experiencias de este período nunca se almacenarían a largo plazo. Nuestras florecientes habilidades lingüísticas también juegan un papel importantísimo, indica Martin Conway de la City University de Londres, porque las palabras proporcionan una especie de andamio en el que colgamos nuestros recuerdos para su futura recuperación. Sus experimentos han demostrado que los niños no tienden a recordar un evento hasta que no aprenden las palabras para describirlo.

El sentido de la propia identidad es fundamental para nuestra memoria de experiencias particulares. En una serie de experimentos, Mark Howe, en la Universidad de Lancaster de Reino Unido, le mostraba a unos nenes (en edad de andar) un león de juguete, que luego colocaba en un cajón. Una semana más tarde, los que podían reconocerse en un espejo (una señal de que habían desarrollado un sentido de sí mismos), fueron capaces de recordar dónde había puesto el juguete de peluche, mientras que los nenes que no pasaron la prueba del espejo se quedaron en blanco.

A medida que envejecemos, nuestras identidades y recuerdos se desarrollan conjuntamente en una íntima danza. Si bien los acontecimientos en la vida moldean la opinión de uno mismo, la personalidad también determina lo que uno recuerda, los que piensan en lo valientes que son, pueden dejar de recordar una época en la que actuaron cobardemente, por ejemplo. "El sentido de quién eres y de cómo se establecen tus rasgos de personalidad están muy atados a la memoria autobiográfica", dice Robyn Fivush de la Universidad Emory en Atlanta, Georgia.

Los rectores de todo esto son nuestros padres, que forman nuestra identidad y cimentan nuestros recuerdos con su narración. Las familias que dialogan sobre los acontecimientos personales de una forma más elaborada, conforme los niños llegan a la edad escolar, ayuda a que los niños vayan desarrollando sus propios relatos con más detalle, que aquellos otros cuyos padres tejen historias menos complejas. El psicólogo Qi Wang, de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York, cree que esto puede explicar la influencia de la cultura sobre la forma que recordamos. Por ejemplo, los padres chinos tienden a centrarse menos en las experiencias y emociones individuales cuando hablan del pasado, utilizan menos detalles que los estadounidenses. A consecuencia de ello, Wang ha descubierto que los recuerdos de los chinos, incluso durante la edad adulta, tienden a ser menos personales, centrándose más, en cambio, en los acontecimientos de importancia social o histórica.

A medida que nos aventuramos más lejos de la seguridad del abrazo de nuestros padres, nuestros recuerdos autobiográficos siguen madurando. La diferencia es muy notable, dice Conway, con 10 años de edad, no puedes transmitir una historia coherente de tu vida, pero con 20 años, puedes contarla durante horas. "Algo ocurre durante ese período de la adolescencia". ¿Pero qué? Hasta el momento, los estudios para abordar esta cuestión son insuficientes. "Hay una gran laguna entre los 7 años y el final de la adolescencia en la que no se sabe muy bien lo que está pasando."

El guión cultural

Lo que sí sabemos, sin embargo, es que tenemos mayor tendencia a recordar los eventos del final de este período, el de la juventud, que el de cualquier otro período de nuestra vida. Esta "abundancia evocadora" puede ser el resultado de las alteraciones anatómicas que se van sucediendo en el cerebro todavía en desarrollo. Alternativamente, es posible que nuestros cerebros sientan las emociones con más intensidad durante la adolescencia y la primera juventud, y esos recuerdos, ligados a sentimientos intensos, se fijen durante más tiempo en nuestra mente.

O quizás, simplemente, se trate de los muchos hitos importantes que acaecen en nuestra vida, aprender a conducir, graduarse, enamorarse por primera vez, que tienden a centrarse dentro de este período. "Esos distintos acontecimientos tienen más probabilidades de ser recordados, porque están culturalmente marcados", señala Fivush.

Unos trabajos recientes en Dinamarca apoyan esta idea. Annette Bohn y Dorthe Berntsen, de la Universidad de Aarhus, descubrieron que cuando se les pedía a esos jóvenes que escribieran sus historias de vida en el futuro, la mayoría de los acontecimientos que imaginaban en la edad adulta reflejaban esa abundancia evocadora. Así pues, parece que somos conscientes de la "escritura de la vida cultural" desde una edad temprana, que va moldeando nuestros recuerdos de los acontecimientos a medida que ocurren.

El hallazgo encaja con la idea de que la memoria y la previsión comparten la misma maquinaria cerebral. La capacidad de un niño para imaginar el futuro parece desarrollarse en conjunto con su memoria autobiográfica, por ejemplo. Wang, por su parte, ha encontrado que las diferencias culturales que dan forma a nuestras historias personales también pueden influir en nuestra capacidad de planificación, demostrando que los chinos son menos propensos a dar detalles específicos y personales que los estadounidenses cuando hablan de los acontecimientos que están por venir.

Nuestros recuerdos autobiográficos no son perfectos, eso seguro. Pero ya sea que miremos hacia delante o hacia el pasado, nuestra narrativa personal es fundamental para la comprensión de nuestro lugar en el mundo. Eso es algo digno de recordar.


ANEXO: Recuerdos compartidos

Los recuerdos autobiográficos son, por definición, personales. Pero eso no quiere decir que sean todos nuestros, dice Amanda Barnier, científico cognitivo de la Universidad Macquarie en Sydney, Australia. Ella y sus colegas, entrevistaron a parejas que habían estado casadas durante décadas. No es sorprendente que las parejas, cuando estaban juntos, eran capaces de recordar significativamente más que cuando lo hacían en solitario.

Mucha de estas investigaciones se centran en los aspectos negativos de este proceso, incluyendo el riesgo de falsos recuerdos: no tiene nada de raro que las personas absorban recuerdos de sus hermanos o cónyuges en sus propias historias de vida.

Pero Barnier afirma que, los beneficios de estos recuerdos han sido pasados ​​por alto. Comprender las señales que utilizan las parejas para provocar el recuerdo en el otro podría ofrecer nuevas formas de apuntalar esa memoria en las personas mayores para enfrentar la demencia, por ejemplo.

"Respecto a esta idea, a menudo escuchamos que cuando alguien pierde a su pareja unidos de hace mucho, de repente experimentan un rápido declinar en sus vidas", explica. "Podría entenderse como si hubieran perdido una parte de su mente, de su memoria."


- Serie dedicada a la memoria: "La última guía de la memoria".
- De esta serie: Memoria: El recuerdo de lo que vendrá .
- Imagen: Vasiliki Varvaki/Getty Images.
.

«
Next
Entrada más reciente
»
Previous
Entrada antigua
Editor del blog Pedro Donaire

Filosofía

Educación

Deporte

Tecnología

Materiales