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» » » » La hipótesis de Dios

La línea divisoria entre los científicos, creyentes y no creyentes, es que la ciencia y la religión son lo que Stephen Jay Gould llamó, "magisterios no superpuestos". En 1998, la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. emitió un comunicado afirmando que "La ciencia no puede decir nada acerca de lo sobrenatural. Si Dios existe o no, es una cuestión sobre lo que la ciencia es neutral."

Sin embargo, según una encuesta del mismo año, el 93 por ciento de los miembros de la academia no creen en un dios personal.


Aproximadamente el mismo porcentaje de todos los ciudadanos de Estados Unidos dicen que sí creen en un dios personal, lo que le hace a uno preguntarse si ello conduce, si no a una ciencia, si a una élite de científicos estadounidenses que difieren dramáticamente de la población general.

La mayoría de los científicos, a todos los niveles, no creen en ningún dios. Sin embargo, la mayoría no tienen voluntad alguna de desafiar las creencias religiosas de los demás. Yo soy un físico que, junto con otros, conocidos como los Nuevos Ateos, están dispuestos a desafiar las creencias religiosas. Los dioses adorados por miles de millones existen o no existen. Y de esos dioses, si existen, debe haber consecuencias observables. Así pues, la cuestión de su existencia es una cuestión científica legítima, y tiene una importancia profunda para la humanidad.


Podemos considerar la existencia de Dios como una hipótesis científica y buscar la evidencia empírica que seguiría. Muchos de los atributos asociados con el Dios judeo-cristiano-islámico tiene consecuencias específicas que pueden ser testeadas empíricamente. A ese Dios se le supone que desempeña un papel central en el funcionamiento del universo y en la vida de los seres humanos. A resultas de esto, la evidencia para su existencia debe ser fácilmente detectable por medios científicos.

Si de un experimento apropiadamente controlado saliera alguna observación que no se pudiera explicar por medios naturales, la ciencia tendría que tomar en serio la posibilidad de un mundo más allá de la materia.

De hecho, los científicos han testeado empíricamente la eficacia de la oración para interceder en nombre de los demás. Estos estudios, en principio, podría haber demostrado científicamente que algún dios existe. Bastaría que hubieran encontrado de manera concluyente, en un estudio a doble-ciego controlado con placebo, que la intercesión de las oraciones sanan a los enfermos, sería difícil hallar una explicación natural. Pero no lo encontraron.

Se han realizado pruebas similares sobre las experiencias cercanas a la muerte (ECM). Algunas personas que han tenido una ECM durante una cirugía, han dicho que flotaban por encima de la mesa de operaciones y veían todo lo que sucedía a continuación. Si esto es una experiencia real o una alucinación, pudo comprobarse fácilmente mediante la colocación de un mensaje secreto en un estante alto, fuera de la vista del paciente y del personal del hospital. Esto se ha probado, y no hay ningún informe de una ECM que aún haya leído el mensaje.

Igual que la ciencia puede diseñar experimentos para probar la existencia de Dios, también puede buscar pruebas contra la existencia de un dios en el mundo que nos rodea. Aquí debemos tener claro que no se trata de evidencias en contra de cualquiera de los dioses concebibles. Por ejemplo, un dios deísta que crea el universo y luego lo deja solo, sería muy difícil su falsabilidad. Sin embargo, nadie rinde culto a un dios que no hace nada.

Si Dios es el diseñador inteligente de la vida en la Tierra, entonces debemos encontrar pruebas de su inteligencia observando la estructura de la vida. Nada hemos encontrado. El movimiento del Diseño Inteligente fracasa en su esfuerzo por demostrar que la complejidad descubierta en algunos sistemas biológicos es irreductible, y que no se pueda explicar dentro de la evolución darwiniana. La vida en la Tierra se ve tal cual es, observando que surgió por selección natural.

La mayoría de las religiones afirman que los humanos poseen almas inmateriales que controlan gran parte de nuestro proceso mental. Si esto fuera cierto, deberíamos ser capaces de observar esos fenómenos inducidos mentales, independientes de la química del cerebro. Nada se ha observado.

Si Dios es la fuente de la moralidad, entonces deberíamos encontrar evidencias de un origen sobrenatural en el comportamiento humano. Nada se ha encontrado. El comportamiento de la gente de fe en promedio no es mejor, y en algunos casos se comportan peor que las personas de convicciones sin fe. La historia demuestra que las guías morales y éticas que la mayoría de nosotros vivimos no se han originado con las religiones monoteístas, como los defensores de las religiones nos quieren hacer creer. En vez de eso, el comportamiento moral parece haber evolucionado socialmente.

Una vez más, si Dios contesta las oraciones, deberíamos ver los efectos milagrosos de la oración. Con millones de oradores que debe haber  todos los días durante miles de años, podríamos esperar alguna respuesta que por ahora no ha sido verificada, en absoluto.

Si Dios ha revelado verdades a la humanidad, desde luego estas verdades deben ser comprobables. Durante milenios muchas personas han informado de experiencias religiosas o místicas con las que se han comunicado con uno u otro dios. A estas alturas, deberíamos haber visto alguna prueba confirmándolo, algún hecho constatable de que no podría haber estado en la cabeza de alguien, a poco que se le haya revelado. Pues nada de nada.

Si Dios es el creador del universo, entonces deberíamos encontrar de ello en la astronomía y la física. Pues tampoco. El origen de nuestro universo no requiere de ningún milagro. Por otra parte, la cosmología moderna sugiere un eterno "multiverso", en el cual, muchos otros universos van y vienen.

Si los seres humanos son una creación especial de Dios, entonces el universo debería ser agradable para la vida humana. Simplemente, no lo es. Los teístas afirman que los parámetros del universo están perfectamente-afinados por la vida humana. Y resulta que no lo están. El universo no está bien-afinado para nosotros. Somos nosotros los que estamos bien-afinados para el universo.

Después de evaluar todas las pruebas, podemos concluir que el universo y la vida se ven exactamente como se esperaría ver si Dios no existiera.

Por último, me gustaría hacer un comentario sobre lo absurdo de la fe. Cuando la fe gobierna sobre los hechos, el pensamiento mágico se convierte en algo profundamente arraigado y deforma todas las áreas de la vida. Se produce un estado de mental en el que los conceptos se formulan con gran pasión, pero sin la más mínima atención a la evidencia. En ninguna parte esto es más evidente que en EE.UU. hoy día, donde los cristianos buscan convertir al país en una teocracia impuesta por el Partido Republicano. La fe ciega no debe gobernar el mundo.


- Este artículo apareció el 17 de marzo 2012 "God issue"  en New Scientist.
- Referencia: HuffingtonPost.com, 20 marzo 2012, por Victor Stenger
- Imagen de Gerardo Sanz, blog Conversaciones con el Huracán .

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Editor del blog Pedro Donaire

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