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» » ¿Las lenguas son moldeadas por la cultura o la cognición?

Los lingüistas debaten si las lenguas comparten características gramaticales universales. Y la conclusión de un estudio, que compara la gramática los árboles evolutivos de varios cientos de idiomas, es que las lenguas evolucionan por su propia idiosincrasia, en lugar de ser gobernadas por las reglas universales establecidas por los patrones del cerebro humano.

Russell Gray, psicólogo de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, y sus colegas, examinaron las relaciones entre los rasgos, como el orden de los verbos y los sustantivos de cuatro familias lingüísticas, y no hallaron señal alguna de ningún principios universal rector persistente (véase 'verdades universales’). Su trabajo se publicó ayer en Nature.

La polémica está sobre la mesa. "No hay nada en el documento que ponga en tela de juicio la opinión que se discute en contra," señala Matthew  Dryer, un lingüista de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo.

Patrones fijos

Se estima que en la actualidad existen unas 7.000 lenguas, que muestran una enorme diversidad estructural. Algunas, como el finés, tienen complejas  formas de crear palabras compuestas, mientras que otras, como el chino mandarín, utilizan palabras invariables, simples y cortas. Algunas ponen los verbos al principio de una oración, otras en el centro y otras al final.

Sin embargo, muchos lingüistas sospechan que hay alguna lógica universal tras esta sorprendente variedad, que existen una serie de factores cognitivos comunes sustentando las estructuras gramaticales. Los lingüistas, Noam Chomsky y Joseph Greenberg, han propuesto dos de las más notables teorías 'universalistas' de la lengua.

Chomsky trató de explicar la asombrosa rapidez con la que los niños asimilan las complejas y sutiles reglas gramaticales, suponiendo que todos nacemos con una capacidad innata para el lenguaje que, presumiblemente, reside en unos módulos especializados para el lenguaje ubicados en el cerebro. Sugería que, un pequeño conjunto de "reglas generativas", funcionando como un circuito de la forma de pensar, producía que los niños fuesen capaces de generalizar los principios gramaticales de la lengua nativa.

Chomsky ha supuesto que, las lenguas cambian y evolucionan cuando los parámetros de estas reglas se restablece en toda una cultura. Un simple cambio en ellos debiera inducir a modificaciones de varias características relacionadas de la lengua.

Greenberg enfocó la cuestión de modo más empírico, enumerando los rasgos que observaba que eran compartidos entre las lenguas. Muchos de estos rasgos hacían referencia a la cuestión del orden de las palabras. Por ejemplo, en la mayoría de los idiomas una cláusula condicional normalmente precede a su conclusión: "si él tiene razón, será famoso". Greenberg argumentaba que estos universales reflejan prejuicios lingüísticos básicos, lo que a su vez, probablemente, refleja los principios básicos de la cognición humana.

"El orden universal de las palabras de Greenberg consigue una mayor pretensión de validez empírica de cualquier otra teoría universalista sobre el lenguaje", afirma Michael Dunn, lingüista evolutivo del Instituto Max Planck de Psicolingüística de Nijmegen, Países Bajos, y co-autor del documento.

Cambio de estándares

Ambas ideas universalistas tienen implicaciones para el árbol genealógico de la lengua. En la teoría de Chomsky, tal como las lenguas evolucionan, algunas características variarían al mismo tiempo, ya que son productos de los mismos parámetros subyacentes. Y la idea de Greenberg, por el contrario, implica que hay co-dependencias entre ciertas características gramaticales de una lengua, pero no en otras. Por ejemplo, el orden de las palabras de los pares sujeto-verbo no tiene por qué depender de los pares objeto-verbo.

Para probar estas afirmaciones, Gray y sus colegas, utilizaron el análisis filogenético, una técnica desarrollada en biología evolutiva, que reconstruye el árbol de cuatro familias representativas de más de 2.000 idiomas: el austronesio, el indoeuropeo, bantú y uto-azteca.

Para cada familia, se vieron ocho palabras características de orden y utilizaron métodos estadísticos para calcular las probabilidades de cada par de características, ya hayan evolucionado de forma independiente o de forma correlacionada. Esto permitió deducir las redes de co-dependencia entre las características, y compararlas con las predicciones de las teorías de Chomsky y Greenberg.

Descubrieron que ninguno de los modelos universalistas se ajustaban a las evidencias. No sólo las co-dependencias difierían de las pronosticadas por el orden de palabras de los ‘universales’ de Greenberg, sino que eran diferentes para cada familia. En otras palabras, la profunda estructura gramatical de cada familia es distinta de la de los demás: cada familia ha desarrollado sus propias reglas, así que no hay razón para suponer que se rijan por factores cognitivos universales.

Es más, aun cuando una co-dependencia en particular de características es compartida por dos familias, los investigadores pudieron demostrar que cada una se presentaba de forma diferente, lo que arroja la posibilidad de dicha coincidencia fue casual. Ellos concluyen que las lenguas, al menos en el orden gramatical de las palabras, han quedado plasmadas en la cultura bajo formas específicas, en lugar de en los universales.

Una cuestión de linaje

Martin Haspelmath, lingüista del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, está de acuerdo con las conclusiones de Gray, pero indica que eso "para los especialistas que no son nada nuevo". "Desde hace tiempo se sabe que las propiedades gramaticales y las dependencias son de linaje específico", añade.

Por otra parte, Dryer no tiene muy claro que estos resultados conformen un caso convincente. "Hay más de un centenar de familias lingüísticas que los autores ignoran, pero que ofrecen un fuerte respaldo de las opiniones que están discutiendo", añade. No hay razón para esperar un modelo persistente de palabras ni de relaciones de orden dentro de las familias, sin importar si son moldeadas por las limitaciones universales.

Haspelmath dice que podría ser más valioso buscar lo que las lenguas tienen en común que medir la forma en que, inevitablemente, difieren. Incluso si la evolución cultural es el factor principal en la formación de éstas, dice, "sería muy difícil saber qué sesgos cognitivos juegan algún tipo de papel".

"La lingüística comparada se han centrado en los universales y las explicaciones cognitivas porque, al fin y al cabo, querían explicar algo", agrega Haspelmath. "Decir que la evolución cultural que está en juego, básicamente, es lo mismo que decir que no podemos explicar por qué las lenguas son como son, lo que en gran parte es cierto, pero tampoco es toda la verdad." 

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Editor del blog Pedro Donaire

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