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» » » Esa vieja y perpetua estafa de la curación magnética

La idea de que los imanes se pueden utilizar para curar ha existido desde que el hombre los descubrió.

Embrujos magnéticos, pulseras, plantillas y todo tipo refuerzos populares, se venden anunciando que mejoran el rendimiento deportivo, alivian el dolor de la artritis, incrementan la energía, y más o menos remedian cualquier síntoma que se pueda tener. Estos productos pueden parecer modernos y de alta tecnología, pero los dispositivos similares y sus correspondientes anuncios han existido durante siglos.

La noción de que los imanes se pueden utilizar para curar ha existido desde que el hombre los descubrió. Diversas culturas antiguas, como la de Egipto, Grecia o China, descubrieron las rocas magnéticas naturales, o magnetitas. La gente tenía dificultades para explicar las propiedades inusuales de estas rocas, dado el conocimiento científico de la época, así que inventaban explicaciones fantasiosas como que los "minerales también tienen alma", y esto era compatible con la creencia general de que todo tiene una "esencia".

También se pudo observar que esta propiedad magnética se podían transferir. Como Sócrates decía: "Estas piedras no sólo atraen los anillos de hierro, sino que les imparte un poder similar para atraer otros anillos, y algunas veces, hasta se pueden ver muchas piezas de hierro y anillos suspendidos uno del otro formando una cadena muy larga, y todos ellos derivan su poder de suspensión de la piedra original" (citado en Keithley 1999).

Visto esto, parecía natural que, debido a que los seres vivos tienen una energía y esencia, y que ciertas rocas también contienen energía y esencia, pues las rocas podrían usarse para curar enfermedades transfiriendo su energía a un ser vivo.  Incluso hoy en día, esta idea mantiene un atractivo emocional e hasta racional. ¿Quién no quisiera ser curado por un equivalente al escáner médico de McCoy [serie de ciencia ficción], que de forma no invasiva utiliza campos de energía invisibles y no dolorosos para devolver a nuestros tejidos la salud a nivel celular? Cuando fantaseamos sobre el futuro de la medicina, imaginamos este tipo de cosas. Así que, no es de extrañar, que a través de los siglos la curación magnética haya sido muy popular y esa popularidad no ha hecho sino aumentar con el avance en la comprensión científica del magnetismo y el descubrimiento del electromagnetismo.

La relación entre el mundo académico médico y la comercialización popular tampoco ha cambiado mucho en cientos de años.

En 1600, William Gilbert escribió “De Magnete”, en el que describía unos experimentos detallados con los imanes y la electricidad ,y donde refutaba sistemáticamente cientos de supuestas propiedades saludables que a nivel popular proclamaban tales tratamientos. Este descrédito de la terapia magnética continuó a lo largo del siglo XVII con Thomas Browne (Macklis 1993). Teniendo en cuenta los primitivos métodos científicos y los conocimientos médicos de la época, las reivindicaciones de los curanderos magnéticos debieron haber sido especialmente fantásticos y sus tratamientos igualmente sin valor alguno.

A partir de ahí nadie fue capaz de detener el decaimiento de la curación magnética. En los siglos XVIII y XIX, Franz Mesmer consiguió aumentar enormemente la popularidad de la curación magnética con su teoría sobre el "magnetismo animal". Mesmer pensaba que el magnetismo animal era la única fuerza de la naturaleza que fluía como un líquido a través de los seres vivos. Y llegó a pensar que podía manipularla a través de una combinación de hipnotismo y colocación de manos. Después del descrédito realizado por una comisión encabezada por Benjamín Franklin, la fama y figura de Mesmer se desvaneció, y murió pobre y olvidado; pero su legado de curación magnética sobrevivió y continúa siendo muy popular hoy día.

Hoy en día, la relación entre los imanes, las reivindicaciones populares de salud y la comunidad médica y científica, sigue siendo la misma. El público se deja fascinar por la idea de una curación con electricidad, campos electromagnéticos y energía magnética. Y el hecho que muchas intervenciones médicas, que están legítimamente basadas en los avances sobre el electromagnetismo, aumentan este interés. La gente entiende que usamos la imagen por resonancia magnética (MRI) para mirar dentro del cuerpo. En estudios recientes, indican el potencial de la estimulación magnética transcraneal como tratamiento efectivo para las migrañas (Lipton y Pearlman, 2010). De forma rutinaria medimos de forma eléctrica (y ahora incluso magnética) las ondas cerebrales para evaluar la función cerebral.

El electromagnetismo es la energía real de la vida, y por lo tanto es muy posible que todo clase de intervenciones magnéticas y eléctricas serán de utilidad para fines diagnósticos y terapéuticos. Pero este potencial también abre la puerta a un mercado de innumerables dispositivos magnéticos de unos charlatanes que explotan este recurso. Puedes comprar de todo, ya sean imanes para el frigorífico y atártelo al codo, a la rodilla o ponértelo en un zapato o debajo de la almohada. Estos campos magnéticos estáticos no tienen ningún efecto demostrable sobre el flujo de la sangre o los tejidos vivos, y sus campos son tan superficiales que escasamente van más allá de la tela en la que están engarzados, y mucho menos a cualquier profundidad significativa del tejido. La evidencia científica de su eficacia es negativa (Pittler et al. 2007). Aún más absurdo son esas pulseras magnéticas que se supone que tienen un efecto curativo a distancia sobre el cuerpo. Su credibilidad se desploma aún más.

Lo que resulta eternamente frustrante es que ante el cúmulo de evidencias científicas que desmienten sus efectos, esto no parezca incidir en la comercialización y el atractivo popular de su reclamo. Esta desconexión aparece de forma más obvia ante la avalancha de solicitudes de artilugios y tratamientos magnéticos que ha sobrevivido durante siglos.

Citas:
- Keithley, Joseph F. 1999. Measurements from the beginning through the Middle Ages. In The Story of Electrical and Magnetic Measurements: From 500 B.C. to the 1940s. New York: IEEE Press. Disponible en:  http://media.wiley.com/product_data/excerpt/30/07803119/0780311930-2.pdf.
- Lipton, Richard B., and Starr H. Pearlman. 2010. Transcranial magnetic simulation in the treatment of migraine. Neurotherapeutics 7(2) (April): 204–12.
- Macklis, Roger M. 1993. Magnetic healing, quackery, and the debate about the health effects of electromagnetic fields. Annals of Internal Medicine 118(5) (March): 376–83.
- Pittler, Max H., Elizabeth M. Brown, and Edzard Ernst. 2007. Static magnets for reducing pain: Systematic review and meta-analysis of randomized trials. Canadian Medical Association Journal 177(7) (September): 736–42.

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