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A principios de 1997, cuando todavía era estudiante de primer año en la universidad, y todavía meditaba si estudiar biología o arqueología, abrí un ejemplar de la revista Discover y encontré un artículo que me sorprendió y cautivó. "Cuando la vida era extraña", decía el titular, aunque eso no me convenció, las fotos sí. Eran ediacaranos, unas criaturas que tomaron el nombre de las colinas de piedra al sureste de Australia, donde se vieron por primera vez en 1946, unos bichos raros de cuerpos hinchados, eran sorprendentes.

Allí estaba el radiante disco ovoide bilateral de la Dickinsonia, la pluma del mar, como hojas de RangeaCharniodiscus, incrustado en la especie de anillo de piña de la Cyclomedusa, y perfectamente curvada en el hermoso torbellino Tribrachidium. Mucho más tarde, descubrí el glorioso diente de tiburón Fractofusus de Mistaken Point, en Terranova, Canadá. Imagínese: un mundo de vida marina que parecía casi sin vida y que una vez gobernó brevemente los océanos, sólo para desaparecer para siempre.

Fueron el Inmediato pasado a la explosión del Cámbrico, una floración repentina de animales que producen los linajes que llevó a las medusas, las cucarachas, los T. Rex , y los perezosos gigantes. Es obvio, que fue un acontecimiento importante, pero ¿qué pasa con esa fascinante obertura? ¿Fueron los grandes animales los que exterminaron a estos indefensos animales globo? ¿O fuimos nosotros los que, al menos en parte, evolucionamos a partir de ellos? ¿Y ellos de dónde vinieron, de la nada?

Los científicos están todavía intentando responder a todas estas preguntas. Pero esto último resulta mucho más interesante después del artículo que la revista Nature publicó en febrero; con relativamente poca fanfarria debutó un nuevo grupo completo de ediacaranos, un grupo que precede a los ediacaranos clásicos en unos 20 a 40 milliones de años. Un grupo con pocos miembros que se parecen, sorprendentemente, a los de hoy. Resulta que este grupo podría haber evolucionado poco después del surgimiento de ese controvertido cataclismo llamado "Glaciación global", y quizá pudo haber dado un empujoncito a la evolución. Este grupo, por lo que sabemos, son los primeros fósiles supervivientes de algas, plantas, y posiblemente animales de la Tierra. Son los Lantianos.

Anteriormente, los más antiguos ediacaranos conocidos tenían alrededor de 580 millones de años, unos 40 millones de años antes del Cámbrico. Al tratar de explicar su aparición, los científicos han especulado que pudieron haber tenido algas fotosintéticas en sus tejidos, o que se alimentaban mediante la absorción de nutrientes a través de sus cuerpos delgados. Parece que vivieron en marismas o pozas poco profundas, y allí se conservaron una vez cubiertos por los sedimentos, aunque algunos, como el grupo Avalon, eran criaturas abisales que sobrevivían osmóticamente y absorbían los nutrientes disueltos.

Hasta el descubrimiento de los Lantianos, sólo eran reconocidos como fósiles multicelulares pre-ediacaranos los estromatolitos, algas verde-azules altas de una complejidad morfológica limitada, que yacen simplemente tras las películas de cianobacterias apiladas capa sobre capa. Han estado por ahí al menos 3 mil millones de años. Después se desarrollaron. Durante todo ese tiempo, la vida apenas había cambiado, al menos en cuanto a forma y tamaño. Hasta que acaeció algo realmente grande: la Tierra se congeló, o se enpantanó, o posiblemente se quedara un banda de agua alrededor del ecuador, o en alguna otra configuración extraña. No lo sabemos con toda certeza. Sin embargo, según la apariencia de los depósitos glaciales de casi todo el mundo, los geólogos piensan que nuestro planeta se congeló.

Algunos creen que el planeta llegó a congelarse hasta tres veces durante los millones de años que duró el Proterozoico tardío, en un período acertadamente llamado Criogénico. Este período fue seguido por el último período del Proterozoico: el Ediacárico, que se extendió desde hace 635 a los 542 millones de años. Le siguió el Cámbrico. Hasta ahora, el más antiguo grupo conocido de fósiles Ediacaranos se llamaba el Avalon, y apareció por primera vez hace aproximadamente unos 575 a 580 milliones de años.

Pero, en el este de China, al norte de Nanjing, se encuentra una capa de roca de formación lantiana hecha de una lutita escamosa, la pizarra. En el interior están los fósiles, en el más reciente, los ediacaranos. Aunque muchos ya fueron descubiertos, descritos y nombrados hace más de 10 años, han estado mal datados en 551 millones de años de antigüedad. En el artículo de Nature, científicos de la Academia de Ciencias y la Universidad del Noroeste en China, y del Instituto Politécnico de Virginia corregieron esto, la estimación actual está entre 607 a 635 millones años.

La pizarra no tiene bandas cruzadas ni ondas ni estructura alguna inducida. Estas rocas se formaron en el agua tranquila. La mayoría de los fósiles parece que se hayan adherido al fondo del mar, orientados al azar y sin plegar ni rotos. No fueron arrastrados allí por las corrientes o depositados desde arriba. Parece que murieron ahí donde vivieron, en silencio. Los autores sugieren que era un fondo fangoso bajo una base de ondas de tormenta, pero que aún llegaba el sol.

Juntos, forman el buffet de la biodiversidad. A diferencia de otros ediacaranos, algunos de estos fósiles aturden por su mismidad, no su excentricidad. La dicotomía en su forma de ramificación se parece mucho a las algas modernas. Un fósil [izquierda] se asemeja a la palma de los mares modernos, la palmaeformis Postelsia.

Pero otros siguen siendo un enigma. Una podría ser una criatura parecida a un pólipo. Las trazas axiales de los demás [abajo derecha] podrían ser el tracto digestivo de organismos similares a gusanos con "probóscide", o bien, otra alga con "anclaje" y "tallo". Y esta extraña cadena puede ser cualquier cosa [abajo izquierda].

En total, los científicos estiman la fauna lantiana consta de cerca de 15 tipos de formas, la mayoría complejas. Podrían ser 15 especies diferentes, o algunas de ellas podrían estar en diferentes etapas de desarrollo que las demás.
Por sorprendente que parezca, no hay superposición de especies, ni siquiera a nivel de reinos, según señala Guy Narbonne, en un comentario que acompaña el artículo de Nature, con la abisal biota Avalon, el anterior récord más antiguo de la vida grande. Avalon se rellena de los "tradicionales" e inflados ediacaranos. La lantiana es una población de algas de gran tamaño. Y la buena conservación tiene que ver con las diferencias de hábitat y con otros detalles (avalon está en piedra arenisca).

Y aquí hay algo un tanto intrigante. La capa que contiene los fósiles se halla justo en la parte superior de la capa de roca (de acuerdo con multitud se geólogos), en depósitos de lo que pensamos fue la última glaciación de la Tierra, la gran Glaciación. Por lo tanto es muy posible que la oxigenación del agua de mar, y otros cambios en la química del océano, espoleados por la enorme glaciación global apretara el gatillo del desarrollo de la "vida grande".

Por supuesto, la formación lantiana tiene el récord actual de fósiles ediacaranos más antiguos, pero eso no quiere decir que fueran la vida más antigua, casi con toda seguridad no lo eran.
Igual que con todos los registros fósiles, la vida fue preservada casi por casualidad, y la gran mayoría no llegó a fosilizarse. Y aquello que se ha conservado a sufrido mucho erosión y, por desgracia, se ha perdido en los últimos 600 millones de años, en tanto, gran parte continúa oculta a la vista o enterrada profundamente en el planeta.

Pero sigue habiendo una discrepancia. Estos primitivos organismos, fotosintéticos o no, se cree que tuvieron una estricta política "sin oxígeno, sin respiración, sin vida". Aunque las rocas de estos fósiles yacen en los océanos, los lantianos carecían de oxígeno. Para abordar esto, los autores creen que los océanos se hallaban en un proceso de oxigenación, y que durante cortos períodos de tiempo (demasiado cortos para ser adecuadamente muestreados y detectados), los normalmente asfixiantes fondos marinos lantianos se bañaban con agua rica en oxígeno. Y estas nuevas formas de vida, sin otra cosa mejor que hacer, aprovecharon las propiedades deshabitadas de este primaria situación; sin embargo, el oxígeno pronto se desvaneció y sofocó la vida, preservándola en tumbas de sedimentos. Unas tumbas que finalmente hemos recuperado, 600 millones de años más tarde. Si realmente fueron las algas, estaría encantado que se probase y arrojar una luz en el asunto.


Nota: En comentarios al artículo, preguntando por las barras de medidas comparativas de las fotos, Jennifer responde: Las barras de escala son de 5 mm de largo, salvo la que hay en la criatura de posible forma de gusano con "probóscide", que es de 2 mm.

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