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» » Dudas sobre el principal aspecto del trastorno de identidad disociativo

Referencia: News.Harvard.edu , 19 agosto 2012

Se trata de uno de los giros de trama más comunes de Hollywood, atrapado in fraganti, el asesino afirma que sufre de trastorno de personalidad múltiple, y dice que no recuerda nada del crimen, apuntando con su dedo hacia una personalidad alternativa.

Un nuevo estudio, sin embargo, sugiere que este escenario pertenece estrictamente al ámbito de la ficción.

El estudio, realizado por Richard J. McNally, de la Universidad de Harvard, Rafaele Huntjens, de la Universidad de Groningen, y Bruno Verschuere, de la Universidad de Amsterdam, arroja dudas sobre la "barrera amnésica" que ha sido durante mucho tiempo una característica de lo que hoy se denomina trastorno de identidad disociativo (DID, dissociative identity disorder), demostrando que los pacientes sí tienen conocimiento de sus otras identidades. Huntjens fue el autor principal del estudio, del que se informó en un artículo publicado en PLoS ONE el 17 de julio.

"En última instancia, este trastorno es una forma de expresar la angustia", señaló McNally, profesor de la facultad de Psicología. "Lo que hemos demostrado es que la idea fundamental del concepto de DID, la de que hay amnesia entre las identidades, no existen pruebas convincentes de ello".

Hace aproximadamente un siglo, Morton Prince , un neurólogo educado en Harvard que trabajaba en el área de Boston, acuñó la frase "trastorno de personalidad múltiple" para describir el caso de Sally Beauchamp, una mujer de Arlington que parecía tener dos personalidades.

Los Informes de DID, que a veces se confunden con la esquizofrenia, eran raros en el siglo XX, tan sólo unas pocas docenas de casos aparecen en la literatura. Con la publicación de "Sybil" (1973), sin embargo, la condición entró en la corriente principal. La historia de Sybil Dorsett, era de una mujer que afirmaba tener hasta una docena de personalidades, se convirtió en sensación internacional. Hubo dos adaptaciones cinematográficas.

Los diagnósticos de DID aumentaron considerablemente en las dos décadas siguientes. Además de elevar el perfil público de la enfermedad, el libro también marcó la primera sugerencia de que esas personalidades alternas se crearon como un escudo ante los recuerdos traumáticos de abuso físico o sexual, y que tales recuerdos podían ser recuperados con la ayuda de un terapeuta .

"La idea en ese momento era que la mente bloquea esos recuerdos, pero con la ayuda de un terapeuta, y por medio de la hipnosis o el uso de drogas, como el sodio pentotal, esos recuerdos podían convertirse en accesibles", explicaba McNally.

Para saber si realmente hay una "barrera amnésica" entre las identidades de un paciente de DID, McNally y sus colaboradores concibieron un experimento único.

Mientras que en los estudios anteriores se basaban simplemente en preguntas, sin manera de asegurarse de la veracidad de las respuestas, la prueba descrita por McNally fue diseñada intencionadamente para "engañar" a los pacientes, lo que hace casi imposible su falsificación.

Llamada la "tarea de información oculta", el objetivo de la prueba es aparentemente simple: identificar las palabras que van parpadeando en la pantalla del ordenador. Si aparece una palabra "objetivo" de entre un pequeño grupo de elegidas al azar, pulsa sí. Para todas las demás, pulsa no. La idea es, según McNally, que muchas de estas palabras no significan lo mismo para los pacientes, un pequeño subconjunto de palabras, que eran objetivo, fueron tomadas de los cuestionarios autobiográficos que dos pacientes rellenaron al inicio de la prueba, una sobre personalidad, y la segunda del otro.

Cuando una de esas palabras, personalmente relevantes, como puede ser el nombre del mejor amigo, comida favorita o el deporte favorito, aparece en la pantalla, prosiguió McNally, el primer impulso de la mayoría de los pacientes es pulsar el botón  sí. Instantes después, sin embargo, se dan cuenta de que la palabra no aparece en la lista de objetivos, y en su caso dan la respuesta "correcta" pulsando no.

Es ese "retraso de procesamiento", medido en milésimas de segundo, lo que demuestra que los pacientes "conocen" una palabra personalmente relevante, reseñaba McNally. Si la amnesia entre las identidades fuesen reales, el retraso, o sea,  el tiempo que se tarda en reconocer una palabra, darse cuenta de que no está en la lista de destino y en pulsar el botón correcto, todo ello debería desaparecer.

Pues los resultados mostraron lo contrario.

Como era de esperar, el retraso apareció en las palabras que eran relevantes para la personalidad que hacia el test. Todos los participantes mostraron un retardo casi idéntico en las palabras que eran pertinentes a sus personalidades alternativas, McNally, dijo, sugiriendo que la información no estaba atrapada en la supuesta identidad separada.

"Para los pacientes con DID, el aumento en el tiempo de reacción fue notable", dijo McNally. "Esto demuestra que la información se filtra a través de la llamada barrera amnésica. La cuestión es, si una identidad está realmente amnésica de información, se supone que está solamente accesible para la otra identidad, y la respuesta parece ser que no."

McNally afirmaba que aquellos que dicen estar sufriendo de este trastorno pueden estar reaccionando más a las expectativas culturales que a las realidades psicológicas.

"Para las personas que lo padecen, este trastorno es en última instancia una forma de expresar angustia", dijo McNally. "Las culturas proporcionan una cierta cobertura a la gente para expresar dolor o el sufrimiento psicológico, y el DID es una especie de figura cultural a tal efecto. En el siglo XIX, las mujeres podían conseguirlo con los "vapores" y el desmayo, ahora no se ve nada de eso. Francamente, no creo que se perdiera mucho si eliminaran este diagnóstico se eliminaron del Diagnostic and Statistical Manual (Manual Estadístico y de Diagnóstico). Las personas, simplemente, comenzarían a expresar su sufrimiento en diferentes formas que son más dóciles al tratamiento."


- Image: Richard McNally. Kris Snibbe/Harvard fotógrafo.
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