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» » » » El sesgo de confirmación y el arte

Por el momento, la abrumadora tendencia a buscar aquello que confirma nuestras creencias e ignorar aquello que las contradice está bastante bien documentada. Los psicólogos se refieren a esto como el “sesgo de confirmación”, y su ubicuidad se observa tanto en la academia como en nuestra vida cotidiana: los republicanos ven la Fox, mientras que los demócratas ven la MSNB, los creacionistas ven fósiles como evidencias de Dios y los biólogos evolutivos los ven como evidencias de la evolución, y donde los fatalistas ven señales del fin del mundo, el resto sólo vemos otro día. En pocas palabras, nuestras ideologías y dogmas personales dictan nuestras realidades.

En su mayor parte, el sesgo de confirmación ha sido estudiado por los psicólogos y discutido por los periodistas científicos en un contexto de toma de decisiones o razonamientos. Ejemplos de ello pueden ser “How We Decide” de Jonah Lehrer, el “Mistakes Were Made” de Carol Tavris y Elliot Aronson, y más reciente, el artículo (.pdf) de Mercier Hugo y Dan Sperber que ha ganado mucha popularidad. Cuanto más se escribe sobre el sesgo de confirmación y sus consecuencias, tanto más claro se discierne que se trata de mucho más que un mero mecanismo que influye en nuestras decisiones cotidianas y racionales.

Si hemos de definirlo como una tendencia a favor de esa información que confirma nuestras creencias previas, parece una obviedad pensar que se presenta como un obstáculo para el conocimiento y la mejora en la toma de decisiones, o irónicamente, como una ayuda en la argumentación y la persuasión, según Mercier y Sperber. Con una definición tan amplia, también podrían explicarse nuestros juicios estéticos. Es decir, si únicamente buscamos lo que confirma nuestra hipótesis científicas y decisiones personales, de igual manera sólo escuchamos la música y observamos el arte que confirma nuestras nociones preconcebidas sobre lo que consideramos de buena o mal calidad estética. Dicho de otro modo, el sesgo de confirmación influye en nuestros juicios estéticos tal como lo hace con cualquier otro juicio.

Detengámonos en la música, un típico tema en el mundo de la psicología. Un tema común que surge de la literatura es la importancia de los patrones, las expectativas y las resoluciones. Muchos autores sostienen que la música se hace agradable cuando se establece un patrón conocido, se crean expectativas, y cuando dichas expectativas se resuelven de una manera predecible. Tal como explica Daniel Levitin, neurocientífico y autor de “This is Your Brain on Music”, "conforme se desarrolla la música, el cerebro va actualizando constantemente sus estimaciones acerca de cuándo se producirán nuevos ritmos, y obtiene la satisfacción al encontrar esa concordancia mental del ritmo con el mundo real de cada uno". Esta es la razón por la que escuchamos repetidas veces las mismas canciones y grupos musicales, sabemos exactamente lo que vamos a encontrar, y nos encanta cuando se cumplen nuestras expectativas preconcebidas.

Bajo este punto de vista, la relación entre el sesgo de confirmación y la música resulta obvia. De la igual manera que decidimos poder ver la Fox o la MSNBC, decidimos escuchar a Lady Gaga o The Beatles. En cualquier caso, nuestro cerebro está enlazando patrones y consiguiendo el placer de predecir con exactitud lo que viene después. He aquí donde está la clave: el cerebro no "sabe" la diferencia entre Glen Beck [escritor y político] y Paul McCartney, pero sí sabe y toma cuidado en encuadrar cada uno en su contexto: McCartney canta el estribillo de "She Loves You”, mientras que Beck intenta agrandar el último movimiento político de Obama. Dicho de otra manera, las predicciones del cerebro no discriminan entre los diferentes medios, tan sólo pretende que se cumplan sus expectativas. Así que, podemos preguntarnos: ¿Hay realmente alguna diferencia entre un concierto de los Beatles y un mitin de Glen Beck? ¿Acaso la gente no va a estos eventos para confirmar sus propias opiniones?

Una forma de responder a esta pregunta sería ver lo que ocurre cuando la gente no escucha lo que ellos esperan. La historia ha demostrado que esto empieza a ponerse feo. Algunas actuaciones musicales desafiaron las expectativas tan drásticamente que el público recurrió a los disturbios. Basten como ejemplos las conocidas actuaciones de Béla BartókEl mandarín maravilloso”, los “cuatro órganos” de Steve Reich y la “consagración de la primavera” de Igor Stravinsky de la primavera. En cada uno de estos casos, los compositores forzaron al público a escuchar justo aquello que no querían oír. Sería algo así, como si un demócrata se viese obligado a ver la Fox, o que un republicano fuese a un mitin a escuchar como Glen Beck alaba a Obama. Estoy seguro que ambos escenarios darían lugar a reacciones similares a las que Stravinsky experimentó.

Lo mismo ocurre con las artes visuales. Consideremos “Las señoritas de Avignon” de Picasso, la Olympia de Manet, o las “Latas  de sopa Campbell” de Warhol. Cada una de estas obras fue muy controvertida. El caso de la representación no-femenina de las mujeres de Picasso, la punzante representación de la mujer cortesana de Manet y el tratamiento comercial del arte de Warhol, cada uno de ellos estaba en marcado contraste con las normas de su tiempo, las que dictaban los requisitos para ser considerado buen arte.

Pero mientras que los críticos argumentaban que estas pinturas estaban violando alguna regla del arte intrínseco, los psicólogos nos dicen que el único objetivo de este arte fue atolondrar el sesgo de confirmación de la gente. El arte no tiene normas platónicas, el arte de calidad rompe los formalismos, y esto es, seguramente, la gran razón por la que todos los obras mencionadas pasaron a ser clásicos.

A Stravinsky se le atribuye la introducción a los nuevos estilos musicales y técnicas del siglo XX, Picasso fue elogiado por el desarrollo del cubismo, y Manet, porque inmortalizó el movimiento impresionista. Y esto no significa que el buen arte tenga que romper las reglas, hay un montón de convencionalistas que hicieron grandes obras de arte fortaleciendo las ideas preconcebidas, tan sólo quiere decir que el buen arte puede llegar a romper las reglas.

Desafortunadamente, nuestros sistemas auditivos y visuales están programados para buscar sobre todo el arte que nos gusta, y hacer caso omiso del que no nos gusta. Y esto hace que la innovación artística sea harto dificultosa. Sin embargo, cuando nos desviamos de nuestro sesgo de confirmación, podemos descubrir que viendo o escuchando algo que no cumple con nuestras expectativas puede ser gratificante. Todos los artistas que han roto con lo establecido mantienen este secreto bien guardado: saben de lo agradable que es experimentar algo que viola una expectativa, razón por la cual sustituyen lo esperado con lo inesperado. En otras palabras, fueron capaces de ver a través de su propio sesgo de confirmación.

Levitin, explica esto respecto a la música: "Los cerebros se deleitan cuando un músico hábil viola una expectativa de forma interesante, una especie de juego musical del que todos participamos. La música respira, acelera y decae, igual que el mundo real, y nuestro cerebelo encuentra placer en ajustarse a sí mismo para mantenerse sincronizado".

Los psicólogos han descrito muy bien los inconvenientes del sesgo de confirmación en las últimas décadas. Su poder e influencia a quedado meridianamente claro. Mas, en lugar de pensar en lo que respecta a la toma de decisiones, recordemos que también influye en nuestros juicios estéticos. Como ya he dicho, los grandes artistas eran muy conscientes de las expectativas de su audiencia, Picasso dijo una vez que, "cada acto de creación es ante todo un acto de destrucción". Pero en lugar de leer estas citas como aforismos idealistas, podemos tomarlo como avisos de que el sesgo de confirmación aparece en el arte como lo hace en la vida cotidiana y en la toma de decisiones.

Si continuamos pensando que el sesgo de confirmación sólo se aplica a lo cotidiano, tal vez estemos cerrando el paso al próximo Stravinsky.

  • Referencia: ScientificAmerican.com, por Samuel McNerney, 17 de julio 2011
  • Imagen: Picasso, "Las señoritas de Avignon" .

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Editor del blog Pedro Donaire

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