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» » » » Una reivindicación ante el dogmatismo científico

Allá por 1879, la misma noción de "arte rupestre prehistórico" era algo inaudito. Las famosas galerías de arte paleolítico dentro de las cuevas, como la de Altamira, Lascaux y Trois Frères aún estaban por descubrirse en el seno de la tierra. Y esta intruducción vino de la mano del caballero español, jurista y arqueólogo aficionado, Don Marcelino Sanz de Sautuola (1831-1888).

Sautuola era propietario de la tierra en la que se descubrió la cueva de Altamira, en 1868, y comenzó a explorarlas en 1875. En 1879, un descubrimiento casual reveló al mundo unas imágenes maravillosas, mientras que Marcelino estaba cavando en el suelo de la cueva, en busca de herramientas prehistóricas del tipo que ya había examinado en la Exposición de París un año antes, su hija María, todavía un niña, estaba "corriendo por la cueva y jugando de aquí para allá" cuando, de repente, ella distinguió unas "formas y figuras en el techo". Sus ojos se posaban por primera vez en el conjunto de bisontes polícromos, de más de 10.000 años, que podían percibirse claramente en el techo.

Al instante, Sautuola percibió la antigüedad de este arte parietal. Al año siguiente, sus cuidadosas conclusiones recibieron inmediata respuesta cuando un profesor de Madrid, Juan Vilanova y Piera (1821-1893), inspeccionó el sitio y conferenció sobre el descubrimiento, incluso en el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistórica en Lisboa, y eso inspiró a multitud de gente a visitarlas, entre ellos el mismo rey Alfonso XII. Resultaba evidente que, Sanz de Sautuola había dado paso a una nueva era en la arqueología.

¿O no? El profesor Vilanova y Piera era un geólogo y paleontólogo reputado, mientras que los miembros entusiastas del público eran laicos. Los especialistas de la comunidad arqueológica pintaron un cuadro muy diferente al de Sautuola. En palabras de Paul Bahn y Jean Vertut, dos escritores modernos:

"Uno pensaría que un hallazgo notable, aunque inesperado y sin precedentes, despertaría un gran interés, incluso la emoción, que habría una estampida de especialistas para ver el sitio, y que Sanz de Sautuola habría sido agasajado y felicitado. Pues no, para eterna vergüenza de la arqueología ocurrió justo lo contrario, algo que posiblemente ayudó a provocar su prematura muerte en 1888, un hombre triste y desilusionado aún bajo sospecha de fraude o ingenuidad, y su descubrimiento rechazado por la mayoría de los prehistoriadores. Él se tomó esa hostilidad a modo personal, como un ataque a su honor y su honestidad."

La élite francesa de arqueólogos trató en aquella época la proposición de Sautuola con un desprecio absoluto. En el gran Congreso en Lisboa, el decano Émile Cartailhac (1845-1921), salió con disgusto de la exposición que hizo Sautuola de los dibujos de las figuras de Altamira, sugiriendo más tarde que los animales pintados eran anatómicamente incorrectos. En medio del rechazo universal a raíz de dicha conferencia, la única persona conocida que llevó a cabo una inspección personal de Altamira no fue un arqueólogo, sino un ingeniero francés, Edouard Harlé (1850-1922), al parecer, ya se había forjado una idea relativa a la fabricación reciente de pinturas, antes de su visita en 1881. La pintura estaba muy bien conservada.

Finalmente, sus bien acreditados detractores entraron en la cueva. Al descubrimiento de otras pinturas rupestres en La Mouthe, Dordoña, en 1895, le siguió un flujo constante de otras más, el nombre de Sautuola, tuvo que ser inscrito en los anales de la arqueología. En 1902, Cartailhac reconoció su equivocación respecto a Sautuola, comentando más adelante que "estábamos cegados por un peligroso espíritu de dogmatismo".

Más o menos, un siglo más tarde, otro arqueólogo aficionado y amante de la caminata se quedó fascinado por la exploración sistemática del arte rupestre prehistórico, de las rocas expuestas de las cuevas, trabajando en círculos cada vez mayores desde los alrededores inmediatos de su casa. Nos hallamos ahora en Nuevo México, y la mayoría de los sitios registrados todavía llevaban nombres españoles. La acumulación es, posiblemente, la mayor base de datos de imágenes de petroglifos e imágenes pictográficas de todo el mundo, y este coleccionista hace otro descubrimiento que removió el mundo académico.

Esta vez, la revolución de pensamiento no se refiere a la magnífica obra de arte naturalista del Paleolítico, sino a las imágenes crudas y angulares producidas en el Neolítico y algún tiempo después. Un grupo mixto de ingenieros eléctricos y mitólogos se apresuraron a ofrecer apoyo y comunicarlo a un público comprensivo. Plenamente consciente de la importancia de sus hallazgos y con un ánimo inquebrantable por el conocimiento, el investigador quiso impartir conferencias en una universidad de prestigio ante una audiencia de arqueólogos y otros especialistas; pero es recibido con escarnio. Una década después, no hay una publicación arqueológica que no se haya ocupado de su trabajo, no hay un solo arqueólogo que no haya cogido el guante y se haya puesto a probar la nueva idea. Sin embargo, de la voz colectiva académica únicamente sale un abrumador silencio .

Lamentablemente, de Sautuola no vivió para ver la reivindicación pública de su obra. La alegría de ver sus premoniciones corroboradas por el hallazgo de un sinnúmero de cuevas similares no le fue concedida. Su prematura muerte, acelerada por la enconada recepción de sus revelaciones, precedio a las disculpas de Cartailhac 14 años después.

La historia se repite, y es de temer un destino similar para un segundo pionero, el doctor Anthony Peratt, en la ciencia cosmológica.
Enlaces: Anthony Peratt – Characteristics for the occurrence of a high-current, Z-Pinch aurora as recorded in antiquity.
- http://goodfelloweb.com/nature/cgbi/ .
- http://plasmauniverse.info/ .
- http://es.wikipedia.org/wiki/Ambiplasma .
- Listado de físicos del plasma, en Wikipedia .

Referencia: Thunderbolts.info, 2 de febrero 2012 por Rens van der Sluijs
Fuente: Mythopedia.info .
Imagen 1) Marcelino Sanz de Sautuola (1831-1888). Imagen 2) Portada de la obra "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander" donde M. S. Sautuola dio a conocer el descubrimiento de las pinturas Paleolíticas de la Cueva de Altamira. Fecha: 1880. Autor: Marcelino Sanz de Sautuola. Ambas imágenes de Wikimedia.org . Imagen 3) Anthony Peratt .

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