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» » » » Fantasmas sobre la menstruación y la mujer

Me encanta la ciencia, y me encanta el método científico. Creo que el método científico es una de las maneras más útiles de adquirir conocimiento que existen. He dedicado mi vida, no sólo al estudio de la ciencia de la evolución humana y a la fisiología reproductiva de las mujeres, sino también a aumentar el aprecio por la ciencia y la alfabetización científica del público en general.

Así que, ¿por qué siempre lo critican?
Creo que por dos razones.

En primer lugar, el proceso de la ciencia puede estar sesgado por quien lo realiza.

Y en segundo lugar, los resultados e implicaciones de la investigación científica pueden estar sesgados por quien lo cuenta.

Para demostrar esto, te voy a contar una pequeña historia acerca de la menstruación de una enfermera.

En la década de 1920, el Dr. Bela Schick, era un médico muy popular y recibía siempre flores de sus pacientes. Un día que recibió uno de sus habituales ramos de flores le pidió a una de sus enfermeras que lo pusiera en agua. La enfermera, cortésmente, se negó. Cuando volvió a pedírselo, la enfermera de nuevo se negó a tocar las flores. Extrañado, el Dr. Schick le preguntó por qué no quería poner las flores en agua, a lo que ella explicó que tenía la regla. —¿Y eso qué importancia tiene? preguntó, y ella confesó que cuando estaba menstruando, si tocaba las flores, se marchitaban.

Puesto así, en lugar de considerar la posibilidad de que la enfermera estuviese ofendida porque sus habilidades y conocimientos no eran aprovechadas y dispusiera de otra persona para poner las flores en agua, el Dr. Schick decidió hacer una prueba. Con cuidado, colocó las flores en el agua, por un lado ... y con otro ramo consiguió que la mujer que estaba menstruando lo manejara:

- Las flores que no fueron manejadas por la menstruante prosperaron, mientras que las flores que sí fueron manejadas por ella se marchitaron.

Este fue el comienzo del estudio de la llamada toxina menstrual, o menotoxina, una sustancia segregada con el sudor de las mujeres que menstrúan.

Pero esta historia se inició mucho antes del Dr. Bela Schick y su enfermera. Dado el tipo de sesgo que produce que un doctor se pueda creer que existe una toxina menstrual, y pone en marcha un campo de estudio sobre la base de algunas flores marchitas (si esta historia realmente ocurrió tal como él lo cuenta), no vino de un solo hombre. El condicionamiento cultural bajo el cual se ha ido desarrollando la idea de que las mujeres son sucias, sobre todo durante la menstruación, es muy antiguo. El Antiguo Testamento de la Biblia dice que las mujeres son impuras cuando menstrúan, y los cobertizos menstruales aún existen en algunas culturas, para separar a las mujeres que menstrúan del resto de su grupo.

Sin embargo, algunos condicionamientos marcan el comienzo de nuestros malentendidos sobre la fisiología femenina en la cultura europea. derivados de un libro en particular escrito en el siglo XIII, "De Secretis Mulierum" (Los secretos de las mujeres). Este libro fue escrito por un hombre que decía ser el monje Albertus Magnus, pero es más probable que fuese un imitador (por eso se le suele conocer como pseudo-Albertus Magnus, o pseudo-Albert).

Aquí están algunas citas de este libro, que fue considerado texto básico durante varios siglos, a pesar de que es probable que pseudo-Alberto Magno nunca tratara a ninguna mujer y basara gran parte de su trabajo en haber diseccionado a una cerda:

    "La mujer no es humana, sino un monstruo."

    "Las mujeres que menstrúan emiten humos nocivos que "envenenarán los ojos de los niños que yacen en sus cunas de un solo vistazo."

    "Los niños concebidos por mujeres que están menstruando "tienden a tener epilepsia y lepra porque la materia menstrual es extremadamente venenosa [sic]."

De Secretis Mulierum pasó por lo menos de ochenta ediciones en varios siglos (Rodnite Lemay, 1992). Aunque no fue un texto de carácter estrictamente médico, está claro que era a la vez popular e influyente. ¿Los médicos hacen refenrencia a De Secretis Mulierum hoy día? Por supuesto que no. Pero este libro, para mí, representa un conocimiento cultural más amplio que me permite entender la cognición de que la menstruación es sucia, que las mujeres son poderosas, peligrosas, misteriosas y sub-humanas.

Pero volvamos a las menotoxinas. El Dr. Schick decidió que había algo de malo en el sudor de las mujeres que menstrúan. Otros también hicieron suya la causa. Y pronto, la gente empezó a inyectar sangre menstrual en los roedores, y los roedores morían (Pickles, 1979). Otros cultivaron plantas con la sangre venosa de las mujeres que menstrúan para determinar su fitotoxicidad, y cuanto antes morían las plantas, mayor sería la cantidad de menotoxina que tenía la muestra.

Y lo que es peor, la presencia de la menotoxina en el cuerpo de la mujer comenzó a expandirse más allá de la menstruación. Cualquier mujer que hubiese tenido una menarquia tardía o una menopausia prematura era una señal de que tenía menotoxina en su sistema. No se podía escapar de ella: algunos señalaron que la menotoxina no sólo podría encontrarse en la sangre menstrual de una mujer, sino también en la sangre venosa, el sudor y en la leche materna. Un estudio reporta el caso de una madre que le paso el asma a su hijo porque estaba menotóxica durante el embarazo (Perlstein y Matheson, 1936), y varios afirmaron que el cólico se debía a que la menotoxina en hallaba en la leche materna (Ashley Montagu, 1940; Perlstein y Matheson, 1936).

La idea de la menotoxina se convirtió en una amenaza omnipresente que rondaba a cualquier mujer en edad reproductiva, y comenzó a explicar diversas patologías. De esta manera, la menotoxina pasa por primera vez a ser una explicación para la presencia de la menstruación en las mujeres, y se convirtió en una forma de diagnosticar enfermedades en las mujeres, y de nuevo, ya que toda mujer en edad fértil podía segregar ciertos fluidos corporales en cualquier momento, el estado de ser mujer paso a ser esencialmente patológica.

No paso mucho tiempo para que la idea de la menotoxina, como indicadora de enfermedades específicas, comenzara a tomar fuerza.

    "El Dr. Schick y yo discutimos la posibilidad de que tanto la mujer diabética adulta que está fuera de control, como las mujeres adultas psicóticas depresivas y la mujer adulta en fase premenstrual, secretan una sustancia común en el sudor." (Reid, 1974).

Aquí se puede ver a las mujeres premenstruales comparadas directamente con dos condiciones patológicas: diabetes y psicosis. Y todas estas relaciones, entre la menstruación, los cólicos, el asma, las flores marchitas, provienen de una larga observación, informes de casos, o experimentos mal controlados. Cuando los estudios no soportaban la idea de la menotoxina, como en el caso Freeman, et al (1934), y los dos estudios citados por Ashley-Montagu (1940) que no estaban en inglés, fueron descartados como excepciones (pese a que en el caso de Labhardt, de Ashley-Montagu, el sudor de los hombres resultara a menudo tan tóxico como el de las mujeres que menstrúan).

Y aquí es donde vuelvo a mis primeros dos puntos respecto al sesgo, la ciencia puede estar sesgada por el condicionamiento cultural de quienes la realizan, y por aquellos que lo cuentan. Las personas que estudiaron la menotoxina realmente querían creer en ella, hasta el punto que ignoraban los resultados negativos y de exageraban el poder de sus anécdotas y del estudios de casos. El estudio de la menotoxina abarca por lo menos sesenta años, tal vez noventa, dependiendo de las referencias que se consideren legítimas, debatido en las cartas al editor de The Lancet, y publicado en varias revistas médicas.

Me gustaría poder decir que la menotoxina se ha muerto. Sin embargo, varias hipótesis contemporáneas sobre la evolución de la menstruación todavía, de alguna manera, reflejan el pensamiento de que la menstruación, si no las mujeres, está sucia y su propósito es expulsar la toxicidad. Clarke (1994), propuso la menstruación como un mecanismo para expulsar a los embriones no deseados. Margie Profet (1993), argumentó que la menstruación ayudaba a expeler a los patógenos transmitidos por los espermatozoides, lo que hizo de los hombres la parte sucia. Por esta razón, es importante reconocer que muchas ideas que parecen intuitivas para nosotros, en principio se derivan de condicionantes culturales y prejuicios (Mi libro favorito sobre el tema es de Emily Martin, "The Woman in the Body" (1980).)

Afortunadamente, la idea más aceptada es que la menstruación no se desarrolló en absoluto, sino que es un subproducto de la evolución de la diferenciación terminal de las células del endometrio (Finn, 1996; Finn, 1998). Es decir, las células endometriales deben proliferar y diferenciarse, y una vez que hacen eso, no tienen fecha de caducidad. La ovulación y la receptividad endometrial están bastante bien programadas, hasta el punto que la gran mayoría de las implantaciones se producen en un plazo de tres días (Wilcox et al. 1999).

Así que, no se trata que la menstruación expulse una peligrosa menotoxina, sino más bien, la menstruación ocurre debido a que el endometrio tiene que empezar de nuevo, y los humanos, en particular, con un grosor endometrial ajustado no podemos reabsorber toda la sangre y tejidos de este proceso.

Es hora de tumbar la idea de que la menstruación es sucia. Tan sólo es la sangre y los tejidos que no se utilizan para alimentar a un bebé, eso es todo.


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Editor del blog Pedro Donaire

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