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» » Llamada de los paleontólogos para un mayor intercambio de información

Cuando Ross Mounce trató de usar las mediciones de un fosilizado terópodo de dinosaurio con plumas en su investigación, vio que tenía delante un gran obstáculo. La tabla de datos del documento que describía al dinosaurio contenía un error de formato que impedía a Mounce la elaboración de una relación comparativa de la criatura con otros dinosaurios, y ante las reiteradas peticiones por correo electrónico para modificar el archivo original, el autor principal no se daba por aludido.

Mounce, que hace su doctorado sobre la evolución en la Universidad de Bath, Reino Unido, con el tiempo consiguió dicho archivo tras la intervención de mismo editor de la revista. Ahora Mounce está liderando una campaña para evitar que se convierta en práctica habitual de los paleontólogos el cargar los datos en bruto (raw data) de sus trabajos en los repositorios en línea, una práctica común en otras disciplinas, pero raro en la paleontología. La convocatoria supone un cambio radical que puede estar ya en marcha: varias revistas de paleontología han lanzado recientemente unas políticas de archivo digital que se alinean con el objetivo Mounce.

Los paleontólogos piden un mejor registro digital y intercambio de datos, dicen, como medida para que los científicos no sólo resuelvan los problemas de rastrear información acerca de los fósiles, sino que también puedna apoyar futuros estudios por una serie de vías que hoy día no son posibles. "Creo que aún están muy lejos esas posibilidades", dice Peter Wagner, conservador de moluscos del National Museum of Natural History (MNNH), de EE.UU. en Washington DC, que apoya la campaña.

Los repositorios públicos ya participan en otros campos, GenBank, p. ej., una base de datos gestionada por el National Center for Biotechnology Information de EE.UU. en Bethesda, Maryland, tiene más de 100 millones de secuencias genéticas disponibles gratuitamente, y la mayoría de revistas demandan que las publicaciones científicas añadan sus datos a la misma.

Existen bases de datos similares para paleontólogos. MorphoBank, por ejemplo, con registros detallados de fósiles, incluyendo las exploraciones de tomografía computarizada tridimensionales. Otro repositorio, Treebase, recoge los árboles filogenéticos que muestran las relaciones evolutivas entre especies. Pero las revistas no fuerzan a los investigadores a añadir sus datos a estos sistemas, y Mounce, junto con otros casi 150 firmantes en una carta abierta, piensan que sí deberían.

Algunos científicos se preocupan de que una divulgación de datos clave, como la información geográfica sobre determinados descubrimientos fósiles alimenten el comercio ilícito de fósiles. "El Burgess Shale es un ejemplo de ello. Al ser un lugar muy conocido, es saqueado hasta la muerte", señala Jonathan Antcliffe, palaeobiólogo en la Universidad de Bristol, Reino Unido, refiriéndose a ese rico tesoro de fósiles del Cámbrico en las Montañas Rocosas de Canadá. Algunos países, entre ellos Estados Unidos, establecen como ilegal el hecho de revelar públicamente los sitios de fósiles situados en zonas públicas.

A Antcliffe también le preocupa la obligatoriedad de un archivo de datos, ya que podría desalentar a los científicos sobre la publicación de informes sobre la marcha de los proyectos a largo plazo, por temor a que los rivales utilicen estos datos en bruto para sacar provecho. Y añade que, los estudiantes de postgrado, que les puede llevar más tiempo que los paleontólogos con experiencia plasmar toda la investigación en los documentos, serían especialmente vulnerables.

Las tensiones entre los científicos que descubren nuevos fósiles y los que analizan y sintetizan sus hallazgos, no son nuevos, afirma Mike Benton, paleontólogo de vertebrados de la Universidad de Bristol. Por ejemplo, Jack Sepkoski, de la Universidad de Chicago, Illinois, que en los años de 1970 y 1980 estudió las extinciones masivas en el registro fósil mundial, tuvo que enfrentarse a duras críticas por la readaptación del trabajo de otros científicos de campo. Pero, como dice Benton, "si hubiese querido mantenerlo en secreto, no lo habría publicado".

Ya sea que los paleontólogos están listos para un archivo digital obligatorio o no, el campo parece ir en esa dirección. Impulsada en parte por los mandatos de compartición de datos de los organismos de financiación, como la National Science Foundation de EE.UU., el Journal of Vertebrate Paleontology anunció en enero que exige que los autores publiquen los ficheros de datos en bruto en su sitio web (A. Berta and PM Barrett J. Vert. Paleontol. 31, 1; 2011). También se está considerando la obligatoriedad de almacenamiento en repositorios públicos, como Morphobank. Entre tanto, la Sociedad Paleontológica de Boulder, Colorado, que publica las revistas de Paleobiología y Paleontología, el mes pasado decidió archivar los datos de sus documentos usando el repositorio Dryad. "Mi única preocupación es que por ahora este archivo es un mandato sin fondos", señala Philip Gingerich, presidente de la sociedad. "Sólo el archivo, fácilmente podría consumir el presupuesto de toda una investigación."

Brian Huber, conservador del NMNH y co-editor de la Revista de Paleontología, comenta que él también sería muy cuidadoso con los costes de archivado digital, pero que le da vueltas a la idea. "Este es el camino del futuro, y la sociedad decidió que esta es la orientación a seguir en lugar de ser demasiado conservadores." 

  • Referencia: Nature.com, 11 de abril 2011, por Ewen Callaway
  • Imagen: Archivos de exploraciones de fósiles en 3D, como del arácnido prestvicii Eophrynus, crédito R. Garwood Garwood

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Editor del blog Pedro Donaire

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