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» » La mente en el mundo: Cultura y cerebro

De qué manera lo "externo" afecta a lo "interno" es uno de los interrogantes capitales de la psicología profunda. A este ritmo de investigación, sobre cómo la cultura conforma la cognición, Nalini Ambady, examina las evidencias neuronales de las influencias socio-culturales sobre el pensamiento, el juicio y la conducta. Y ella hace esto, dándonos numerosos ejemplos de las diferencias grupales en las capacidades humanas que van configurando la forma en que la gente se compromete socialmente. Me satisface poder compartir este artículo con los miembros de la APS.
Mahzarin R. Banaji 
Presidente de la APS

Tanto la estructura como las funciones del cerebro humano a lo largo de su desarrollo están configuradas por el medio ambiente, y el entorno social, a su vez, está configurado por la cultura. El campo emergente de la neurociencia cultural examina cómo la interacción y la mutua constitución entre las fuerzas neurales y culturales dan lugar a diferentes patrones de comportamiento, de percepción y de cognición. El objetivo principal de la emergencia de esta joven disciplina, es entender cómo la cultura, compuesta de comportamientos, valores, símbolos propios de los sistemas, sistemas de comunicación, reglas y convenciones, configura la mente y el cerebro de los individuos y es configurada a su vez por ellos. A fin de lograr este objetivo, las técnicas de última generación de la neurociencia están investigando ampliamente las diferencias de comportamiento que se manifiestan en el cerebro, además de destacar las diferencias culturales localizadas. La investigación en este campo ha comenzado a descubrir muy rápido, cómo los procesos psicológicos que se creían universales ven afectados por la experiencia cultural y expuestos en ambos niveles conductual y neural. Por lo tanto, los recientes avances de la neurociencia cultural han demostrado que incluso las funciones más básicas, con las que se esperan resultados conductuales similares en todas las culturas, pueden tener diferencias subyacentes a nivel neuronal.

Tomemos las matemáticas, por ejemplo, la solución de problemas básicos de aritmética activa la áreas cerebrales de Broca y de Wernicke, partes principales del cerebro que también participan en el procesamiento del lenguaje. Sin embargo, en un estudio de 2006, se compararon los hablantes nativos de inglés y de chino mientras resolvían estos sencillos problemas matemáticos, entonces Tang y sus colegas descubrieron que, entre los hablantes nativos chinos, tenían una menor activación de las áreas relacionadas con el lenguaje que los oradores ingleses, y también, una mayor activación de las áreas de la corteza premotora asociadas con el movimiento. Los investigadores sugirieron que el origen de tal diferencia podría ser el enfoque que la lengua china otorga a las imágenes y la escritura, en contraste con el idioma inglés donde cada letra tiene un sonido particular. Siendo esto así, para un hablante chino serían más útiles las áreas asociadas con la visión y el movimiento, para acceder a las reglas que resuelven un problema matemático, en tanto que ese mismo problema para un hablante inglés activaría las áreas relacionados con el procesamiento del lenguaje y la información verbal. Digamos que, aunque tanto los chinos como los americanos deben llegar por igual a la misma conclusión de que 2 más 2 son 4, los caminos internos conducentes a ello parecen ser muy diferentes.

Una de las formas fundamentales en que las creencias culturales, prácticas e ideológicas influyen en los procesos psicológicos, consiste en el esquema cognitivo o estilo auto-construal que usa la gente para pensar sobre sí mismo y su relación con los demás. En particular, una investigación anterior de psicología cultural identificó dos estilos principales auto-construales: el independiente (o individualista) y el interdependiente (o colectivista). Las personas de culturas independientes, como en Estados Unidos, tienden a valorar su autonomía, la singularidad, su libertad personal y el derecho a la libre expresión, mientras que los individuos de culturas interdependientes, como Japón, tienden a premiar la armonía social, la conformidad y la adhesión al grupo de normas. En un estudio realizado en 2007, Zhu y sus colegas requirieron a los participantes nativos chinos y occidentales que decidieran que rasgo adjetival les describiría a sí mismos (auto condición), su madre (condición materna), o no relacionada (otra condición), o si el adjetivo era agradable o desagradable (condición semántica). En los participantes occidentales, la corteza prefrontal medial, o el MPFC, una parte del cerebro implicada en el procesamiento de información auto-referencial, que se activa sólo en la auto condición. En los participantes chinos, sin embargo, no había diferencia en la actividad dentro del MPFC durante el proceso de auto condición y la materna, lo que indicaba que son más interdependientes a la hora de utilizar el MPFC, tanto para representarse a sí mismos como a otros cercanos. Debido a que el 'yo' es el núcleo de nuestras interacciones sociales e interpersonales, el hallazgo de que la cultura puede afectar a estas representaciones a nivel neuronal es sorprendente y tiene importantes consecuencias respecto a cómo nos representamos a nosotros mismos y los demás en todas las demás culturas.

La cultura afecta al qué y al cómo vemos. En un estudio se adoptó el clásico Test de Rod and Frame, a los participantes se les presentaba una línea que se mostraba dentro de un marco, y se les pedía reproducir una línea de la misma longitud absoluta o una línea de la misma longitud proporcional con referencia al marco (Kitayama, Duffy, Kawamura, y Larsen, 2003). Los participantes estadounidenses eran más precisos al reproducir las líneas con la longitud correcta, cuando se les pedia que prestaran atención a su tamaño absoluto, y los participantes japoneses fueron más precisos en la reproducción de las líneas por su tamaño relativo. Estas diferencias sugieren que la variación cultural en la atención visual reflejan las diferencias en la integración de percepciones a través de la culturas. Basándose en estos hallazgos conductuales (Hedden et al. (2008), examinaron la actividad neuronal durante esta tarea utilizando el fMRI. Los resultados revelaron variaciones culturales en las respuestas neuronales, a medida que las distintas regiones del cerebro se hacían cargo de realizar la tarea de enjuiciar las líneas relativa y absoluta, en relación con la cultura del perceptor. Los participantes se servían de las regiones frontal y parietal asociadas con el control de la atención, en gran medida cuando dibujaban una línea que era más incongruente con sus patrones culturales, lo que sugiere que orientales y los occidentales utilizaban diferentes circuitos neuronales para buena parte de las tareas de percepción.

Hasta ahora, he destacado cómo la cultura da forma a la actividad neuronal asociada con algunas de las más básicas tareas y procesos mentales, como resolver problemas de matemáticas, la percepción de los objetos o pensar en uno mismo. Pero, la cultura también afecta a nuestras preferencias. En un estudio llevado a cabo en mi laboratorio, descubrimos que, incluso cuando se presenta la misma información a la gente, la cultura influye en cómo el cerebro procesa la información (Freeman et al., 2009). Concretamente, los participantes americanos y japoneses de este estudio vieron siluetas de cuerpos en posturas dominantes o subordinadas, mientras se les escaneaba. Estábamos interesados ​​en un circuito del cerebro en particular, el sistema de recompensa mesolímbico, que se asocia con la detección y representación de estímulos motivacionales importante. Un sondeo posterior al escáner confirmó que, los participantes americanos mostraron una mayor tendencia a adoptar comportamientos dominantes, mientras que los japoneses a comportamientos subordinados; sin embargo, al percibir los estímulos visuales que representaban comportamientos sociales dominantes y subordinados, las regiones del sistema dentro del sistema de recompensa mesolímbico de los participantes americanos y japoneses respondieron de una manera culturalmente congruente. En concreto, tanto la cabeza del núcleo caudado como el MPFC, dos componentes del sistema de recompensa mesolímbico, mostraron respuestas muy fuertes a los estímulos dominantes (en relación a los estímulos subordinados) en los participantes americanos, mientras que, en los participantes japoneses, dichas regiones mostraron respuestas más fuertes a los estímulos subordinados (en relación con los estímulos dominantes). Por otra parte, también se midió en sondeo posterior al escáner, la actividad en el caudado derecho y el MPFC, que se correlacionó significativamente con lo que informaban los propios participantes, en cuanto a las tendencias conductuales individuales hacia la dominación frente a las de subordinación. Los sujetos de actitud más dominante mostraron respuestas más fuertes a los estímulos dominantes en el caudado y el MPFC, en tanto que los de disposición más subordinada mostraron respuestas más fuertes a los estímulos subordinados. Esto nos lleva a otro punto clave: Si bien, como los neurocientíficos cognitivos han señalado, para una tarea concreta puede ser activada la misma área del cerebro, la amplitud e inicio de esta activación puede ser ajustada por los valores culturales y las preferencias.

Estas interacciones cerebro-cultura tienen una clara repercusión en el mundo real, ya que puede afectar a quienes deciden afiliarse, tanto desde el punto de vista personal, como desde uno más amplio, a una política determinada. Por ejemplo, a quiénes elegimos como nuestros líderes puede tener un impacto importante en nuestras vidas y el bienestar. En un estudio reciente con el fMRI, hemos hecho un sorprendente descubrimiento acerca de las preferencias de liderazgo en estas culturas (Rule et al., 2010). Unos participantes japoneses y americanos vieron los rostros de candidatos políticos reales de EE.UU. y Japón, y se formaron impresiones de ellos basadas en el poder y la calidez, e indicaron sus opciones de voto. Los participantes americanos prefirieron candidatos con apariencia más fuerte, mientras que los participantes japoneses prefirieron los de apariencia más cálida, y esta preferencia se reflejó en sus decisiones de voto real. Sin embargo, las exploraciones del fMRI mostraron que tanto los americanos como los japoneses usaban la misma área exacta de sus cerebros para esta tarea: la amígdala. En este caso, los miembros de ambas culturas mostraron el mismo camino neurológico, pero diferentes resultados conductuales reflejaron sus preferencias culturales.

Este naciente campo de la neurociencia cultural, también revela las profundas raíces de algunas de nuestras diferencias culturales. Así, hemos encontrado que las personas reaccionan fuertemente, a nivel neuronal, a las señales emocionales de los miembros de un endogrupo en comparación con los miembros de un exogrupo. Encontramos una gran activación de la amígdala respecto a las caras de gente de pertenencia cultural propia que de otros grupos (Chiao et al., 2008). En otro estudio, descubrimos un patrón similar de actividad en el "surco superior temporal" de señales faciales, en una tarea de lectura mental hacia los miembros de la propia cultura, en comparación con otras culturas. La gente de este estudio eran también más precisa en lectura mental con los miembros de su propia cultura (Adams et al., 2010), y menos sensible con los otras culturas. Esta falta sintonía puede sentar las bases para futuros malentendidos y conflictos. Sin embargo, según sugieren varios estudios recientes, la experiencia y la exposición a la cultura modelan el cerebro. Por ejemplo, en un interesante estudio que acreditaba el papel de la experiencia, se demostró que expertos bailarines de ballet brasileños, que estaban viendo un espectáculo en vídeo, al haber sido entrenados para ello, tenían el doble de activación del sistema de neuronas espejo que el grupo de control no experto que nunca habían realizado esta danza.La buena noticia, es que con la exposición a otras culturas, tal vez, el cerebro pueda estar culturalmente más sintonizado. En resumen, los resultados que surjan de la neurociencia cultural ilustrar cómo la actitud sostenida, los valores y el comportamiento que encontramos en nuestra cotidianidad, dan lugar a distintos patrones de actividad neural, responsable de distintas funciones básicas, desde nuestro punto de vista y rendimiento académico, a comportamientos más complejos, como elegir a los representantes políticos y del entendimiento de las sutiles señales de los miembros de un exogrupo. Estos procesos tienen importantes consecuencias en la calidad y cantidad de nuestras relaciones, el éxito laboral y salud mental. Aunque el estado actual de la neurociencia cultural más bien se plantea preguntas que respuestas, una cosa está clara, se expande rápidamente y está allanando el camino para nuevas y excitantes áreas de investigación. Numerosas preguntas siguen sin respuesta. Por ejemplo, ¿en qué medida las personas con cierta expresión de genes, son más o menos susceptibles a las influencias culturales? ¿Hay períodos críticos durante los cuales el cerebro podría ser más sensible a la exposición cultural? ¿Qué tipo de remodelación neural se produce cuando la gente se mueve de una cultura a otra?

La moraleja es que nuestro cerebro absorbe activamente las regularidades de nuestro medio ambiente cultural. Las representaciones creadas en el cerebro, influyen a su vez, en la forma en que interactuamos y configuramos nuestro propio entorno. La cultura afecta a la forma en que se conecta y activa el cerebro, pero el cerebro es maleable. Igual que una cambiante marea puede erosionar una huella en la arena, así también puede cambiar la experiencia con el tiempo y remodelar estas activaciones cerebrales. En este sentido, el cerebro puede ser visto como una especie de "esponja cultural", absorbiendo las regularidades de nuestro entorno físico y social.

  • Referencia: APS.Observer Vol.24, No.5 May/June, 2011. por Nalini Ambady
Referencias y lecturas:
- Adams, R.B., Jr., Franklin, R.G., Rule, N.O., Freeman, J.B., Yoshikawa, S., Kveraga, K., et al. (2010). Culture, gaze, and the neural processing of fear expressions: An fMRI investigation. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 5, 340–348.
- Chiao, J.Y., Iidaka, T., Gordon, H.L., Nogawa, J., Bar, M., Aminoff, E., et al. (2008). Cultural specificity in amygdala response to fear faces. Journal of Cognitive Neuroscience, 20, 2167–2174.
- Freeman, J.B., Rule, N.O., Adams, R.B., Jr., & Ambady, N. (2009). Culture shapes a mesolimbic response to signals of dominance and subordination that associates with behavior. NeuroImage, 47, 353–359.
- Hedden, T., Ketay, S., Aron, A., Markus, H.R., & Gabrieli, J.D.E. (2008). Cultural influences on neural substrates of attentional control. Psychological Science, 19, 12–17.
- Kitayama, S., Duffy, S., Kawamura, T., & Larsen, J.T. (2003). Perceiving an object and its context in different cultures: A cultural look at New Look. Psychological Science, 14, 201–206.
- Rule, N.O., Freeman, J.B., Moran, J.M., Gabrieli, J.D.E., Adams, R.B., Jr., & Ambady, N. (2010). Voting behavior is reflected in amygdala response across cultures. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 5, 349–355.
- Tang, Y., Zhang, W., Chen, K., Feng, S., Ji, Y., Shen, J., et al. (206). Arithmetic processing in the brain shaped by cultures. Proceedings of the National Academy of Sciences, USA, 103, 10775–10780.
- Zhu, Y., Zhang, L., Fan, J., & Han, S. (2007). Neural basis of cultural influence on self-representation.NeuroImage, 34, 1310–1316.

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