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» » Cómo la Venus atrapamoscas mata y digiere a su presa

La Venus atrapamoscas es la reina de la velocidad del mundo vegetal. A pesar de pertenecer a un reino tranquilo de organismos, las plantas carnívoras cierran sus dos lóbulos trampas en una décima de segundo para capturar a los insectos que luego digieren.

Cómo lo hacen, no se entiende completamente, pero una nueva investigación exploran los mecanismos que permiten a una planta poder convertirse en un depredador (p.ej. una planta gigante que come roedores).

La Venus atrapamoscas se volvió carnívora para sobrevivir en un suelo pobre en nutrientes en su hábitat natural en el Norte y Carolina del Sur, en los alrededores del Green Swamp. Para obtener la nutrición que necesita, la atrapamoscas atrae a los insectos, hormigas y moscas, hacia las fauces de la trampa. El Interior rojizo de la trampa y las pequeñas glándulas secretoras de néctar a lo largo de su borde engaña a los insectos, haciéndoles creer que han encontrado una flor, explicaba Rainer Hedrich, biofísico de la Universidad de Würzburg en Alemania. Él y sus colegas, han demostrado que las hormonas juegan un papel en la forma en la planta se las apaña y en cómo digiere su presa.

Cómo mata la atrapamoscas

Cada lado de la trampa tiene de tres a cuatro pelos sensores, de no más de 0,5 cm. cada uno. El insecto debe pasar dos veces sobre los dos pelos en un plazo de unos 20 segundos para que la trampa responda, esto permite evitar equivocaciones y que se cierre sobre las gotas de lluvia u otro tipo de falsas alarmas.

La primera vez que se activa un cabello, se genera una señal eléctrica que viaja a lo largo de la superficie de la trampa, igual que la señal eléctrica que viaja a través de las células nerviosas de un animal. La energía de esa primera señal se almacena. Cuando se produce el segundo toque, vuelve a generarse otra señal eléctrica. Cuando el total de energía de estas dos señales sobrepasa el umbral requerido se dispara la trampa como respuesta.

Debido al movimiento de átomos cargados, llamados iones, estas señales eléctricas viajan a través de las membranas de las células dentro de los lóbulos trampa. Durante la segunda señal, las células del centro de cada lóbulo pierden agua e iones. En consecuencia, las células pierden turgencia, que no es más que la presión del agua que mantiene a la planta rígida. El resultado final de esto es que, los lóbulos se enganchan, según explicaba Hedrich.

Después de que la trampa se haya disparado, la planta se convierte en el estómago externo, al cerrarse la trampa no entra ni sale el aire. Glándulas producen enzimas que digieren a los insectos, en primer lugar el exoesqueleto de quitina, después la sangre rica en nitrógeno.

La digestión dura varios días, dependiendo del tamaño del insecto, y luego vuelve a abrir sus hojas. En ese momento, del insecto queda sólo una "sombra de esqueleto" que es fácilmente arrastrada por el viento.

Las hormonas de la Venus

Pero, ¿qué ocurre cuando el insecto ha sido capturado y anda retorciéndose alrededor de la trampa sellada para liberarse? Hedrich y sus colegas, tomaron muestras de las trampas durante esta fase y descubrieron que las hormonas juegan su papel en la respuesta.

Existe una especie de hormona de contacto, llamada jasmonato, que permite a las plantas responder al contacto. Por ejemplo, cuando una hoja es mordida por una oruga, se puede liberar el jasmonato, lo cual provoca una respuesta defensiva, como la producción de un veneno. Pero hasta ahora, parecía que los jasmonatos sólo participaban en las respuestas defensivas.

Los investigadores han sido capaces de inducir en trampas vacías la secreción de las enzimas digestivas, rociando la jasmonatos en ellas. Esto omite la primera parte de fase rápida, en la que una señal eléctrica ajusta la trampa para cerrarse, y cierra la trampa en un proceso más lento, iniciado por los jasmonatos, que a su vez sellan la trampa del estómago herméticamente para evitar fugas de los jugos digestivos.

"Normalmente, las plantas tienen que defenderse de sus depredadores. En las plantas carnívoras, las plantas, simplemente, se comen a sus depredadores", apuntó Hedrich.

También descubrieron que el ácido abscísico de la hormona del estrés de sequía contrarresta la jasmonatos, ya que al rociar este ácido abscísico en la trampa pareció evitar que se cerrase cuando los pelos eran estimulados. Esta hormona evita que la planta padezca de un proceso de sed de agua al digerir la presa en tiempos de sequía, afirmaba Hedrich.

Hedrich y sus colegas, están en un proceso de secuenciación del genoma de la planta, comparándola con sus parientes no carnívoras, y esperan así explorar su evolución. También quieren saber cómo la atrapamoscas reconoce al insecto y si elabora un cóctel de enzimas digestivas específicamente adaptadas para él.


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Editor del blog Pedro Donaire

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