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» » » Historia de un pequeño y extraño parásito

Primero fueron los hongos, entonces eran protistas, ahora son hongos de nuevo. Antes se pensaba que eran primitivos, y ahora parece que han evolucionado hacia atrás, cada vez más simples en lugar de más complejos.

Los microsporidios son parásitos unicelulares simples, que incluyen a bichos tan extraños como los implicados en la desaparición de las abejas. Hasta ahora, se han descrito formalmente alrededor de 1.300 especies, según los estudios de Patrick Keeling, profesor de la Universidad de British Columbia. Se sabe que infectan a los peces, aves, insectos y a nosotros, y Keeling espera que este rango se amplíe.

"Hay probablemente tantos microsporidios como animales", concretó Keeling, "y si no los hemos encontrado en corales o esponjas, es porque no creo que nadie los haya buscando activamente."


Evolución de una rareza

El primer microsporidio identificado, se descubrió cuando infectaba a unos gusanos de seda.  En 1870, Louis Pasteur, el químico francés que inventó el proceso de pasteurización, lo achacaba a una enfermedad que había diezmado la industria. Al principio, se clasificaron como hongos, luego fueron renombrados como protistas, un cajón de sastre para un complejo grupo de microorganismos. Y como protistas, se han pasado la mayor parte del siglo XX en lo que llama Keeling un "cajón de sastre", un grupo artificial que contiene parásitos unicelulares, más tarde reclasificados como animales y algas verdes.

Los microsporidios carecen de mitocondria (los centros de producción de energía que se encuentran en las células complejas). En 1983, este inspirado científico propuso que en realidad eran organismos muy primitivos que se habían desarrollado antes que las mitocondrias aparecieran en las células complejas, escribió Keeling en 2009, en el revista PLoS Pathogens.

Sin embargo, una nueva evidencia molecular acabó cuestionándolo, que culminó en el descubrimiento de unas pequeñas reliquias de mitocondrias, llamadas mitosomas, dentro de los microsporidios, según Keeling. En vez de primitivos, parece que estos organismos se han ido convirtiendo en más simples y, podría decirse que más eficientes, que sus antepasados. Y como resultado de esta nueva información, también los pequeños parásitos, rehabilitados como hongos, que son organismos complejos que no pueden generar su propio alimento, a diferencia de las plantas. Este grupo incluye a la levadura, el moho y hongos.

"Sabemos que, de alguna manera, están relacionados con los hongos, se discute un poco sobre si son propiamente hongos o sólo familiares cercanos", señaló Keeling. "Los hongos no son organismos simples, sino organismos muy complejos que están estrechamente relacionados con los animales. "

Pero en las últimas décadas, los microsporidios han llamado la atención por otras razones.

"Realmente no fue conocido como problema para la gente hasta la crisis del SIDA, a partir de entonces, descubrieron que los pacientes se morían de una diarrea que era intratable", apuntó Emily Troemel, profesor asistente en la Universidad de California en San Diego.

Los microsporidios únicamente crecen dentro de las células de su organismo huésped, lo que hace mucho más difícil su estudio que otros patógenos, como la mayoría de bacterias, que pueden ser cultivadas en una placa de Petri y ser manipuladas. El laboratorio de Troemel está consiguiendo evitar este problema al observar las tripas de gusanos transparentes ya infectados por un microsporidio llamado Nematocida parisii, o "nematodo asesino parisino", que fue descubierto en gusanos que se encuentran en los pozos de compost de París.

Radical simplicidad

Se han publicado unos cuatro genomas de microsporidios, su mapa genético completo, y Troemel está involucrado en coordinar un esfuerzo, en el Instituto Broad de Massachusetts, para secuenciar 11 más.

Una cosa está clara, los microsporidios tienen genomas pequeños. La primera especie secuenciada que infecta con frecuencia a los conejos sólo contiene 2.000 genes, la mitad de lo que contiene la conocida bacteria E. coli, que reside en nuestros intestinos.

"La totalidad del genoma fue una gran sorpresa. Es muy pequeña y altamente compacta, además de una impresionante reducción del número de genes", explicó Keeling.

El código genético del microsporidio responsable de las infecciones humanas que causan diarrea, el Enterocytozoon bieneusi, contiene otra simplificación sorprendente. Este parásito no tiene los genes necesarios para convertir los azúcares en energía, un proceso fundamental que permite a las células alimentarse.

Es tentador comparar a estos reducidos microsporidios con los virus, ya que, fuera de su célula huésped, no son otra cosa que un inerte material genético envuelto en una capa proteínica (hay amplias consideraciones en entender los virus como no vivos). Keeling se resiste a esta comparación, aduciendo que los microsporidios pueden ser engañosos, aunque con la E. bieneusi, la comparación parece acercarse.

"A excepción de los virus no se sabe de ningún otro organismo que carezca por completo de cualquier forma de metabolismo de la energía, si queremos llegar a considerarlos 'vivos'", añadió. Para alimentarse, estos microsporidios deben de importar la energía química, llamada ATP, desde su célula huésped.

Sus esporas, que es la única etapa en la que sobreviven fuera de una célula huésped, tienen una pared gruesa y rígida, con un tubo enrollado en su interior. Cómo responde a las señales es muy poco conocido, sabemos que la espora rompe la pared y el tubo sale disparado como un arpón, clavándose en su futura célula huésped. El contenido restante de la espora, incluyendo su centro comando, el núcleo, se bombea a través del tubo hasta la célula huésped.

Las víctimas más famosas

La misteriosa desaparición de las abejas comenzó en el otoño de 2006 en Florida, y se fue propagando. Los apicultores descubrían de pronto las colonias vacías, a excepción de la reina y unas pocas obreras, sin rastro de abejas muertas. En los años siguientes, el colapso de colonias continuó devastando a estos insectos cruciales para la polinización de los cultivos de América del Norte.

Jerry Bromenshenk, profesor de investigación en la Universidad de Montana, y sus colegas, han relacionado la desaparición de las colonias en América del Norte con la etiqueta de virus-hongos. El llamado virus iridiscente insecto, debido al efecto que crea en los tejidos infectados, y el hongo Nosema ceranae, un microsporidio. En un estudio publicado en octubre de 2010, en la revista PLoS ONE, el equipo describió el hallazgo de esta combinación en las abejas de las colonias susodichas, y a través de pruebas de ambos patógenos en las abejas, pudieron observar que juntas eran más letales que en las abejas infectadas por separado.

Hasta el año 2007, sólo se habían informado de las infecciones de N. ceranae en las abejas asiáticas, no en otros lugares. Ahora, antiguas muestras del microsporidio lo sitúan en la década de 1990, aunque es posible que el patógeno haya estado desde hace más tiempo, según Bromenshenk, y su colega Colin Henderson, del College of Technology de la Universidad de Montana .

La N. ceranae se encuentra ahora, prácticamente en todas las abejas conservadas, observó Bromenshenk. No obstante, según él, esta combinación desastrosa no parece estar detrás de la mayoría de problemas con abejas en otras partes del mundo.

Las abejas y otros polinizadores de todo el mundo se enfrentan a un gran número de desafíos: la alteración del hábitat, la expansión urbana, la contaminación, los productos químicos utilizados en la agricultura y la llegada de especies foráneas. "De tal manera que hay muchas nuevas presiones que amenazan a estos insectos, que son los que podrían estar detrás de algunos de los problemas que se están viendo", añadió Bromenshenk.

Estos microsporidios no son los únicos que infectan a las abejas. Por ejemplo, la Nosema apis también las infecta y se sabe desde hace mucho, aunque no ha sido relacionada con la combinación desastrosa. Otro microsporidio, la Nosema bombi, se han descubierto en niveles elevados entre la disminución de las especies de abejorros.

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Editor del blog Pedro Donaire

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