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» » La evolución puede explicar el efecto placebo

Referencia: NewScientist.com .
Autor: Colin Barras, 6 septiembre 2012

Visto superficialmente, el efecto placebo no tiene sentido. Eso de que alguien que sufre de una infección de bajo nivel se recupere tanto si toma un fármaco activo como una píldora de azúcar simple. De donde surge la pregunta de que si las personas son capaces de curarse a sí mismos sin ayuda, ¿por qué esperar a una píldora de azúcar para recuperar el sistema?

Estas nuevas evidencias, desde un modelo informático, ofrece una posible explicación evolutiva, dando a entender que el sistema inmune tiene un interruptor de encendido y apagado controlado por la mente.

Todo comienza con la observación de que en muchos animales también sucede algo similar al efecto placebo, señala Peter Trimmer, biólogo de la Universidad de Bristol, RU. Por ejemplo, los hámsters siberianos hacen muy poco por combatir una infección si las luces de encima de su jaula, en el laboratorio, imitan los días cortos y las noches largas típicas del invierno. Sin embargo, si se cambia el patrón de iluminación para dar la impresión del verano, entonces sí preparan una respuesta inmune completa.

De igual manera, aquellas personas que piensan que están tomando un medicamento, pero que realmente están recibiendo un placebo, pueden tener una respuesta que es el doble de si no recibiera las píldoras (Annals of Family Medicine, doi.org/cckm8b). Tanto en los hámsters siberianos como en las personas, la intervención crea una señal mental que comienza a poner en marcha la respuesta inmune.

Hay una simple explicación, dice Trimmer: el sistema inmunulógico es costoso su funcionamiento, y lo costoso de una respuesta fuerte y sostenida podría agotar peligrosamente las reservas de energía de un animal. En otras palabras, siempre que la infección no sea letal, vale la pena esperar a una señal que indique que esa lucha no pondrá en peligro al animal de otras maneras.

Nicholas Humphrey, psicólogo ya retirado de la London School of Economics, fue el primero en proponer esta idea hace unos diez años, pero sólo ahora tiene evidencias que lo apoyen, como es el caso de un modelo informático diseñado por Trimmer y sus colegas.

Según esa idea de Humphrey, el hámster siberiano subconscientemente actúa en base a la señal de que es verano, porque en esa época del año los suministros de alimentos son abundantes para mantener una respuesta inmune. Nosotros, de manera similar, respondemos al tratamiento, incluso a un simulacro, ya que viene con la garantía de que debilitará la infección, permitiendo que nuestra respuesta inmune tenga éxito rápidamente sin afectar a los recursos del organismo.

La simulación de Trimmer se basaba en esta suposición, la de que en la lucha contra las infecciones de bajo nivel los animales requieren gastar recursos vitales. El modelo reveló que, en los entornos más exigentes, los animales viven más tiempo y tienen más descendencia si eran capaces de soportar las infecciones sin tener que preparar una respuesta inmune. En ambientes más favorables, era mejor para los animales preparar la respuesta inmune y recuperar la salud tan pronto como fuese posible (Evolution and Human Behavior, doi.org/h8p). Los resultados muestran un claro beneficio evolutivo en el hecho de activar o desactivar el sistema inmune en función de las condiciones ambientales.

"Estoy contento de ver que mi teoría se mantiene con la modelización computacional", comenta Humphrey. Si la idea es correcta, añade, significa que hemos malentendido la naturaleza de los placebos. Las innovaciones agrícolas y de otro tipo de los últimos 10.000 años cobran el significado de que muchas personas tengan un suministro estable de alimentos y seguro para poder tener lista una respuesta inmune completa en cualquier momento; pero nuestro interruptor subconsciente no se ha adaptado a ello. Los trucos con el placebo inducen a la mente a pensar que es un momento ideal para cambiar de una respuesta inmune, concluye Humphrey.

Paul Enck, de la Universidad de Tübingen, en Alemania, señala que es una idea interesante, pero apunta que hay muchas respuestas distintas al placebo dependiendo de la enfermedad. Es poco probable que exista un mecanismo único que las explique todas.
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