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» » » » El filósofo Jesse Prinz, "Los seres humanos son máquinas de aprender"


La sabiduría popular sostiene que nacemos con una comprensión innata de todo el mundo. Pero el filósofo Jesse Prinz, señala que gran parte de esa "innata" capacidad no es más que el resultado de la cultura en que vivimos.

En su nuevo libro usted afirma que es la cultura más que la biología la que determina nuestras vidas. ¿No ha pasado ya la ciencia de este debate sobre la "naturaleza versus educación"?

No estoy tratando de negar la contribución biológica a la naturaleza humana o hacer una dicotomía excesiva que distinga la naturaleza y la educación, todo el mundo reconoce que la verdad siempre está en algún punto intermedio. El punto es que en la literatura científica sobre este tema, el lado de la educación ha sido inadecuadamente expresado, sobre todo en los libros dirigidos a un público más general, donde se sugiere una visión inflexible de la naturaleza humana determinada por nuestra biología. Desde mi punto de vista lo más interesante de la especie humana es su plasticidad, su flexibilidad.

Una de las ideas, es que nacemos con un conocimiento innato sobre el mundo. ¿Por qué rechazar eso?

Si nos fijamos en las decenas de artículos publicados cada mes, apoyando la idea de que los bebés ya saben mucho acerca de cómo el mundo está organizado, aunque rara vez muestran estas capacidades en los primeros días de vida, sino que lo muestran a los 3, 6 ó 12 meses. Sin embargo, cuando se ponen a prueba a los recién nacidos, estas capacidades están a menudo ausentes. Esto sugiere que el aprendizaje debe tener lugar.

¿Puede darme un ejemplo de este tipo de aprendizaje?

Si nos fijamos en la capacidad de realizar un seguimiento de las cantidades, o entender la causalidad, o el saber que un objeto no pasará a través de otro objeto al entrar en contacto físico, todos ellos se derivan de cosas que fácilmente se pueden observar en nuestro medio ambiente, cosas que están constantemente a disposición de nuestros sentidos. ¿Realmente necesitamos la innatez para explicar por qué sabemos que a una edad temprana si usted pone una taza sobre la mesa no va a pasar a través de ella y caer al suelo? Los bebés se encuentran en una muy buena posición para descubrir los hechos físicos básicos sobre el mundo a través de la exploración de su entorno.

¿Y qué ocurre con la noción popular de que los niños y las niñas nacen con una cierta predilección por determinados tipos de juguetes o actividades?

Muchas niñas en nuestra sociedad gravitan hacia los vestidos de color rosa, por ejemplo, pero asumir por ello el argumento a favor de lo innato es absurdo. Sería imposible crear un caso de preferencia innata hacia color rosa entre las niñas. Respecto a los juguetes, hay una tremenda presión para adoptar normas culturales que vemos a nuestro alrededor, es imposible evitarlas. Una joven a la que se impide jugar con juguetes de género puede acabar con una sensación de aislamiento de su grupo. Sin embargo, estas disposiciones no debe ser tomadas como evidencia de lo innato.

Por ejemplo, un estudio realizado en 2002, trataron de establecer las preferencias innatas de género, mediante la demostración que las monos hembras les gustaba jugar con las cacerolas y las muñecas, mientras que los monos machos les gusta jugar con camiones y balones. En mi opinión, el estudio fallaba desde su misma base. Más allá del absurdo de decir que los monos machos, por naturaleza, les gusta los camiones, los autores encontraron que en realidad juegan con juguetes más que las hembras, y que les gustaba la cacerola tanto como cualquier otro juguete estereotipado masculino.

¿Por qué nuestras disposiciones son a menudo tomadas como evidencias de lo innato?

Choca un poco, en general, que los seres humanos equivoquemos lo cultural con lo natural, se puede ver en muchos ámbitos. Tomemos p. ej. los valores morales. Asumimos que tenemos instintos morales, aunque tan sólo sabemos que ciertas cosas son bien y otras están mal. Así, cuando nos encontramos con personas cuyos valores difieren de los nuestros pensamos que son corruptos o tienen un sentido deforme de la moral. Sin embargo, esto es claramente un caso en el que confundimos nuestras profundas preferencias inculcadas por una presunta ley natural.

Hablando de moral, ¿hasta dónde llega la biología y empieza cultura?

Una importante contribución a la moral innata son las emociones. La respuesta agresiva a un ataque no se aprende, es biológica. La cuestión de cómo están diseñadas las emociones para proteger a cada uno de nosotros como individuos, se extienden a unas reglas generales que se propagan dentro del grupo. Un factor puede ser la imitación. Los seres humanos son grandes estudiantes de la imitación. Las reglas que se propagan en una familia pueden ser puesta a punto por todo un pueblo, lo que lleva a la conformidad del grupo y un genuino sistema de moralidad.

Los que defienden lo innato dicen que la moral puede surgir sin instrucción. Pero enn los dominios innatos, no hay mucha necesidad de instrucción, mientras que en el dominio moral, la instrucción es muy amplia. Los niños aprenden a través de una corrección incesante. Entre las edades de 2 y 10 años, los padres corregen el comportamiento de sus hijos cada 8 minutos más o menos de su tiempo de vigilia. A su debido tiempo, nuestros pequeños monstruos se convierten en pequeños ángeles, más o menos. Esto nos da razones para pensar que la moral se aprende.

Uno de los más fuertes argumentos del innatismo, proviene de los lingüistas, como Noam Chomsky, que arquyen que los seres humanos nacen con unas reglas básicas de gramática. ¿No está de acuerdo con ellos?

Chomsky es singularmente merecedor de crédito por haber dado lugar a las nuevas ciencias cognitivas de la mente. Fue el instrumento necesario para ayudarnos a pensar acerca de la mente como en una especie de máquina. Él forjó algunos de los argumentos más convincentes para explicar por qué todo el mundo con un cerebro intacto habla de manera gramatical, aunque a los niños no se les haya enseñado explícitamente las reglas de la gramática.

Pero en los últimos 10 años hemos empezado a ver una poderosa evidencia de que los niños pueden aprender el lenguaje de forma estadística, inconscientemente organizan patrones en las frases que escuchan, y después las utilizan para generalizar casos nuevos. Los niños aprenden el lenguaje, no porque posean reglas gramaticales innatas, sino porque el aprendizaje estadístico es algo que todos hacemos sin cesar y de forma automática. El cerebro está diseñado para recoger patrones de todo tipo [lo innato es la inteligencia estadística, no las reglas gramaticales].

¿Ha sido difícil poner este punto de vista alternativo sobre la mesa, teniendo en cuenta cómo el pensamiento de Chomsky ha dominado el debate en los últimos años?

Los puntos de vista de Chomsky sobre el lenguaje están tan arraigados entre los académicos, que aquellos que se toman en serio el aprendizaje estadístico están sujetos a una especie de ridículo. Hay muy poca tolerancia para el disidente. Esto ha sido un tanto limitante, pero hay una nueva generación de lingüistas que están tomando muy en serio la alternativa, y probablemente se convertirá en la posición dominante en la próxima generación.

Usted se describe como un "empirista sin pudor" que favorece la educación por encima de la naturaleza. ¿Cómo llegó a esta posición, dado que en muchos aspectos las evidencias aún no son definitivas en ambos sentidos?

En realidad creo que este debate ya se ha resuelto. Sólo hay que pasear por la calle para ver que los seres humanos son máquinas de aprender. Claro está, para cualquier capacidad dada el debate sobre la biología versus cultura llevará su tiempo. Pero si nos comparamos con otras especies, nuestro grado de variación es tan extraordinario y tan obvio que sabemos a priori que los seres humanos son especiales en ese sentido, y que muchísimo de lo que hacemos es el resultado del aprendizaje. Por lo tanto, el empirismo debe ser una posición por defecto. El resto es sólo trabajar en los detalles de cómo todo este aprendizaje se llevando a cabo.

¿Cuáles son las posibles implicaciones de un entendimiento empírico de la naturaleza humana para el quehacer diario de nuestras vidas? ¿Cómo debería afectar eso a la forma en que nos comportamos?

En general, tenemos que cultivar un respeto por la diferencia. Tenemos que apreciar que las personas con diferentes valores a los nuestros no son simplemente malos o ignorantes, y que al igual que nosotros, también ellos son producto de una socialización. Esto debería conducir a un aumento de la comprensión internacional y al respeto. También hay que entender que las diferencias grupales en el rendimiento no son necesariamente fijadas biológicamente. Por ejemplo, cuando vemos que las mujeres se desempeñan menos bien que los hombres en matemáticas, no tenemos por qué asumir que esto es debido a una diferencia en la biología.

¿Cuánto ha contribuido la ciencia cognitiva a la comprensión de lo que es un ser humano, tradicionalmente una cuestión filosófica?

La ciencia cognitiva está en plena empresa para una solución de gran alcance en los debates filosóficos sobre la naturaleza humana, el conocimiento innato y otros temas. El hecho de que esas teorías que se han estado produciendo desde hace ya un par de milenios, sin ningún tipo de consenso, deja en evidencia que los métodos filosóficos son los mejores haciendo preguntas, pero no para responderlas. La filosofía nos habla de la posibilidad y la ciencia lo que es real.

La ciencia cognitiva ha transformado la filosofía. A principios del siglo XX, los filósofos cambiaron su metodología de forma espectacular mediante la adopción de la lógica. Un equivalente igualmente importante se ha producido en la filosofía del siglo XXI, en el que los filósofos están recurriendo a las ciencias empíricas, y en cierta medida, a la realización de trabajos experimentales, para dirimir viejas cuestiones. Como filósofo, me cuesta pasar una semana sin llevar a cabo un experimento.

Mi día de trabajo ha cambiado debido a esa preparación científica.

  • Referencia: NewScientist.com, 20 de enero 2012, por Michael Bond
  • Imagen 1) Jesse Prinz, foto de Misha-Gravenor.


Perfil: Jesse Prinz es profesor de filosofía en la Universidad de Nueva York, especializado en filosofía de la psicología. Es pionero en la filosofía experimental, usando los resultados de las ciencias cognitivas, la antropología y otros campos para desarrollar teorías empiristas sobre cómo funciona la mente. Es autor de “The Emotional Construction of Morals” (Oxford University Press, 2007), “Gut Reactions” (OUP, 2004) y Furnishing the Mind (MIT Press, 2002). Su último libro, “Beyond Human Nature: How culture and experience make us who we are”, está publicado por Allen Lane en el Reino Unido.

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Editor del blog Pedro Donaire

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