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» » Antepasados ​​de cerebros humanos ya viajaban por los mares hace 600 millones de años

El último antepasado que compartimos con los gusanos, ya vagaban por los mares hace alrededor de 600 millones de años, y pudo haber tenido un "sofisticado" cerebro que liberase hormonas en la sangre y estuviese conectado a varios órganos de los sentidos. Estas evidencias no provienen de un fósil recién descubierto, sino del estudio de los microARN, pequeñas moléculas de ARN que regulan la expresión génica, de los animales vivos de hoy día.

Científicos de la European Molecular Biology Laboratory (EMBL) en Heidelberg, Alemania, han descubierto que estas moléculas se encuentran en los tejidos, exactamente de la misma manera, en animales tan diversos como las anémonas de mar, los gusanos y los seres humanos, y eso hace alusión a un origen muy temprano de estos tejidos en la evolución animal.

Los animales de diferentes ramas del árbol evolutivo (linajes diferentes) poseen microARNs específicos que se desarrollaron sólo en su propio linaje, pero también tienen microARNs en común: los que heredaron de su último ancestro común, que se han conservado durante la evolución animal.

Los científicos del EMBL han observado al anélido marino Platynereis dumerilii, que se cree ha cambiado muy poco en los últimos 600 millones de años, y encontraron que en los Platynereis, los microARNs son altamente específicos para ciertos tejidos y tipos de células, es más, descubrieron que dicha especificidad del tejido se ha conservado durante cientos de millones de años de evolución temporal.

Entonces razonaron que si un microARN tan antiguo se encuentra en una parte específica del cerebro de una especie, y en un lugar muy similar en otras especies, es muy probable que esta parte del cerebro ya existiera en el último ancestro común de dichas especies. De esta forma, fueron capaces de vislumbrar ese antiguo pasado, una noción de algunos de los rasgos del último ancestro común de gusanos y humanos.

"Al mirar en qué parte del cuerpo han evolucionado los diferentes microARNs, podemos construir una imagen de esos antepasados ​​de los que no tenemos fósiles, y descubrir rasgos que los mismos fósiles no nos puede mostrar", explicaba Detlev Arendt, que dirigió el estudio: "Pero descubrir donde se expresan en los animales estos primitivos microRNAs, de diferentes ramas del árbol evolutivo, no ha sido fácil hasta ahora."

"Hemos descubierto que los anélidos, como la Platynereis, y vertebrados, como nosotros, compartimos algunos microARNs que son específicos de ciertas partes del sistema nervioso central que secretan hormonas en la sangre, y otros que se limitan a otras partes del sistema nervioso central o periférico, o del intestino o la musculatura", declara Foteini Christodoulou, que llevó a cabo la mayor parte del trabajo experimental. "Esto significa que nuestro último antepasado común ya poseía todas esas estructuras."

Saber dónde se expresan los microARNs en nuestros antepasados, podría ayudar a los científicos a entender el papel de moléculas específicas de microARN de hoy día, ya que ofrecen una pista de hacia dónde buscar.

"Si un cierto microARN se conoce que se ha desarrollado en el intestino, por ejemplo, es probable que todavía lleve a cabo una función allí", apunta el científico del EMBL, Peer Bork, que también contribuyó al estudio.

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Editor del blog Pedro Donaire

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