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De un discurso el 4 de marzo de 2012 en la Reunión del CFI, "Moving Secularism Forward", Orlando.
 
Me gustaría hablar acerca de un grupo determinado de laicos, científicos, y su interacción con la religión. La mayoría de los científicos prefieren mantenerse al margen de cualquier conflicto con la religión. No quieren poner en peligro sus fuentes de financiación para la investigación y, en general, no quieren ser importunados. Tienen mejores cosas que hacer, o al menos, eso es lo que ellos creen.

Quiero instar a aquellos de ustedes que no sean científicos para que traten de convencer a aquellos que se andan con subterfugios en torno a la religión y hagan frente a una realidad que existe y siempre ha sido así: una plaga para la humanidad que ha impedido nuestro progreso durante milenios y que ahora amenaza nuestra propia existencia.

Los científicos tienen que ayudar al resto de la comunidad secular, trabajando en pos de una reducción de la influencia de la religión, hasta que su efecto sobre la sociedad sea insignificante. No creo que esto sea imposible. La astrología y el leer las entrañas de las ovejas ya no se utilizan para decidir sobre el curso de los acontecimientos, por ejemplo, para ir a la guerra. ¿Por qué no podemos esperar lo mismo de esos diálogos imaginarios con un antiguo dios tribal del cielo que, incluso hace poco un presidente, ha utilizado para justificar sus acciones?


Echemos un vistazo a algunos sitios donde los científicos han sido renuentes a reconocer el impacto negativo que la religión está teniendo sobre importantes asuntos científicos. Desde la década de 1850, la población humana se ha disparado, provocando una insostenible explotación de los recursos de la Tierra. Este crecimiento no puede continuar indefinidamente. Sólo mediante la reducción de nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de nivelación de la población se puede esperar sobrevivir.

En lugar de ayudar, la religión obstaculiza estos esfuerzos por desaprobando el control de la natalidad y otras medidas absolutamente esenciales y necesarias para lograr estos objetivos.

Ya hay tres millones de personas que mueren cada año por la contaminación causada por los combustibles fósiles y la biomasa. Y esto sólo seguirá aumentando si continuamos por el camino actual.

Sin embargo, un futuro habitable, no está fuera de nuestro alcance. Los reactores nucleares de torio líquido podría proveer al mundo de toda la energía que necesita durante mil años, con seguridad, con un mínimo de impacto ambiental, y no es aplicable a las armas nucleares. Si hubieran hecho los reactores de torio, no hubiera habido ningún Three-Mile Island, Chernobyl, o los desastres de Fukushima. La única razón para usar uranio y plutonio en los reactores nucleares es que se pueden construir bombas con ellos. Con el torio no se pueden construir bombas.

La energía solar sería ya económicamente competitiva con el petróleo, si la economía tuviera un precio adecuado por incluir los costes de su daño al medio ambiente, la salud humana y las fuerzas armadas necesarias para defender las fuentes y el transporte. Imagina un mundo sin petróleo. Yo sí puedo.

¿Por qué no nos movemos en estas direcciones que ya están claramente marcadas por la ciencia? Porque desde finales del siglo XIX estamos viviendo en una plutocracia, en la que el petróleo y otras energías fósiles dominan casi todos los sectores de nuestra economía, y en función de una enorme riqueza que aportan a sus productores y distribuidores.

Ahora, ¿qué tiene que ver todo esto con la religión? Desde la era prehistórica, la religión ha sido la sirvienta de aquellos que están en el poder, ayudándolos a mantener ese poder. Los jefes tribales, los reyes y los emperadores siempre han tenido a su lado a chamanes y sacerdotes para asegurarse ante sus súbditos que ellos gobiernan por derecho divino.

En Estados Unidos, hoy en día, los petrodólares de combustible de una gigantesca máquina cristiana de propaganda, trabaja por socavar los esfuerzos de los científicos para encontrar soluciones a los problemas que nos enfrentan con la superpoblación, la contaminación y el cambio climático. Utilizan las mismas técnicas que usó la industria tabacalera hace 30 años, para suprimir las evidencias de que fumar causa cáncer y enfermedad cardíaca. Con estas técnicas sacó provecho la anticiencia, que es algo inherente a la creencia religiosa.

Una nueva técnica, añadida en los últimos años al arsenal de la negación del calentamiento global, es la de enmarcar el cambio climático como una cuestión teológica. Los negadores del calentamiento global dicen que Dios nunca permitiría que la vida en la Tierra fuera destruida. Después de todo, dicen, él dio a los humanos el dominio sobre el planeta. Además, el fin del mundo no tardará en llegar de todos modos, así que poco importa.

Los políticos republicanos están a la vanguardia de la lucha contra el cambio climático. John Shimkus, republicano de Illinois, ha dicho que el cambio climático es un mito, porque Dios dijo a Noé que nunca más volvería a destruir la Tierra con inundaciones. Todos los actuales candidatos presidenciales republicanos han dicho siempre que, o el cambio climático era una bulo, o retrocediendo a declaraciones previas donde estaban de acuerdo en que el calentamiento ya está teniendo lugar.

La Cornwall Alliance de la Stewardship of Creation, ha publicado lo que llaman "Una Declaración Evangélica sobre el calentamiento global". Dicha declaración afirma que la Tierra y sus ecosistemas son "robustos, resistentes, auto-regulados y se auto-corrigen, admirablemente adecuado para el florecimiento humano y para mostrar la gloria de Dios". La declaración niega que la Tierra y sus ecosistemas sean "productos frágiles e inestables", y en particular, que el sistema climático de la Tierra sea vulnerable a peligrosas alteraciones debido a lo que ellos llaman "cambios minúsculos en la química atmosférica". La declaración de Cornwall afirma que, no hay evidencias científicas convincentes de que los gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana esté causando un peligroso calentamiento global. También niega que el dióxido de carbono es un contaminante, y asevera que, con la reducción de gases de efecto invernadero no se puede conseguir una reducción significativa en las futuras temperaturas globales

Aproximadamente 500 personas, entre ellas un gran número de científicos no expertos, y otros académicos, hicieron suya esta declaración. Esto no es simplemente el punto de vista de un pequeño grupo marginal, sino el de una gran mayoría de los cristianos evangélicos, que ejercen una influencia mucho mayor que lo que justifica su cantidad real.

En tanto, los petrócratas usan la ciencia en todos los aspectos de sus negocios, hipócritamente explotan la anticiencia inherente a la religión, con el fin de socavar los hallazgos científicos que ponen en peligro su poder y fortuna.

La mayoría de los científicos no se dan cuenta de que la ciencia y la religión son básicamente incompatibles. Esto no es porque lo hayan reflexionado. Se debe, sobre todo, a que prefieren no pensar en ello.

Los fundamentalistas saben que la ciencia y la religión son incompatibles, ya que la ciencia refuta lo que está en la Biblia y que ellos toman literalmente como la palabra de Dios. Para ellos, la ciencia está simplemente equivocada y debe ser cristianizada. Existe un esfuerzo bien financiado para hacer precisamente eso, mientras que la mayoría de los científicos se sientan en el banquillo, ya que prefieren no involucrarse.

Pero la ciencia y la religión siempre han estado en guerra, y siempre lo estará. Uno de los oradores de ayer, dijo que no le gusta usar la palabra "religión", sino que lo calificaba como "sistema de creencias." Bueno, hay diferentes tipos de sistemas de creencias. La ciencia es un sistema de creencias basado en la razón y la evidencia. La religión es un sistema de creencias basado en el absurdo.

Los cristianos moderados afirman que apoyan la ciencia, pero todavía se aferran a una creencia que no tiene ninguna base empírica. Los moderados te dirán que aceptan la evolución, pero todavía insisten en que está guiada por Dios. No se trata de evolución darwiniana. Esto es el diseño inteligente. Pues no hay orientación, divina o de otra índole, en la evolución darwiniana.

Un fenómeno reciente es la unión de fuerzas entre los negacionistas del cambio climático y los negadores de la evolución, que no tienen más vínculo común que el estar basados en la religión. Varias legislaturas han aprobado leyes que requieren de los profesores que presenten "de todas las partes" las pruebas sobre la evolución y el calentamiento global. Ahora, eso no sería un problema, si los argumentos de todas las partes se presentarán de forma precisa y honesta. Pero sabemos que eso es poco probable que suceda, ya que el único propósito de estos proyectos de ley es crear la ilusión de una controversia científica sobre temas que, en verdad, ya existe un fuerte consenso en la comunidad científica. Es como exigir igual paridad para la geología de la tierra plana.

Christopher Hitchens, dijo una vez que, no sólo se opone a la religión organizada, sino también a las creencias religiosas. La religión no sería una fuerza negativa en la sociedad si tan sólo se tratara de ir a la iglesia a celebrar los ritos sociales de costumbre. En lugar de eso, el pensamiento mágico se convierte en una fe profundamente arraigada, cuyas normas deforman todos los ámbitos de la vida. Se inculcan creencias superficiales que, habiendo sido adoptadas sin razón, no puede ser desplazadas por la razón. El pensamiento mágico ignora las evidencias y favorece la cualquier opinión como lo más conveniente o socialmente aceptable. Mientras que si los científicos tienden a seguir a la multitud, por lo menos a ellos se les puede convencer de cambiar de opinión cuando los datos están justificados.

Las creencias mágicas no se limita sólo a la religión, sino que se extienden a la economía, la política y la salud. No es que el público carezca de información, hoy día todos estamos inundados de ella, especialmente por Internet; sin embargo, gran parte de los datos no son de fiar y se necesita un pensador entrenado para filtrar lo bueno de lo malo. El pensamiento mágico y la fe ciega son el peor sistema mental concebible para aplicar en estas circunstancias. Ellos permiten que las mentiras más vergonzosas y estupideces se acepten como hechos.

En ninguna parte esto es más evidente que en los actuales Estados Unidos, donde una gran mayoría de lo público se aferra a todo un conjunto de creencias religiosas y pseudocientíficas, a pesar de la carencia total de pruebas que apoyen dichas creencias y, de hecho, frente a las fuertes evidencias que las niega. Esta es la locura de la fe y demuestra por qué debe ser combatida. Basándose en la fe ciega no hay manera de entender el mundo.

Como ya he señalado, los creyentes religiosos están siendo manipulados para trabajar en contra de sus propios intereses en la salud y el bienestar económico, a fin de poner en duda bien establecidos los hallazgos científicos. Eso no sería posible sino con las visiones del mundo diametralmente opuestas de la ciencia y la religión.

La ciencia y la religión son fundamentalmente incompatibles, debido a los supuestos en oposición referentes a lo que podemos saber sobre el mundo. Cada ser humano vivo es consciente de un mundo que parece existir fuera del cuerpo, el mundo de la experiencia sensorial que llamamos natural. La ciencia es el estudio sistemático de las observaciones de este mundo natural con nuestros sentidos e instrumentos científicos. El conocimiento adquirido de esta forma ha demostrado ser eficaz cuando se aplica a las necesidades humanas.

Por el contrario, todas las grandes religiones, incluyendo el budismo, enseñan que los seres humanos poseen un adicional sentido "interno" que que nos permite acceder a un reino que está más allá del mundo visible, a una realidad divina y trascendente que llamamos sobrenatural. Si no se trata lo trascendente, no es religión. La religión es un conjunto de prácticas destinadas a comunicarse con ese mundo invisible y utilizar sus fuerzas para afectar las cosas aquí en la Tierra.

La hipótesis de trabajo de la ciencia es que la observación cuidadosa es nuestra única fuente fiable de conocimiento sobre el mundo. La teología natural acepta la ciencia empírica y la considera como un medio para aprender más sobre la creación de Dios. Pero la religión, en general, va mucho más allá de la ciencia al dar crédito a otras fuentes de conocimiento, tales como las escrituras sagradas, la revelación y las experiencias espirituales.

Sin duda, la ciencia tiene sus límites. Sin embargo, el hecho de que la ciencia esté limitada no significa que la religión o cualquier otro sistema alternativo de pensamiento pueda dar o no una mejor idea de lo que está más allá de esos límites. Por ejemplo, la ciencia aún no puede mostrar con precisión cómo el universo se originó de forma natural, aunque existen muchos escenarios posibles; pero el hecho de que la ciencia, en la actualidad, no tenga una respuesta definitiva a esta pregunta, no significa que los antiguos mitos de la creación, como los de Génesis, tengan alguna esencia o posibilidad que sea verificable.

La comunidad científica, en general, abraza la idea de que la ciencia no tiene nada que decir acerca de lo sobrenatural, porque los métodos de la ciencia, tal como se practican en la actualidad, excluyen las causas sobrenaturales. Estoy totalmente en desacuerdo con esta posición. Si de verdad poseen un sentido interno que nos habla acerca de una realidad inobservable que nos importa e influye en nuestras vidas, entonces deberíamos ser capaces de observar sus efectos sobre la realidad por medios científicos.

Si el sentido interno de alguien fuera capaz de advertir de un inminente terremoto no previsto por la ciencia, y que a continuación se produjera en la fecha prevista, tendríamos evidencia de una fuente extrasensorial de conocimientos. Hasta ahora no hemos visto ninguna evidencia de que la experiencia de sentimientos de la gente, cuando se perciben a sí mismos en contacto con lo sobrenatural, se corresponda con nada que esté fuera de sus cabezas, y no tenemos razones para confiar en esos sentimientos cuando se producen. Sin embargo, si apareciera cualquier evidencia o  razón, entonces los científicos tendrán que considerar lo que les parece.

No podemos barrer bajo la alfombra los muchos y graves problemas provocados por la revolución científica, y que la explosión exponencial de la capacidad humana, acompañada de la tecnología, ha hecho para explotar los recursos de la Tierra. No habría ningún problema de superpoblación, contaminación, calentamiento global, o amenaza de un holocausto nuclear si la ciencia no los hubiera hecho posible. La creciente desconfianza que ahora encuentra la ciencia en Estados Unidos puede ser entendida, al menos parcialmente, al observar los ejemplos vergonzosos de científicos empleados por las compañías de petróleo, alimentos, tabaco y productos farmacéuticos, que han contribuido a la muerte innecesaria de millones de gente, por permitir la comercialización de productos que ellos sabían perfectamente que no eran seguros.

Pero, ¿alguien quiere volver a la era pre-científica donde la vida humana era desagradable, brutal, y corta? Aunque el fuego fue una vez una nueva tecnología, y con el paso del tiempo una gran cantidad de personas hayan muerto en los incendios, no por ello vamos a dejar de encenderlo. Productos inseguros quedan empequeñecidos por los medicamentos, alimentos, conocimientos médicos y tecnologías, que han hecho que vivamos nuestras vidas mucho mejor que nuestros congéneres de un pasado no muy lejano. Por lo menos en los países desarrollados, las mujeres rara vez mueren en el parto, y la mayoría de los niños crecen hasta la edad adulta. Este no era el caso ni siquiera de hace unas cuantas generaciones atrás. A diferencia de nuestros antepasados, la mayoría de nosotros llegamos a tener una vida larga libre de dolor y el pesado trabajo. Los ancianos son tan numerosos que se están convirtiendo en un problema social. Todo esto es el resultado de los avances científicos.

Nosotros sólo podemos resolver los problemas provocados por el abuso de la ciencia mediante la adhesión al método científico y exigiendo un comportamiento más racional por parte de científicos, políticos, empresas y ciudadanos en todos los ámbitos de la vida. La religión, tal como se practica actualmente, con su enfoque continuo en un pensamiento cerrado y una mitología antigua, no está haciendo nada para apoyar el objetivo de un mundo mejor y más seguro. De hecho, la religión se opone activa y enérgicamente a esa meta.

La religión ha destruido nuestra confianza por su reiterado fracaso. Utilizando el método empírico, la ciencia ha eliminado la viruela, a permitido el vuelo de los hombres a la Luna, y ha descubierto el ADN. Si la ciencia no funcionara, tampoco funcionaríamos nosotros. Basándose en la fe, la religión nos ha traído inquisiciones, guerras santas y la intolerancia. La religión, simplemente, no funciona.

La ciencia nos hace volar hasta la luna. La religión nos encierra en las mazmorras de la ceguera.

La ciencia no va a cambiar su compromiso con la verdad. Y la religión no va a cambiar su compromiso con el sin-sentido. Y es por eso que yo llamo a los científicos, y a todas las personas, para que centren su atención en la reducción de la influencia de la religión en el mundo, con el único objetivo de hacer caer esa fe irracional. El futuro depende de ello.


- Referencia: HuffingtonPost.com, 9 marzo 2012, por Victor Stenger
- Victor Stenger, en Wikipedia .

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Editor del blog Pedro Donaire

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