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» » » » Ya es hora que la ciencia acabe con el materialismo

La rígida ortodoxia del siglo XIX y las interpretaciones convencionales deben ser desafiadas, y permitir interpretaciones más amplias, holísticas, tal como sostiene Rupert Sheldrake.

Werner Heisenberg, uno de los padres fundadores de la física cuántica, observó una vez que la historia podía dividirse en períodos en los que la gente estaba más interesada en este asunto. En su libro "Física y Filosofía", publicado en los años de 1960, argumentaba que desde principios del siglo XX entrábamos en un nuevo período. Fue entonces cuando la física cuántica se quitó de en medio el materialismo que ha dominado las ciencias naturales del siglo XIX.

Sobre el materialismo escribió:
« [...] Este marco era tan estrecho y rígido que resulaba difícil encontrar un lugar dentro de él para muchos de los conceptos de nuestro lenguaje que siempre habían tenido su propia esencia, por ejemplo, el concepto de mente, del alma humana o de la vida. La mente sólo podía ser introducida en ese cuadro general como una especie de espejo del mundo material.»

Hoy en día, viviendo en el siglo XXI, parece que todavía estemos atrapados en este punto de vista estrecho y rígido de las cosas. Como Rupert Sheldrake dice en su nuevo libro publicado esta semana, "The Science Delusion" [El espejismo de la Ciencia]: "El sistema de creencias que rige el pensamiento científico convencional es un acto de fe, basado en una ideología decimonónica."

Aquí hay retórica provocadora. ¿La ciencia un acto de fe? ¿La ciiencia un sistema de creencias? Pero entonces, ¿cómo explicar si no, ese aferrarse de una cosmología mecánicista, fisicalista y sin sentido? Tal como explicó Heisenberg, los físicos entre sí hace mucho tiempo que dejaron de pensar en los átomos como si fuesen cosas. Lo conciben como potencialidades o posibilidades, no como objetos o hechos. Y, sin embargo, el materialismo persiste.

Heisenberg recomendaba mantenerse en contacto con la realidad tal como la experimentamos, lo que significa mantener un lugar para las concepciones de la mente. La visión mecanicista pasará, estaba seguro. En cierto modo, Sheldrake ha dedicado su carrera científica a derrotarla. Empezó en un puesto normal como director de estudios de biología celular en la Universidad de Cambridge, no obstante empezó a desafiar la ortodoxia cuando propuso su teoría de los campos morfogenéticos.

Todo esto está diseñado para explicar, por ejemplo, la enorme complejidad estructural de las proteínas. Un enfoque convencional, que podría describirse como de abajo-arriba, teniendo las moléculas de proteínas, se "exploran" todos los patrones posibles, hasta decidirse por uno con un mínimo de energía. Esta explicación funciona bien para las moléculas simples, como el dióxido de carbono. Sin embargo, las proteínas son muy grandes y complicadas. Como indica Sheldrake: "Para hacer esto mismo con una pequeña proteína llevaría unos 1026 años, mucho más que la edad del universo."

Como resultado, algunos científicos proponen invertir los términos, de arriba-abajo, las explicaciones holísticas. La propuesta de Sheldrake es que los sistemas auto-organizados tienen campos de memoria o de hábito. Y estos contienen la información requerida para crear la estructura.

Con osadía, extiende esta especulación para abarcar una serie de fenómenos que muchas personas experimentan. La telepatía telefónica es una de ellas, cuando usted está pensando en alguien justo llama por teléfono. O la sensación de ser observado. La idea, más o menos aproximada, es que nuestras intenciones se pueden comunicar a través de campos mentales que funcionan como los campos morfogenéticos. Nos conectan, aunque en el mundo moderno, con sus distracciones ideológicas y tecnológicas, no estamos en muy buena disposición para percibirlos.

La lucha de Sheldrake es enconada. En su nuevo libro, relata un encuentro con Richard Dawkins, cuando el eminente ateo hacía la serie de televisión de 2007 "Enemies of Reason". Sheldrake sugiere que discutir la evidencia real de la telepatía. Dawkins se resistía, "no hay tiempo, es demasiado complicado, y el programa no trata de eso", pero Sheldrake le informaba diciendo, antes que le replicara que él no estaba interesado en tomar parte en otro "ejercicio de desmitificación de bajo grado". A lo que Dawkins replicó: "No es de bajo grado, es un ejercicio de desmitificación de alto grado."

Admiro a Sheldrake por su extraordinario buen humor, dadas las décadas de abuso que ha padecido. Y esta actitud viene a través de "El espejismo de la ciencia", ya que, en el fondo, sabe que esta apasionadas declaraciones de la visión materialista del mundo, al final, serán desafiadas.

Sea o no con sus propias teorías, que resistan el paso del tiempo es otra cuestión. En un artículo publicado en el Journal of Consciousness Studies, en noviembre de 2011, Fraser Watts examina el sentido de sus propuestas y, en general, lo encuentra sugerente, pero insuficiente. Por ejemplo, Sheldrake concibe campos mentales a través de la analogía de una ameba: igual que una ameba extiende sus pseudópodos y toca el ambiente que la rodea, de forma similar la telepatía extendería sus "pseudópodos mentales" hacia el mundo que nos rodea.

La analogía tiene la ventaja de una percepción extrasensorial natural, apunta Watts, aunque también plantea problemas, por ejemplo, ¿cómo sería posible mentalmente "tocar" objetos que no existen, como sucedería cuando se contempla un centauro? Watts concluye: "Una explicación adecuada de la mente debe integrar la descripción de la primera y la tercera persona, mientras que la idea de "campo", junto con las otras descripciones espaciales que utiliza Sheldrake, parecen circunscribirse exclusivamente a descripciones de la tercera persona". Extrañamente, esta es una actitud marcadamente decimonónica a tener en cuenta.

No obstante, el trabajo de Sheldrake es un compromiso serio y como tal debe ser recibido. Es posible que le falte razón en los detalles. Pero él sabe que tiene razón, junto a Heisenberg, al insistir en que la visión del mundo materialista, debe acabarse.


Referencia: Sott.net, 28 de enero 2012
Fuente: Mark Vernon, The Guardian, UK

Imagen 1) Rupert Sheldrake. Imagen 2) Su libro: The Science Delusion
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Editor del blog Pedro Donaire

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