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» » Cómo cambian las bacterias de la vagina durante el embarazo


Autora: S.E. Gould, 16 de junio 2012

Algo que viene haciéndose cada vez más evidente con cada nueva investigación es que el cuerpo humano es un hervidero de bacterias, inofensivas la mayoría, que viven en cualquier hueco que pueden y, al mismo tiempo, afectando a su huésped humano lo menos posible. En algunos casos, estas bacterias pueden ser muy beneficiosas, evitan que bacterias más peligrosas se instalen en lugares como el estómago o la garganta, pero, en algunos casos, se vuelven más pícaras, y entran en lugares que no debieran, causando estragos.

Un diagrama del sistema reproductor femenino, 
con las zonas etiquetadas para saber a qué nos estamos
 refiriendo. Vectorizado por un usuario en Inkscape,
 Mysid, desde una imagen CDC de dominio público.
A pesar de los sitios relativamente seguros y prósperos que el cuerpo humano proporciona, vivir en ellos también tiene su lado negativo. A medida que el cuerpo cambia, crece y se enferma, las bacterias están sujetas a cambios sismológicos en sus habitáculos. Y para las bacterias que viven alrededor de las áreas reproductivas femeninas, el embarazo representa, por cierto, un cambio muy drástico.

Para dejarlo claro, las bacterias no viven en el útero (si se metieran ahí dentro les podría ir mal, muy mal), pero sí que establecen sus campamentos a lo largo de la vagina, y básicamente, en cualquier parte del sistema reproductivo (y por todo el cuerpo) que les permita un alcance seguro desde el exterior. Aparte de proteger contra las infecciones de hongos y otros patógenos, simplemente por la colonización del espacio disponible, las bacterias vaginales también ayudan de forma activa a disminuir el pH dentro de la vagina, haciendo más difícil que otras infecciones se establezcan. Eliminar estas bacterias (como cualquiera que haya tomado antibióticos para la cistitis será consciente), puede conducir a la infección fúngica de candidiasis, ya que sin estas bacterias ocupando su sitio este hongo puede asumir el control.

Con el fin de explorar cómo las bacterias vaginales pueden cambiar durante el embarazo, los investigadores tomaron 68 muestras de 24 mujeres sanas embarazadas (entre 18 y 40 semanas confirmadas) y las compararon con 310 muestras de 60 controles no gestantes. Aislaron el ADN de la vagina, lo secuenciaron, y luego lo organizaron en diferentes grupos taxonómicos bacterianos. Todas las mujeres del grupo control eran no estaban menstruando en ese momento, y alrededor de la mitad tomanban anticonceptivos hormonales. Los detalles concretos se pueden ver en la ref. 1.

En general, las mujeres embarazadas mostraron mucha menos diversidad de especies bacterianas y un menor número de colonias presentes, especialmente en áreas cerca del útero, por cierto muy escasas. En estas mujeres, tanto embarazadas como no embarazadas, las colonias variaban a lo largo de la zona vaginal, y las especies dominantes eran Lactobacillus spp. Algunas especies particulares de bacterias resultaron ser más frecuentes en el embarazo, a pesar de que la diversidad global se redujo. Esta instantánea de la flora bacteriana vaginal como un paisaje cambiante, afectada por el pH interno y diezmada por la inminente embarazo, es fascinante, y muestra una maravillosa interacción entre la humanidad y las bacterias viviendo en ella.

Pero el embarazo no sólo implica cambios en las bacterias, también viene con un bebé. El útero, donde crece el feto, es un ambiente cómodo y estéril, y de repente, en un corto espacio de tiempo, necesita ser empujado hacia abajo con fuerza por un estrecho tubo contaminado por las bacterias de un mundo frío e implacable.

En un fascinante estudio (aunque de poco alcance) de los bebés nacidos por parto vaginal o por cesárea, los investigadores (Ref. 2) encontraron una diferencia en las comunidades bacterianas. Los bebés nacidos por parto vaginal desarrollaron especies típicas vaginales, como la Lactobacillus, Prevotella o Sneathia de la piel, la garganta y el intestino, mientras que los bebés nacidos por cesárea habían recogido las especies de bacterias de la piel (Staphylococcus, Corynebacterium y Propionibacterium). Por otra parte, mientras que en las adultas hay diferentes especies de bacterias en diferentes lugares (piel, intestino, vagina, etc.), en los recién nacidos se veía la misma especie bacteriana en todas partes. Teniendo en cuenta que no ha hecho más que entrar en un mundo desde un ambiente estéril, no es nada sorprendente, pero plantea algunas preguntas interesantes sobre cómo las diferentes especies encuentran su camino hacia el bebé y comienza a florecer en sus propios pequeños nichos.

Como muchos bebés, no puedo decir que mi método de nacimiento por cesárea haya tenido un gran impacto en mi salud en general, o en mi relación con las bacterias; pero lo que está claro es que las bacterias están con nosotros durante toda nuestra vida, cambiando conforme a nuestros cuerpos, y de forma fluctuante conforme atravesamos diferentes etapas de salud.


- Sobre la autora: Bioquímica enamorada de la microbiología, le encanta explorar, leer y escribir sobre las bacterias. Ahora trabaja para una pequeña empresa en Cambridge, donde convierte los datos en palabras manejables y gráficos impresionantes.
- Ref 1: Kjersti Aagaard, Kevin Riehle, Jun Ma, Nicola Segata4, Toni-Ann Mistretta, Cristian Coarfa, Sabeen Raza, Sean Rosenbaum, Ignatia Van den Veyver, Aleksandar Milosavljevic, Dirk Gevers, Curtis Huttenhower, Joseph Petrosino, James Versalovic (2012). A Metagenomic Approach to Characterization of the Vaginal Microbiome Signature in Pregnancy PloS one, 7 (6) DOI: 10.1016/j.ajog.2010.10.087 .
- Ref. 2: Maria G. Dominguez-Bello, & et al. (2010). Delivery mode shapes the acquisition and structure of the initial microbiota across multiple body habitats in newborns Proceedings of the National Academy of Sciences, 107 (26) DOI: 10.1073/pnas.1002601107 .

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