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» » El efecto halo: No juzgues un alimento sólo por su etiqueta ecológica

Jenny Wan-chen Lee, una estudiante graduada en la Universidad de Cornell Dyson, en la Escuela de Economía Aplicada y Gestión, durante un tiempo se quedó fascinada con el fenómeno conocido como "el efecto halo". Tiempo ha que los psicólogos saben que la forma en que percibimos un rasgo particular de una persona puede tener la capacidad de influir en la forma en que percibimos otros rasgos de la misma.

En otras palabras, el hecho de que una persona tenga un atributo positivo puede irradiar un "halo", dando lugar a que la percepción de otras características asociadas con esa persona también se vean positivas. Un ejemplo secillo de esto, sería juzgar a una persona atractiva como inteligente, sólo porque sea bien parecida.

Hay una creciente literatura que sugiere que el efecto halo también puede aplicarse a los alimentos, y que influye en qué y cuánto comemos. Por ejemplo, la investigación ha demostrado que las personas tienden a consumir más calorías en los restaurantes de comida rápida que dicen servir alimentos "saludables", en comparación con la cantidad que comen en una típica hamburguesería o freiduría. El razonamiento es que cuando la gente percibe que un alimento es más nutritivo, tiende a bajar la guardia, y en lugar de ser cuidadosos con el recuento de calorías, se dejan llevar y comen en exceso, pues se sienten con derecho a disfrutar.

Este efecto halo también parece aplicarse a ciertos alimentos considerados por ser especialmente saludables, como los alimentos orgánicos (ecológicos, biológicos). En concreto, algunas personas asumen erróneamente que estos alimentos son más nutritivos sólo porque llevan la etiqueta "orgánico" (un espacio de debate activo, desde hace tiempo, entre los científicos de alimentos y los de nutrición).

Como parte de la investigación, Lee se preguntaba si este efecto en torno a los alimentos orgánicos, llevaría a la gente a percibirlos de forma automática como más sabrosos o bajos en calorías. Ella quiso probar esta cuestión realizando un ensayo controlado a doble ciego, en un centro comercial se solicitó a 144 sujetos que compararan galletas de chocolate, sándwich, yogur natural, y patatas fritas, creyendo que unos eran de producción ecológica y otros convencional. Todos los productos, en realidad, eran de la variedad orgánica, que fueron simplemente etiquetados como "convencional" u "orgánico". A los participantes se les pidió que marcaran cada alimento con 10 atributos diferentes (por ejemplo, el gusto general, la percepción del contenido de grasa), y utilizando una escala de 1 a 9. También se les pidió que hicieran un cálculo aproximado del número de calorías de cada alimento y cuánto estarían dispuestos a pagar. Como parte del programa científico de la American Society for Nutrition, los resultados de este estudio fueron presentados el 10 de abril en la reunión de Experimental Biology 2011.

Lee confirma la hipótesis del halo, los sujetos manifestaron preferir casi todas las características de sabor de los alimentos con etiqueta ecológica, pese a ser idénticos a los etiquetados como convencionales. Los alimentos etiquetados como "orgánicos" se percibe también a ser significativamente más baja en calorías y evocó una etiqueta de precio más alto. Además, los alimentos con la etiqueta "orgánico" eran percibidos como con menos grasa y más fibra. En general, las patatas fritas y galletas etiquetados como ecológicos fueron considerados más nutritivos que los ‘convencionales’.

Puesto así, no sólo hay un efecto halo asociado a los alimentos orgánicos, sino que es fuerte y consistente, al menos para las galletas, patatas fritas y el yogur. Aunque Lee sea el primero en reconocer que, su estudio estaba bastante limitado en la variedad de los alimentos probados, ella confía en que este efecto es real, además de importantes consecuencias en cuanto a qué y cuánto come la gente, especialmente los que preferentemente buscan la etiqueta "orgánico" en los alimentos. También serán necesarios estudios adicionales, antes de saber si estas percepciones conllevan un mayor consumo de alimentos ecológicos frente a los convencionales.

Hasta ese momento, bueno sería recordar que no se debe juzgar un libro (o ‘galleta’) por su portada (o etiqueta ecológica).

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Editor del blog Pedro Donaire

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