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» » » Por qué en la medicina es necesaria la empatía, pero no siempre

Esta investigación pretende revelar la necesidad de la empatía en los trabajadores al cuidado de la salud cuando ven a los pacientes como objetos.

Si es posible, piense en un momento en el que usted, o un ser querido, haya tenido que estar en un hospital durante una cantidad significativa de tiempo. ¿Qué recuerda de la experiencia? La sensación que la mayoría de la gente comenta de sus estancias en los hospitales es inquietante. Incluso cuando todo el mundo que le ha tratado ha sido amable, atento, que ha trabajado duro, que es eficaz y competente, aún así puede haber tenido la sensación de que, en comparación con otras situaciones en las que la gente está ocupada intensamente, lo del hospital era algo distinto. Con todo el conjunto de medidas, palpar, escuchar los sonidos anormales del cuerpo, inyecciones y las imágenes de sus entrañas, puede haberse sentido tratado como una especie de objeto, en lugar de una persona completa. Este sentimiento podemos llamarlo deshumanización.

La deshumanización es generalmente un estado negativo de las situaciones. A pocos pacientes les gusta sentirse un objeto, y estando en un hospital, la mayoría desea empatizar con sus cuidadores. Por estas razones la reacción normal a la deshumanización de la medicina suele ser condenarla por completo. Desde la dirección médica se intentan regular distintas formas de programas de sensibilización sobre la empatía.

Pero desde la óptica de un observador imparcial podría plantearse algunas preguntas: ¿por qué la ausencia de empatía supone un perenne problema de primer orden en el ámbito clínico? ¿Por qué la permanente necesidad de una educación sobre la empatía? Ciertamente, no todas las profesiones tienen estos obstáculos, ni requieren de tales medidas.

Se ha hecho hace poco una investigación sobre cómo funcionan los cerebros de los profesionales médicos tratando de arrojar una luz sobre estas cuestiones. Concretamente, dos experimentos de Jean Decety y sus colegas, de la Universidad de Chicago, han examinado la base neurocientífica del sentimiento empático del dolor por los médicos.

En un experimento , los médicos que practican acupuntura (así como su pareja no médica de control) se sometieron a una resonancia magnética funcional (fMRI), mientras se visualizaban vídeos donde se insertaban agujas a mano, una persona a otra, en los pies y las áreas alrededor de la boca, y también otros vídeos en los que se tocaban las mismas áreas con un bastoncillo de algodón. Comparando los controles, los médicos mostraban una respuesta significativamente menor en las regiones cerebrales involucradas con la empatía por el dolor. Además, los médicos mostraron una activación significativamente mayor de las áreas involucradas con el control ejecutivo, la autorregulación y el pensar acerca del estado mental de los demás. Dicho de otra manera, los médicos parecían mostrar menos empatía y más una respuesta cognitiva de nivel superior.

Este hallazgo nos permite algunas preguntas más. La percepción del dolor de los demás implica normalmente dos pasos. Primero, la participación en la emoción compartida de dolor con otra persona, y luego, hacer una evaluación cognitiva de la emoción. ¿Sienten automáticamente los médicos empatía por el dolor de los demás, pero luego, rápidamente, la suprimen? ¿O es la supresión cognitiva de la empatía aún más profunda, lo que se ha vuelto más automático? ¿Es posible que los médicos ni siquiera experimenten la primera etapa de empatía por el dolor que las personas normales, según muestran las imágenes de su cerebro?

Los investigadores repitieron el mismo experimento, pero esta vez, en lugar de buscar cambios en el flujo hematoencefálico con el fMRI evaluaron los eventos potenciales relacionados con el cerebro (ERP). Los resultados mostraron que los médicos ni siquiera marcaban una temprana respuesta empática. Al parecer, los médicos había llegado a ser tan buenos en la supresión de la empatía, que no había respuesta de la que preocuparse.

¿Por qué existen estos efectos? Podría ser que, comparado con otras profesiones, las gentes que gravitan en torno a los cuidados de la salud tienden a ser menos empáticas. Esto parece poco probable. Por otra parte, estudios médicos muestran que a menudo son los más empáticos y cuidadosos cuando comienzan en la escuela de medicina, y que van perdiendo empatía cuanto más formación clínica obtienen. Los causa más probable, por lo tanto, puede ser la naturaleza de la formación médica y la intrínseca exigencia que se deriva de la profesión.

Ya sea durante una cirugía, biopsia, examen físico, o incluso una simple extracción de sangre, la rutina de los profesionales de la salud deben infligir dolor a los demás para conseguir mejorarlos a largo plazo. Los médicos también tienen una comunicación diaria con los pacientes que sufren lesiones físicas, sangran o sufren de otra forma. Centrarse demasiado en el dolor del paciente puede hacer que el médico sea menos efectivo. Suprimir la respuesta al dolor de los demás puede, de hecho, liberar recursos de procesamiento de información a fin de resolver más eficazmente los problemas clínicos. Este argumento explica el por qué los médicos tienen menos empatía conforme tienen más pacientes y progresan en su formación. Además, en un reciente estudio con enfermeras de un hospital descubrieron que hacían frente al estrés en el trabajo con un trato deshumanizante con los pacientes, lo que presumiblemente las hacía más eficaces en sus puestos de trabajo. A pesar de estos obviedades, no cabe duda de que la empatía es esencial para un sistema de salud exitoso. La empatía tiene un valor inestimable para motivar todo el proceso de prestación de cuidados y garantizar una comunicación efectiva (¿quién quiere hablar acerca de los embarazosos síntomas de un frío documento?), y para establecer relaciones de confianza a largo plazo entre médicos y pacientes.

El trabajo de cualquier médico es, por tanto, en parte empatía y en parte resolución de problemas. Esto constituye el equilibrio inherente de la medicina, debido a que el cerebro humano no tiene infinitos recursos de cálculo, o de tiempo, para realizar ambas tareas igual de bien. Hay que ser cuidadoso en tanto se averigua un diagnóstico adecuado, la prognosis y el tratamiento, a menudo bajo condiciones de incertidumbre.

Así como el hecho de usar sólo las habilidades cognitivas de resolución de problemas no conduce necesariamente a los mejores resultados para los pacientes, el sólo emplear las habilidades empáticas y emocionales tampoco da lugar a los mejores resultados. La empatía no es un bien inherente al cuidado médico, sino a la relación. Igual que la reflexión deliberativa y la abstracción, la empatía también es útil sólo en cierto grado, y en ciertos contextos, pero ambas pueden ser improductivas o destructivas en otros. Un cirujano, por ejemplo, ha de ser muy empático cuando propone las opciones quirúrgicas con un paciente alterado, pero necesitará regular esa empatía durante la cirugía.

La importante es saber cuándo es adecuada la empatía y cuándo es perjudicial. De esta manera, el ser más empático, no debiera ser un objetivo en sí mismo para los médicos; pero sí encontrar ese justo equilibrio que optimice la atención.

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Editor del blog Pedro Donaire

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